30-05-2013, 12:49 PM
A propósito, hace algunos días atrás tuvimos que despedir a un querido hermano y amigo que pasó a la presencia del Señor. En el salón del "velatorio" sus familiares hicieron retirar una pretendida imagen de Cristo pendiendo de una cruz, pero pidieron que quedara la cruz vacía, sin la imagen, explicando que la cruz quedó vacía y que Cristo había resucitado.
El pastor de la iglesia en la que se congregaban, habló apelando a la figura de una terminal de buses, desde donde parten los viajeros y se registran muchas despedidas, a veces derramando lágrimas. Esos viajeros salen con un destino y ya no se verán en el lugar desde donde partieron.
Lo interesante es que todos en algún momento partiremos desde esa terminal, y si tenemos pasajes (ticket o boletos) con el mismo destino, nos reencontremos con todos los que partieron antes.
En la despedida no hubo desesperación ni amargura. Sólo el gozo de saber que nuestro hermano descansaba de sus trabajos y estaba con Cristo.
Con consolación y entereza sus familiares entregaban folletos y Nuevos Testamentos a los que se acercaron. La vida sobrepasó a la muerte, y el gozo del Señor atenuó la tristeza natural, porque aquel ser querido no había muerto, sino que se les había anticipado en el viaje a la gloria celestial.
¡Gracias a Dios por su Don inefable!
Heriberto
El pastor de la iglesia en la que se congregaban, habló apelando a la figura de una terminal de buses, desde donde parten los viajeros y se registran muchas despedidas, a veces derramando lágrimas. Esos viajeros salen con un destino y ya no se verán en el lugar desde donde partieron.
Lo interesante es que todos en algún momento partiremos desde esa terminal, y si tenemos pasajes (ticket o boletos) con el mismo destino, nos reencontremos con todos los que partieron antes.
En la despedida no hubo desesperación ni amargura. Sólo el gozo de saber que nuestro hermano descansaba de sus trabajos y estaba con Cristo.
Con consolación y entereza sus familiares entregaban folletos y Nuevos Testamentos a los que se acercaron. La vida sobrepasó a la muerte, y el gozo del Señor atenuó la tristeza natural, porque aquel ser querido no había muerto, sino que se les había anticipado en el viaje a la gloria celestial.
¡Gracias a Dios por su Don inefable!
Heriberto

