01-04-2011, 12:47 PM
De acuerdo con lo prometido vamos a seguir con este tema, y quiero referirme primero a los dones menos mencionados a causa de que en ciertos círculos cristianos se suele poner más énfasis en promover la posesión de dones espectaculares.
No se debe ignorar la importancia de los dones que mencionaremos, que, como todos, son concedidos en la voluntad del Señor por el Espíritu Santo.
Y aquí debemos advertir que cada creyente ha recibido algún don, que debe identificar, valorar y desarrollar conforme a la gracia de Dios (2 Timoteo 1:6 y 1ª Timoteo 4:14)
El llamamiento de Dios a un determinado servicio está ligado a la posesión del don correspondiente.
La posesión de un don no es sinónimo de espiritualidad. A los corintios no les faltaba ningún don, pero muchos hermanos vivían como carnales. (1ª Cor. 1:7 y 1 Cor. 3:1/3).
En esa condición espiritual un creyente puede cometer errores como los siguientes:
a) No usar los dones concedidos.
b) Pretender poseer dones que no le fueron concedidos.
c) Usar los dones sin amor (1ª Corintios 13:1)
d) Jactarse de los dones recibidos, es decir, usarlos para su propia vanagloria y no para la gloria del Señor
El don de exhortación: "el que exhorta, en la exhortación" (Ro. 12:8) Es la capacidad espiritual para advertir, estimular y alentar a personas en situaciones determinadas, mediante la aplicación correcta del consejo de Dios, buscando genuinamente el beneficio de los exhortados.
La exhortación debe ser realizada "delante del Señor" (2ª Tim.2:14) "Porque nuestra exhortación no procedió de error ni de impureza, ni fue por engaño." (1ª Tes. 2:3) "Así como sabéis de qué modo, como el padre a sus hijos, exhortábamos y consolábamos a cada uno de vosotros, y os encargábamos que anduvieseis como es digno de Dios, que os llamó a su reino y gloria." (1ª Tes. 2:11) "...Cuando recibisteis la palabra de Dios que oísteis de nosotros, la recibisteis no como palabra de hombres, sino según es en verdad, la palabra de Dios, la cual actúa en vosotros los creyentes. (1ª Tes. 2:13)
El don de repartir:"...el que reparte, con liberalidad." (Rom.12:8) El don espiritual de repartir consiste en el deseo intenso de dar, y en la facultad de hacerlo conforme con la voluntad de Dios.
El poseedor de este don siempre tiene presente que "...se debe ayudar a los necesitados y recordar las palabras del Señor Jesús, que dijo: Más bienaventurado es dar que recibir" (Hechos 20:35). Por consiguiente, distribuye lo que puede con gozo, y cuando se separa de una parte de sus bienes, no lo hace con tristeza sino con el gozoso sentimiento de cumplir con el propósito de Dios en su vida.
El que tiene este don no sólo busca siempre la ocasión de dar, sino que puede hacerlo con sabiduría.
Enviar una suma fija a diferentes obras conocidas no exige mucha reflexión u oración. Pero dar en el momento oportuno la cantidad necesaria allí donde las necesidades son mayores, exige tener sensibilidad a la guía de Dios.
Dar con liberalidad significa hacerlo generosamente y sin móviles egoístas. Si los motivos para dar no son honestos es posible causar mucho daño. Por ejemplo, cuando alguien en razón de sus contribuciones generosas quiere imponer sus puntos de vista a la iglesia, o cree adquirir ciertos derechos sobre los demás. El mandamiento del Señor es "Guardaos de hacer vuestra justicia delante de los hombres, para ser vistos de ellos..." y "... no sepa tu izquierda lo que hace tu derecha" (S.Mateo 6: 1 y 3)
Debe destacarse que este don, al igual que los otros, se menciona en el marco de la iglesia local, por lo que es allí donde debe comenzar a ejercitarse, de acuerdo con el plan de Dios.
El don de ayuda (o servicio): "Los que ayudan" (1ª Cor. 12:28) La palabra empleada en el original griego deriva del verbo antilambanesthai que significa: tomar la carga de alguien. Es la capacidad sobrenatural de prestar ayuda a los demás en distintas áreas de la vida.
Quienes poseen este don ponen sus fuerzas y capacidades al servicio de otros, renunciando muchas veces a sus propios proyectos.
Tal era la característica de Gayo, a quien el anciano apóstol Juan le escribe: "Amado, fielmente te conduces cuando prestas algún servicio a los hermanos, especialmente a los desconocidos" (3ª Juan vs.5).
Podemos observar que el servicio de Gayo se distinguía, entre otras virtudes, por ser desinteresado y sin favoritismos (ayudaba también a los desconocidos).
El apóstol Pablo, en Romanos 16:2, describe la cualidad de Febe, diaconisa de la iglesia en Cencrea, destacando que "...ella ha ayudado a muchos, y a mí mismo" Deducimos que Febe tenía este don, y lo ejercía prestando ayuda a quien la necesitase.
Este don se distingue del simple servicio que es de esperar en cada uno de los creyentes por:
a) La eficacia del trabajo realizado
b) El gozo con que se realiza
c) Los frutos espirituales que produce: ayuda y ánimo para los que han sido beneficiados, y acciones de gracias para Aquel que inspiró el servicio.
Es importante que aquellos que están llamados a servir en las distintas áreas de actividades de la iglesia local, sepan que su trabajo es tan espiritual y trascendente como otro, aún en el caso de que se limite a asuntos de índole material.
El don de hacer misericordia: "...el que hace misericordia, con alegría." (Rom.12:8) Es la capacidad espiritual de asistir con simpatía a personas necesitadas. (Por ejemplo: míseros, deficientes mentales, enfermos, débiles, minusválidos, deprimidos, ciertos ancianos, viudas y huérfanos, etc.) Quien posee el don de hacer misericordia se siente especialmente atraído a ayudar a personas que por lo general otros evitan, cumpliendo su cometido con gozo y no por obligación.
Todos los dones son concedidos y controlados por el mismo Espíritu. La posesión de dones no debe fomentar el orgullo de nadie, porque no tenemos nada que no hayamos recibido. Dios en su sabiduría incomparable ha dispuesto los diferentes miembros en el cuerpo como El quiso.
Continuará D.M.
No se debe ignorar la importancia de los dones que mencionaremos, que, como todos, son concedidos en la voluntad del Señor por el Espíritu Santo.
Y aquí debemos advertir que cada creyente ha recibido algún don, que debe identificar, valorar y desarrollar conforme a la gracia de Dios (2 Timoteo 1:6 y 1ª Timoteo 4:14)
El llamamiento de Dios a un determinado servicio está ligado a la posesión del don correspondiente.
La posesión de un don no es sinónimo de espiritualidad. A los corintios no les faltaba ningún don, pero muchos hermanos vivían como carnales. (1ª Cor. 1:7 y 1 Cor. 3:1/3).
En esa condición espiritual un creyente puede cometer errores como los siguientes:
a) No usar los dones concedidos.
b) Pretender poseer dones que no le fueron concedidos.
c) Usar los dones sin amor (1ª Corintios 13:1)
d) Jactarse de los dones recibidos, es decir, usarlos para su propia vanagloria y no para la gloria del Señor
El don de exhortación: "el que exhorta, en la exhortación" (Ro. 12:8) Es la capacidad espiritual para advertir, estimular y alentar a personas en situaciones determinadas, mediante la aplicación correcta del consejo de Dios, buscando genuinamente el beneficio de los exhortados.
La exhortación debe ser realizada "delante del Señor" (2ª Tim.2:14) "Porque nuestra exhortación no procedió de error ni de impureza, ni fue por engaño." (1ª Tes. 2:3) "Así como sabéis de qué modo, como el padre a sus hijos, exhortábamos y consolábamos a cada uno de vosotros, y os encargábamos que anduvieseis como es digno de Dios, que os llamó a su reino y gloria." (1ª Tes. 2:11) "...Cuando recibisteis la palabra de Dios que oísteis de nosotros, la recibisteis no como palabra de hombres, sino según es en verdad, la palabra de Dios, la cual actúa en vosotros los creyentes. (1ª Tes. 2:13)
El don de repartir:"...el que reparte, con liberalidad." (Rom.12:8) El don espiritual de repartir consiste en el deseo intenso de dar, y en la facultad de hacerlo conforme con la voluntad de Dios.
El poseedor de este don siempre tiene presente que "...se debe ayudar a los necesitados y recordar las palabras del Señor Jesús, que dijo: Más bienaventurado es dar que recibir" (Hechos 20:35). Por consiguiente, distribuye lo que puede con gozo, y cuando se separa de una parte de sus bienes, no lo hace con tristeza sino con el gozoso sentimiento de cumplir con el propósito de Dios en su vida.
El que tiene este don no sólo busca siempre la ocasión de dar, sino que puede hacerlo con sabiduría.
Enviar una suma fija a diferentes obras conocidas no exige mucha reflexión u oración. Pero dar en el momento oportuno la cantidad necesaria allí donde las necesidades son mayores, exige tener sensibilidad a la guía de Dios.
Dar con liberalidad significa hacerlo generosamente y sin móviles egoístas. Si los motivos para dar no son honestos es posible causar mucho daño. Por ejemplo, cuando alguien en razón de sus contribuciones generosas quiere imponer sus puntos de vista a la iglesia, o cree adquirir ciertos derechos sobre los demás. El mandamiento del Señor es "Guardaos de hacer vuestra justicia delante de los hombres, para ser vistos de ellos..." y "... no sepa tu izquierda lo que hace tu derecha" (S.Mateo 6: 1 y 3)
Debe destacarse que este don, al igual que los otros, se menciona en el marco de la iglesia local, por lo que es allí donde debe comenzar a ejercitarse, de acuerdo con el plan de Dios.
El don de ayuda (o servicio): "Los que ayudan" (1ª Cor. 12:28) La palabra empleada en el original griego deriva del verbo antilambanesthai que significa: tomar la carga de alguien. Es la capacidad sobrenatural de prestar ayuda a los demás en distintas áreas de la vida.
Quienes poseen este don ponen sus fuerzas y capacidades al servicio de otros, renunciando muchas veces a sus propios proyectos.
Tal era la característica de Gayo, a quien el anciano apóstol Juan le escribe: "Amado, fielmente te conduces cuando prestas algún servicio a los hermanos, especialmente a los desconocidos" (3ª Juan vs.5).
Podemos observar que el servicio de Gayo se distinguía, entre otras virtudes, por ser desinteresado y sin favoritismos (ayudaba también a los desconocidos).
El apóstol Pablo, en Romanos 16:2, describe la cualidad de Febe, diaconisa de la iglesia en Cencrea, destacando que "...ella ha ayudado a muchos, y a mí mismo" Deducimos que Febe tenía este don, y lo ejercía prestando ayuda a quien la necesitase.
Este don se distingue del simple servicio que es de esperar en cada uno de los creyentes por:
a) La eficacia del trabajo realizado
b) El gozo con que se realiza
c) Los frutos espirituales que produce: ayuda y ánimo para los que han sido beneficiados, y acciones de gracias para Aquel que inspiró el servicio.
Es importante que aquellos que están llamados a servir en las distintas áreas de actividades de la iglesia local, sepan que su trabajo es tan espiritual y trascendente como otro, aún en el caso de que se limite a asuntos de índole material.
El don de hacer misericordia: "...el que hace misericordia, con alegría." (Rom.12:8) Es la capacidad espiritual de asistir con simpatía a personas necesitadas. (Por ejemplo: míseros, deficientes mentales, enfermos, débiles, minusválidos, deprimidos, ciertos ancianos, viudas y huérfanos, etc.) Quien posee el don de hacer misericordia se siente especialmente atraído a ayudar a personas que por lo general otros evitan, cumpliendo su cometido con gozo y no por obligación.
Todos los dones son concedidos y controlados por el mismo Espíritu. La posesión de dones no debe fomentar el orgullo de nadie, porque no tenemos nada que no hayamos recibido. Dios en su sabiduría incomparable ha dispuesto los diferentes miembros en el cuerpo como El quiso.
Continuará D.M.

