Mensaje: #8 02-01-2010 08:10 PM
Esperanza denunció:
[b]“lamentablemente mi matrimonio cayó en la violencia intrafamiliar de parte de él hacia mí, violencia tanto física, emocional y financiera”[/b]
En el matrimonio Cristiano, la condición que ocupan ambos, tanto la esposa como el esposo delante de los ojos del Altísimo, la podemos inferir de estos textos:
Col 3:18 Casadas, estad sujetas a vuestros maridos, como conviene en el Señor.
Col 3:19 Maridos, amad a vuestras mujeres, y no seáis ásperos con ellas.
1Pe 3:7 Vosotros, maridos, igualmente, vivid con ellas sabiamente, dando honor a la mujer como a vaso más frágil, y como a coherederas de la gracia de la vida, para que vuestras oraciones no tengan estorbo.
Eph 5:22 Las casadas estén sujetas a sus propios maridos, como al Señor;
Eph 5:23 porque el marido es cabeza de la mujer, así como Cristo es cabeza de la iglesia, la cual es su cuerpo, y él es su Salvador.
Eph 5:24 Así que, como la iglesia está sujeta a Cristo, así también las casadas lo estén a sus maridos en todo.
Eph 5:25 Maridos, amad a vuestras mujeres, así como Cristo amó a la iglesia, y se entregó a sí mismo por ella,
Eph 5:26 para santificarla, habiéndola purificado en el lavamiento del agua por la palabra,
Eph 5:27 a fin de presentársela a sí mismo, una iglesia gloriosa, que no tuviese mancha ni arruga ni cosa semejante, sino que fuese santa y sin mancha.
Eph 5:28 Así también los maridos deben amar a sus mujeres como a sus mismos cuerpos. El que ama a su mujer, a sí mismo se ama.
Eph 5:29 Porque nadie aborreció jamás a su propia carne, sino que la sustenta y la cuida, como también Cristo a la iglesia,
Eph 5:30 porque somos miembros de su cuerpo, de su carne y de sus huesos.
Eph 5:31 Por esto dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y los dos serán una sola carne.
Eph 5:32 Grande es este misterio; mas yo digo esto respecto de Cristo y de la iglesia.
Eph 5:33 Por lo demás, cada uno de vosotros ame también a su mujer como a sí mismo; y la mujer respete a su marido.
COMENTARIO
En el contexto de Colosenses el apóstol apela a una nueva vida en Cristo para exhortar a los ideales celestiales como prioridad previa a la relación matrimonial, evitando caer en las cosas terrenales de nuestra carne, leemos:
Col 3:5 Haced morir, pues, lo terrenal en vosotros: fornicación, impureza, pasiones desordenadas, malos deseos y avaricia, que es idolatría;
Col 3:8 Pero ahora dejad también vosotros todas estas cosas: ira, enojo, malicia, blasfemia, palabras deshonestas de vuestra boca.
Col 3:13 soportándoos unos a otros, y perdonándoos unos a otros si alguno tuviere queja contra otro. De la manera que Cristo os perdonó, así también hacedlo vosotros.
Una pareja, con problemas similares a los de la hermana Esperanza, su situación debe ser confrontada a la luz de de estas Escrituras. La mayoría de hombres piensan que “amarse a sí mismos” es acicalarse bien, comer bien, mantener una calidad de vida excelente, pero Efesios 5:28 da al traste con todas estas presunciones, colocando como prioridad el amor por la Esposa.
A medida que una pareja, a la luz de las Escrituras, reconoce su desobediencia, es claro, entonces, que la relación resquebrajada o rota por la violación de estos principios, va en camino de una sólida restauración.
Pero cuando uno de los cónyuges, hace caso omiso a este reconocimiento, es evidencia palpable que estamos ante una persona sin ningún temor de Dios en su corazón, es un no convertido, y por lo tanto, un impío. De modo que la parte que sí reconoce y actúa conforme a la Escritura se halla en entera libertad para permitir a la parte incrédula, separarse, al haber sido víctima de un engaño, al creer que convivia con una persona creyente, como está escrito:
1Co 7:15 Pero si el incrédulo se separa, sepárese; pues no está el hermano o la hermana sujeto a servidumbre en semejante caso, sino que a paz nos llamó Dios.
En Cristo.
Edison
Esperanza denunció:
[b]“lamentablemente mi matrimonio cayó en la violencia intrafamiliar de parte de él hacia mí, violencia tanto física, emocional y financiera”[/b]
En el matrimonio Cristiano, la condición que ocupan ambos, tanto la esposa como el esposo delante de los ojos del Altísimo, la podemos inferir de estos textos:
Col 3:18 Casadas, estad sujetas a vuestros maridos, como conviene en el Señor.
Col 3:19 Maridos, amad a vuestras mujeres, y no seáis ásperos con ellas.
1Pe 3:7 Vosotros, maridos, igualmente, vivid con ellas sabiamente, dando honor a la mujer como a vaso más frágil, y como a coherederas de la gracia de la vida, para que vuestras oraciones no tengan estorbo.
Eph 5:22 Las casadas estén sujetas a sus propios maridos, como al Señor;
Eph 5:23 porque el marido es cabeza de la mujer, así como Cristo es cabeza de la iglesia, la cual es su cuerpo, y él es su Salvador.
Eph 5:24 Así que, como la iglesia está sujeta a Cristo, así también las casadas lo estén a sus maridos en todo.
Eph 5:25 Maridos, amad a vuestras mujeres, así como Cristo amó a la iglesia, y se entregó a sí mismo por ella,
Eph 5:26 para santificarla, habiéndola purificado en el lavamiento del agua por la palabra,
Eph 5:27 a fin de presentársela a sí mismo, una iglesia gloriosa, que no tuviese mancha ni arruga ni cosa semejante, sino que fuese santa y sin mancha.
Eph 5:28 Así también los maridos deben amar a sus mujeres como a sus mismos cuerpos. El que ama a su mujer, a sí mismo se ama.
Eph 5:29 Porque nadie aborreció jamás a su propia carne, sino que la sustenta y la cuida, como también Cristo a la iglesia,
Eph 5:30 porque somos miembros de su cuerpo, de su carne y de sus huesos.
Eph 5:31 Por esto dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y los dos serán una sola carne.
Eph 5:32 Grande es este misterio; mas yo digo esto respecto de Cristo y de la iglesia.
Eph 5:33 Por lo demás, cada uno de vosotros ame también a su mujer como a sí mismo; y la mujer respete a su marido.
COMENTARIO
En el contexto de Colosenses el apóstol apela a una nueva vida en Cristo para exhortar a los ideales celestiales como prioridad previa a la relación matrimonial, evitando caer en las cosas terrenales de nuestra carne, leemos:
Col 3:5 Haced morir, pues, lo terrenal en vosotros: fornicación, impureza, pasiones desordenadas, malos deseos y avaricia, que es idolatría;
Col 3:8 Pero ahora dejad también vosotros todas estas cosas: ira, enojo, malicia, blasfemia, palabras deshonestas de vuestra boca.
Col 3:13 soportándoos unos a otros, y perdonándoos unos a otros si alguno tuviere queja contra otro. De la manera que Cristo os perdonó, así también hacedlo vosotros.
Una pareja, con problemas similares a los de la hermana Esperanza, su situación debe ser confrontada a la luz de de estas Escrituras. La mayoría de hombres piensan que “amarse a sí mismos” es acicalarse bien, comer bien, mantener una calidad de vida excelente, pero Efesios 5:28 da al traste con todas estas presunciones, colocando como prioridad el amor por la Esposa.
A medida que una pareja, a la luz de las Escrituras, reconoce su desobediencia, es claro, entonces, que la relación resquebrajada o rota por la violación de estos principios, va en camino de una sólida restauración.
Pero cuando uno de los cónyuges, hace caso omiso a este reconocimiento, es evidencia palpable que estamos ante una persona sin ningún temor de Dios en su corazón, es un no convertido, y por lo tanto, un impío. De modo que la parte que sí reconoce y actúa conforme a la Escritura se halla en entera libertad para permitir a la parte incrédula, separarse, al haber sido víctima de un engaño, al creer que convivia con una persona creyente, como está escrito:
1Co 7:15 Pero si el incrédulo se separa, sepárese; pues no está el hermano o la hermana sujeto a servidumbre en semejante caso, sino que a paz nos llamó Dios.
En Cristo.
Edison

