01-12-2009, 03:34 PM
Aclaro que los hermanos que decidieron orar por el asunto son dignos de nuestro mayor respeto, y la opinión que manifesté antes no tuvo la intención de criticar a nadie, porque en definitiva sólo los uruguayos conocían la magnitud del problema que enfrentaban.
En ese sentido, los demás somos simples espectadores de lo que ocurre en un país que no es el nuestro, y no nos cabe otra cosa que guardar prudente silencio. Así que querer legislar sobre asuntos ajenos sería pura presunción.
Pero, pasadas las elecciones allí, me pareció interesante considerar el tema desde un punto de vista general. Es decir, plantearnos si los creyentes debemos tomar partido en una campaña política a favor de un determinado candidato que nos simpatiza.
Por estos confines, recuerdo que algún pastor participó en una campaña política, recomendando que sus "fieles" votaran por un determinado candidato a una función política, a cambio de subsidios económicos que la iglesia recibía. Es decir, la sede de la iglesia se convirtió en una sede de campaña política, con oraciones incluidas, a favor del referido candidato. ¿Convenía hacerlo? ¿Sería lícito? Bueno, de nuevo, es responsabilidad ajena, y no me corresponde fungir como juez. Pero, desde un punto de vista personal, ¿Cómo actuaríamos en una situación semejante? Por mi parte, creo que me abstendría de inmiscuirme en el asunto, por más "beneficios" que pudiera aparejar.
Ahora, si no estoy dispuesto a participar en una campaña política, ¿Podría orar por la misma cosa, comprometiendo también en ello a los demás creyentes? ¿No sería acaso llevar la misma campaña a un plano superior? En fin, no lo veo reflejado en las Escrituras, y creo que personalmente no lo haría.
Es distinto orar por la voluntad de Dios en el campo político, para tener certeza de que, pase lo que pase y con el gobierno que sea, Él estará siempre en el control de todo, cumpliendo sus propósitos. La consecuencia será tener quietud y reposo, dejando todo en las manos de Dios, sin atentar contra las autoridades constituidas.
Pero, repito, es un sentir personal, sin descalificar a quien piense lo contrario.
Oremos por la Obra del Señor en Uruguay, y por nuestros hermanos allí, para que en la voluntad de Dios puedan seguir predicando el Evangelio con toda libertad.
En ese sentido, los demás somos simples espectadores de lo que ocurre en un país que no es el nuestro, y no nos cabe otra cosa que guardar prudente silencio. Así que querer legislar sobre asuntos ajenos sería pura presunción.
Pero, pasadas las elecciones allí, me pareció interesante considerar el tema desde un punto de vista general. Es decir, plantearnos si los creyentes debemos tomar partido en una campaña política a favor de un determinado candidato que nos simpatiza.
Por estos confines, recuerdo que algún pastor participó en una campaña política, recomendando que sus "fieles" votaran por un determinado candidato a una función política, a cambio de subsidios económicos que la iglesia recibía. Es decir, la sede de la iglesia se convirtió en una sede de campaña política, con oraciones incluidas, a favor del referido candidato. ¿Convenía hacerlo? ¿Sería lícito? Bueno, de nuevo, es responsabilidad ajena, y no me corresponde fungir como juez. Pero, desde un punto de vista personal, ¿Cómo actuaríamos en una situación semejante? Por mi parte, creo que me abstendría de inmiscuirme en el asunto, por más "beneficios" que pudiera aparejar.
Ahora, si no estoy dispuesto a participar en una campaña política, ¿Podría orar por la misma cosa, comprometiendo también en ello a los demás creyentes? ¿No sería acaso llevar la misma campaña a un plano superior? En fin, no lo veo reflejado en las Escrituras, y creo que personalmente no lo haría.
Es distinto orar por la voluntad de Dios en el campo político, para tener certeza de que, pase lo que pase y con el gobierno que sea, Él estará siempre en el control de todo, cumpliendo sus propósitos. La consecuencia será tener quietud y reposo, dejando todo en las manos de Dios, sin atentar contra las autoridades constituidas.
Pero, repito, es un sentir personal, sin descalificar a quien piense lo contrario.
Oremos por la Obra del Señor en Uruguay, y por nuestros hermanos allí, para que en la voluntad de Dios puedan seguir predicando el Evangelio con toda libertad.

