19-01-2018, 01:25 PM
Estimados Edison y hermanos:
Es muy interesante el tema planteado, y “Porque las cosas que se escribieron antes, para nuestra enseñanza se escribieron...” (Rom.15:4) creo que tenemos algunas lecciones prácticas de las cuales aprender.
En primer lugar, ya no estamos bajo el régimen del Antiguo Testamento, el de la ley mosaica, con todas sus prácticas, sino que hoy integramos nada menos que la Iglesia del Señor Jesucristo, que es Su cuerpo, y de la cual Él es la Cabeza. Entonces, como escribe Edison, ya no hay lugar para “echar suertes”, aunque en la época de transición entre lo antiguo y lo nuevo, los creyentes no lograron discernir del todo entre una cosa y la otra.
En la elección de Matías, quizás lo que primó fue la voluntad humana. Los dos “candidatos” primero fueron “elegidos” discrecionalmente y después apelaron a la voluntad de Dios, pretendiendo que la revelara mediante la suerte (el azar)
Ahora, es cierto que las Escrituras no señalan como error esa conducta, pero en todo caso debemos entender que las cosas que los creyentes hicieron (esto aplicado a diversas cuestiones) no necesariamente las podemos reconocer como enseñanzas doctrinales para imitar.
En todo caso, las Escrituras no ocultan los errores humanos, para que aún de esto aprendamos de lo que está escrito, pero eso no significa que debemos repetirlos. Quiero decir que no todo lo que está escrito es para que lo imitemos sin discernir el contexto y la doctrina específica (Reconocer entre experiencias y doctrinas)
También vale la pena recordar que en el período apostólico, en el afianzamiento de la Iglesia, hubo hechos y acontecimientos extraordinarios que hoy no necesariamente se repiten. Por ejemplo, la venida del Espíritu Santo para hacer morada en los redimidos sucedió una sola vez, y es impropio que a los creyentes se les enseñe que deben reclamar que baje el Espíritu, como algunos lo hacen aún hasta hoy.
Y consideremos que si el Espíritu Santo mora en el creyente, ya no hay lugar para más unciones ni para reclamar Su guía mediante el azar.
Este sería el primer punto, pero para no alargar en demasía este escrito, podemos continuar analizando este tema en otra entrega.
El tema está abierto a vuestras opiniones, y creo que Edison está de acuerdo en que participen todos los que quieran hacerlo en la voluntad del Señor.
Heriberto
Es muy interesante el tema planteado, y “Porque las cosas que se escribieron antes, para nuestra enseñanza se escribieron...” (Rom.15:4) creo que tenemos algunas lecciones prácticas de las cuales aprender.
En primer lugar, ya no estamos bajo el régimen del Antiguo Testamento, el de la ley mosaica, con todas sus prácticas, sino que hoy integramos nada menos que la Iglesia del Señor Jesucristo, que es Su cuerpo, y de la cual Él es la Cabeza. Entonces, como escribe Edison, ya no hay lugar para “echar suertes”, aunque en la época de transición entre lo antiguo y lo nuevo, los creyentes no lograron discernir del todo entre una cosa y la otra.
En la elección de Matías, quizás lo que primó fue la voluntad humana. Los dos “candidatos” primero fueron “elegidos” discrecionalmente y después apelaron a la voluntad de Dios, pretendiendo que la revelara mediante la suerte (el azar)
Ahora, es cierto que las Escrituras no señalan como error esa conducta, pero en todo caso debemos entender que las cosas que los creyentes hicieron (esto aplicado a diversas cuestiones) no necesariamente las podemos reconocer como enseñanzas doctrinales para imitar.
En todo caso, las Escrituras no ocultan los errores humanos, para que aún de esto aprendamos de lo que está escrito, pero eso no significa que debemos repetirlos. Quiero decir que no todo lo que está escrito es para que lo imitemos sin discernir el contexto y la doctrina específica (Reconocer entre experiencias y doctrinas)
También vale la pena recordar que en el período apostólico, en el afianzamiento de la Iglesia, hubo hechos y acontecimientos extraordinarios que hoy no necesariamente se repiten. Por ejemplo, la venida del Espíritu Santo para hacer morada en los redimidos sucedió una sola vez, y es impropio que a los creyentes se les enseñe que deben reclamar que baje el Espíritu, como algunos lo hacen aún hasta hoy.
Y consideremos que si el Espíritu Santo mora en el creyente, ya no hay lugar para más unciones ni para reclamar Su guía mediante el azar.
Este sería el primer punto, pero para no alargar en demasía este escrito, podemos continuar analizando este tema en otra entrega.
El tema está abierto a vuestras opiniones, y creo que Edison está de acuerdo en que participen todos los que quieran hacerlo en la voluntad del Señor.
Heriberto

