19-12-2017, 12:18 PM
[Apologética y teodicea. Comentario 5].
Afortunadamente, tuve éxito; porque pude encontrar una línea de argumentación que prometía rebatir eficazmente los razonamientos ateos y materialistas que mi interlocutor había esgrimido contra mis creencias más preciadas, unas creencias que daban propósito y sentido a mi vida (por eso eran valiosísimas referencias existenciales desde mi punto de vista). Recuerdo que durante los días de zozobra que experimenté a resultas de la conversación con este hombre, se me alojó en la mente, de manera persistente, un pasaje de la sagrada escritura que decía: “Si no hay resurrección de los muertos, tampoco Cristo resucitó (nota: Comprendí que si el ateo tenía razón, entonces la enseñanza fundamental de la resurrección, en la que se supone que creen los cristianos, es ficticia y no hay esperanza, sino que el mañana es desolador). Y si no resucitó Cristo, vacía es nuestra predicación (nota: No habría buenas nuevas que proclamar, de modo que la evangelización sería absurda). Y somos convictos (se sobreentiende: Se nos podría acusar) de falsos testigos de Dios porque hemos atestiguado contra Dios que resucitó a Cristo, a quien no resucitó, si es que los muertos no resucitan (nota: Peor aún, pues desde el prisma del ateo, Dios no existe). Porque si los muertos no resucitan, tampoco Cristo resucitó. Y si Cristo no resucitó, vuestra fe es vana: estáis todavía en vuestros pecados (nota: Permanecer en el pecado, o en el error, significa muerte; pues en la sagrada escritura se conecta el pecado con la muerte). Por tanto, también los que durmieron (se sobreentiende: Durmieron en la muerte) en Cristo perecieron. Si solamente en esta vida tenemos puesta nuestra esperanza en Cristo, somos los más dignos de compasión de todos los hombres (se sobreentiende: En el supuesto de que Cristo no hubiera resucitado, todo el que pone fe en que él fue levantado de entre los muertos es verdaderamente digno de la mayor compasión o lástima; pues semejante creyente habrá llevado una existencia colmada de privaciones materialistas, exenta de placeres egoístas contraproducentes y salpicada de adversidades causadas por agentes anticristianos ¿para qué?; para nada)” (Primera carta del apóstol Pablo a los cristianos corintios, capítulo 15, versículos 13-19; Biblia de Jerusalén de 1975).
Afortunadamente, tuve éxito; porque pude encontrar una línea de argumentación que prometía rebatir eficazmente los razonamientos ateos y materialistas que mi interlocutor había esgrimido contra mis creencias más preciadas, unas creencias que daban propósito y sentido a mi vida (por eso eran valiosísimas referencias existenciales desde mi punto de vista). Recuerdo que durante los días de zozobra que experimenté a resultas de la conversación con este hombre, se me alojó en la mente, de manera persistente, un pasaje de la sagrada escritura que decía: “Si no hay resurrección de los muertos, tampoco Cristo resucitó (nota: Comprendí que si el ateo tenía razón, entonces la enseñanza fundamental de la resurrección, en la que se supone que creen los cristianos, es ficticia y no hay esperanza, sino que el mañana es desolador). Y si no resucitó Cristo, vacía es nuestra predicación (nota: No habría buenas nuevas que proclamar, de modo que la evangelización sería absurda). Y somos convictos (se sobreentiende: Se nos podría acusar) de falsos testigos de Dios porque hemos atestiguado contra Dios que resucitó a Cristo, a quien no resucitó, si es que los muertos no resucitan (nota: Peor aún, pues desde el prisma del ateo, Dios no existe). Porque si los muertos no resucitan, tampoco Cristo resucitó. Y si Cristo no resucitó, vuestra fe es vana: estáis todavía en vuestros pecados (nota: Permanecer en el pecado, o en el error, significa muerte; pues en la sagrada escritura se conecta el pecado con la muerte). Por tanto, también los que durmieron (se sobreentiende: Durmieron en la muerte) en Cristo perecieron. Si solamente en esta vida tenemos puesta nuestra esperanza en Cristo, somos los más dignos de compasión de todos los hombres (se sobreentiende: En el supuesto de que Cristo no hubiera resucitado, todo el que pone fe en que él fue levantado de entre los muertos es verdaderamente digno de la mayor compasión o lástima; pues semejante creyente habrá llevado una existencia colmada de privaciones materialistas, exenta de placeres egoístas contraproducentes y salpicada de adversidades causadas por agentes anticristianos ¿para qué?; para nada)” (Primera carta del apóstol Pablo a los cristianos corintios, capítulo 15, versículos 13-19; Biblia de Jerusalén de 1975).

