16-12-2017, 05:24 PM
[Apologética y teodicea. Comentario 4].
... “Hijo mío, si recibes mis palabras, y mis mandamientos guardares dentro de ti, haciendo estar atento tu oído a la sabiduría; si inclinares tu corazón a la prudencia, si clamares a la inteligencia, y a la prudencia dieres tu voz; si como a la plata la buscares, y la escudriñares como a tesoros (se sobreentiende: Un esfuerzo nada pequeño por hallar conocimiento y sabiduría, en conexión con las directrices divinas y con respecto a su obra creativa), entonces entenderás el temor de Jehová (se sobreentiende: El temor reverente hacia Dios, que es entendido por el adorador bien informado en el sentido de que la sabiduría divina es apoteósica y excede todo lo imaginable por el hombre; algo que causa tanta admiración en el devoto que no puede menos que sentir una especie de sobrecogimiento parecido a un vértigo de astronauta, al contemplar la inmensidad del espacio sideral en relación con su infinita pequeñez), y hallarás el conocimiento de Dios (se sobreentiende: Algunas Biblias hablan de la ciencia divina, en lugar del conocimiento, y esto quiere dar a entender que hallar dicho conocimiento es un gran privilegio porque supone alcanzar una comprensión de la realidad, biosfera incluída, que permite, evidentemente a un grado limitado y soportable por el cerebro humano, explicar cosas aparentemente inexplicables)” (Libro sagrado de los proverbios de Salomón, capítulo 2, versículos 1-5; Biblia de Reina-Valera de 1960).
... “Hijo mío, si recibes mis palabras, y mis mandamientos guardares dentro de ti, haciendo estar atento tu oído a la sabiduría; si inclinares tu corazón a la prudencia, si clamares a la inteligencia, y a la prudencia dieres tu voz; si como a la plata la buscares, y la escudriñares como a tesoros (se sobreentiende: Un esfuerzo nada pequeño por hallar conocimiento y sabiduría, en conexión con las directrices divinas y con respecto a su obra creativa), entonces entenderás el temor de Jehová (se sobreentiende: El temor reverente hacia Dios, que es entendido por el adorador bien informado en el sentido de que la sabiduría divina es apoteósica y excede todo lo imaginable por el hombre; algo que causa tanta admiración en el devoto que no puede menos que sentir una especie de sobrecogimiento parecido a un vértigo de astronauta, al contemplar la inmensidad del espacio sideral en relación con su infinita pequeñez), y hallarás el conocimiento de Dios (se sobreentiende: Algunas Biblias hablan de la ciencia divina, en lugar del conocimiento, y esto quiere dar a entender que hallar dicho conocimiento es un gran privilegio porque supone alcanzar una comprensión de la realidad, biosfera incluída, que permite, evidentemente a un grado limitado y soportable por el cerebro humano, explicar cosas aparentemente inexplicables)” (Libro sagrado de los proverbios de Salomón, capítulo 2, versículos 1-5; Biblia de Reina-Valera de 1960).

