06-10-2017, 12:35 PM
Querido hermano:
Tal parece que no lees con atención lo que escribimos. Francamente, ¿No será que tu celo no fue generado por el incidente en sí sino porque tienes celos del hermano que ejerce una responsabilidad que bien o mal le ha sido reconocida por la iglesia? (o quizás por la corporación que supervisa la iglesia, en ese caso, en contra de claros principios biblicos sobre el gobierno de la asamblea)
Aplicas indebidamente el caso de Ananías y Safira, cuyo pecado fue la presunción de sobresalir sobre los demás, mintiendo cuando afirmaron que daban la totalidad del precio de su propiedad cuando en realidad se habían guardado una parte, que finalmente era de ellos. Nadie hubiera cuestionado eso si hubieran dicho la verdad. Aplicas mal el caso porque acusas a tu hermano de haberse apropiado de lo que en realidad resguardó para que no cayera en manos ajenas, y nadie puede atribuirse hoy ninguna autoridad apostólica como para pretender saber, sin pruebas, si alguien mintió en la cuestión que mencionas.
Cuando un ladrón se lleva dinero ajeno no se toma el tiempo de contarlo con toda tranquilidad. Lo guarda, huye inmediatamente y no aparece más. Pero ese no fue el caso de que se trata, y tú pudiste corroboralo para evitar cualquier sospecha. Quizás, simplemente, no seguiste la verdad en amor. (Claro que lo menciono subjetivamente y no te estoy formulando acusación alguna)
La iglesia es una comunidad de amor (no un cuartel de espías) sujeta solo a su Cabeza, donde los hermanos espirituales (no los sargentos) corrigen las faltas con firmeza, pero con espíritu de mansedumbre para no dar lugar al diablo, el acusador más encarnizado.
Solo intento no exponer nada con parcialidad, y como antes lo escribí, tómalo como una opinión que puedes considerar válida o no, pero espero que, a la luz de las Escrituras, "Todas vuestras cosas sean hechas con amor." (1ª Co 16:14) y sin prejuicios. (1ª Tim.5:21)
Que el Señor prospere la asamblea allí, es decir, a la totalidad de hermanos y hermanas que la integran por Su Gracia.
Un abrazo!
Heriberto
Tal parece que no lees con atención lo que escribimos. Francamente, ¿No será que tu celo no fue generado por el incidente en sí sino porque tienes celos del hermano que ejerce una responsabilidad que bien o mal le ha sido reconocida por la iglesia? (o quizás por la corporación que supervisa la iglesia, en ese caso, en contra de claros principios biblicos sobre el gobierno de la asamblea)
Aplicas indebidamente el caso de Ananías y Safira, cuyo pecado fue la presunción de sobresalir sobre los demás, mintiendo cuando afirmaron que daban la totalidad del precio de su propiedad cuando en realidad se habían guardado una parte, que finalmente era de ellos. Nadie hubiera cuestionado eso si hubieran dicho la verdad. Aplicas mal el caso porque acusas a tu hermano de haberse apropiado de lo que en realidad resguardó para que no cayera en manos ajenas, y nadie puede atribuirse hoy ninguna autoridad apostólica como para pretender saber, sin pruebas, si alguien mintió en la cuestión que mencionas.
Cuando un ladrón se lleva dinero ajeno no se toma el tiempo de contarlo con toda tranquilidad. Lo guarda, huye inmediatamente y no aparece más. Pero ese no fue el caso de que se trata, y tú pudiste corroboralo para evitar cualquier sospecha. Quizás, simplemente, no seguiste la verdad en amor. (Claro que lo menciono subjetivamente y no te estoy formulando acusación alguna)
La iglesia es una comunidad de amor (no un cuartel de espías) sujeta solo a su Cabeza, donde los hermanos espirituales (no los sargentos) corrigen las faltas con firmeza, pero con espíritu de mansedumbre para no dar lugar al diablo, el acusador más encarnizado.
Solo intento no exponer nada con parcialidad, y como antes lo escribí, tómalo como una opinión que puedes considerar válida o no, pero espero que, a la luz de las Escrituras, "Todas vuestras cosas sean hechas con amor." (1ª Co 16:14) y sin prejuicios. (1ª Tim.5:21)
Que el Señor prospere la asamblea allí, es decir, a la totalidad de hermanos y hermanas que la integran por Su Gracia.
Un abrazo!
Heriberto

