01-07-2017, 12:14 PM
Pero... ¿Qué es la sana doctrina? Muy simple, son las enseñanzas de Dios incluyendo sus instrucciones, sus preceptos y mandamientos; en resumen, es cada palabra registrada desde Génesis hasta Apocalipsis. Como dijo el propio Señor Jesucristo: “Escrito está: No sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra de Dios” (Lc. 4:4). No obstante, en los últimos días, muchos, si acaso no la gran mayoría de “cristianos” no soportarán la sana doctrina.
Entonces, ¿qué quedará? ¡La apostasía! Una forma de cristianismo que es un simple remedo de lo que enseña la Biblia, que acomoda los deseos de la carne bajo el disfraz de piedad, tal como dice el apóstol Pablo en su segunda Epístola a Timoteo. Además, habrá una gran cantidad de cristianos alrededor del mundo, quienes voluntaria o involuntariamente, sutilmente o no, pero con seguridad, corromperán la sana doctrina, y el proceso ya está avanzando.
Servimos a un Dios misericordioso que puede rescatar a un alma, incluso de las circunstancias más tenebrosas, pero quien a pesar de su gracia, no apoya la religiosidad de los hombres que tratan de servirlo de acuerdo con sus propios métodos. Un Dios que ha dicho: “Porque mis pensamientos no son vuestros pensamientos, ni vuestros caminos mis caminos, dijo Jehová. Como son más altos los cielos que la tierra, así son mis caminos más altos que vuestros caminos, y mis pensamientos más que vuestros pensamientos” (Is. 55:8, 9). De acuerdo con el grado que nos desviemos de sus caminos, estamos cayendo en la idolatría. Tal como explicó Jesús: “Dios es Espíritu; y los que le adoran, en espíritu y en verdad es necesario que adoren” (Jn. 4:24).
Entonces, ¿qué quedará? ¡La apostasía! Una forma de cristianismo que es un simple remedo de lo que enseña la Biblia, que acomoda los deseos de la carne bajo el disfraz de piedad, tal como dice el apóstol Pablo en su segunda Epístola a Timoteo. Además, habrá una gran cantidad de cristianos alrededor del mundo, quienes voluntaria o involuntariamente, sutilmente o no, pero con seguridad, corromperán la sana doctrina, y el proceso ya está avanzando.
Servimos a un Dios misericordioso que puede rescatar a un alma, incluso de las circunstancias más tenebrosas, pero quien a pesar de su gracia, no apoya la religiosidad de los hombres que tratan de servirlo de acuerdo con sus propios métodos. Un Dios que ha dicho: “Porque mis pensamientos no son vuestros pensamientos, ni vuestros caminos mis caminos, dijo Jehová. Como son más altos los cielos que la tierra, así son mis caminos más altos que vuestros caminos, y mis pensamientos más que vuestros pensamientos” (Is. 55:8, 9). De acuerdo con el grado que nos desviemos de sus caminos, estamos cayendo en la idolatría. Tal como explicó Jesús: “Dios es Espíritu; y los que le adoran, en espíritu y en verdad es necesario que adoren” (Jn. 4:24).

