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La Soberanía de Dios
#5
NUESTRA ACTITUD HACIA LA SOBERANÍA DE DIOS

Reconocer en verdad la soberanía de Dios es contemplar al propio Soberano, es tener una visión del Dios Santo en su excelente gloria.


Notemos la experiencia de Job, aquel de quien el propio Señor dijo: “No hay otro como él en la tierra, varón perfecto y recto, temeroso de Dios, y apartado del mal” (Job 1:8).Al final del libro de Job se lo muestra en presencia de Dios; ¿y cómo se comporta? Job dice: “De oídas te había oído, más ahora mis ojos te ven. Por tanto me aborrezco y me arrepiento en el polvo y en la ceniza” (Job 42:5).Así la visión de Dios hizo que Job se aborreciera a sí mismo y se humillara ante el Omnipotente.


En el capítulo seis de Isaías se nos ofrece una escena pocas veces igualada. El profeta contempla al Señor en su trono “alto y sublime”. Sobre este trono hay serafines con rostros cubiertos dando voces, diciendo: “Santo, Santo, Santo, Jehová de los ejércitos”.¿Cuál es el efecto de ésta visión en el profeta?.” Entonces dije: Ay de mí que soy muerto; que siendo hombre inmundo de labios, y habitando en medio de pueblo que tiene labios inmundos, han visto mis ojos al Rey” (Isaías 6:5).La visión del Rey humilló a Isaías hasta el polvo.


Analicemos la experiencia de Daniel. Cerca del final de su vida, este hombre de Dios contempló al Señor en una teofanía. Jehová se apareció a su siervo en forma humana, vestido de santidad y gloria divina. Daniel cuenta el efecto que ésta visión tuvo sobre él y los que con él estaban: ”Y solo yo, vi aquella visión, y no la vieron los hombres que estaban conmigo, sino que cayó sobre ellos un gran temor, y huyeron y se escondieron. Quedé solo y vi ésta visión, y no quedó en mí esfuerzo. Pero oí la voz de sus palabras: y oyendo, estaba adormecido sobre mi rostro, y mi rostro en tierra” (Daniel 10:6-9).

Aquí vemos una vez más que la visión del Dios soberano hace que el esfuerzo de la criatura se marchite y ésta sea humillada.

Entonces ¿cuál debe ser nuestra actitud para con el Soberano Dios?
Nuestra respuesta es:


1.
  SANTO TEMOR
¿Por qué las masas están hoy tan despreocupadas de las cosas espirituales y aman los placeres del mundo más que a Dios?. La Biblia dice en Romanos 3:18: “Porque no hay temor de Dios delante de sus ojos”.Proverbios 1:7 cita: “El principio de la sabiduría es el temor de Jehová”. Feliz el alma que ha sido atemorizada por una visión de la majestad de Dios, que ha tenido una percepción de la grandeza de Dios.

2.
  OBEDIENCIA IMPLÍCITA
La visión de Dios nos lleva a darnos cuenta de nuestra pequeñez, y termina mostrándonos nuestra dependencia de Él, y hace que nos pongamos en sus manos.

3.
  ENTERA RESIGNACIÓN
Es natural quejarse cuando nos vemos privados de aquellas cosas en las que habíamos puesto nuestros corazones. Pensamos que, cuando hemos desarrollado nuestros planes con prudencia y esfuerzo, tenemos derecho al éxito, que cuando estamos rodeados de una familia venturosa, ningún poder puede penetrar y herir a un ser que amamos; pero si en cualquiera de estos casos llega a producirse un disgusto, el instinto pervertido del corazón humano lo lleva a clamar contra Dios.
Pero en aquel, que por la gracia, ha reconocido la soberanía de Dios, ésta murmuración es acallada, y en su lugar el corazón se inclina ante la voluntad divina.
Una sorprendente ilustración del alma inclinándose ante la voluntad soberana de Dios es la que nos ofrece la vida de Job. Como es sabido Job era temeroso de Dios y apartado del mal. Si jamás hubo alguien que pudiera esperar que la providencia divina le sonriera éste era Job. Pero ¿cómo le fue?. Por un tiempo las cuerdas le cayeron en lugares deleitosos. El Señor llenó su aljaba dándole siete hijos y tres hijas. Le prosperó en los asuntos terrenales hasta convertirlo en un hombre rico. Pero de golpe el sol de la vida se escondió tras espesas nubes. En un solo día Job perdió, no solo sus rebaños y manadas, sino también a sus hijos e hijas. Le llegó la noticia de que los ladrones se habían llevado su ganado, y que sus hijos habían muerto por un ciclón. ¿Y cómo recibió todo esto?. Oíd sus palabras: “Jehová dio, y Jehová quitó”. Pero no solo reconoció la soberanía de Dios, sino que además se gozó con ella y dijo: “Sea el nombre de Jehová bendito” (Job 1:21).
Sí, es ante la voluntad del Señor que debemos inclinarnos. Es Él quien debe decir donde debo vivir, en qué circunstancias he de vivir, y cuanto tiempo he de hacerlo.

4.
  PROFUNDO AGRADECIMIENTO Y GOZO
En este punto es donde muy a menudo se pone a prueba el estado de nuestras almas. Cuando las cosas van según nuestros deseos, parece que estamos muy agradecidos a Dios, pero ¿qué decimos en aquellas ocasiones en que las cosas nos son adversas y desbaratan nuestros planes?. Vayamos de nuevo al ejemplo de Job. Cuando experimentó pérdida ¿qué hizo? ¿Lamentarse? ¿Maldecir? ¿Murmurar? NO; se inclinó ante Dios y lo adoró.
No habrá verdadero descanso en tu corazón hasta que aprendas a ver la mano de Dios en todo. Para esto es preciso que la fe sea practicada constantemente. Pero, ¿qué es la fe?¿una resignación fatalista? NO. La fe descansa en la palabra de Dios, y por tanto dice: “Sabemos que a los que a Dios aman, todas las cosas les ayudan a bien, a los que conforme a su propósito son llamados” (Romanos 8:28).La fe que obra se goza en el Señor siempre (Filipenses 4:4).

5.
  ADORACIÓN
El solo hecho de que la voluntad de Dios es irresistible e irrevocable, me llena de temor; pero cuando me doy cuenta de que Él solo quiere lo bueno, mi corazón se llena de gozo. El reconocimiento de la soberanía de Dios ha de abrumar mi corazón y hacer que me incline ante Él en adoración.
 
EL VALOR DE LA DOCTRINA DE LA SOBERANÍA DE DIOS
 
“Toda la palabra de Dios es inspirada divinamente, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instituir en justicia, para que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente instruido para toda buena obra” (2ª Timoteo 3:16-17).

Doctrina es enseñanza, y es por medio de la doctrina o enseñanza que nos son dadas a conocer las grandes realidades de Dios. Es por medio de la doctrina que los creyentes son alimentados y edificados.

Es muy triste que hoy en día la doctrina sea popularmente considerada como poco práctica.
Es la ignorancia de la doctrina lo que ha hecho que la Iglesia visible sea impotente para enfrentarse con la creciente marea de infidelidad.

La doctrina de la soberanía de Dios es básica en la teología cristiana. La doctrina de la soberanía de Dios es un tónico divino para reanimar nuestros espíritus. Produce gratitud en la prosperidad y paciencia en la adversidad. Proporciona consuelo para el presente y seguridad para el futuro desconocido.


El valor de ésta doctrina hace más profunda nuestra veneración por el carácter divino
. Declara que los derechos de Dios son los del alfarero que da forma al barro, haciendo vasos del tipo que quiere, y para el uso que desee. Nos habla del carácter inescrutable de su sabiduría. Muestra que aunque Dios es infinito en su santidad, permitió que el mal entrase en su creación. Muestra que si bien es poseedor de toda potestad, permitió que el diablo guerree contra Él desde hace mucho tiempo. Muestra que si bien es la perfecta personificación del amor, no perdonó a su propio Hijo. Muestra que si bien es el Dios de toda gracia, no todos son hechos participantes de dicha gracia.

El valor de ésta doctrina es el fundamento de toda verdadera fe
. No habrá progreso alguno en las cosas de Dios, si antes no hay un reconocimiento personal de que Él es Supremo, y de que ha de ser confesado y servido como Señor. Toda oración que elevemos a Dios será mera presunción carnal si no es ofrecida conforme a su voluntad. Todo servicio en que nos ocupemos será obra muerta si no lo hacemos para la gloria de Dios.

El valor de ésta doctrina repudia la herejía de la salvación por las obras
. El camino que parece derecho y que termina en muerte, muerte eterna, es la salvación por los esfuerzos y méritos humanos. Decir que la salvación del pecador depende de la acción de su propia voluntad, es otra forma que deshonra a Dios.
Mientras el pecador confíe en sus propias fuerzas, no caerá en brazos de la misericordia soberana; pero una vez que el Espíritu Santo le convenza de que no hallará ayuda alguna en sí mismo, reconocerá que está perdido, y clamará, y este clamor será oído.

El valor de esta doctrina es profundamente humillante para el hombre
. Esta doctrina es un potente ariete contra el orgullo humano. El espíritu de nuestra época es un espíritu de jactancia y glorificación humana. Pero la verdad de la soberanía de Dios, quita toda base para esta jactancia.

Esta verdad declara que la salvación es del Señor. Recalca que es Él quien no solo ha de ofrecer, sino también obrar; quien no solo ha de comenzar su obra salvadora en nuestras almas, sino también perfeccionarla; quien no solo ha de llamarnos, sino también mantenernos y sustentarnos hasta el fin. Enseña que la salvación es por gracia por la fe, y que todas nuestras obras, nada cuentan para ser salvos.


El valor de esta doctrina ofrece una experiencia de certeza absoluta
. Dios es infinito en poder y por tanto es imposible resistir a su voluntad. Semejante declaración podrá llenar de alarma al pecador, pero en el santo no despierta sino alabanza. Mi Dios es infinito en poder, por lo tanto decimos: “en paz me acostaré y asimismo dormiré, porque solo tú me haces vivir confiado” (Salmos 4:8).

El valor de esta doctrina ofrece consuelo en las pruebas
. La doctrina de la soberanía de Dios es un manantial de consolación que rebosa e infunde gran paz al cristiano. !Qué bendición saber que no hay un solo rincón del universo que esté fuera de su alcance! !Qué bendición saber que la fuerte mano de Dios está sobre todos y sobre todo! !Qué bendición saber que aun nuestras aflicciones no vienen por casualidad, ni proceden del diablo, sino que son ordenadas y mandadas por Dios!.
Dios es demasiado sabio para errar y demasiado amante para hacer derramar a sus hijos una sola lágrima innecesaria.

El valor de esta doctrina engendra un espíritu de apacible resignación
. Acatar la voluntad soberana de Dios es uno de los grandes secretos de la paz y la felicidad.

El valor de esta doctrina inspira un canto de alabanza
. No solamente debemos estar agradecidos a Dios por su gracia para con nosotros en el pasado, sino que su continuo proceder hacia nosotros nos llena de gratitud.
¿Cuál es el sentido de las palabras: “Gozaos en el Señor siempre”? Fíjense que no dice: “Gozaos en el Salvador”, sino “Señor”, como dueño de toda circunstancia (recuerden que cuando el apóstol escribió estas palabras estaba prisionero).¿Cuál era el secreto de su paz? El secreto era el saber que todas las cosas están bajo el control de Dios, Él las dirige.

El valor de esta doctrina garantiza el triunfo final del bien sobre el mal
. Desde el día que Caín mató a Abel, el conflicto entre el bien y el mal en la tierra ha sido un penoso problema. Cuando uno mira a su alrededor descubre que casi todo aquí en la tierra está en confusión, en caos y en ruinas; parece como si Satanás estuviese llevando la mejor parte en la batalla. Pero cuando uno mira hacia el cielo, el ojo de la fe ve claramente un trono, estable y seguro, en el que se sienta Aquel cuyo nombre es Omnipotente. Dios está en el trono, el timón está en sus manos, y por consiguiente su propósito no puede fallar.

El valor de esta doctrina ofrece un lugar de reposo para el corazón.
Aquel que está sentado en el trono del cielo no solo es infinito en poder, sino también en sabiduría y bondad.
 
“Aleluya,porque el Señor Todopoderoso reina”
 
(Continuará)
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