¡Qué buenos detalles han aportado, Willy y Edison!
Y me gustaría reflexionar sobre esta idea: "Dios no ha aceptado esta unión como un matrimonio legitimo ya que nunca se la hizo por medio de un pastor evangélico, y él no es creyente y por tanto el servicio católico no significó nada."
¿De dónde surge el concepto de que si un matrimonio no se realiza por medio de un "ministro" religioso, cualquiera que sea, no es legítimo? ¿La iglesia ha sido llamada a unir en matrimonio a las parejas, sean creyentes o no? Este grave error de la cristiandad, en realidad tiene su origen en el catolicismo romano, que sostiene que un matrimonio que no se realiza “por iglesia” carece de legitimidad.
Así hemos visto que personas legalmente casadas, pero que no se casaron “por iglesia” (católica) han deshecho su matrimonio, y se han vuelto a casar, autorizadas, según el rango social al que pertenecen (y capacidad para hacer aportes), por cabecillas de la institución religiosa, porque éstos consideran que el matrimonio previo ante la ley, no era legítimo. Entonces, los divorciados que abandonaron sus responsabilidades previas, se consideran solteros y se casan nuevamente con gran pompa, con la intervención del religioso de turno, y luego se ocupan de ellos los frívolos medios de prensa con llamativos titulares, avalando y alabando a los contrayentes adúlteros.
Esta perversión se ha infiltrado también en otros círculos de la cristiandad, que hoy ligeramente aceptan el divorcio por miedo a dejar vacíos sus locales religiosos. Se alega que la iglesia debe mostrar amor por los caídos y no proceder a condenarlos.
Este es otro grave error. No podemos amar a nadie, más de lo que el Señor lo ama. Y avalar el adulterio no es un gesto de amor. “El amor nunca deja de ser” Ningún creyente deja de ser amado por Dios y, por consiguiente, tampoco por los hermanos.
Pero las instrucciones divinas deben ser obedecidas y no pueden ser modificadas por los hombres. No se trata de condenar a nadie sino de corregir y disciplinar, para que el extraviado no sea alcanzado por las consecuencias de su pecado.
Dios no bendice lo que no aprueba. Ningún “ministro” puede pedir la bendición de un segundo matrimonio de contrayentes divorciados. Sencillamente Dios aborrece el divorcio, y no avala el adulterio que significa un casamiento ilegítimo aun cuando pueda ser legalizado por leyes humanas a contramano de la voluntad soberana de Dios.
No obstante recordemos de nuevo que la iglesia no casa a nadie, y por lo tanto no existe el casamiento “por iglesia” Claro que es bueno que los contrayentes creyentes compartan el gozo de su casamiento ante, y con, la iglesia reunida, que estará orando por la pareja que se une, siendo testigo de los votos matrimoniales de los contrayentes, pero no es esa gozosa ocasión lo que legitima un casamiento, sino la decisión de los esposos de compartir sus vidas, frente a Dios y frente a la ley representada por el Registro Civil.
Como expresé antes, el tema sigue abierto a vuestros aportes y opiniones, o también correcciones, si fuera el caso.
Heriberto
Y me gustaría reflexionar sobre esta idea: "Dios no ha aceptado esta unión como un matrimonio legitimo ya que nunca se la hizo por medio de un pastor evangélico, y él no es creyente y por tanto el servicio católico no significó nada."
¿De dónde surge el concepto de que si un matrimonio no se realiza por medio de un "ministro" religioso, cualquiera que sea, no es legítimo? ¿La iglesia ha sido llamada a unir en matrimonio a las parejas, sean creyentes o no? Este grave error de la cristiandad, en realidad tiene su origen en el catolicismo romano, que sostiene que un matrimonio que no se realiza “por iglesia” carece de legitimidad.
Así hemos visto que personas legalmente casadas, pero que no se casaron “por iglesia” (católica) han deshecho su matrimonio, y se han vuelto a casar, autorizadas, según el rango social al que pertenecen (y capacidad para hacer aportes), por cabecillas de la institución religiosa, porque éstos consideran que el matrimonio previo ante la ley, no era legítimo. Entonces, los divorciados que abandonaron sus responsabilidades previas, se consideran solteros y se casan nuevamente con gran pompa, con la intervención del religioso de turno, y luego se ocupan de ellos los frívolos medios de prensa con llamativos titulares, avalando y alabando a los contrayentes adúlteros.
Esta perversión se ha infiltrado también en otros círculos de la cristiandad, que hoy ligeramente aceptan el divorcio por miedo a dejar vacíos sus locales religiosos. Se alega que la iglesia debe mostrar amor por los caídos y no proceder a condenarlos.
Este es otro grave error. No podemos amar a nadie, más de lo que el Señor lo ama. Y avalar el adulterio no es un gesto de amor. “El amor nunca deja de ser” Ningún creyente deja de ser amado por Dios y, por consiguiente, tampoco por los hermanos.
Pero las instrucciones divinas deben ser obedecidas y no pueden ser modificadas por los hombres. No se trata de condenar a nadie sino de corregir y disciplinar, para que el extraviado no sea alcanzado por las consecuencias de su pecado.
Dios no bendice lo que no aprueba. Ningún “ministro” puede pedir la bendición de un segundo matrimonio de contrayentes divorciados. Sencillamente Dios aborrece el divorcio, y no avala el adulterio que significa un casamiento ilegítimo aun cuando pueda ser legalizado por leyes humanas a contramano de la voluntad soberana de Dios.
No obstante recordemos de nuevo que la iglesia no casa a nadie, y por lo tanto no existe el casamiento “por iglesia” Claro que es bueno que los contrayentes creyentes compartan el gozo de su casamiento ante, y con, la iglesia reunida, que estará orando por la pareja que se une, siendo testigo de los votos matrimoniales de los contrayentes, pero no es esa gozosa ocasión lo que legitima un casamiento, sino la decisión de los esposos de compartir sus vidas, frente a Dios y frente a la ley representada por el Registro Civil.
Como expresé antes, el tema sigue abierto a vuestros aportes y opiniones, o también correcciones, si fuera el caso.
Heriberto

