30-01-2017, 01:05 PM
Estimados hermanos:
Es lamentable que en la cristiandad, haya personas y grupos religiosos que promueven semejantes perversiones, y debemos ser claros en exponer la verdad de Dios para evitar que el divorcio parezca normal dentro del ámbito de las iglesias
Uno de los gruesos errores de interpretación, como el de Rodolfo, es el de suponer que no todas las uniones matrimoniales están incluidas en el mandamiento divino que dispone lo siguiente: "lo que Dios unió, no lo separe el hombre" Esa posición concluye en que si los contrayentes no eran creyentes en el momento de su unión matrimonial, no pueden considerarse como unidos por Dios, y que, por lo tanto, pueden separarse.
Pero, ¿qué significa “lo que Dios unió”? Consideremos que el matrimonio fue instituido por Dios como un orden divino, no sujeto a enmiendas humanas, por el cual un hombre con una mujer, y solo un hombre con una mujer, puedan unirse “en una sola carne”, conviviendo en un hogar con amor y responsabilidad, compartiendo sus vidas como esposos, y con los hijos que puedan nacer de esa unión.
Este orden dispuesto por Dios no excluye a ningún ser humano de sus responsabilidades frente al matrimonio. No hay ninguna diferencia entre creyentes o incrédulos porque esto se relaciona con los derechos de Dios como Creador.
Todas sus criaturas humanas deben sujetarse a sus preceptos, obedeciéndolos o rechazándolos, con las consiguientes consecuencias. Si alguien ignora las leyes de Dios, se hace pasible del juicio de Dios, en el tiempo de Dios.
Entonces, "lo que Dios unió", no se refiere al matrimonio de una pareja por Él elegida, sino más bien a la institución del matrimonio en sí, para la unión del hombre y la mujer, y la procreación de los hijos. Si alguien se unió irresponsablemente, no tiene la libertad de volverse a casar, porque a este pecado agregará el de adulterio, que no prescribe con el paso de los años. Lo que fue pecado el primer día, sigue siendo pecado a los veinte años de convivencia. La unión establecida en transgresión a las leyes de Dios no se legaliza por el mero transcurso del tiempo.
En este sentido, no hay diferencia entre el incrédulo y el inconverso. La ley de Dios no hace es diferencia. No se trata aquí de que “las cosas viejas pasaron” En esto no se incluye el matrimonio. Quienes se unieron en matrimonio, siguen siendo responsables por el modo como lo hicieron originalmente, en su propia libertad y elección, aún cuando en su momento hayan omitido consultar la voluntad de Dios. (Hablamos de guardar el orden de Dios, no de pecados imperdonables)
Acá debemos hacer una necesaria salvedad. En caso de que mantener la convivencia matrimonial resulte riesgosa por alguna causa, por ejemplo, por violencia de alguno de los cónyuges. Dios permite el divorcio vincular, es decir, la separación legal, pero nunca el re-casamiento, ni siquiera el de la (mal llamada) "parte inocente"
Recordemos que somos parte de la Iglesia del Señor, y que nuestra ciudadanía está en los cielos. No somos Israel (para quienes traen a colación asuntos relacionados con ellos) pese a que respetamos al Israel de Dios como bienaventurada nación y pueblo Suyo.
En otro momento podríamos considerar también las razones espirituales del orden del matrimonio, que, a diferencia de lo que Rodolfo supone, trasciende el mundo terrenal, con significados eternos. (No confundir con las falsas doctrinas mormonas al respecto)
Un saludo fraternal,
Heriberto
Es lamentable que en la cristiandad, haya personas y grupos religiosos que promueven semejantes perversiones, y debemos ser claros en exponer la verdad de Dios para evitar que el divorcio parezca normal dentro del ámbito de las iglesias
Uno de los gruesos errores de interpretación, como el de Rodolfo, es el de suponer que no todas las uniones matrimoniales están incluidas en el mandamiento divino que dispone lo siguiente: "lo que Dios unió, no lo separe el hombre" Esa posición concluye en que si los contrayentes no eran creyentes en el momento de su unión matrimonial, no pueden considerarse como unidos por Dios, y que, por lo tanto, pueden separarse.
Pero, ¿qué significa “lo que Dios unió”? Consideremos que el matrimonio fue instituido por Dios como un orden divino, no sujeto a enmiendas humanas, por el cual un hombre con una mujer, y solo un hombre con una mujer, puedan unirse “en una sola carne”, conviviendo en un hogar con amor y responsabilidad, compartiendo sus vidas como esposos, y con los hijos que puedan nacer de esa unión.
Este orden dispuesto por Dios no excluye a ningún ser humano de sus responsabilidades frente al matrimonio. No hay ninguna diferencia entre creyentes o incrédulos porque esto se relaciona con los derechos de Dios como Creador.
Todas sus criaturas humanas deben sujetarse a sus preceptos, obedeciéndolos o rechazándolos, con las consiguientes consecuencias. Si alguien ignora las leyes de Dios, se hace pasible del juicio de Dios, en el tiempo de Dios.
Entonces, "lo que Dios unió", no se refiere al matrimonio de una pareja por Él elegida, sino más bien a la institución del matrimonio en sí, para la unión del hombre y la mujer, y la procreación de los hijos. Si alguien se unió irresponsablemente, no tiene la libertad de volverse a casar, porque a este pecado agregará el de adulterio, que no prescribe con el paso de los años. Lo que fue pecado el primer día, sigue siendo pecado a los veinte años de convivencia. La unión establecida en transgresión a las leyes de Dios no se legaliza por el mero transcurso del tiempo.
En este sentido, no hay diferencia entre el incrédulo y el inconverso. La ley de Dios no hace es diferencia. No se trata aquí de que “las cosas viejas pasaron” En esto no se incluye el matrimonio. Quienes se unieron en matrimonio, siguen siendo responsables por el modo como lo hicieron originalmente, en su propia libertad y elección, aún cuando en su momento hayan omitido consultar la voluntad de Dios. (Hablamos de guardar el orden de Dios, no de pecados imperdonables)
Acá debemos hacer una necesaria salvedad. En caso de que mantener la convivencia matrimonial resulte riesgosa por alguna causa, por ejemplo, por violencia de alguno de los cónyuges. Dios permite el divorcio vincular, es decir, la separación legal, pero nunca el re-casamiento, ni siquiera el de la (mal llamada) "parte inocente"
Recordemos que somos parte de la Iglesia del Señor, y que nuestra ciudadanía está en los cielos. No somos Israel (para quienes traen a colación asuntos relacionados con ellos) pese a que respetamos al Israel de Dios como bienaventurada nación y pueblo Suyo.
En otro momento podríamos considerar también las razones espirituales del orden del matrimonio, que, a diferencia de lo que Rodolfo supone, trasciende el mundo terrenal, con significados eternos. (No confundir con las falsas doctrinas mormonas al respecto)
Un saludo fraternal,
Heriberto

