Queridos hermanos:
Creo que cada uno ha planteado lealmente sus argumentos, aunque, quizás por el calor del debate, nos hemos descuidado en evitar que algunos de nuestros dichos pudieran interpretarse como descalificaciones personales. Esto a su vez genera reacciones y agita los ánimos, impidiéndonos el equilibrio que debemos mantener en nuestros diálogos.
No lo digo para criticar, pues no sería capaz de tirar la primera piedra, y debo examinarme a mí mismo antes de pretender corregir a nadie.
Caminito se ha sentido atacado por su posición en el asunto, y ha recibido algunos adjetivos que, en el tono de la letra fría, le resultaron ofensivos. Si, por ejemplo, pudiéramos sentarnos en una mesa de buenos amigos, como lo somos, disfrutando de un humeante café con alguna exquisitez mexicana, bueno, en ese clima fraternal, en tono amistoso, no nos ofenderíamos que alguno nos diga: “Hermano, eres muy terco” (Tranquilo, Caminito, hablo de mí propia experiencia) Pero, ¿saben? En la calidez de la charla también tendríamos oportunidad de enterarnos de las demás circunstancias que afectan a cada uno y del “terreno” que pisa, para entendernos mejor y calzarnos los zapatos del otro.
Miren, soy idealista como el que más, y estoy convencido de que debemos preocuparnos por alcanzar el ideal bíblico en nuestras propias congregaciones. Sin embargo, la realidad nos enseña que es muy difícil lograrlo. Por ejemplo, Edison se ha referido a la necesaria libertad que debe ejercer cualquier hermano de levantarse en una determinada reunión para compartir un mensaje de las Escrituras. Sin duda que es maravilloso que pueda ser así, y suscribo al deseo de Edison.
Ahora, es cierto que en los viejos tiempos (conste que no me considero “viejo”) era una práctica generalizada en muchas iglesias, aún en ocasiones de Conferencias de distinta índole, pero, con la modernidad, el clima cambió, y la libertad se convirtió en herramienta de los “caraduras” que se levantaban a decir cualquier disparate. Ese avasallamiento de la libertad la convirtió en libertinaje, y finalmente se desarticuló aquella práctica.
Es responsabilidad de los ancianos (claro, sujetos a la Cabeza) resolver cada asunto según los problemas y condiciones de cada lugar. Yo no puedo opinar sobre las iglesias en México, Venezuela o Bolivia, salvo sobre el orden bíblico general que debería primar en cada iglesia del Señor (empezando por casa) pero los asuntos particulares son privativos de los ancianos suscitados por el Espíritu Santo en cada lugar.
También hay que considerar el esquema implantado en ciertas congregaciones por los misioneros que iniciaron la obra, y el origen de los mismos.
Si su preparación fue en el seno de una iglesia bíblica (no hablo de una denominación sino de los principios bíblicos) ese hermano tendrá más experiencia congregacional, pero si se trata de alguien instruido en el esquema de un seminario, que llega a creer que sus estudios y su título de “Pastor” lo habilitan para el oficio, bueno, el panorama será distinto y su iglesia será adoctrinada en la misma dirección.
Claro, mejor ni siquiera hablemos de las Corporaciones y Federaciones que ejercen potestad humana sobre las congregaciones que regentean. Esto carece totalmente de sustento bíblico y ha sido origen de graves conflictos.
Solo lo menciono porque esa influencia también afecta el carácter de una congregación y da lugar a indebidos esquemas de "gobierno" humano.
Le pido disculpas a Caminito si fue susceptible a lo que escribí en alguna de mis intervenciones, pero que quede claro que nunca tuve intención de descalificar a nadie y, además, estoy íntimamente convencido que ninguno de los hermanos que participaron en este tema quiso hacerlo, aunque la temperatura del debate haya subido de tono en alguno de sus giros.
Gracias a todos por la madurez puesta de manifiesto aquí, y por el celo que mostraron en afirmar las bases bíblicas de este tema.
"Todas vuestras cosas sean hechas con amor." (1ª Co 16:14)
Un abrazo para todos!
Heriberto
Creo que cada uno ha planteado lealmente sus argumentos, aunque, quizás por el calor del debate, nos hemos descuidado en evitar que algunos de nuestros dichos pudieran interpretarse como descalificaciones personales. Esto a su vez genera reacciones y agita los ánimos, impidiéndonos el equilibrio que debemos mantener en nuestros diálogos.
No lo digo para criticar, pues no sería capaz de tirar la primera piedra, y debo examinarme a mí mismo antes de pretender corregir a nadie.
Caminito se ha sentido atacado por su posición en el asunto, y ha recibido algunos adjetivos que, en el tono de la letra fría, le resultaron ofensivos. Si, por ejemplo, pudiéramos sentarnos en una mesa de buenos amigos, como lo somos, disfrutando de un humeante café con alguna exquisitez mexicana, bueno, en ese clima fraternal, en tono amistoso, no nos ofenderíamos que alguno nos diga: “Hermano, eres muy terco” (Tranquilo, Caminito, hablo de mí propia experiencia) Pero, ¿saben? En la calidez de la charla también tendríamos oportunidad de enterarnos de las demás circunstancias que afectan a cada uno y del “terreno” que pisa, para entendernos mejor y calzarnos los zapatos del otro.
Miren, soy idealista como el que más, y estoy convencido de que debemos preocuparnos por alcanzar el ideal bíblico en nuestras propias congregaciones. Sin embargo, la realidad nos enseña que es muy difícil lograrlo. Por ejemplo, Edison se ha referido a la necesaria libertad que debe ejercer cualquier hermano de levantarse en una determinada reunión para compartir un mensaje de las Escrituras. Sin duda que es maravilloso que pueda ser así, y suscribo al deseo de Edison.
Ahora, es cierto que en los viejos tiempos (conste que no me considero “viejo”) era una práctica generalizada en muchas iglesias, aún en ocasiones de Conferencias de distinta índole, pero, con la modernidad, el clima cambió, y la libertad se convirtió en herramienta de los “caraduras” que se levantaban a decir cualquier disparate. Ese avasallamiento de la libertad la convirtió en libertinaje, y finalmente se desarticuló aquella práctica.
Es responsabilidad de los ancianos (claro, sujetos a la Cabeza) resolver cada asunto según los problemas y condiciones de cada lugar. Yo no puedo opinar sobre las iglesias en México, Venezuela o Bolivia, salvo sobre el orden bíblico general que debería primar en cada iglesia del Señor (empezando por casa) pero los asuntos particulares son privativos de los ancianos suscitados por el Espíritu Santo en cada lugar.
También hay que considerar el esquema implantado en ciertas congregaciones por los misioneros que iniciaron la obra, y el origen de los mismos.
Si su preparación fue en el seno de una iglesia bíblica (no hablo de una denominación sino de los principios bíblicos) ese hermano tendrá más experiencia congregacional, pero si se trata de alguien instruido en el esquema de un seminario, que llega a creer que sus estudios y su título de “Pastor” lo habilitan para el oficio, bueno, el panorama será distinto y su iglesia será adoctrinada en la misma dirección.
Claro, mejor ni siquiera hablemos de las Corporaciones y Federaciones que ejercen potestad humana sobre las congregaciones que regentean. Esto carece totalmente de sustento bíblico y ha sido origen de graves conflictos.
Solo lo menciono porque esa influencia también afecta el carácter de una congregación y da lugar a indebidos esquemas de "gobierno" humano.
Le pido disculpas a Caminito si fue susceptible a lo que escribí en alguna de mis intervenciones, pero que quede claro que nunca tuve intención de descalificar a nadie y, además, estoy íntimamente convencido que ninguno de los hermanos que participaron en este tema quiso hacerlo, aunque la temperatura del debate haya subido de tono en alguno de sus giros.
Gracias a todos por la madurez puesta de manifiesto aquí, y por el celo que mostraron en afirmar las bases bíblicas de este tema.
"Todas vuestras cosas sean hechas con amor." (1ª Co 16:14)
Un abrazo para todos!
Heriberto

