29-02-2016, 01:39 PM
Gracias, Edison, por todos tus aportes a este importante asunto, y será provechoso mantener todo el material en nuestros archivos personales como fuente de consulta.
Ahora, quisiera considerar un párrafo de Caminito, que también ha escrito buenos aportes, y quisiera que él amplíe esta idea que compartió: "al nombrar "ancianos", se refiere al menos a dos, aunque el ideal deben ser tres, para distribuir el peso y hacer contra peso en las decisiones de la iglesia."
Y tengo esta inquietud al respecto: ¿Las decisiones de la iglesia pueden tomarse "por mayoría"? No tengo intención de contender, pero quisiera saber qué sustento bíblico hay para determinar 1) el número de ancianos. 2) que debe considerarse cierto número para que haya peso y contrapeso en las decisiones. Pienso que de ahí a sugerir una votación no hay más que un paso.
Hermanos, creo que esto es otra de las cosas que no corresponde al orden de la iglesia. Corríjanme si acaso estoy errado, pero si creemos que el Espíiritu Santo interviene en las decisiones de la iglesia, ¿significa acaso que algunos ancianos pueden tener un determinado sentir, y otros un sentir distinto? ¿No será más bien que para tomar una decisión, primero debe haber unanimidad?
En el mal llamado "concilio" de Jerusalén (Hch.15) se discutió mucho, pero al fin comprendieron al Espíritu Santo y escribieron a la iglesia de Antioquía: "Porque ha parecido bien al Espíritu Santo, y a nosotros..." (Hch 15:28) ¿"A nosotros" habrá sido la mayoría o todos? Si eran todos, poco importaba el contrapeso, porque sencillamente no se necesitaba tal cosa.
Por consiguiente, concluimos en que el Espíritu Santo pone el número de ancianos, sin apelar a reglas humanas, por prácticas que nos parezcan.
Las razones "prácticas" para cambiar o complementar lo que está escrito, le hacen mal a la asamblea y deben descartarse de plano porque no proceden de la Cabeza de la Iglesia sino de la organización humana.
No intento descalificar a quien piense distinto, pero repito que quisiera aclarar este punto.
Todo mi aprecio a Caminito por su opinión y, como todos, estoy aquí para aprender.
Un abrazo,
Heriberto
Ahora, quisiera considerar un párrafo de Caminito, que también ha escrito buenos aportes, y quisiera que él amplíe esta idea que compartió: "al nombrar "ancianos", se refiere al menos a dos, aunque el ideal deben ser tres, para distribuir el peso y hacer contra peso en las decisiones de la iglesia."
Y tengo esta inquietud al respecto: ¿Las decisiones de la iglesia pueden tomarse "por mayoría"? No tengo intención de contender, pero quisiera saber qué sustento bíblico hay para determinar 1) el número de ancianos. 2) que debe considerarse cierto número para que haya peso y contrapeso en las decisiones. Pienso que de ahí a sugerir una votación no hay más que un paso.
Hermanos, creo que esto es otra de las cosas que no corresponde al orden de la iglesia. Corríjanme si acaso estoy errado, pero si creemos que el Espíiritu Santo interviene en las decisiones de la iglesia, ¿significa acaso que algunos ancianos pueden tener un determinado sentir, y otros un sentir distinto? ¿No será más bien que para tomar una decisión, primero debe haber unanimidad?
En el mal llamado "concilio" de Jerusalén (Hch.15) se discutió mucho, pero al fin comprendieron al Espíritu Santo y escribieron a la iglesia de Antioquía: "Porque ha parecido bien al Espíritu Santo, y a nosotros..." (Hch 15:28) ¿"A nosotros" habrá sido la mayoría o todos? Si eran todos, poco importaba el contrapeso, porque sencillamente no se necesitaba tal cosa.
Por consiguiente, concluimos en que el Espíritu Santo pone el número de ancianos, sin apelar a reglas humanas, por prácticas que nos parezcan.
Las razones "prácticas" para cambiar o complementar lo que está escrito, le hacen mal a la asamblea y deben descartarse de plano porque no proceden de la Cabeza de la Iglesia sino de la organización humana.
No intento descalificar a quien piense distinto, pero repito que quisiera aclarar este punto.
Todo mi aprecio a Caminito por su opinión y, como todos, estoy aquí para aprender.
Un abrazo,
Heriberto

