24-11-2015, 05:23 PM
Hola hermanos:
Barclay niega en sus escritos la inspiración de las Escrituras. Tengo algunos comentarios de su autoría, pero considera las epístolas bíblicas como si hubieran sido escritas por los hombres, con sus propias opiniones, y expresa desacuerdo con lo que escribieron, de modo particular con los escritos de Pablo. No sé si fue o no un cristiano, pero el problema, es que, francamente, no hay demasiadas evidencias de un sano discernimiento espiritual.
De cualquier modo, no es nuestro tema, y volvemos a la unidad. Reitero que no debemos trabajar por la unidad, pues la unidad es un hecho espiritual de todo creyente, siendo miembros del cuerpo de Cristo. Es decir, tenemos unidad espiritual con todos los santos.
Nuestros ojos no están al lado de nuestros pies, y difícilmente se junten... pero componen nuestro cuerpo y responden a la misma cabeza, con ubicación y funciones diferentes. Las tablas del tabernáculo en el desierto, revestidas de oro, no estaban todas juntas y amontonadas, sino que cada una ocupaba un lugar determinado, aunque estaban unidas por una espiga invisible. Si hubieran estado numeradas, la Nº 1 no se juntaba nunca, digamos, con la Nº 10 pero todas formaban el santuario de Dios. (Sólo intento ilustrar la unidad)
No se trata de formar una gran organización para que todas las religiones del mundo se unan en una fenomenal ensalada, (eso es lo que persigue el ecumenismo) sino de reconocer la unidad de todos los creyentes por un lazo espiritual e invisible. Ser uno con los creyentes no significaba que los discípulos fueran uno con los fariseos, saduceos y herodianos, entre otros, cuyo padre era el diablo, y los deseos de su padre querían hacer a pesar de su barniz religioso. Nosotros somos uno con los santos, es decir, con los creyentes nacidos de Dios. Simplemente lo aceptamos, y no creemos que "juntos somos más" como algunos suponen. Para Dios es lo mismo salvar con muchos o con pocos. No tenemos que hacer demostraciones multitudinarias para publicitar una unión artificial, sino cumplir silenciosamente nuestro rol en dependencia de nuestro Señor Todopoderoso, guardando la unidad del Espíritu, aunque pudiéramos estar "solos" en el lugar más remoto de la tierra. Dijo el Señor: "Yo estoy con vosotros, todos los días, hasta el fin del mundo" Tener al Señor con nosotros, de eso se trata la unidad.
Barclay niega en sus escritos la inspiración de las Escrituras. Tengo algunos comentarios de su autoría, pero considera las epístolas bíblicas como si hubieran sido escritas por los hombres, con sus propias opiniones, y expresa desacuerdo con lo que escribieron, de modo particular con los escritos de Pablo. No sé si fue o no un cristiano, pero el problema, es que, francamente, no hay demasiadas evidencias de un sano discernimiento espiritual.
De cualquier modo, no es nuestro tema, y volvemos a la unidad. Reitero que no debemos trabajar por la unidad, pues la unidad es un hecho espiritual de todo creyente, siendo miembros del cuerpo de Cristo. Es decir, tenemos unidad espiritual con todos los santos.
Nuestros ojos no están al lado de nuestros pies, y difícilmente se junten... pero componen nuestro cuerpo y responden a la misma cabeza, con ubicación y funciones diferentes. Las tablas del tabernáculo en el desierto, revestidas de oro, no estaban todas juntas y amontonadas, sino que cada una ocupaba un lugar determinado, aunque estaban unidas por una espiga invisible. Si hubieran estado numeradas, la Nº 1 no se juntaba nunca, digamos, con la Nº 10 pero todas formaban el santuario de Dios. (Sólo intento ilustrar la unidad)
No se trata de formar una gran organización para que todas las religiones del mundo se unan en una fenomenal ensalada, (eso es lo que persigue el ecumenismo) sino de reconocer la unidad de todos los creyentes por un lazo espiritual e invisible. Ser uno con los creyentes no significaba que los discípulos fueran uno con los fariseos, saduceos y herodianos, entre otros, cuyo padre era el diablo, y los deseos de su padre querían hacer a pesar de su barniz religioso. Nosotros somos uno con los santos, es decir, con los creyentes nacidos de Dios. Simplemente lo aceptamos, y no creemos que "juntos somos más" como algunos suponen. Para Dios es lo mismo salvar con muchos o con pocos. No tenemos que hacer demostraciones multitudinarias para publicitar una unión artificial, sino cumplir silenciosamente nuestro rol en dependencia de nuestro Señor Todopoderoso, guardando la unidad del Espíritu, aunque pudiéramos estar "solos" en el lugar más remoto de la tierra. Dijo el Señor: "Yo estoy con vosotros, todos los días, hasta el fin del mundo" Tener al Señor con nosotros, de eso se trata la unidad.

