16-01-2015, 04:51 PM
Buen punto, Willy.
Algunos piensan que el Espíritu santo va y viene. Hay personas presuntamente cristianas que hacen grandes alborotos pidiéndole al Espíritu "que venga" En cierto canal "cristiano" de T.V. vi como una mujer fuera de sí repetía hasta el cansancio la frase "Ven Espíritu", "Ven Espíritu"... Evidentemente, si tenía que venir, ella no lo tenía, y si no lo tenía, sencillamente no era de Cristo. Pero allí estaba, fingiéndose "pastora", y evidenciando que no conocía siquiera los rudimentos de la fe cristiana.
Y, como dices, si el Espíritu Santo mora en un creyente, ningún otro espíritu tiene lugar, pero si el Espíritu de Dios viniera y se fuera, otro espíritu podría ocupar su lugar. ¿Qué pasaría entonces? Bueno, los ministros de "liberación" entrarían en acción, y la función comenzaría. No hace falta imaginar nada, porque es lo que en realidad ocurre en muchos círculos carismáticos. Se invoca el espíritu y se lo expulsa con gritos, gestos y empujones. Los espíritus de la droga, del tabaco, del alcohol y de otros tantos vicios y miserias son conminados a salir del candidato a santo.
Toda la culpa de sus desvelos es de satanás, así que no tiene que arrepentirse de nada. Luego de que el "especialista" emplea técnicas de manipulación mental, la persona se desmaya, y cuando se recupera es declarada "libre" por el "toque" de Dios.
Si un creyente le preguntara qué le pasó, le dirá: "Dios me tocó", y ese será todo su testimonio. No sabrá dar razón de su fe, porque sencillamente no la tuvo, y en consecuencia nunca nació de nuevo.
Lo peor es que esas personas, luego de ser sometidas a esa clase de presión ocultista, pueden sufrir serias alteraciones y desequilibrios que las llevan a la depresión, porque nunca fueron "liberadas" por el Señor,
Ahora bien, no toda depresión tiene ese origen, y puede deberse a múltiples causas, como ya lo consideramos en una entrega anterior.
Un ejemplo más: En el lejano sur de nuestro sur, en invierno los días son muy cortos, quiero decir, de pocas horas de luz.
Hay ciudades que sólo tienen unas cinco horas de claridad diaria, y digo claridad porque son muchos los días nublados sin sol. El clima suele ser hostil, y mucha gente ha emigrado a esos lugares por razones de trabajo. He conocido personas que sufrieron el desarraigo de lugares cálidos del norte y ahora viven allí con sus familias, pero el problema es que un alto porcentaje de ellas sufre la depresión. El desarraigo, la corta exposición a la luz solar y el clima frío y hostil, que los obliga a mucho encierro, produce efectos nocivos en el organismo y en el estado anímico, En el caso de los creyentes, pocas veces tiene que ver con problemas espirituales, aunque no sean necesariamente excluyentes.
Nadie es inmune a esos efectos, aunque es cierto que el creyente está mejor preparado para enfrentarlos.
Un abrazo,
Heriberto
Algunos piensan que el Espíritu santo va y viene. Hay personas presuntamente cristianas que hacen grandes alborotos pidiéndole al Espíritu "que venga" En cierto canal "cristiano" de T.V. vi como una mujer fuera de sí repetía hasta el cansancio la frase "Ven Espíritu", "Ven Espíritu"... Evidentemente, si tenía que venir, ella no lo tenía, y si no lo tenía, sencillamente no era de Cristo. Pero allí estaba, fingiéndose "pastora", y evidenciando que no conocía siquiera los rudimentos de la fe cristiana.
Y, como dices, si el Espíritu Santo mora en un creyente, ningún otro espíritu tiene lugar, pero si el Espíritu de Dios viniera y se fuera, otro espíritu podría ocupar su lugar. ¿Qué pasaría entonces? Bueno, los ministros de "liberación" entrarían en acción, y la función comenzaría. No hace falta imaginar nada, porque es lo que en realidad ocurre en muchos círculos carismáticos. Se invoca el espíritu y se lo expulsa con gritos, gestos y empujones. Los espíritus de la droga, del tabaco, del alcohol y de otros tantos vicios y miserias son conminados a salir del candidato a santo.
Toda la culpa de sus desvelos es de satanás, así que no tiene que arrepentirse de nada. Luego de que el "especialista" emplea técnicas de manipulación mental, la persona se desmaya, y cuando se recupera es declarada "libre" por el "toque" de Dios.
Si un creyente le preguntara qué le pasó, le dirá: "Dios me tocó", y ese será todo su testimonio. No sabrá dar razón de su fe, porque sencillamente no la tuvo, y en consecuencia nunca nació de nuevo.
Lo peor es que esas personas, luego de ser sometidas a esa clase de presión ocultista, pueden sufrir serias alteraciones y desequilibrios que las llevan a la depresión, porque nunca fueron "liberadas" por el Señor,
Ahora bien, no toda depresión tiene ese origen, y puede deberse a múltiples causas, como ya lo consideramos en una entrega anterior.
Un ejemplo más: En el lejano sur de nuestro sur, en invierno los días son muy cortos, quiero decir, de pocas horas de luz.
Hay ciudades que sólo tienen unas cinco horas de claridad diaria, y digo claridad porque son muchos los días nublados sin sol. El clima suele ser hostil, y mucha gente ha emigrado a esos lugares por razones de trabajo. He conocido personas que sufrieron el desarraigo de lugares cálidos del norte y ahora viven allí con sus familias, pero el problema es que un alto porcentaje de ellas sufre la depresión. El desarraigo, la corta exposición a la luz solar y el clima frío y hostil, que los obliga a mucho encierro, produce efectos nocivos en el organismo y en el estado anímico, En el caso de los creyentes, pocas veces tiene que ver con problemas espirituales, aunque no sean necesariamente excluyentes.
Nadie es inmune a esos efectos, aunque es cierto que el creyente está mejor preparado para enfrentarlos.
Un abrazo,
Heriberto

