02-11-2014, 12:40 AM
Por: Jorge Segura
Yo creo que nosotros, los creyentes, carecemos de optimismo.
Tendemos a ver el futuro percibiéndolo de una manera negativa. ¿Por qué?
El futuro es incierto. Solo DIOS lo conoce. ¿Por qué si DIOS me ha ayudado hasta este momento, pensamos que no lo hará el resto de nuestra vida? ¿Encuentra usted verdaderas razones para afanarse por ese futuro?
Estar pensando siempre lo peor, es una conducta adquirida. Tal vez causada por el ejemplo vivido en nuestros hogares. Se nos ha hecho la costumbre de esperar que las cosas salgan mal. Incluso lo hacemos en contra de los hechos y de los propios pronósticos humanos.
Por ejemplo, las tasas de incidencia de enfermedades se calculan usando varios decimales y se expresan, generalmente, en cifras dadas por mil, diez mil o cien mil habitantes porque se trata de cifras muy pequeñas. Es decir, las enfermedades afectan a relativamente pocos habitantes en los diferentes países. En este momento no tengo cifras a mano, pero digamos que una enfermedad incide en 14 personas de cada 100000 habitantes. Entonces, ¿por qué vamos a estar afanados o preocupados pensando que podemos padecer esa enfermedad, cuando la posibilidad de padecerla es bajísima? La única explicación, es esa tendencia de estar pensando lo peor en cada acontecimiento de nuestra vida.
Lo malo de todo esto, llegue a ocurrir o no, pasamos un amplio período de tiempo nerviosos y preocupados lo cual solo daño nos produce.
Por otra parte, precisamente por este pesimismo de creer que acontecimientos poco probables vayan a presentarse, es que se han dado cifras que demuestran que muy pocas veces ocurren esas calamidades que estamos esperando. Lo único que obtenemos es preocupación excesiva sobre aspectos por los cuales no estamos en condiciones de hacer nada para evitar su posible acontecimiento.
Lo que más empeora esta forma de pensar, es que hacemos un análisis de asuntos futuros, los cuales enfrentaríamos con nuestros propios recursos sin considerar la intervención de DIOS, porque DIOS prometió estar con nosotros cuando estemos en la angustia, no meses o años antes. Esto hace que nuestra preocupación aumente.
Creo que sería más razonable establecer hipótesis más optimistas en relación con el futuro, independientemente de lo que pueda o no ocurrir. De esa manera, nos evitamos grandes preocupaciones que solo angustian nos brindan.
Confiamos en DIOS en que ÉL estará con nosotros en la angustia, si es que la misma llega a presentarse. DIOS no nos dejará ni nos desamparará. Echemos toda nuestra ansiedad sobre ÉL, porque ÉL tiene cuidado de nosotros. Vivamos solo un día a la vez, y planeemos nuestro futuro y pensemos en él pero con optimismo y sin preocupación. De todas formas, si no conocemos el futuro, esperemos lo mejor de él, ¿de qué aprovechará afanarse por el día de mañana?
Que DIOS los bendiga,
MENSAJE DE JORGE SEGURA.
(Tomado de la lista de correo de "Siguiendo Sus Pisadas")
Yo creo que nosotros, los creyentes, carecemos de optimismo.
Tendemos a ver el futuro percibiéndolo de una manera negativa. ¿Por qué?
El futuro es incierto. Solo DIOS lo conoce. ¿Por qué si DIOS me ha ayudado hasta este momento, pensamos que no lo hará el resto de nuestra vida? ¿Encuentra usted verdaderas razones para afanarse por ese futuro?
Estar pensando siempre lo peor, es una conducta adquirida. Tal vez causada por el ejemplo vivido en nuestros hogares. Se nos ha hecho la costumbre de esperar que las cosas salgan mal. Incluso lo hacemos en contra de los hechos y de los propios pronósticos humanos.
Por ejemplo, las tasas de incidencia de enfermedades se calculan usando varios decimales y se expresan, generalmente, en cifras dadas por mil, diez mil o cien mil habitantes porque se trata de cifras muy pequeñas. Es decir, las enfermedades afectan a relativamente pocos habitantes en los diferentes países. En este momento no tengo cifras a mano, pero digamos que una enfermedad incide en 14 personas de cada 100000 habitantes. Entonces, ¿por qué vamos a estar afanados o preocupados pensando que podemos padecer esa enfermedad, cuando la posibilidad de padecerla es bajísima? La única explicación, es esa tendencia de estar pensando lo peor en cada acontecimiento de nuestra vida.
Lo malo de todo esto, llegue a ocurrir o no, pasamos un amplio período de tiempo nerviosos y preocupados lo cual solo daño nos produce.
Por otra parte, precisamente por este pesimismo de creer que acontecimientos poco probables vayan a presentarse, es que se han dado cifras que demuestran que muy pocas veces ocurren esas calamidades que estamos esperando. Lo único que obtenemos es preocupación excesiva sobre aspectos por los cuales no estamos en condiciones de hacer nada para evitar su posible acontecimiento.
Lo que más empeora esta forma de pensar, es que hacemos un análisis de asuntos futuros, los cuales enfrentaríamos con nuestros propios recursos sin considerar la intervención de DIOS, porque DIOS prometió estar con nosotros cuando estemos en la angustia, no meses o años antes. Esto hace que nuestra preocupación aumente.
Creo que sería más razonable establecer hipótesis más optimistas en relación con el futuro, independientemente de lo que pueda o no ocurrir. De esa manera, nos evitamos grandes preocupaciones que solo angustian nos brindan.
Confiamos en DIOS en que ÉL estará con nosotros en la angustia, si es que la misma llega a presentarse. DIOS no nos dejará ni nos desamparará. Echemos toda nuestra ansiedad sobre ÉL, porque ÉL tiene cuidado de nosotros. Vivamos solo un día a la vez, y planeemos nuestro futuro y pensemos en él pero con optimismo y sin preocupación. De todas formas, si no conocemos el futuro, esperemos lo mejor de él, ¿de qué aprovechará afanarse por el día de mañana?
Que DIOS los bendiga,
MENSAJE DE JORGE SEGURA.
(Tomado de la lista de correo de "Siguiendo Sus Pisadas")

