29-10-2014, 06:48 PM
Interesante el tema.
Visto desde otra perspectiva, para los enfermos de lepra, el dolor puede ser una gran ayuda, pues ésta enfermedad mata las terminaciones nerviosas del cuerpo y es por ello que sin darse cuenta, se lastiman y al no dar acuse de recibo, se exponen a quemaduras y demás traumas que desgastan sus extremidades.
En la India, uno de los países más expuestos a esta enfermedad del siglo XVIII y XIX; después de una exhaustiva investigación, cuando las personas habitantes de las selva dormían, las ratas se comían parte de sus cuerpo y ellos ni siquiera se enteraban hasta que aparecía las yagas abiertas de la piel. Muchos se rompían huesos al exponerse a los trabajos duros del campo y al carecer del dolor que en cualquier otro caso hubiese sido una alarma, en ellos no se manifestó, causando estragos mucho más dañinos e irreversibles en su cuerpo.
Para los doctores, que tratan con esta enfermedad, ven el sufrimiento como un poderoso aliado en ellos mismos, pues significa que aun no están contagiados.
Espiritualmente, no es diferente. Cuando el sufrimiento por el pecado nos sigue atormentando, debe ser de gozo saber que el Espíritu Santo no está apagado en nosotros y nos redarguye para corregirnos y volvernos al Señor.
Dios es sabio y bueno. ¿No es cierto?
Visto desde otra perspectiva, para los enfermos de lepra, el dolor puede ser una gran ayuda, pues ésta enfermedad mata las terminaciones nerviosas del cuerpo y es por ello que sin darse cuenta, se lastiman y al no dar acuse de recibo, se exponen a quemaduras y demás traumas que desgastan sus extremidades.
En la India, uno de los países más expuestos a esta enfermedad del siglo XVIII y XIX; después de una exhaustiva investigación, cuando las personas habitantes de las selva dormían, las ratas se comían parte de sus cuerpo y ellos ni siquiera se enteraban hasta que aparecía las yagas abiertas de la piel. Muchos se rompían huesos al exponerse a los trabajos duros del campo y al carecer del dolor que en cualquier otro caso hubiese sido una alarma, en ellos no se manifestó, causando estragos mucho más dañinos e irreversibles en su cuerpo.
Para los doctores, que tratan con esta enfermedad, ven el sufrimiento como un poderoso aliado en ellos mismos, pues significa que aun no están contagiados.
Espiritualmente, no es diferente. Cuando el sufrimiento por el pecado nos sigue atormentando, debe ser de gozo saber que el Espíritu Santo no está apagado en nosotros y nos redarguye para corregirnos y volvernos al Señor.
Dios es sabio y bueno. ¿No es cierto?

