20-10-2014, 06:58 PM
En todo caso, debemos considerar que el abandono del orden que Dios estableció para su creación y sus criaturas, inexorablemente trae graves consecuencias. Los principios bíblicos son inamovibles y no pueden ser ignorados. Cada vez que el hombre (tanto el varón como la mujer) los cuestiona o deja de lado se hace daño a sí mismo y a los demás.
Por ejemplo, Dios estableció el matrimonio entre un hombre y una mujer como el único ámbito en el que, llegando a ser una sola carne, los esposos se desarrollaran en familia con todo lo que implica. Dios no estaría ausente, como tampoco está ausente ahora, para que el hombre pudiera recibir dirección para "la senda de la vida". "Me mostrarás la senda de la vida; En tu presencia hay plenitud de gozo; Delicias a tu diestra para siempre". (Sal 16:11)
El hombre y la mujer tienen plenitud de gozo y delicias cuando siguen la senda de la vida tal como lo quiere Dios, pero al hacer caso omiso de los principios divinos ya no se pueden respetar ni a sí mismos. Los hombres amadores de sí mismos, sin asumir compromisos, se meten en las casas y conviven "en pareja" con ingenuas mujercillas cargadas de pecados, llevándolas a su perdición. Luego pasan a otra "flor" y siguen arruinando las vidas de otras mujeres que se creen "libres"
Qué diferente es lo que Dios ordena: "Vosotros, maridos, igualmente, vivid con ellas sabiamente, dando honor a la mujer como a vaso más frágil, y como a coherederas de la gracia de la vida, para que vuestras oraciones no tengan estorbo. Finalmente, sed todos de un mismo sentir, compasivos, amándoos fraternalmente, misericordiosos, amigables; no devolviendo mal por mal, ni maldición por maldición, sino por el contrario, bendiciendo, sabiendo que fuisteis llamados para que heredaseis bendición." (1ª Pe 3:7/9)
El hombre es frágil, y la mujer es más frágil, pero, cuando las cosas se hacen como corresponde al orden divino, la mujer recibe honor como coheredera de la gracia de la vida, habiendo sido llamada, junto con el hombre, nada menos que a heredar bendición. "La bendición del Señor es la que enriquece y no añade tristeza con ella"
Heriberto
Por ejemplo, Dios estableció el matrimonio entre un hombre y una mujer como el único ámbito en el que, llegando a ser una sola carne, los esposos se desarrollaran en familia con todo lo que implica. Dios no estaría ausente, como tampoco está ausente ahora, para que el hombre pudiera recibir dirección para "la senda de la vida". "Me mostrarás la senda de la vida; En tu presencia hay plenitud de gozo; Delicias a tu diestra para siempre". (Sal 16:11)
El hombre y la mujer tienen plenitud de gozo y delicias cuando siguen la senda de la vida tal como lo quiere Dios, pero al hacer caso omiso de los principios divinos ya no se pueden respetar ni a sí mismos. Los hombres amadores de sí mismos, sin asumir compromisos, se meten en las casas y conviven "en pareja" con ingenuas mujercillas cargadas de pecados, llevándolas a su perdición. Luego pasan a otra "flor" y siguen arruinando las vidas de otras mujeres que se creen "libres"
Qué diferente es lo que Dios ordena: "Vosotros, maridos, igualmente, vivid con ellas sabiamente, dando honor a la mujer como a vaso más frágil, y como a coherederas de la gracia de la vida, para que vuestras oraciones no tengan estorbo. Finalmente, sed todos de un mismo sentir, compasivos, amándoos fraternalmente, misericordiosos, amigables; no devolviendo mal por mal, ni maldición por maldición, sino por el contrario, bendiciendo, sabiendo que fuisteis llamados para que heredaseis bendición." (1ª Pe 3:7/9)
El hombre es frágil, y la mujer es más frágil, pero, cuando las cosas se hacen como corresponde al orden divino, la mujer recibe honor como coheredera de la gracia de la vida, habiendo sido llamada, junto con el hombre, nada menos que a heredar bendición. "La bendición del Señor es la que enriquece y no añade tristeza con ella"
Heriberto

