20-05-2014, 07:48 AM
Veamos un escrito de Jorge Leon del cual el mismo describe en un resumen sus puntos principales que se llama “Culpa, conversion y psicología moderna” Lo escrito por Jorge Leon en negritas seguido de mis comentarios en letras normales, es como sigue:
Después de tres décadas, no se ha implementado ninguna de las recomendaciones del grupo que reflexionó sobre la ponencia que presenté en Lausana: “Culpa, conversión y psicología moderna”.11 Por el contrario, se produjo cierta oposición hacia la propuesta de establecer una imbricación entre la evangelización y la psicología pastoral. A continuación, algunos fragmentos de aquella ponencia:
La mayoría de los evangelistas tiende a intensificar el sentimiento de culpa como una manera de inducir al arrepentimiento. Sin embargo, ¿qué sucede con aquellos que sufren de sentimientos de culpa que no son la consecuencia del pecado? ¿No está uno en peligro de alcanzar el resultado opuesto a lo que espera? ¿Es posible que el pecado pueda convertirse en una forma de autocastigo solicitado desde el púlpito?
El verdadero evangelista “no intensifica” ni trata de dar un “sentimiento de culpa” solo muestra la verdadera condición de pecado en el que se encuentra la persona sin Cristo y al estar en esta condición corrompida, es culpable. Tampoco el evangelista “induce” al arrepentimiento, el evangelista no forza al arrepentimiento esto es obra del Espiritu.
El señor Leon dice, -“¿Qué sucede con aquellos que sufren de sentimientos de culpa que no son la consecuencia del pecado”.
Respuesta.- No existe sentimiento de culpa sin pecado, aunque la psicología trata de falsamente atenuar esto en que se puede pretender de acusar sin pecar. Toda persona tiene sentimiento de culpa aun por pecados cometidos hace mucho tiempo en anterioridad y toda persona sabe que está en deuda y la justicia debe satisfacerse. Por lo tanto no existe un “autocastigo solicitado desde el pulpito”. La psicología no pretende mas que con sus ideologías “comprensivas” y con una ternura tergiversada hacer que la persona no se sienta tan culpable como en realidad se puede ser tratando de minimizar o por ultimo descalificar por completo el pecado saliendo de la iglesia y congregarse sin necesidad que el arrepentimiento sea lo prioritario en su vida haciéndolo sentir que goza de una vida espiritual sana.
Algunos están buscando, en forma enfermiza, a un pastor que cada domingo les dé “latigazos espirituales” desde el púlpito. El masoquismo de ciertos feligreses necesita del sadismo de ciertos predicadores. Así queda establecida una relación perversa entre el predicador y el feligrés, que asegura una fiel asistencia a los cultos de la iglesia.
El saber que se es pecador no es “masoquismo” y el predicar el pecado es la esencia misma y propósito de las enseñanzas bíblicas y referirse como “sadismo de ciertos predicadores” seria acusar de sadico a Dios mismo en persona.
Luego dice “asi queda establecida una relación perversa entre el predicador y el feligres” aquí existe una abierta insinuación de dar una mala imagen al verdadero evangelista.
El pastor debe considerar al pecado como un problema teológico que separa al ser humano de Dios y de la razón de ser de su existencia. No debemos tratar de aumentar el sentimiento de culpa como un problema psicológico, pero sí recordar siempre que la culpa existencial es la expresión de un quiebre emocional.
Otra vez se trata aquí de poner el pecado a la mas minima expresión que de como resultado un simple “quiebre emocional” tratando de ablandar el sentimiento de culpa. Algo parecido como anestesiar a la persona para que su conversión sea suave y placentera, que no exista algún tipo de “trauma posterior”.
No es mi intención disminuir la predicación en contra del pecado. Sólo deseo subrayar los peligros de in-crementar el sentimiento de culpa… La predicación debe ser positiva y liberadora. Deseo defender el tipo de predicación que contribuya a la salvación integral del creyente, incluyendo la salud mental.
Aqui subraya lo dicho anteriormente, como una especie de predisponer al “paciente” a punto de convertirse a Cristo a que sea una experiencia mágica. De esta forma se consigue una “salvación integral” o sea una conversion “mas completa” sin malos efectos “secundarios”. Estas serian las conversiones “modernas” que contribuye la psicología y con su ayuda implementado ya que posiblemente las conversiones de antaño eran algo rudas y dejaban “malas secuelas”.
Jesús sabía que hay una imago Dei aun en el peor de los seres humanos y que, por causa del pecado, la imagen de Dios está pidiendo completamiento. Cada ser humano necesita descubrirse a sí mismo como tal, como un ser perfectible a la luz de Jesucristo. Ningún ser humano es una bolsa vacía. El problema no es poner nuevos contenidos dentro de la bolsa sino ayudar a completar lo que ya hay en ella para ser capaz de recibir en forma armoniosa lo que estaba faltando. Es decir, mostrar la diferencia entre lo que uno es y lo que debería ser. Con una clara visión de su problema, el ser humano necesita desafiarse, por su vaciedad existencial, para buscar su vocación ontológica. Es cuestión de tratar de alcanzar la plenitud de la condición humana dada paradigmáticamente en Jesucristo.
Aquí típico de la la psicología, solo habla del hombre deidificandolo y su autoayuda para complementarse a si mismo. Nada de la renovación que es solo hecha por el Espiritu.
Lo que ocurrió en Listra, tal como está narrado en Hechos 14, fue un mecanismo inconsciente que el psico-análisis llama transferencia, el cual puede ser positivo o negativo. La transferencia positiva conduce al amor; la negativa, al odio. La tendencia a amar es una fuerza natural, producto de nuestra condición de criaturas hechas a imagen y semejanza de Dios. Pero esa tendencia, por causa de la caída, debe ser controlada y orientada hacia el bien, hacia lo creativo, según la intención original de Dios. De no ser así, se dirigirá hacia la destrucción y la muerte. Esto se debe a que, además de la imagen de Dios, en cada ser humano se expresa también el pecado.
Se denomina transferencia al desplazamiento afectivo de un sujeto a otro. Dicho de otra manera, se trata del tipo especial de acercamiento a una persona con sentimientos de atracción o rechazo, como si fuera un ser amado u odiado, porque recuerda a alguien que en el pasado significó algo para la persona en cuestión. Es decir, un sujeto trata a alguien de su mundo externo como si fuera un personaje que pertenece a su mundo interno. Aquí volvemos sobre el tema tratado antes: si es posible alcanzar la sanidad “interior” sin la “exterior”. La armonía entre ambos “mundos” ayuda tanto a la salud mental como a la salud espiritual. Es decir, debemos lograr la armonía entre los deseos inconscientes y los conscientes. Pablo la encuentra en Jesucristo cuando clama: “¡Miserable de mí! ¿Quién me librará de este cuerpo de muerte? ¡Gracias doy a Dios, por Jesucristo, Señor nuestro! Así que, yo mismo con la mente sirvo a la ley de Dios, pero con la carne a la ley del pecado” (Rm 7,24-25).
La transferencia es básicamente transferencia de amor o de odio, de aceptación o de rechazo, de deseos de vida o deseos de muerte. El odio es la otra cara del amor. Sólo se puede odiar a quien se ama. Lo opuesto al amor no es el odio, sino la indiferencia. Se denomina transferencia positiva a aquella donde prevalece el amor, y negativa, a aquella donde prevalece la agresividad o el odio.
Se explica sobre lo que la psicología llama “transferencia”, un desplazamiento afectivo de un sujeto a otro. Que demuestra con claridad sus definiciones misticas ocultas y que procura aplicarlo a un evento bíblico. Finalmente trata de explicar el conflicto de Pablo como el tratar de buscar la armonía de una sanidad interior con la exterior que es una fuente del ocultismo que se aplican en muchas iglesias carismáticas, la G12, Paul David Chonggi Cho y otros.
El escrito aun continua dando explicaciones del tipo de pastores que hay y todo esto aun dando muestras claras de que es explicado por una mente natural sin discernimiento bíblico. Hay mucha tela que cortar pero considere que solo hasta aquí se puede ver que la psicología ninguna relación tiene ni podría tener con el cristianismo, mucho menos nada para aportar porque todo lo que tiene son desviaciones de la verdad. Todo lo que tiene es en contra de la verdad de Dios.
Willy
Después de tres décadas, no se ha implementado ninguna de las recomendaciones del grupo que reflexionó sobre la ponencia que presenté en Lausana: “Culpa, conversión y psicología moderna”.11 Por el contrario, se produjo cierta oposición hacia la propuesta de establecer una imbricación entre la evangelización y la psicología pastoral. A continuación, algunos fragmentos de aquella ponencia:
La mayoría de los evangelistas tiende a intensificar el sentimiento de culpa como una manera de inducir al arrepentimiento. Sin embargo, ¿qué sucede con aquellos que sufren de sentimientos de culpa que no son la consecuencia del pecado? ¿No está uno en peligro de alcanzar el resultado opuesto a lo que espera? ¿Es posible que el pecado pueda convertirse en una forma de autocastigo solicitado desde el púlpito?
El verdadero evangelista “no intensifica” ni trata de dar un “sentimiento de culpa” solo muestra la verdadera condición de pecado en el que se encuentra la persona sin Cristo y al estar en esta condición corrompida, es culpable. Tampoco el evangelista “induce” al arrepentimiento, el evangelista no forza al arrepentimiento esto es obra del Espiritu.
El señor Leon dice, -“¿Qué sucede con aquellos que sufren de sentimientos de culpa que no son la consecuencia del pecado”.
Respuesta.- No existe sentimiento de culpa sin pecado, aunque la psicología trata de falsamente atenuar esto en que se puede pretender de acusar sin pecar. Toda persona tiene sentimiento de culpa aun por pecados cometidos hace mucho tiempo en anterioridad y toda persona sabe que está en deuda y la justicia debe satisfacerse. Por lo tanto no existe un “autocastigo solicitado desde el pulpito”. La psicología no pretende mas que con sus ideologías “comprensivas” y con una ternura tergiversada hacer que la persona no se sienta tan culpable como en realidad se puede ser tratando de minimizar o por ultimo descalificar por completo el pecado saliendo de la iglesia y congregarse sin necesidad que el arrepentimiento sea lo prioritario en su vida haciéndolo sentir que goza de una vida espiritual sana.
Algunos están buscando, en forma enfermiza, a un pastor que cada domingo les dé “latigazos espirituales” desde el púlpito. El masoquismo de ciertos feligreses necesita del sadismo de ciertos predicadores. Así queda establecida una relación perversa entre el predicador y el feligrés, que asegura una fiel asistencia a los cultos de la iglesia.
El saber que se es pecador no es “masoquismo” y el predicar el pecado es la esencia misma y propósito de las enseñanzas bíblicas y referirse como “sadismo de ciertos predicadores” seria acusar de sadico a Dios mismo en persona.
Luego dice “asi queda establecida una relación perversa entre el predicador y el feligres” aquí existe una abierta insinuación de dar una mala imagen al verdadero evangelista.
El pastor debe considerar al pecado como un problema teológico que separa al ser humano de Dios y de la razón de ser de su existencia. No debemos tratar de aumentar el sentimiento de culpa como un problema psicológico, pero sí recordar siempre que la culpa existencial es la expresión de un quiebre emocional.
Otra vez se trata aquí de poner el pecado a la mas minima expresión que de como resultado un simple “quiebre emocional” tratando de ablandar el sentimiento de culpa. Algo parecido como anestesiar a la persona para que su conversión sea suave y placentera, que no exista algún tipo de “trauma posterior”.
No es mi intención disminuir la predicación en contra del pecado. Sólo deseo subrayar los peligros de in-crementar el sentimiento de culpa… La predicación debe ser positiva y liberadora. Deseo defender el tipo de predicación que contribuya a la salvación integral del creyente, incluyendo la salud mental.
Aqui subraya lo dicho anteriormente, como una especie de predisponer al “paciente” a punto de convertirse a Cristo a que sea una experiencia mágica. De esta forma se consigue una “salvación integral” o sea una conversion “mas completa” sin malos efectos “secundarios”. Estas serian las conversiones “modernas” que contribuye la psicología y con su ayuda implementado ya que posiblemente las conversiones de antaño eran algo rudas y dejaban “malas secuelas”.
Jesús sabía que hay una imago Dei aun en el peor de los seres humanos y que, por causa del pecado, la imagen de Dios está pidiendo completamiento. Cada ser humano necesita descubrirse a sí mismo como tal, como un ser perfectible a la luz de Jesucristo. Ningún ser humano es una bolsa vacía. El problema no es poner nuevos contenidos dentro de la bolsa sino ayudar a completar lo que ya hay en ella para ser capaz de recibir en forma armoniosa lo que estaba faltando. Es decir, mostrar la diferencia entre lo que uno es y lo que debería ser. Con una clara visión de su problema, el ser humano necesita desafiarse, por su vaciedad existencial, para buscar su vocación ontológica. Es cuestión de tratar de alcanzar la plenitud de la condición humana dada paradigmáticamente en Jesucristo.
Aquí típico de la la psicología, solo habla del hombre deidificandolo y su autoayuda para complementarse a si mismo. Nada de la renovación que es solo hecha por el Espiritu.
Lo que ocurrió en Listra, tal como está narrado en Hechos 14, fue un mecanismo inconsciente que el psico-análisis llama transferencia, el cual puede ser positivo o negativo. La transferencia positiva conduce al amor; la negativa, al odio. La tendencia a amar es una fuerza natural, producto de nuestra condición de criaturas hechas a imagen y semejanza de Dios. Pero esa tendencia, por causa de la caída, debe ser controlada y orientada hacia el bien, hacia lo creativo, según la intención original de Dios. De no ser así, se dirigirá hacia la destrucción y la muerte. Esto se debe a que, además de la imagen de Dios, en cada ser humano se expresa también el pecado.
Se denomina transferencia al desplazamiento afectivo de un sujeto a otro. Dicho de otra manera, se trata del tipo especial de acercamiento a una persona con sentimientos de atracción o rechazo, como si fuera un ser amado u odiado, porque recuerda a alguien que en el pasado significó algo para la persona en cuestión. Es decir, un sujeto trata a alguien de su mundo externo como si fuera un personaje que pertenece a su mundo interno. Aquí volvemos sobre el tema tratado antes: si es posible alcanzar la sanidad “interior” sin la “exterior”. La armonía entre ambos “mundos” ayuda tanto a la salud mental como a la salud espiritual. Es decir, debemos lograr la armonía entre los deseos inconscientes y los conscientes. Pablo la encuentra en Jesucristo cuando clama: “¡Miserable de mí! ¿Quién me librará de este cuerpo de muerte? ¡Gracias doy a Dios, por Jesucristo, Señor nuestro! Así que, yo mismo con la mente sirvo a la ley de Dios, pero con la carne a la ley del pecado” (Rm 7,24-25).
La transferencia es básicamente transferencia de amor o de odio, de aceptación o de rechazo, de deseos de vida o deseos de muerte. El odio es la otra cara del amor. Sólo se puede odiar a quien se ama. Lo opuesto al amor no es el odio, sino la indiferencia. Se denomina transferencia positiva a aquella donde prevalece el amor, y negativa, a aquella donde prevalece la agresividad o el odio.
Se explica sobre lo que la psicología llama “transferencia”, un desplazamiento afectivo de un sujeto a otro. Que demuestra con claridad sus definiciones misticas ocultas y que procura aplicarlo a un evento bíblico. Finalmente trata de explicar el conflicto de Pablo como el tratar de buscar la armonía de una sanidad interior con la exterior que es una fuente del ocultismo que se aplican en muchas iglesias carismáticas, la G12, Paul David Chonggi Cho y otros.
El escrito aun continua dando explicaciones del tipo de pastores que hay y todo esto aun dando muestras claras de que es explicado por una mente natural sin discernimiento bíblico. Hay mucha tela que cortar pero considere que solo hasta aquí se puede ver que la psicología ninguna relación tiene ni podría tener con el cristianismo, mucho menos nada para aportar porque todo lo que tiene son desviaciones de la verdad. Todo lo que tiene es en contra de la verdad de Dios.
Willy

