02-01-2016, 12:19 PM
"Sabemos que somos de Dios, y el mundo entero está bajo el maligno." (1ª Jn 5:19)
"Porque ya está en acción el misterio de la iniquidad; sólo que hay quien al presente lo detiene, hasta que él a su vez sea quitado de en medio." (2ª Ts 2:7)
Sin duda que el "misterio" de la iniquidad va tomando forma en el mundo. Se va instalando en la política, la economía, la religión y en todos los estamentos de la sociedad.
El Espíritu Santo, que mora en Su templo, la verdadera Iglesia de Cristo, ahora lo detiene, pero pronto la Iglesia será arrebatada por Su Señor, y quedará allanado el camino hacia la depravación total del mundo, con el gobierno mundial de aquel inicuo que la Biblia identifica como "la bestia", y a quien todos los gobernantes del mundo le entregarán su poder. (Recuerden que ese misterio ya está en acción, y se nota)
Mientras tanto, ¿Se desentiende Dios de los asuntos de gobierno de los hombres? Consideremos algunos pasajes bíblicos:
Dan 4:4 Yo Nabucodonosor estaba tranquilo en mi casa, y floreciente en mi palacio.
Dan 4:13 Vi en las visiones de mi cabeza mientras estaba en mi cama, que he aquí un vigilante y santo descendía del cielo.
Dan 4:14 Y clamaba fuertemente y decía así: Derribad el árbol, y cortad sus ramas, quitadle el follaje, y dispersad su fruto; váyanse las bestias que están debajo de él, y las aves de sus ramas.
Dan 4:15 Mas la cepa de sus raíces dejaréis en la tierra, con atadura de hierro y de bronce entre la hierba del campo; sea mojado con el rocío del cielo, y con las bestias sea su parte entre la hierba de la tierra.
Dan 4:16 Su corazón de hombre sea cambiado, y le sea dado corazón de bestia, y pasen sobre él siete tiempos.
Dan 4:17 La sentencia es por decreto de los vigilantes, y por dicho de los santos la resolución, para que conozcan los vivientes que el Altísimo gobierna el reino de los hombres, y que a quien él quiere lo da, y constituye sobre él al más bajo de los hombres.
Dan 4:23 Y en cuanto a lo que vio el rey, un vigilante y santo que descendía del cielo y decía: Cortad el árbol y destruidlo; mas la cepa de sus raíces dejaréis en la tierra, con atadura de hierro y de bronce en la hierba del campo; y sea mojado con el rocío del cielo, y con las bestias del campo sea su parte, hasta que pasen sobre él siete tiempos;
Dan 4:24 esta es la interpretación, oh rey, y la sentencia del Altísimo, que ha venido sobre mi señor el rey:
Dan 4:25 Que te echarán de entre los hombres, y con las bestias del campo será tu morada, y con hierba del campo te apacentarán como a los bueyes, y con el rocío del cielo serás bañado; y siete tiempos pasarán sobre ti, hasta que conozcas que el Altísimo tiene dominio en el reino de los hombres, y que lo da a quien él quiere.
Dan 4:26 Y en cuanto a la orden de dejar en la tierra la cepa de las raíces del mismo árbol, significa que tu reino te quedará firme, luego que reconozcas que el cielo gobierna.
Dan 4:27 Por tanto, oh rey, acepta mi consejo: tus pecados redime con justicia, y tus iniquidades haciendo misericordias para con los oprimidos, pues tal vez será eso una prolongación de tu tranquilidad.
Dan 4:28 Todo esto vino sobre el rey Nabucodonosor.
Dan 4:29 Al cabo de doce meses, paseando en el palacio real de Babilonia,
Dan 4:30 habló el rey y dijo: ¿No es ésta la gran Babilonia que yo edifiqué para casa real con la fuerza de mi poder, y para gloria de mi majestad?
Dan 4:31 Aún estaba la palabra en la boca del rey, cuando vino una voz del cielo: A ti se te dice, rey Nabucodonosor: El reino ha sido quitado de ti;
Dan 4:32 y de entre los hombres te arrojarán, y con las bestias del campo será tu habitación, y como a los bueyes te apacentarán; y siete tiempos pasarán sobre ti, hasta que reconozcas que el Altísimo tiene el dominio en el reino de los hombres, y lo da a quien él quiere.
Dan 4:33 En la misma hora se cumplió la palabra sobre Nabucodonosor, y fue echado de entre los hombres; y comía hierba como los bueyes, y su cuerpo se mojaba con el rocío del cielo, hasta que su pelo creció como plumas de águila, y sus uñas como las de las aves.
Dan 4:34 Mas al fin del tiempo yo Nabucodonosor alcé mis ojos al cielo, y mi razón me fue devuelta; y bendije al Altísimo, y alabé y glorifiqué al que vive para siempre, cuyo dominio es sempiterno, y su reino por todas las edades.
Dan 4:35 Todos los habitantes de la tierra son considerados como nada; y él hace según su voluntad en el ejército del cielo, y en los habitantes de la tierra, y no hay quien detenga su mano, y le diga: ¿Qué haces?
Dan 4:36 En el mismo tiempo mi razón me fue devuelta, y la majestad de mi reino, mi dignidad y mi grandeza volvieron a mí, y mis gobernadores y mis consejeros me buscaron; y fui restablecido en mi reino, y mayor grandeza me fue añadida.
Dan 4:37 Ahora yo Nabucodonosor alabo, engrandezco y glorifico al Rey del cielo, porque todas sus obras son verdaderas, y sus caminos justos; y él puede humillar a los que andan con soberbia.
Dan 5:19 Y por la grandeza que le dio, todos los pueblos, naciones y lenguas temblaban y temían delante de él. A quien quería mataba, y a quien quería daba vida; engrandecía a quien quería, y a quien quería humillaba.
Dan 5:20 Mas cuando su corazón se ensoberbeció, y su espíritu se endureció en su orgullo, fue depuesto del trono de su reino, y despojado de su gloria.
Dan 5:21 Y fue echado de entre los hijos de los hombres, y su mente se hizo semejante a la de las bestias, y con los asnos monteses fue su morada. Hierba le hicieron comer como a buey, y su cuerpo fue mojado con el rocío del cielo, hasta que reconoció que el Altísimo Dios tiene dominio sobre el reino de los hombres, y que pone sobre él al que le place.
Nabucodonosor fue el segundo gobernante del Imperio neo babilónico Fue hijo de Nabopolasar y padre de Awel-Marduk (Evil-merodac), quien le sucedió en el trono.
Nabucodonosor reinó durante cuarenta y tres años (624-582 a.C.), período en el que se incluyen los “siete tiempos” durante los que vivió como las asnas monteses, apacentado con los bueyes y comiendo hierba del campo. (Da 4:31-33.)
Para distinguir a este monarca de otro gobernante babilonico llamado igual, pero de un período muy anterior (la dinastía Isín), los historiadores lo llaman Nabucodonosor II.
Esta historia bíblica de Nabucodonosor responde la pregunta del epígrafe, y nos enseña algo que en la actualidad muchos pretenden ignorar: Que el Altísimo gobierna el reino de los hombres.
El mismo rey Nabucodonosor, que se había endurecido en su orgullo, y ante quien los pueblos y naciones temblaban porque a quien quería mataba, engrandecía o humillaba a su antojo, dio testimonio de su dramática experiencia, y reconoció que “Él puede humillar a los que andan con soberbia.”
Hoy hay gobernantes que ejercen su autoridad con la misma actitud de soberbia que tuvo Nabucodonosor, y en sus corazones abrigan los mismos delirios de grandeza: “!Yo edifiqué con la fuerza de mi poder!”
En encendidos discursos proclaman sus propias virtudes, exaltándose a sí mismos, sin advertir que su poder es apenas prestado, y que muy pronto rendirán cuentas por sus presunciones frente al Juez de todos, el Señor Jesucristo, por más que algunos hablen despectivamente de Dios, y piensen que se pueden burlar de Su Palabra.
Pero, además, observamos que frecuentemente, al igual que Nabucodonosor, ellos también caen en una enorme degradación: “Porque el rey de Babilonia se ha detenido en una encrucijada, al principio de los dos caminos, para usar de adivinación; ha sacudido las saetas, consultó a sus ídolos…”
Los dirigentes políticos enredados en el ocultismo suelen consultar a brujos/as, adivinadores, astrólogos, videntes, etc., creyendo que de ellos obtienen alguna energía positiva que les permita “armonizarse” y ser iluminados para transitar el camino hacia el éxito, ignorando que en el reino de las tinieblas jamás se puede obtener luz.
Dios declaró: “Paraos en los caminos, y mirad, y preguntad por las sendas antiguas, cuál sea el buen camino, y andad por él, y hallaréis descanso para vuestra alma. Mas dijeron: No andaremos. (Jer 6:16)
“Y si os dijeren: Preguntad a los encantadores y a los adivinos, que susurran hablando, responded: ¿No consultará el pueblo a su Dios? ¿Consultará a los muertos por los vivos? (Isa 8:19)
Las preguntas divinas exigen respuestas.
En la voluntad del Señor, seguiremos considerando el tema
Heriberto
"Porque ya está en acción el misterio de la iniquidad; sólo que hay quien al presente lo detiene, hasta que él a su vez sea quitado de en medio." (2ª Ts 2:7)
Sin duda que el "misterio" de la iniquidad va tomando forma en el mundo. Se va instalando en la política, la economía, la religión y en todos los estamentos de la sociedad.
El Espíritu Santo, que mora en Su templo, la verdadera Iglesia de Cristo, ahora lo detiene, pero pronto la Iglesia será arrebatada por Su Señor, y quedará allanado el camino hacia la depravación total del mundo, con el gobierno mundial de aquel inicuo que la Biblia identifica como "la bestia", y a quien todos los gobernantes del mundo le entregarán su poder. (Recuerden que ese misterio ya está en acción, y se nota)
Mientras tanto, ¿Se desentiende Dios de los asuntos de gobierno de los hombres? Consideremos algunos pasajes bíblicos:
Dan 4:4 Yo Nabucodonosor estaba tranquilo en mi casa, y floreciente en mi palacio.
Dan 4:13 Vi en las visiones de mi cabeza mientras estaba en mi cama, que he aquí un vigilante y santo descendía del cielo.
Dan 4:14 Y clamaba fuertemente y decía así: Derribad el árbol, y cortad sus ramas, quitadle el follaje, y dispersad su fruto; váyanse las bestias que están debajo de él, y las aves de sus ramas.
Dan 4:15 Mas la cepa de sus raíces dejaréis en la tierra, con atadura de hierro y de bronce entre la hierba del campo; sea mojado con el rocío del cielo, y con las bestias sea su parte entre la hierba de la tierra.
Dan 4:16 Su corazón de hombre sea cambiado, y le sea dado corazón de bestia, y pasen sobre él siete tiempos.
Dan 4:17 La sentencia es por decreto de los vigilantes, y por dicho de los santos la resolución, para que conozcan los vivientes que el Altísimo gobierna el reino de los hombres, y que a quien él quiere lo da, y constituye sobre él al más bajo de los hombres.
Dan 4:23 Y en cuanto a lo que vio el rey, un vigilante y santo que descendía del cielo y decía: Cortad el árbol y destruidlo; mas la cepa de sus raíces dejaréis en la tierra, con atadura de hierro y de bronce en la hierba del campo; y sea mojado con el rocío del cielo, y con las bestias del campo sea su parte, hasta que pasen sobre él siete tiempos;
Dan 4:24 esta es la interpretación, oh rey, y la sentencia del Altísimo, que ha venido sobre mi señor el rey:
Dan 4:25 Que te echarán de entre los hombres, y con las bestias del campo será tu morada, y con hierba del campo te apacentarán como a los bueyes, y con el rocío del cielo serás bañado; y siete tiempos pasarán sobre ti, hasta que conozcas que el Altísimo tiene dominio en el reino de los hombres, y que lo da a quien él quiere.
Dan 4:26 Y en cuanto a la orden de dejar en la tierra la cepa de las raíces del mismo árbol, significa que tu reino te quedará firme, luego que reconozcas que el cielo gobierna.
Dan 4:27 Por tanto, oh rey, acepta mi consejo: tus pecados redime con justicia, y tus iniquidades haciendo misericordias para con los oprimidos, pues tal vez será eso una prolongación de tu tranquilidad.
Dan 4:28 Todo esto vino sobre el rey Nabucodonosor.
Dan 4:29 Al cabo de doce meses, paseando en el palacio real de Babilonia,
Dan 4:30 habló el rey y dijo: ¿No es ésta la gran Babilonia que yo edifiqué para casa real con la fuerza de mi poder, y para gloria de mi majestad?
Dan 4:31 Aún estaba la palabra en la boca del rey, cuando vino una voz del cielo: A ti se te dice, rey Nabucodonosor: El reino ha sido quitado de ti;
Dan 4:32 y de entre los hombres te arrojarán, y con las bestias del campo será tu habitación, y como a los bueyes te apacentarán; y siete tiempos pasarán sobre ti, hasta que reconozcas que el Altísimo tiene el dominio en el reino de los hombres, y lo da a quien él quiere.
Dan 4:33 En la misma hora se cumplió la palabra sobre Nabucodonosor, y fue echado de entre los hombres; y comía hierba como los bueyes, y su cuerpo se mojaba con el rocío del cielo, hasta que su pelo creció como plumas de águila, y sus uñas como las de las aves.
Dan 4:34 Mas al fin del tiempo yo Nabucodonosor alcé mis ojos al cielo, y mi razón me fue devuelta; y bendije al Altísimo, y alabé y glorifiqué al que vive para siempre, cuyo dominio es sempiterno, y su reino por todas las edades.
Dan 4:35 Todos los habitantes de la tierra son considerados como nada; y él hace según su voluntad en el ejército del cielo, y en los habitantes de la tierra, y no hay quien detenga su mano, y le diga: ¿Qué haces?
Dan 4:36 En el mismo tiempo mi razón me fue devuelta, y la majestad de mi reino, mi dignidad y mi grandeza volvieron a mí, y mis gobernadores y mis consejeros me buscaron; y fui restablecido en mi reino, y mayor grandeza me fue añadida.
Dan 4:37 Ahora yo Nabucodonosor alabo, engrandezco y glorifico al Rey del cielo, porque todas sus obras son verdaderas, y sus caminos justos; y él puede humillar a los que andan con soberbia.
Dan 5:19 Y por la grandeza que le dio, todos los pueblos, naciones y lenguas temblaban y temían delante de él. A quien quería mataba, y a quien quería daba vida; engrandecía a quien quería, y a quien quería humillaba.
Dan 5:20 Mas cuando su corazón se ensoberbeció, y su espíritu se endureció en su orgullo, fue depuesto del trono de su reino, y despojado de su gloria.
Dan 5:21 Y fue echado de entre los hijos de los hombres, y su mente se hizo semejante a la de las bestias, y con los asnos monteses fue su morada. Hierba le hicieron comer como a buey, y su cuerpo fue mojado con el rocío del cielo, hasta que reconoció que el Altísimo Dios tiene dominio sobre el reino de los hombres, y que pone sobre él al que le place.
Nabucodonosor fue el segundo gobernante del Imperio neo babilónico Fue hijo de Nabopolasar y padre de Awel-Marduk (Evil-merodac), quien le sucedió en el trono.
Nabucodonosor reinó durante cuarenta y tres años (624-582 a.C.), período en el que se incluyen los “siete tiempos” durante los que vivió como las asnas monteses, apacentado con los bueyes y comiendo hierba del campo. (Da 4:31-33.)
Para distinguir a este monarca de otro gobernante babilonico llamado igual, pero de un período muy anterior (la dinastía Isín), los historiadores lo llaman Nabucodonosor II.
El mismo rey Nabucodonosor, que se había endurecido en su orgullo, y ante quien los pueblos y naciones temblaban porque a quien quería mataba, engrandecía o humillaba a su antojo, dio testimonio de su dramática experiencia, y reconoció que “Él puede humillar a los que andan con soberbia.”
Hoy hay gobernantes que ejercen su autoridad con la misma actitud de soberbia que tuvo Nabucodonosor, y en sus corazones abrigan los mismos delirios de grandeza: “!Yo edifiqué con la fuerza de mi poder!”
En encendidos discursos proclaman sus propias virtudes, exaltándose a sí mismos, sin advertir que su poder es apenas prestado, y que muy pronto rendirán cuentas por sus presunciones frente al Juez de todos, el Señor Jesucristo, por más que algunos hablen despectivamente de Dios, y piensen que se pueden burlar de Su Palabra.
Pero, además, observamos que frecuentemente, al igual que Nabucodonosor, ellos también caen en una enorme degradación: “Porque el rey de Babilonia se ha detenido en una encrucijada, al principio de los dos caminos, para usar de adivinación; ha sacudido las saetas, consultó a sus ídolos…”
Los dirigentes políticos enredados en el ocultismo suelen consultar a brujos/as, adivinadores, astrólogos, videntes, etc., creyendo que de ellos obtienen alguna energía positiva que les permita “armonizarse” y ser iluminados para transitar el camino hacia el éxito, ignorando que en el reino de las tinieblas jamás se puede obtener luz.
Dios declaró: “Paraos en los caminos, y mirad, y preguntad por las sendas antiguas, cuál sea el buen camino, y andad por él, y hallaréis descanso para vuestra alma. Mas dijeron: No andaremos. (Jer 6:16)
“Y si os dijeren: Preguntad a los encantadores y a los adivinos, que susurran hablando, responded: ¿No consultará el pueblo a su Dios? ¿Consultará a los muertos por los vivos? (Isa 8:19)
Las preguntas divinas exigen respuestas.
En la voluntad del Señor, seguiremos considerando el tema
Heriberto

