Foro de la Biblia
Historia de la Iglesia (5) - Versión para impresión

+- Foro de la Biblia (https://www.forodelabiblia.net)
+-- Foro: Estudiando la Biblia (https://www.forodelabiblia.net/forum-18.html)
+--- Foro: Eclesiología (https://www.forodelabiblia.net/forum-26.html)
+--- Tema: Historia de la Iglesia (5) (/thread-1400.html)



Historia de la Iglesia (5) - Heriberto - 04-11-2013

"LA IGLESIA PEREGRINA"
Por Edmund Hamer Broadbent

Muy diferente de Orígenes fue Cipriano, Obispo de la iglesia que estaba en Cartago y nacido aproximadamente en el año 200 d. de J.C. Este usa libremente el término “la Iglesia Católica” y no ve salvación fuera de esta, de manera que en su tiempo ya estaba formada la “Antigua Iglesia Católica”, o sea, la Iglesia que antes de la época de Constantino reclamaba para sí el nombre de “Católica” y que excluía a todos aquellos creyentes que no se conformaban a ella. Refiriéndose en uno de sus escritos a Novaciano y a los que simpatizaban con él en sus esfuerzos por lograr una mayor pureza en las iglesias, Cipriano denuncia “la maldad de una ordenación ilegal hecha en oposición a la Iglesia Católica”. Él dice que aquellos que aprobaron las ideas de Novaciano no podían tener comunión con tal Iglesia porque procuran “mutilar y hacer pedazos el cuerpo de la Iglesia Católica”, habiendo cometido ya el crimen de abandonar a su Madre, y que deben regresar a la Iglesia, ya que han actuado “contrario a la unidad católica”. También dice, “Hay cizaña en el trigo, sin embargo no debemos apartarnos de la Iglesia, sino trabajar diligentemente para que seamos trigo en ella, siendo vasijas de oro o plata en la gran casa”. Cipriano sugirió la lectura de sus panfletos como ayuda a cualquier persona en duda, y al referirse a Novaciano, afirmó: “Aquel que no esté en la Iglesia de Cristo no es cristiano (…) existe una sola Iglesia (…) y, además, un solo episcopado”.
A medida que las iglesias se incrementaban, fue disminuyendo el entusiasmo inicial y aumentó la conformidad al mundo y a sus costumbres. Esta situación no progresó sin que hubiera protesta. A medida que se desarrollaba la organización del grupo de iglesias Católicas .Dentro de la misma se fueron formando grupos que estaban a favor de una reforma. Algunas iglesias se separaron de este grupo; otras, apegándose a las doctrinas y prácticas originales del Nuevo Testamento en mayor o menor escala, se separaron poco a poco de las iglesias que en gran medida las habían abandonado.
El hecho de que el sistema de la Iglesia Católica posteriormente se convirtiera en el sistema dominante resultó en que hoy es posible tener acceso a una gran cantidad de su literatura, mientras que la literatura de aquellos que no estaban de acuerdo con la misma ha sido suprimida, así que principalmente lo que sabemos de ellos se ha deducido de los escritos dirigidos en su contra. Es por ello que resulta fácil llevarse la errónea impresión de que en los primeros tres siglos había una Iglesia Católica unida y un variado conjunto de iglesias heréticas relativamente insignificantes. Sin embargo, lo cierto es que en aquel tiempo, al igual que ahora, se estaba dando todo lo contrario. Había distintos grupos de iglesias que se excluían mutuamente, y un buen número de maneras de creer, cada una marcada por alguna característica específica.
Los muchos grupos que obraron para lograr una reforma en las iglesias Católicas, sin apartarse de ellas, eran conocidos como los montanistas. El uso del nombre de algún hombre prominente, en este caso Montano, para describir un movimiento espiritual extenso resulta un tanto engañoso, aunque muchas veces esto debe ser aceptado por razones de conveniencia. No obstante, esto siempre debe hacerse con ciertas reservas, pues por más importante que un hombre llegue a ser como líder y exponente, un movimiento espiritual que afecta a multitudes de personas representa algo mucho mayor y más significativo.
En Frigia, Montano comenzó a enseñar su doctrina (156 d. de J.C.). Él y sus seguidores comenzaron a protestar contra el descuido prevaleciente en las relaciones de la Iglesia con el mundo.
La persecución ordenada por el Emperador Marco Aurelio (177 d. de J.C.) aceleró la esperanza de la venida del Señor y las aspiraciones espirituales de los creyentes. Los montanistas tenían la esperanza de formar congregaciones que regresaran a la piedad que una vez se practicó en la iglesia primitiva, esto es, vivir como los que esperan la venida del Señor, y especialmente darle al Espíritu Santo el lugar debido en la iglesia. Si bien entre ellos hubo exageraciones acerca de las revelaciones espirituales que algunos decían tener, ellos enseñaron y practicaron una reforma que era necesaria. Aceptaron en sentido general la organización que se había desarrollado en las iglesias
Católicas y trataron de permanecer dentro de su comunión. No obstante, mientras que los Obispos Católicos deseaban incluir en la Iglesia a tantos partidarios como fuera posible, los montanistas insistían constantemente en la necesidad de lograr evidencias contundentes del cristianismo en la vida de los aspirantes.
El sistema Católico obligaba a los Obispos a aumentar su control, pero los montanistas se oponían a esto, alegando que la dirección de las iglesias le correspondía al Espíritu Santo, y que se le debía permitir que hiciera su obra. En el Oriente estas diferencias pronto condujeron a la formación de iglesias separadas del sistema Católico, pero en Occidente los montanistas permanecieron mucho tiempo como sociedades dentro de las iglesias Católicas, y no fue sino hasta después de muchos años que fueron excluidos de las mismas o ellos las abandonaron. En Cartago, Perpetua y Felícitas (el relato conmovedor de su martirio ha conservado su memoria) eran aún, aunque montanistas, miembros de la Iglesia Católica en el momento de su martirio (207 d. de J.C.). Por otra parte, apenas a principios del tercer siglo el gran líder entre las iglesias africanas, el eminente escritor Tertuliano, al unirse a los montanistas, se separó de la Iglesia Católica. Él escribió: “Donde hay aunque sea tres personas, incluyendo a los del laico, allí hay una iglesia”.
Un movimiento muy diferente que se propagó ampliamente hasta convertirse en uno de los rivales más serios del sistema católico fue el de los marcionistas, del cual Tertuliano, uno de sus adversarios, escribió: “La tradición herética de Marción ha invadido todo el mundo”. Marción nació en Sínope (85 d. de J.C.) a la orilla del Mar Negro, y se crió entre las iglesias en la provincia de Ponto, donde el apóstol Pedro había trabajado (véase 1 Pedro 1.1), y de la cual Aquila era oriundo (véase Hechos 18.2). Poco a poco Marción desarrolló su doctrina, pero no fue sino hasta que estaba a punto de cumplir sus sesenta años que sus enseñazas fueron publicadas y ampliamente discutidas en Roma. Su alma fue puesta a prueba al enfrentarse a los grandes problemas de la maldad existentes en el mundo, la diferencia entre la revelación de Dios en el Antiguo Testamento y la contenida en el Nuevo, la oposición de la ira y el juicio por una parte, al amor y la misericordia por la otra, y la ley con respecto al Evangelio.
Incapaz de reconciliar estas divergencias sobre la base de las Escrituras como generalmente se comprendían en las iglesias, Marción adoptó una forma de teoría dualista como la que ya prevalecía en aquella época.
Él afirmaba que el mundo no había sido creado por el Dios altísimo, sino por un ser inferior, el dios de los judíos. También planteaba que el Dios Redentor se manifestó en Cristo, quien, sin tener ninguna relación previa con el mundo, pero a causa de su amor y para salvar al mundo que había fracasado y liberar al hombre de su miseria, vino al mundo. Según la doctrina de Marción, Cristo llegó al mundo como un extraño y un desconocido, y por consiguiente fue atacado por el (supuesto) creador y amo del mundo así como por los judíos y todos los siervos del dios de este mundo.
Marción enseñó que el deber del verdadero cristiano era oponerse al judaísmo y a la forma tradicional del cristianismo, la cual, en su opinión, era sólo una rama del judaísmo. Él no estaba de acuerdo con las sectas de tipo gnóstico, ya que él no predicaba que la salvación se alcanzara por medio de los “misterios” o a través de aumentar el conocimiento, sino por medio de la fe en Cristo. Al principio apuntó hacia una reformación de las iglesias cristianas, aunque más tarde estas y los seguidores de Marción se excluyeron mutuamente.
Como sus ideas no encontraron fundamento en las Escrituras, Marción se convirtió en un crítico de la Biblia de la más drástica especie. Él aplicó su teoría a las Escrituras y rechazó todo lo que en ellas estaba en oposición manifiesta con dicha teoría, reteniendo solamente lo que a su parecer la apoyaba. Pero aun de lo que aceptaba, hacía una interpretación conforme a sus propias ideas y no según el tono general de las Escrituras. Incluso, agregó contenido a las Escrituras donde lo consideró conveniente.
De modo que, aunque inicialmente él había aceptado todo el contenido del Antiguo Testamento, más tarde lo rechazó, alegando que este era una revelación del dios de los judíos y no del Dios altísimo
y Redentor, pues profetizaba de un Mesías judío y no de Cristo. Él opinaba que los discípulos se equivocaron al creer que Cristo era el Mesías judío. Al sostener que el verdadero Evangelio había sido revelado sólo a Pablo, Marción rechazó también el Nuevo Testamento, con la excepción de ciertas epístolas de Pablo y el Evangelio de Lucas, el cual posteriormente editó libremente para deshacerse de lo que se oponía a su teoría. Él enseñaba que el resto del Nuevo Testamento era la obra de los judíos empeñados en destruir el verdadero Evangelio, y que estos, además, habían intercalado, con el mismo propósito, los pasajes a los cuales él se oponía en los libros que acogió. A este Nuevo Testamento abreviado, Marción le agregó su propio libro, "Antítesis", el cual sustituyó al libro de los Hechos.
Marción se convirtió en un fanático de su evangelio, el cual declaró que era una maravilla por encima de todas las maravillas; un éxtasis, poder y asombro tal que nada que pudiera decirse o pensarse podría igualarlo. Cuando sus doctrinas fueron declaradas heréticas, él comenzó a formar iglesias separadas del sistema Católico, las cuales se difundieron rápidamente. En ellas se practicaba el bautismo y la Cena del Señor, había una mayor sencillez de adoración que en las iglesias Católicas, y se frenó el desarrollo del clericalismo y la mundanería. Conforme a su punto de vista acerca del mundo material, estas iglesias eran extremadamente ascéticas, prohibían el matrimonio, y sólo bautizaban a los que hacían un voto de castidad. Ellos consideraban que el cuerpo de Jesús no había sido de carne y hueso, sino que había sido un fantasma, aunque capaz de sentir al igual que nuestros cuerpos.
Cualquier error puede basarse en partes de las Escrituras. La verdad se basa sobre todo el contenido de las mismas. Los errores de Marción fueron el resultado inevitable de aceptar sólo lo que le agradaba y rechazar el resto.
La desviación del modelo original dado en el Nuevo Testamento para las iglesias muy temprano se enfrentó a una resistencia tenaz, dando lugar en algunos casos a la formación de grupos dentro de las iglesias decadentes, los cuales se mantuvieron libres de maldad y pretendieron convertirse en un medio de restauración. Algunos de estos grupos fueron excluidos y formaron congregaciones aisladas. Otros, a los cuales les resultó imposible conformarse a las condiciones imperantes, se separaron y formaron nuevos grupos. Estos nuevos grupos a menudo reforzaron aquellos otros grupos que desde el comienzo habían mantenido la práctica primitiva. En los siglos posteriores frecuentemente se hace referencia a aquellas iglesias que se habían aferrado a la doctrina apostólica, y que aseguraban tener una sucesión ininterrumpida de testimonio desde el tiempo de los apóstoles. Estas iglesias a menudo, tanto antes como después del tiempo de Constantino, recibieron el nombre de cátaros o puritanos, aunque no hay evidencias de que ellas mismas se llamaran así.

(Continuará)