Calificación:
  • 0 voto(s) - 0 Media
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
La Soberanía de Dios
#1
La Soberanía de Dios

A. W. Pink
Este es un resumen extractado del libro “La soberanía de Dios”de A.W.Pink.
Que el Señor lo use para que podamos comprender su grandeza y su poder.

                                                                                                                                              Eduardo Costagliola

INTRODUCCIÓN

Se ha observado a menudo que uno de los requisitos fundamentales en la exposición de la Palabra de Dios es la necesidad de preservar el equilibrio de la verdad. Estamos plenamente de acuerdo con ello.

Hay dos cosas que están por encima de toda discusión: Dios es soberano, el hombre es responsable. Reconocemos sin dudar que existe un verdadero peligro tanto en enfatizar demasiado lo primero fuera de contexto, como en ignorar lo segundo.

Cierto es que en los tiempos corrompidos en que nos ha tocado vivir, cuando por todas partes se exalta al hombre, y la expresión “superhombre” ha llegado a ser común existe una auténtica necesidad de resaltar el hecho glorioso de la supremacía de Dios. Tanto más cuanto que está siendo negada de modo explícito.
Es perfectamente lícito insistir en la responsabilidad del hombre pero, ¿y Dios? ¿Acaso no tiene derechos y privilegios?
 
LA SOBERANÍA DE DIOS Y NUESTRA ÉPOCA

Nos preguntamos ¿Quién ordena los asuntos en la tierra hoy día, Dios o el Diablo?
Se admite generalmente que Dios reina supremo en los cielos; pero se niega casi universalmente que lo haga en este mundo. Los hombres, en sus filosofías y teorías, tratan cada vez más de relegar a Dios a segundo plano.
Pero ¿quién está dirigiendo los asuntos de la tierra en la actualidad? ¿Dios o el Diablo?

Traten de observar el mundo de manera seria y total. El pecado se comete descaradamente, abunda la ilegalidad; los malos hombres y los engañadores van de mal en peor (2 Timoteo 3:13).Los corazones de los hombres están “secándose a causa del temor y expectación de las cosas que sobrevendrán en la tierra (Lucas 21:26). ¿Dan a entender estas cosas que Dios lo dirija todo?

Concentremos nuestra atención en la esfera religiosa. Después de veinte siglos de predicación del Evangelio, Cristo es aún “despreciado y desechado entre los hombres”; muy pocos son los que proclaman y engrandecen a Cristo. A la luz de la Escritura nos vemos obligados a creer que los “muchos” están en el camino espacioso que lleva a la perdición, y que “pocos” son los que están en el camino angosto que lleva a la vida. Muchos afirman que el cristianismo es un fracaso.
¿Y que decir de Dios? ¿Mira y oye? ¿Es impotente e indiferente?
¿Quién gobierna entonces las cosas de la tierra actualmente? ¿Dios o el Diablo?

¿No es cierto que todo parece indicar que el Diablo tiene mucho más que ver con los negocios de la tierra que Dios? ¡Ah! Todo depende si andamos por fe o por vista.

¿Están basados tus pensamientos sobre este mundo, y la relación de Dios con el mismo, en lo que ves?
Es triste que andemos tan poco por fe. Pero ¿qué significa andar por fe? Significa que nuestros pensamientos son formados, nuestras acciones reguladas, y nuestras vidas moldeadas por las Sagradas Escrituras, pues “la fe es por el oír, y el oír por la palabra de Dios” (Romanos 10:17).

Es en la palabra de Dios, y solo en ella, que podemos aprender cuál es la relación de Dios con este mundo.
¿Quién está dirigiendo los asuntos de la tierra? ¿Dios o el Diablo? ¿Qué dice la palabra de Dios?.
Si creemos en sus declaraciones claras y positivas no hay lugar para la duda. Afirman una y otra vez que Dios se sienta en el trono del universo; que el cetro está en sus manos; que Él lo dirige todo “según el consejo de su voluntad”. Es preciso que desde todos los púlpitos se predique a gran voz que Dios vive y que ve y reina. Está escrito: “el pueblo que conoce a su Dios, se esforzará y hará” (Daniel 11:32). Aunque el mundo esté absorto por el terror, la palabra para el creyente es “NO TEMAS”. Todas las cosas están sujetas a su control directo, todas las cosas se desarrollan conforme a su eterno propósito, y por lo tanto, "todas las cosas ayudan a bien a los que a Dios aman, a los que conforme a Su propósito son llamados”. Es preciso que sea así, pues “de Él y por Él y en Él son todas las cosas” (Romanos 11:36).

Es cierto que el hombre tiene voluntad pero también la tiene Dios. Es cierto que el hombre está dotado de poderes pero Dios es Todopoderoso. Es cierto que el mundo material está regido por leyes, pero detrás de esas leyes está el Legislador y Ejecutor.

Debido a que Dios es santo, su ira se enciende contra el pecado; debido a que Dios es justo, sus juicios descienden sobre los que contra Él se rebelan; debido a que Dios es fiel, se cumplen las sentencias de su palabra; debido a que Dios es omnipotente, ninguno puede resistirse a Él con éxito, y debido a que Dios es omnisciente, no hay circunstancia o problema que escape a su conocimiento, ni dificultad que confunda su sabiduría.

La soberanía absoluta de Dios en tanto que se ejercite la fe.

La fe sostiene “como viendo al Invisible”  (Hebreos 11:27); soporta los desengaños, las dificultades y todos los pesares de la vida, reconociendo que todo viene de la mano de Dios. Aun admitiendo que hay muchas cosas en este mundo de pecado y sufrimiento que nos desaniman y entristecen, no es razón suficiente para que nos unamos al incrédulo que dice: “Si yo fuera Dios no permitiría esto ni toleraría aquello”.
Es mucho mejor decir como el salmista: “enmudecí,no abrí mi boca; porque Tú lo hiciste”  (Salmos 39:9). Esta es la diferencia fundamental entre el hombre de fe y el incrédulo. De esta forma acepta todo como proveniente de la mano de Dios, su corazón vive tranquilo en medio de la tormenta, y se goza en la esperanza de la gloria del Altísimo.
 
DEFINICIÓN DE LA SOBERANÍA DE DIOS

“Tuya es, oh Jehová, la magnificencia, y el poder, y la gloria, la victoria, y el honor; porque todas las cosas que están en los cielos y en la tierra son tuyas. Tuyo, oh Jehová, es el reino, y la altura sobre todos los que están por cabeza” 
(1º Crónicas 29:11)

La soberanía de Dios: ¿Qué queremos decir con esta expresión?. Queremos decir la supremacía de Dios, que Dios es Rey, que Dios es Dios.
Cuan diferente es el Dios de la Biblia del Dios de la moderna cristiandad. El Dios del siglo veinte es un ser impotente, frágil, que no inspira respeto a nadie....
Que la gran mayoría de nuestros semejantes esté muriendo en pecado y pasando a una eternidad sin esperanza, equivale a decir que Dios Padre ha sido decepcionado, que Dios Hijo ha quedado insatisfecho y que Dios Espíritu Santo está derrotado.
Argumentar diciendo que el hombre es el que determina exclusivamente su propio destino, y que por tanto tiene poder para contrarrestar a su Hacedor, es despojar a Dios del atributo de la omnipotencia.
La soberanía del Dios de la Escritura es absoluta, irresistible e infinita. Afirmamos que su derecho es el derecho del alfarero sobre el barro; él puede moldear ese barro en la forma que quiera, haciendo de la misma masa un vaso para honra y otro para vergüenza.
 
Dios es soberano en todos sus atributos:


a) Es soberano en el ejercicio de su poder.

Lo ejerce según quiere, cuando quiere y donde quiere.
Faraón se atrevió a poner impedimentos a que Israel saliese a adorar a Jehová en el desierto y, ¿qué ocurrió?. Dios ejerció su poder, su pueblo fue liberado y el ejército de Faraón murió.

La ciudad de Jericó impedía el avance de los suyos y, ¿qué sucedió? Israel no tensó un solo arco ni asestó un solo golpe; Jehová alzó su mano y los muros cayeron.

Dios interpuso su poder y David fue librado del gigante Goliat; las bocas de los leones fueron tapadas y Daniel escapó ileso; los tres jóvenes hebreos fueron echados en el horno de fuego y salieron sin daño ni quemadura.

Pero este poder de Dios no siempre se interpuso para liberación de su pueblo, pues leemos: “Otros experimentaron vituperios y azotes, y además de esto prisiones y cárceles, fueron apedreados, aserrados, tentados, muertos a cuchillo, anduvieron de acá para allá cubiertos de pieles de ovejas y de cabras, pobres, angustiados, maltratados” (Hebreos 11:36). Pero ¿por qué estos hombres de fe no fueron librados como los demás?. Por ejemplo ¿por qué permitió que Esteban fuese apedreado hasta la muerte, y luego libró a Pedro de la cárcel?... PORQUE DIOS ES SOBERANO.

b) Dios es soberano en el ejercicio de su misericordia.

El ejercicio de la misericordia de Dios, la compasión demostrada hacia los desventurados, se mostró cuando Jehová se hizo carne y habitó entre los hombres.


c) Dios es soberano en el ejercicio de su gracia. Es necesario que sea así, pues gracia es el favor mostrado hacia el que nada merece, más aún, al que merece el infierno. La gracia ha sido definida como favor inmerecido de Dios; y si es inmerecido, nadie puede reclamarlo como derecho inalienable. Por lo tanto puesto que la salvación es por gracia, Él la concede a quien quiere.
 
LA SOBERANÍA DE DIOS EN LA CREACIÓN

“Señor,digno eres de recibir gloria y honra y virtud: porque Tú creaste todas las cosas y por tu voluntad tienen ser y fueron creadas" (Apocalipsis 4:11)

En el gran espacio de la eternidad que se extiende más allá de Génesis 1:1, el universo no había nacido aún y la creación existía tan solo en la mente del Gran Creador. En su majestad soberana Dios vivía solo. Pero aún en aquel tiempo Dios era soberano. Podía crear o no crear conforme a su buena voluntad.

Considerad entonces la acción de la soberanía divina mucho antes de que el hombre viera la luz. Levantad los ojos al cielo y observad los misterios de la soberanía divina; bajad ahora vuestros ojos a nuestro propio planeta; contemplad el reino animal y observad la maravillosa variedad del mismo; considerad también el reino vegetal; y considerad las huestes angelicales......y todo cuanto podemos decir es: “Nuestro Dios está en los cielos; todo lo que quiso ha hecho” (Salmos 115:3).
Aprended esta verdad básica: el Creador es soberano absoluto. Puesto que Dios es Dios ¿quién se atreverá a disputar su prerrogativa?. Murmurar contra Él es pura rebelión. Discutir sus caminos es impugnar su sabiduría. Criticarle es pecado. ¿Hemos olvidado quién es Él?.
 
LA SOBERANÍA DE DIOS EN SU PROVIDENCIA

“Jehová afirmó en los cielos su trono; y su reino domina sobre todos” (Salmos 103:19)

Dios efectivamente gobierna; su dominio se extiende a todas las cosas y a todas las criaturas.

1. Dios gobierna la materia inanimada

Como declara el salmista: “Porque Él dijo y fue hecho, Él mandó y existió”.Observemos el control absoluto de Dios sobre la materia inanimada en las plagas de Egipto. Observemos que a su mandato las aguas del Mar Rojo se dividieron para que los israelitas pasaran en seco. Una palabra suya y la tierra abrió sus fauces para tragarse a Coré y sus rebeldes. Observemos como también el mar, ante la voluntad del Creador, lo sostuvo sobre las olas. A su palabra la higuera se secó; a su contacto las enfermedades huían al instante. A su mandato el sol retrocedió diez grados en el reloj de Acaz para ayudar a la débil fe de Ezequías.
Es Dios quien retiene la lluvia y es Dios quien la da cuando quiere. Los observatorios meteorológicos se atreven a predecir el tiempo, pero cuan frecuentemente Dios anula sus cálculos.
He aquí que Dios gobierna verdaderamente la materia inanimada. Por lo tanto cuando nos quejamos del tiempo estamos en realidad murmurando contra Dios.

2. Dios gobierna a las criaturas irracionales

En el hecho histórico del diluvio, Dios mostró evidentemente su gobierno sobre los animales.
Observemos como Dios hizo que fueran a Noé todo tipo de criaturas vivientes, dócilmente y de dos en dos. Dios hace también que un mudo asno reprenda la locura del profeta.
Envía dos osas de los bosques a devorar a cuarenta y dos de los atormentadores de Eliseo.
Sella la boca de los leones de Babilonia cuando Daniel es echado en el foso.
Prepara un gran pez para que tragase al desobediente Jonás.
Dios reina sobre las criaturas irracionales.
 
3. Dios dirige a los hijos de los hombres
 
“En Él vivimos y nos movemos y somos” (Hechos 17:28).

“El corazón del hombre piensa su camino, más Jehová endereza sus pasos” (Proverbios 16:9)

Pensar e insistir en que algunos hombres ponen impedimentos efectivos a la voluntad de Dios y trastornan sus consejos es negar las Escrituras. Observen bien lo que dicen: “Pero si Él se determina en una cosa,¿quién lo apartará? Su alma deseó e hizo” (Job 23:13).”Porque Jehová de los ejércitos ha determinado,¿y quién invalidará? Y su mano extendida ¿quién la hará tornar? (Isaías 14:27).
En vano leemos la Biblia si no descubrimos que los actos de los hombres, tanto de los malos como de los buenos, están gobernados por Dios.
Observen: Nimrod y sus compañeros determinaron erigir la torre de Babel, pero antes de que su obra fuese acabada Dios frustró sus planes. Esaú juró vengarse de Jacob, pero cuando se encontraron después de la separación, en vez de pelear llenos de odio, se abrazaron con lágrimas de gozo. Los hermanos de José planearon su destrucción, pero sus malos consejos fueron frustrados. Amán erigió una horca para Mardoqueo, pero fue él quien fue colgado en ella.
 
4. Dios gobierna a los ángeles y a los demonios
 
Los ángeles son siervos de Dios y escuchan siempre su voz y cumplen sus mandamientos (1°Crónicas 21:15-28) (Hechos 12:11) (Apocalipsis 22:6) (Mateo 24:31).
Dios también gobierna sobre los demonios (Jueces 9:23) (1 Reyes 22:23) (1 Samuel 16:14).
Sí, el propio Satanás está absolutamente sujeto al control de Dios. Acusado en el Edén, escuchó su sentencia sin pronunciar palabra. No pudo tocar a Job hasta que Dios le diera autorización. También tuvo que esperar autorización antes de “zarandear” a Pedro.
Y como acto final sabemos que será echado al lago de fuego que ha sido preparado para él y sus demonios.
EL SEÑOR OMNIPOTENTE REINA.
 
(Continuará)  

www.conocereislaverdad.org
Responder
#2
LA SOBERANIA DE DIOS Y LA VOLUNTAD DEL HOMBRE

“Porque Dios es el que en vosotros obra así el querer como el hacer, por su buena voluntad” (Filipenses 2:13)

La idea popular que actualmente prevalece es que el hombre tiene “libre albedrío”, y que la salvación viene al pecador por la cooperación entre su voluntad y el Espíritu Santo. Negar el libre albedrío del hombre es desacreditarse enseguida. Pero la Biblia dice “No es del que quiere ni del que corre, sino de Dios que tiene misericordia” (Romanos 9:16).


Preguntamos ahora: ¿Qué es la voluntad humana? ¿Es un agente que toma sus propias determinaciones o es a su vez determinada por otra cosa? ¿Es soberana o sierva?.

Se enseña a menudo que la voluntad gobierna al hombre, pero la palabra de Dios declara que el centro dominante de nuestro ser es el corazón; ”Sobre toda cosa guardada guarda tu corazón, porque de él mana la vida” (Proverbios 4:23). Aquí nuestro Señor descubre la fuente de estos actos pecaminosos, y declara que su origen es el corazón y no la voluntad. También dice su palabra: “Este pueblo de labios me honra, mas su corazón lejos está de mí” (Mateo 15:8). Pongamos un ejemplo; un individuo ante quien se ofrecen dos alternativas: ¿cuál escogerá?. Respondemos que la que más le agrade a él, es decir a su corazón: el centro más recóndito de su ser. Ante el pecador se ha colocado una vida de virtud y piedad, y una vida de vicio, entregada al pecado; ¿cuál seguirá? La segunda. ¿por qué? Porque es la que escoge. Pero ¿demuestra eso que su voluntad es soberana? En absoluto. Pues ¿por qué escoge el pecador una vida de entrega al pecado? Porque la prefiere, y la prefiere a pesar de todos los argumentos adversos. ¿Y por qué la prefiere? Porque su corazón es pecaminoso. De igual manera las mismas alternativas se enfrentan con el cristiano, y sin embargo éste se decide y lucha por una vida de piedad y virtud. ¿Por qué? Porque Dios le ha dado un nuevo corazón.
En cualquier tratado que se proponga estudiar la voluntad humana, debe tenerse en cuenta la voluntad de tres hombres diferentes: Adán, el pecador y el Señor Jesucristo.
En Adán, antes de caer, la voluntad era libre en ambos sentidos; libre hacia el bien y libre hacia el mal. Con el pecador las cosas son diferentes; el pecador nace con una voluntad que no está en equilibrio moral, porque en él hay un corazón engañoso. Pero con respecto al Señor Jesús la cosa fue muy distinta. Cristo difería radicalmente. Él no podía pecar porque era  “el Santo de Dios”.

Ahora bien, en contraposición a la voluntad del Señor Jesús y la voluntad de Adán, tenemos la voluntad del pecador, libre, pero siempre propensa al mal. ¿En qué consiste pues la libertad del pecador? El pecador es libre en el sentido de que no es forzado desde fuera, él nunca es forzado a pecar. Pero no es libre de escoger entre el bien y el mal. Ilustremos esto:
Tengo un libro en la mano. Lo suelto .¿qué pasa? Cae. ¿en qué dirección? Hacia abajo .¿por qué? Porque de acuerdo a la ley de gravedad su propio peso le hace caer. Supongamos que deseo que el libro ocupe una posición un metro más arriba, ¿qué hago? Tengo que levantarlo; un poder externo debe levantarlo. Tal es la relación que el hombre caído tiene con Dios.

¿Cómo podrá el pecador ir al cielo? ¿Por un acto de su propia voluntad? NO. Un poder externo a él debe levantarlo y sostenerlo.

¿Está dentro de los límites de la voluntad humana aceptar o rechazar al Señor Jesucristo como Salvador?
¿Está en su propio poder ceder ante Dios? NO y NO.

Si la voluntad de una criatura caída ha de ir hacia Dios alguna vez, es preciso que un poder divino obre sobre ella, venciendo las influencias del pecado que tienden en dirección contraria. Esto es solamente otra manera de decir “ninguno puede venir a mí, si el Padre que me envió no le trajere” (Juan 6:44).


SI CRISTO VINO A SALVAR LO QUE SE HABÍA PERDIDO, EL LIBRE ALBEDRÍO NO TIENE CABIDA.

La voluntad no es libre, porque el hombre es esclavo del pecado (Juan 8:36).

Para que un pecador sea salvo fueron indispensables tres cosas: Dios Padre tuvo que “proponerse” su salvación; Dios Hijo tuvo que “comprarla” y Dios Espíritu Santo tiene que “aplicarla”.

Respondamos a la objeción acostumbrada e inevitable: ¿Por qué predicar el Evangelio si el hombre es impotente para responder al mismo?

No predicamos el Evangelio porque creamos que el hombre tiene libre albedrío, sino que lo predicamos porque se nos ha mandado hacerlo (Marcos 16:15) (1 Corintios 1:25).


A la sabiduría carnal le parece el colmo de la locura predicar el Evangelio a los que están espiritualmente muertos y son totalmente incapaces de hacer algo por sí mismos. El hombre quizás considere locura profetizar a los “huesos secos” y decirles: “Huesos secos, oíd palabra de Jehová” (Ezequiel 37:4). Los sabios habrían dicho junto a la tumba de Lázaro que era señal de demencia el que el Señor se dirigiese a un hombre muerto y le diga: “Lázaro, ven fuera”.


Por lo tanto salimos a predicar el Evangelio no porque creamos que los pecadores tienen en sí el poder de recibir al Salvador, sino porque el propio Evangelio es poder de Dios para salvación a todo aquel que en él cree, y porque sabemos que “todos los que estaban ordenados para vida eterna”, creerán en el momento que Dios ha designado.


(Continuará)  

www.conocereislaverdad.org
Responder
#3
Excelente tema Heriberto, da una mejor y clara idea de todo el panorama de la salvación. Esperare con ansias la continuación. ¡Gracias!

Willy
Responder
#4
LA SOBERANÍA DE DIOS Y LA ORACIÓN

Decir que Dios ha ordenado que los destinos humanos puedan ser cambiados y moldeados por la voluntad del hombre es absolutamente falso. EL DESTINO HUMANO NO LO DECIDE LA VOLUNTAD DEL HOMBRE, SINO LA VOLUNTAD DE DIOS (1 Samuel 26:8).


Entonces ¿Por qué Dios ha determinado que oremos? Hay varias respuestas a este interrogante:


En primer lugar, y ante todo, la oración es un mandamiento para que Jehová sea honrado. Dios exige que le adoremos, y la verdadera oración, es un acto de culto. En ella reconocemos que dependemos de Él.


En segundo lugar, Dios ha designado la oración para nuestra bendición espiritual, como medio para nuestro crecimiento en la gracia. Dios ha designado la oración para nuestra humillación. La oración es un ejercicio para nuestra fe.


En tercer lugar, la oración ha sido mandada por Dios para que busquemos en Él las cosas que necesitamos.
Pero aquí surge una dificultad: si Dios antes de la fundación del mundo, ha determinado todo lo que ocurre dentro del tiempo, ¿de qué sirve la oración? ¿Para qué orar? ¿De qué sirve que yo comparezca ante Dios y le diga lo que ya sabe?

La oración no ha sido designada para que Dios pueda saber lo que necesitamos, sino como confesión a Dios de nuestra experiencia de la necesidad. Sin embargo, vuelve a plantearse la pregunta:
¿No será la oración una práctica poco provechosa? NO. Es evidente que la oración no carece de significado ni de valor, así lo dice la Escritura: “Orad sin cesar” (1 Tesalonicenses 5:17); “Es necesario orar siempre” (Lucas 18:1); “la oración de fe salvará al enfermo” ; “la oración del justo puede mucho” (Santiago 5:15).
 
¿Cuál es entonces la relación entre la soberanía de Dios y la oración cristiana?

Ante todo dejemos bien en claro que la oración no tiene por objeto alterar el propósito de Dios. Dios ha decretado que ciertos acontecimientos tengan lugar, pero también ha decretado que estos acontecimientos tengan lugar a través de los medios que Él ha designado para su cumplimiento. El Evangelio es uno de los medios establecidos para el cumplimiento del eterno consejo del Señor, como la oración es otro.


La palabra de Dios enseña claramente que las oraciones, pidiendo precisamente el cumplimiento de las cosas que Dios ha decretado, no carecen de significado. Daniel “entendió” por los escritos de los profetas que la cautividad debía durar solamente setenta años, pero cuando estos setenta años habían casi terminado, se nos dice que volvió su “rostro al Señor, buscándole en oración y ruego, en ayuno, y cilicio y ceniza” (Daniel 9:2).En Ezequiel 36 leemos las promesas explícitas e incondicionales que Dios ha hecho tocante a la futura restauración de Israel, pero en el versículo 37 de ese capítulo se nos dice: “Así ha dicho el Señor Jehová; aún seré solicitado de la casa de Israel para hacerles esto”.

¿Acaso el Hijo de Dios no sabía que ninguno de los suyos perecería? Sin embargo rogó al Padre que los guardara (Juan 17:11).

Nuestras creencias con respecto a la oración han de ser revisadas. La idea que se tiene hoy en día es: “me presento ante Dios, le pido algo que necesito, y espero que me lo dé. NO, y otra vez NO.

Orar es presentarme ante Dios, contarle mi necesidad, encomendarle mis caminos y dejar que haga según a Él le parezca mejor. Esto es dejar que Dios conteste la oración de la manera que Él crea conveniente, sea la que sea, bien que a menudo su respuesta sea la que menos agrade a la carne.

Como ejemplo consultemos 2ª Corintios 12: Se le ha concedido a Pablo un privilegio inaudito. Ha sido arrebatado al Paraíso. Sus oídos han escuchado y sus ojos contemplado lo que ningún otro mortal ha oído ni visto en el lado de acá de la muerte. La maravillosa revelación fue más de lo que el apóstol podía soportar. Estaba a punto “de creérsela” a causa de su experiencia. Por lo tanto se le envía un aguijón en la carne, un mensajero de Satanás que le abofetee para que no se enaltezca demasiado. Y el apóstol presenta su necesidad ante el Señor, le implora tres veces que éste aguijón sea quitado. ¿Fue contestada su oración? Sin duda, aunque no como hubiera deseado. El aguijón no fue quitado, pero le fue dada gracia para soportarlo.


La verdadera oración es comunión con Dios, de manera que es necesario que Él llene nuestros corazones de sus pensamientos .Si pedimos algo conforme a su voluntad,
Él nos oye, y si no pedimos, no nos oye (Santiago 4:3). 

Que sea nuestro clamor: SEÑOR ENSÉÑANOS A ORAR (Lucas 11:1).

 
(Continuará)  

www.conocereislaverdad.org
Responder
#5
NUESTRA ACTITUD HACIA LA SOBERANÍA DE DIOS

Reconocer en verdad la soberanía de Dios es contemplar al propio Soberano, es tener una visión del Dios Santo en su excelente gloria.


Notemos la experiencia de Job, aquel de quien el propio Señor dijo: “No hay otro como él en la tierra, varón perfecto y recto, temeroso de Dios, y apartado del mal” (Job 1:8).Al final del libro de Job se lo muestra en presencia de Dios; ¿y cómo se comporta? Job dice: “De oídas te había oído, más ahora mis ojos te ven. Por tanto me aborrezco y me arrepiento en el polvo y en la ceniza” (Job 42:5).Así la visión de Dios hizo que Job se aborreciera a sí mismo y se humillara ante el Omnipotente.


En el capítulo seis de Isaías se nos ofrece una escena pocas veces igualada. El profeta contempla al Señor en su trono “alto y sublime”. Sobre este trono hay serafines con rostros cubiertos dando voces, diciendo: “Santo, Santo, Santo, Jehová de los ejércitos”.¿Cuál es el efecto de ésta visión en el profeta?.” Entonces dije: Ay de mí que soy muerto; que siendo hombre inmundo de labios, y habitando en medio de pueblo que tiene labios inmundos, han visto mis ojos al Rey” (Isaías 6:5).La visión del Rey humilló a Isaías hasta el polvo.


Analicemos la experiencia de Daniel. Cerca del final de su vida, este hombre de Dios contempló al Señor en una teofanía. Jehová se apareció a su siervo en forma humana, vestido de santidad y gloria divina. Daniel cuenta el efecto que ésta visión tuvo sobre él y los que con él estaban: ”Y solo yo, vi aquella visión, y no la vieron los hombres que estaban conmigo, sino que cayó sobre ellos un gran temor, y huyeron y se escondieron. Quedé solo y vi ésta visión, y no quedó en mí esfuerzo. Pero oí la voz de sus palabras: y oyendo, estaba adormecido sobre mi rostro, y mi rostro en tierra” (Daniel 10:6-9).

Aquí vemos una vez más que la visión del Dios soberano hace que el esfuerzo de la criatura se marchite y ésta sea humillada.

Entonces ¿cuál debe ser nuestra actitud para con el Soberano Dios?
Nuestra respuesta es:


1.
  SANTO TEMOR
¿Por qué las masas están hoy tan despreocupadas de las cosas espirituales y aman los placeres del mundo más que a Dios?. La Biblia dice en Romanos 3:18: “Porque no hay temor de Dios delante de sus ojos”.Proverbios 1:7 cita: “El principio de la sabiduría es el temor de Jehová”. Feliz el alma que ha sido atemorizada por una visión de la majestad de Dios, que ha tenido una percepción de la grandeza de Dios.

2.
  OBEDIENCIA IMPLÍCITA
La visión de Dios nos lleva a darnos cuenta de nuestra pequeñez, y termina mostrándonos nuestra dependencia de Él, y hace que nos pongamos en sus manos.

3.
  ENTERA RESIGNACIÓN
Es natural quejarse cuando nos vemos privados de aquellas cosas en las que habíamos puesto nuestros corazones. Pensamos que, cuando hemos desarrollado nuestros planes con prudencia y esfuerzo, tenemos derecho al éxito, que cuando estamos rodeados de una familia venturosa, ningún poder puede penetrar y herir a un ser que amamos; pero si en cualquiera de estos casos llega a producirse un disgusto, el instinto pervertido del corazón humano lo lleva a clamar contra Dios.
Pero en aquel, que por la gracia, ha reconocido la soberanía de Dios, ésta murmuración es acallada, y en su lugar el corazón se inclina ante la voluntad divina.
Una sorprendente ilustración del alma inclinándose ante la voluntad soberana de Dios es la que nos ofrece la vida de Job. Como es sabido Job era temeroso de Dios y apartado del mal. Si jamás hubo alguien que pudiera esperar que la providencia divina le sonriera éste era Job. Pero ¿cómo le fue?. Por un tiempo las cuerdas le cayeron en lugares deleitosos. El Señor llenó su aljaba dándole siete hijos y tres hijas. Le prosperó en los asuntos terrenales hasta convertirlo en un hombre rico. Pero de golpe el sol de la vida se escondió tras espesas nubes. En un solo día Job perdió, no solo sus rebaños y manadas, sino también a sus hijos e hijas. Le llegó la noticia de que los ladrones se habían llevado su ganado, y que sus hijos habían muerto por un ciclón. ¿Y cómo recibió todo esto?. Oíd sus palabras: “Jehová dio, y Jehová quitó”. Pero no solo reconoció la soberanía de Dios, sino que además se gozó con ella y dijo: “Sea el nombre de Jehová bendito” (Job 1:21).
Sí, es ante la voluntad del Señor que debemos inclinarnos. Es Él quien debe decir donde debo vivir, en qué circunstancias he de vivir, y cuanto tiempo he de hacerlo.

4.
  PROFUNDO AGRADECIMIENTO Y GOZO
En este punto es donde muy a menudo se pone a prueba el estado de nuestras almas. Cuando las cosas van según nuestros deseos, parece que estamos muy agradecidos a Dios, pero ¿qué decimos en aquellas ocasiones en que las cosas nos son adversas y desbaratan nuestros planes?. Vayamos de nuevo al ejemplo de Job. Cuando experimentó pérdida ¿qué hizo? ¿Lamentarse? ¿Maldecir? ¿Murmurar? NO; se inclinó ante Dios y lo adoró.
No habrá verdadero descanso en tu corazón hasta que aprendas a ver la mano de Dios en todo. Para esto es preciso que la fe sea practicada constantemente. Pero, ¿qué es la fe?¿una resignación fatalista? NO. La fe descansa en la palabra de Dios, y por tanto dice: “Sabemos que a los que a Dios aman, todas las cosas les ayudan a bien, a los que conforme a su propósito son llamados” (Romanos 8:28).La fe que obra se goza en el Señor siempre (Filipenses 4:4).

5.
  ADORACIÓN
El solo hecho de que la voluntad de Dios es irresistible e irrevocable, me llena de temor; pero cuando me doy cuenta de que Él solo quiere lo bueno, mi corazón se llena de gozo. El reconocimiento de la soberanía de Dios ha de abrumar mi corazón y hacer que me incline ante Él en adoración.
 
EL VALOR DE LA DOCTRINA DE LA SOBERANÍA DE DIOS
 
“Toda la palabra de Dios es inspirada divinamente, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instituir en justicia, para que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente instruido para toda buena obra” (2ª Timoteo 3:16-17).

Doctrina es enseñanza, y es por medio de la doctrina o enseñanza que nos son dadas a conocer las grandes realidades de Dios. Es por medio de la doctrina que los creyentes son alimentados y edificados.

Es muy triste que hoy en día la doctrina sea popularmente considerada como poco práctica.
Es la ignorancia de la doctrina lo que ha hecho que la Iglesia visible sea impotente para enfrentarse con la creciente marea de infidelidad.

La doctrina de la soberanía de Dios es básica en la teología cristiana. La doctrina de la soberanía de Dios es un tónico divino para reanimar nuestros espíritus. Produce gratitud en la prosperidad y paciencia en la adversidad. Proporciona consuelo para el presente y seguridad para el futuro desconocido.


El valor de ésta doctrina hace más profunda nuestra veneración por el carácter divino
. Declara que los derechos de Dios son los del alfarero que da forma al barro, haciendo vasos del tipo que quiere, y para el uso que desee. Nos habla del carácter inescrutable de su sabiduría. Muestra que aunque Dios es infinito en su santidad, permitió que el mal entrase en su creación. Muestra que si bien es poseedor de toda potestad, permitió que el diablo guerree contra Él desde hace mucho tiempo. Muestra que si bien es la perfecta personificación del amor, no perdonó a su propio Hijo. Muestra que si bien es el Dios de toda gracia, no todos son hechos participantes de dicha gracia.

El valor de ésta doctrina es el fundamento de toda verdadera fe
. No habrá progreso alguno en las cosas de Dios, si antes no hay un reconocimiento personal de que Él es Supremo, y de que ha de ser confesado y servido como Señor. Toda oración que elevemos a Dios será mera presunción carnal si no es ofrecida conforme a su voluntad. Todo servicio en que nos ocupemos será obra muerta si no lo hacemos para la gloria de Dios.

El valor de ésta doctrina repudia la herejía de la salvación por las obras
. El camino que parece derecho y que termina en muerte, muerte eterna, es la salvación por los esfuerzos y méritos humanos. Decir que la salvación del pecador depende de la acción de su propia voluntad, es otra forma que deshonra a Dios.
Mientras el pecador confíe en sus propias fuerzas, no caerá en brazos de la misericordia soberana; pero una vez que el Espíritu Santo le convenza de que no hallará ayuda alguna en sí mismo, reconocerá que está perdido, y clamará, y este clamor será oído.

El valor de esta doctrina es profundamente humillante para el hombre
. Esta doctrina es un potente ariete contra el orgullo humano. El espíritu de nuestra época es un espíritu de jactancia y glorificación humana. Pero la verdad de la soberanía de Dios, quita toda base para esta jactancia.

Esta verdad declara que la salvación es del Señor. Recalca que es Él quien no solo ha de ofrecer, sino también obrar; quien no solo ha de comenzar su obra salvadora en nuestras almas, sino también perfeccionarla; quien no solo ha de llamarnos, sino también mantenernos y sustentarnos hasta el fin. Enseña que la salvación es por gracia por la fe, y que todas nuestras obras, nada cuentan para ser salvos.


El valor de esta doctrina ofrece una experiencia de certeza absoluta
. Dios es infinito en poder y por tanto es imposible resistir a su voluntad. Semejante declaración podrá llenar de alarma al pecador, pero en el santo no despierta sino alabanza. Mi Dios es infinito en poder, por lo tanto decimos: “en paz me acostaré y asimismo dormiré, porque solo tú me haces vivir confiado” (Salmos 4:8).

El valor de esta doctrina ofrece consuelo en las pruebas
. La doctrina de la soberanía de Dios es un manantial de consolación que rebosa e infunde gran paz al cristiano. !Qué bendición saber que no hay un solo rincón del universo que esté fuera de su alcance! !Qué bendición saber que la fuerte mano de Dios está sobre todos y sobre todo! !Qué bendición saber que aun nuestras aflicciones no vienen por casualidad, ni proceden del diablo, sino que son ordenadas y mandadas por Dios!.
Dios es demasiado sabio para errar y demasiado amante para hacer derramar a sus hijos una sola lágrima innecesaria.

El valor de esta doctrina engendra un espíritu de apacible resignación
. Acatar la voluntad soberana de Dios es uno de los grandes secretos de la paz y la felicidad.

El valor de esta doctrina inspira un canto de alabanza
. No solamente debemos estar agradecidos a Dios por su gracia para con nosotros en el pasado, sino que su continuo proceder hacia nosotros nos llena de gratitud.
¿Cuál es el sentido de las palabras: “Gozaos en el Señor siempre”? Fíjense que no dice: “Gozaos en el Salvador”, sino “Señor”, como dueño de toda circunstancia (recuerden que cuando el apóstol escribió estas palabras estaba prisionero).¿Cuál era el secreto de su paz? El secreto era el saber que todas las cosas están bajo el control de Dios, Él las dirige.

El valor de esta doctrina garantiza el triunfo final del bien sobre el mal
. Desde el día que Caín mató a Abel, el conflicto entre el bien y el mal en la tierra ha sido un penoso problema. Cuando uno mira a su alrededor descubre que casi todo aquí en la tierra está en confusión, en caos y en ruinas; parece como si Satanás estuviese llevando la mejor parte en la batalla. Pero cuando uno mira hacia el cielo, el ojo de la fe ve claramente un trono, estable y seguro, en el que se sienta Aquel cuyo nombre es Omnipotente. Dios está en el trono, el timón está en sus manos, y por consiguiente su propósito no puede fallar.

El valor de esta doctrina ofrece un lugar de reposo para el corazón.
Aquel que está sentado en el trono del cielo no solo es infinito en poder, sino también en sabiduría y bondad.
 
“Aleluya,porque el Señor Todopoderoso reina”
 
(Continuará)
Responder
#6
Consideremos ahora una o dos de las objeciones que suelen oponerse a la doctrina de la soberanía divina.

Si Dios no solo ha predeterminado la salvación de los suyos, sino que también ha preparado las buenas obras en que han de andar (Efesios 2:10), ¿qué incentivo nos queda para luchar por la piedad práctica?.

Si Dios ha fijado ya el número de los que han de ser salvos, siendo los demás vasos de ira preparados para muerte, ¿qué estímulo tenemos para predicar el Evangelio a los perdidos?.

Una de las respuestas  del creyente es: “Prosigo al blanco, al premio de la soberana vocación de Dios en Cristo Jesús” (Filipenses 3:14).

Si Dios ha determinado antes de la fundación del mundo el número exacto de los que han de ser salvos,
¿por qué debemos preocuparnos del destino eterno de aquellos con los cuales entramos en contacto?

NUESTRA LABOR NO TIENE POR OBJETO HACER QUE SE CUMPLA LO QUE DIOS NO HA DECRETADO.

Nosotros no somos responsables de los resultados: estos dependen de Dios y de su acción. La palabra de Dios dice: “Pablo plantó, Apolos regó, pero es Dios quien ha dado el crecimiento” (1 Corintios 3:6).

Nosotros hemos de obedecer a Cristo y predicar su palabra a toda criatura, hacer énfasis en el mensaje que dice: “Todo aquel que en Él cree”, y luego dejar que el Espíritu Santo aplique dicha palabra con poder vivificante a quien Él quiera.
Dios no nos ha enviado a disparar un arco al aire. Cuán alentadoras son para el alma aquellas palabras de nuestro Señor: “También tengo otras ovejas (observen que dice tengo y no tendré, ya han sido dadas por el Padre) que no son de este redil; aquellas me conviene traer, y oirán mi voz” (Juan 10:16).No dice “es posible que oigan mi voz”, ni “lo harán si quieren”;”Oirán mi voz” es su promesa sin reservas, es absoluta.

QUERIDO HERMANO, CONTINÚA LA BÚSQUEDA DE LAS “OTRAS OVEJAS” DE CRISTO. No te desalientes porque los cabritos no atienden a la voz del Señor cuando predicas. Sé fiel, persevera, y que Cristo te use como vocero y portavoz suyo.
 
EL FIN Y OBJETO DE TODO ES LA GLORIA DE DIOS.
“ÉL LO HA ORDENADO; SU PODER LO LOGRARÁ”

www.conocereislaverdad.org
Responder


Salto de foro:


Usuarios navegando en este tema: 1 invitado(s)