Calificación:
  • 0 voto(s) - 0 Media
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
Los evangélicos no deben abandonar la autoridad bíblica (2)
#1
Los intentos de corrupción de la Palabra de Dios

La palabra profética de Dios es exacta, cumpliéndose así las palabras del apóstol Pablo: “Porque vendrá tiempo cuando no sufrirán la sana doctrina, sino que teniendo comezón de oír, se amontonarán maestros conforme a sus propias concupiscencias, y apartarán de la verdad el oído y se volverán a las fábulas” (2 Ti. 4:3, 4).


Es obvio por esta escritura profética, que la doctrina bíblica dejará de ser considerada como algo favorable.  La implicación es que se la verá como una carga, algo que los cristianos no desearán sufrir más.  Conformarse a la sana doctrina involucra disciplina espiritual, diligencia solícita y adoptar decisiones basadas en la Palabra de Dios que van en contra de los deseos de la carne.


Pero... ¿Qué es la sana doctrina?  Muy simple, son las enseñanzas de Dios incluyendo sus instrucciones, sus preceptos y mandamientos; en resumen, es cada palabra registrada desde Génesis hasta Apocalipsis.  Como dijo el propio Señor Jesucristo: “Escrito está: No sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra de Dios” (Lc. 4:4).  No obstante, en los últimos días, muchos, si acaso no la gran mayoría de “cristianos” no soportarán la sana doctrina.


Entonces, ¿qué quedará?  ¡La apostasía!  Una forma de cristianismo que es un simple remedo de lo que enseña la Biblia, que acomoda los deseos de la carne bajo el disfraz de piedad, tal como dice el apóstol Pablo en su segunda Epístola a Timoteo.  Además, habrá una gran cantidad de cristianos alrededor del mundo, quienes voluntaria o involuntariamente, sutilmente o no, pero con seguridad, corromperán la sana doctrina, y el proceso ya está avanzando.

 
Como ya vimos en la primera parte de este artículo, la principal estrategia de Satanás en la seducción de la humanidad es socavar, pervertir, distorsionar, corromper, difamar, denigrar y negar las Escrituras por todos los medios posibles.  El producto final de su misión será una religión apóstata y una iglesia en la cual sus adherentes adorarán y seguirán al anticristo, al hombre de pecado, el anarquista que estará facultado con el poder de Satanás.  Llevar a cabo su misión involucra una fórmula simple que fue terriblemente efectiva en el huerto del Edén, a lo largo del Antiguo Testamento y en los tiempos apostólicos.  Ha continuado durante la historia de la Iglesia hasta nuestros días, induciendo a la humanidad para que se desvíe y para que finalmente termine por rechazar lo dicho por Dios.  Adán y Eva fueron los primeros en sucumbir.  La naturaleza pecaminosa que heredaron sus descendientes, ha hecho de ellos una presa aún más fácil para el adversario, el diablo, quien anda “...como león rugiente, anda alrededor buscando a quien devorar” (1 P. 5:8b).

 
Dios de continuo le declaró a los israelitas que si le obedecían serían bendecidos, pero que si caminaban en desobediencia sufrirían las devastadoras consecuencias de su pecado: La separación de Él, y con esto la pérdida de su justa dirección y protección, además de sus varias acciones disciplinarias, las que incluían el estar sujetos a su ira.  La experiencia de Israel en el desierto durante el Éxodo y a lo largo de los siglos de rebelión y arrepentimiento, tal como está registrado en el libro de Jueces, testifican el hecho de que Dios es fiel a su Palabra y a sus advertencias. 

Deuteronomio parece ser repetitivo y redundante, conforme Moisés una y otra vez le repite las instrucciones de Dios al pueblo de Israel, advirtiéndoles que debían obedecer lo que les ordenó: “Y les dijo: Aplicad vuestro corazón a todas las palabras que yo os testifico hoy, para que las mandéis a vuestros hijos, a fin de que cuiden de cumplir todas las palabras de esta ley.  Porque no os es cosa vana; es vuestra vida, y por medio de esta ley haréis prolongar vuestros días sobre la tierra adonde vais, pasando el Jordán, para tomar posesión de ella” (Dt. 32:46, 47).
 
Samuel, el profeta y juez, hizo eco a las exhortaciones de Moisés más de tres siglos después, cuando dijo: “No temáis; vosotros habéis hecho todo este mal; pero con todo eso no os apartéis de en pos de Jehová, sino servidle con todo vuestro corazón.  No os apartéis en pos de vanidades que no aprovechan ni libran, porque son vanidades” (1 S. 12:20, 21). 

El apartarse de Dios no sólo es una búsqueda en pos de la vanidad, algo que no vale la pena, sino que el proceso en sí es iniquidad.  Eso fue exactamente lo que le dijo Samuel a Saúl: “Porque como pecado de adivinación es la rebelión, y como ídolos e idolatría la obstinación.  Por cuanto tú desechaste la palabra de Jehová, él también te ha desechado para que no seas rey” (1 S. 15:23).

La inspirada analogía de Samuel, no sólo hace hincapié en la perversidad de la rebelión, sino que al comparar la obstinación con la idolatría, provee una revelación que nos ayuda a reconocer los incentivos que usa Satanás para instarnos a desobedecer y que prevalecen en la Iglesia hoy.

El tema dominante era la idolatría.  Dios le dio este mandamiento al pueblo de Israel: No tendrás dioses ajenos delante de mí.  No te harás imagen, ni ninguna semejanza de lo que esté arriba en el cielo, ni abajo en la tierra, ni en las aguas debajo de la tierra...  No hagáis conmigo dioses de plata, ni dioses de oro os haréis” (Ex. 20:3, 4, 23). 
¿Y cuál fue la respuesta de ellos?: “...Haremos todas las cosas que Jehová ha dicho, y obedeceremos” (Ex. 24:7b).  Sin embargo, días después, cuando Moisés demoró en regresar desde el monte Sinaí y tuvieron miedo, se olvidaron de Dios y se volvieron a lo que suponían que supliría mejor sus necesidades emocionales y espirituales.  Se hicieron un ídolo para adorarlo, un becerro de oro.


Aunque la acción de ellos fue una rebelión abierta en contra de Dios, consideremos qué fue lo que influenció su pensamiento: El líder espiritual de ellos había desaparecido, se sintieron atrapados por el pánico.  Se sentían más cómodos con las formas físicas de adoración que aprendieron de los egipcios, que con las instrucciones de un Dios invisible.  Tal vez Aarón pensó que la mejor forma para apaciguarlos, era darles algo con que sus sentidos físicos pudieran relacionarse, una especie de experiencia para que tuvieran confianza.


Pero... ¿Qué hay de malo con tomar un enfoque holístico, es decir, satisfacer las necesidades del cuerpo, mente y espíritu?  ¿Acaso no era “aceptable” la adoración de ellos de un objeto físico, al igual que un ritual espiritual, siendo que el mismo estaba dirigido al Dios de Abraham, Isaac y Jacob?  Eso fue lo que Aarón debió pensar.  “Viendo el pueblo que Moisés tardaba en descender del monte, se acercaron entonces a Aarón, y le dijeron: Levántate, haznos dioses que vayan delante de nosotros; porque a este Moisés, el varón que nos sacó de la tierra de Egipto, no sabemos qué le haya acontecido.  Y Aarón les dijo: Apartad los zarcillos de oro que están en las orejas de vuestras mujeres, de vuestros hijos y de vuestras hijas, y traédmelos.  Entonces todo el pueblo apartó los zarcillos de oro que tenían en sus orejas, y los trajeron a Aarón; y él los tomó de las manos de ellos, y le dio forma con buril, e hizo de ello un becerro de fundición.  Entonces dijeron: Israel, estos son tus dioses, que te sacaron de la tierra de Egipto.  Y viendo esto Aarón, edificó un altar delante del becerro; y pregonó Aarón, y dijo: Mañana será fiesta para Jehová” (Ex. 32:1-5).


La respuesta de los israelitas fue precursora del espíritu del ecumenismo y compromiso religioso tan prevalente en estos días, el cual también se basa en mentiras (“Entonces dijeron: Israel, estos son tus dioses, que te sacaron de la tierra de Egipto”).


Necesitamos urgentemente tener una comprensión bíblica de lo que abarca la idolatría.  Los ejemplos en el Antiguo Testamento y las amonestaciones en contra de ella, fueron dados por Dios.  Pero entonces... ¿Por qué son importantes para nosotros?  ¡Porque la iglesia evangélica hoy está siguiendo el ejemplo de Aarón!  La mayoría de cristianos definirían «idolatría» como «sea lo que fuere que ocupe el lugar de Dios en nuestras vidas».  ¡Y es cierto!  No obstante, demasiado a menudo, la gran mayoría no entiende la forma cómo opera la idolatría.  Consecuentemente, no tienen el discernimiento necesario para estar en guardia en contra de ella.


Pero... ¿Por qué es tan crítica la idolatría?  Vamos a comenzar con lo obvio.  La Biblia define los ídolos como los dioses falsos.  Salmos 96:5a dice: “Porque todos los dioses de los pueblos son ídolos...”  Los ídolos son objetos de engaño, y lo que es peor, la creación de hombres y demonios.  Adorarlos es perversión.  La veneración en sí, a menudo es corrupción y depravación, actividades ritualistas que satisfacen los sentidos físicos.  Los llamados dioses son representados físicamente y adorados sensualmente.  La mayoría de evangélicos saben todo esto, pero lo que muchos parecen no entender hoy, es la naturaleza de la idolatría y cómo pervierte nuestra adoración del Dios verdadero y vivo.

La adoración que Dios deseaba de los israelitas, del pueblo que separó para sí mismo, se yergue en agudo contraste con los esfuerzos religiosos de las naciones paganas.  En lugar de darles imágenes, Moisés les declaró las palabras de Dios, y luego escribió éstas palabras en un libro: “Y Moisés escribió todas las palabras de Jehová, y levantándose de mañana edificó un altar al pie del monte, y doce columnas, según las doce tribus de Israel...  Y tomó el libro del pacto y lo leyó a oídos del pueblo...” (Ex. 24:4, 7a). 
Dios no sólo le dijo a Moisés, sino que puso por escrito que no debían hacerse imágenes para representarlo: “No te harás imagen, ni ninguna semejanza de lo que esté arriba en el cielo, ni abajo en la tierra, ni en las aguas debajo de la tierra.  No te inclinarás a ellas, ni las honrarás; porque yo soy Jehová tu Dios, fuerte, celoso, que visito la maldad de los padres sobre los hijos hasta la tercera y cuarta generación de los que me aborrecen” (Ex. 20:4, 5).


Pero... ¿Por qué Dios daría tal mandamiento?  Porque ninguna imagen, dibujada, grabada, pintada, o escultura de ninguna clase o medio, podrá verdaderamente representar a Jehová Dios, quien es infinito, como dice 1 Reyes 8:27b: “...He aquí que los cielos, los cielos de los cielos, no te pueden contener...”  Hasta los lugares de adoración prescritos por Dios eran drásticamente diferentes a los de los paganos.  ¡No había nada físico que adorar!  El Lugar Santísimo dentro del tabernáculo y luego en el templo de Salomón, no contenía imagen alguna de Dios, sino su Palabra representada por el arca del pacto.  Dentro del arca se encontraba el Testimonio Divino, las dos tablas de piedra escritas por el propio dedo de Dios: “En aquel tiempo Jehová me dijo: Lábrate dos tablas de piedra como las primeras, y sube a mí al monte, y hazte un arca de madera; y escribiré en aquellas tablas las palabras que estaban en las primeras tablas que quebraste; y las pondrás en el arca” (Dt. 10:1, 2).  Una vez más vemos por el diseño Divino, el énfasis en su Palabra.

Dios decidió revelarse a la humanidad por medio de palabras, no de imágenes.  De la misma manera, la adoración debe ser a través de su Palabra y conforme a ella.  A no dudar, el Señor seleccionó las palabras porque son más apropiadas para transmitir precisamente lo que quiere que la humanidad sepa y haga.  Las palabras tienen significados definidos y pueden ser interpretadas objetivamente.  Sólo las palabras, habladas o escritas, pueden aproximarse a comunicar exactamente los atributos de nuestro Dios trascendente y su naturaleza divina.  Por otra parte, la adoración estimulada por imágenes se basa en la imaginación, no en las enseñanzas de la Escritura.  Las imágenes religiosas en el mejor de los casos sólo pueden comunicar información en una forma simbólica y superficial.  Las formas de interpretarlas son en su mayoría subjetivas, experimentales y dependen de la imaginación del observador.  Sin embargo, el mensaje de la Biblia no es acerca de gratificación estética, sino sobre nuestra redención; no es acerca de nuestros sentimientos, sino de Su verdad, cosas que las imágenes no pueden expresar, sino sólo oponerse.  El Señor Jesucristo oró a su Padre por sus discípulos con estas palabras: “Santifícalos en tu verdad; tu palabra es verdad” (Jn. 17:17).

La teología de la Biblia es enseñanza.  Está dada en palabras para que el hombre pueda entenderla: “Sabiduría ante todo; adquiere sabiduría; y sobre todas tus posesiones adquiere inteligencia” (Pr. 4:7). 
La Biblia fomenta la fe que se basa en la evidencia, la lógica y la razón.  Ningún sistema que confía en las imágenes puede hacer tal reclamo, y cuando las personas que tienen la Biblia se vuelven a las imágenes religiosas, están abandonando la razón y siguiendo la idolatría.  Eso les ocurrió a los israelitas a lo largo de su historia, incluso cuando fueron instruidos por Dios para que hicieran una serpiente de bronce como un símbolo que señalaba finalmente a la muerte de Cristo sobre la cruz, en pago por los pecados del mundo.  Ellos más tarde convirtieron esta serpiente de bronce en un objeto de idolatría y como consecuencia Dios determinó su destrucción: “Él quitó los lugares altos, y quebró las imágenes, y cortó los símbolos de Asera, e hizo pedazos la serpiente de bronce que había hecho Moisés, porque hasta entonces le quemaban incienso los hijos de Israel; y la llamó Nehustán” (2 R. 18:4).

 
A lo largo de su historia, el cristianismo asimismo ha sucumbido a la idolatría por medio de las imágenes y el ritual litúrgico.  Según la tradición católica romana, cuando el Señor Jesucristo iba camino al Calvario, una tal Verónica limpió su rostro con un lienzo y sobre él quedó impreso su rostro.  Esto supuestamente se convirtió en la fuente para todas las imágenes, iconos, pinturas y esculturas que se veneran hoy de Jesús.  Santa Verónica continúa siendo reverenciada hasta este mismo día cuando los católicos observan el Vía Crucis (las Estaciones de la Cruz durante la semana santa).

Los ortodoxos orientales comenzaron a fabricar imágenes e iconos de Cristo, María y los santos, como instrumentos para trascender místicamente lo temporal, por medio de imágenes que nos capacitan para “ver espiritualmente” la divinidad indescriptible.  En el siglo IX, la iglesia rusa ortodoxa incorporó los iconos como una parte central de su adoración, incluyendo una forma de adivinación conocida como «orando a través de iconos».  Una vez más esta es la rebelión religiosa que según la Escritura es como el pecado de hechicería.

El emperador Constantino contribuyó mucho en la introducción de las imágenes idólatras en el "cristianismo", a fin de apaciguar las multitudes de paganos a quienes forzó para que se unieran a la nueva religión favorita del reino.  Sin embargo, fue durante la edad media que la Iglesia Católica Romana incrementó en gran manera el uso de las imágenes visuales.  Hubo una gran profusión de estatuas religiosas, pinturas, relieves, exhibición de reliquias, al igual que la liturgia con el uso de vestimentas lujosas, incienso, velas y las procesiones.  Todo para estimular la participación de la población más ignorante. 
Pero, en lugar de educar a las personas, la Iglesia Católica Romana las alimentó con una teología de experiencias visuales que acentuó su ignorancia respecto a las Escrituras y estimuló la superstición. 

Por la gracia de Dios, la imprenta de Gutenberg en el siglo XV y la Reforma en el XVI, fueron instrumentos claves para ayudar a esos que protestaron en contra de los abusos de la Iglesia Católica Romana en oposición a la Biblia.


Por increíble que parezca, la iglesia evangélica hoy está siendo arrastrada progresivamente a la idolatría, conforme se aparta cada vez más de la Palabra de Dios y se vuelve a las imágenes visuales.  Una de las metas de las Sociedad Bíblica Americana es dramatizar la Biblia en video para la generación actual orientada visualmente, la cual tiene muy poco interés en la lectura.  La película Jesús, una representación dramática del evangelio de Lucas, ha sido el elemento básico en las Cruzadas Estudiantiles de los evangélicos en el exterior.  La propia película católica La pasión de Cristo, se convirtió en un éxito de taquilla en gran parte debido al apoyo abrumador que recibió de los evangélicos.  Organizaciones conservadoras bíblicas tales como El Evangelio para Asia, están usando la producción cinematográfica de Hollywood de Mel Gibson como parte de su programa para alcanzar a inconversos.  Millones de DVDs de La pasión de Cristo fueron comprados por iglesias evangélicas para sus escuelas dominicales, estudios bíblicos y reuniones de grupo.


Recientemente se estrenaron películas como La historia de Navidad y Una noche con el Rey, usando como compañeros en la evangelización a los corruptos productores de Hollywood.  Un pastor, cuya iglesia compró el cupo entero de una sala de cine para una exhibición privada de La pasión de Cristo, sólo vio una conversión: la de su propio arrepentimiento.  El pastor sintió tal convicción al advertir que en lugar de estar contribuyendo con su iglesia, estaba “apoyando a Hollywood”.  Con todo lo grave que fue esto, al igual que su arrepentimiento, lo cierto es que este pastor no entendió cuán serio es tratar de representar la Palabra de Dios en una forma dramatizada visual, estando por lo tanto vulnerable a repetir el mismo error de idolatría visual.

 
Esta no es una condenación general en contra de las películas o videos, sino que no se deben usar películas para presentar las Escrituras visualmente, sin pecar de ser idólatra.  Las imágenes son históricamente falsas, no sólo provienen de la imaginación de un escritor o un director de cine, sino que también se conforman a la mecánica de los medios noticiosos, los actores, la cinematografía, el arte, la música, las luces, los efectos de sonido, etc., todo lo cual está designado para manipular los sentidos y las emociones con propósitos dramáticos.


Las películas "bíblicas" son una tendencia actual que está contribuyendo a apartar a los evangélicos de la leche de la Palabra y producir analfabetos cristianos.  Esto es especialmente cierto en relación con nuestra juventud orientada visualmente.  Son muchos los movimientos dentro del cristianismo evangélico que se están apartando agresivamente de la Escritura, volviéndose a la idolatría y las experiencias.

Servimos a un Dios misericordioso que puede rescatar a un alma, incluso de las circunstancias más tenebrosas, pero quien a pesar de su gracia, no apoya la religiosidad de los hombres que tratan de servirlo de acuerdo con sus propios métodos.  Un Dios que ha dicho: “Porque mis pensamientos no son vuestros pensamientos, ni vuestros caminos mis caminos, dijo Jehová.  Como son más altos los cielos que la tierra, así son mis caminos más altos que vuestros caminos, y mis pensamientos más que vuestros pensamientos” (Is. 55:8, 9).
De acuerdo con el grado que nos desviemos de Sus caminos, estamos cayendo en la idolatría.  Tal como explicó Jesús: “Dios es Espíritu; y los que le adoran, en espíritu y en verdad es necesario que adoren” (Jn. 4:24).

 
T.A. McMahom
Responder
#2
Efe 5:6  Nadie os engañe con palabras vanas,  porque por estas cosas viene la ira de Dios sobre los hijos de desobediencia.
Efe 5:7  No seáis,  pues,  partícipes con ellos.
Efe 5:8  Porque en otro tiempo erais tinieblas,  mas ahora sois luz en el Señor;  andad como hijos de luz
Efe 5:9  (porque el fruto del Espíritu es en toda bondad,  justicia y verdad),
Efe 5:10  comprobando lo que es agradable al Señor.
Efe 5:11  Y no participéis en las obras infructuosas de las tinieblas,  sino más bien reprendedlas;
Responder


Posibles temas similares...
Tema Autor Respuestas Vistas Último mensaje
  Los evangélicos no deben abandonar la autoridad bíblica (1) Heriberto 0 86 03-06-2017, 02:25 PM
Último mensaje: Heriberto

Salto de foro:


Usuarios navegando en este tema: 1 invitado(s)