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Las Doctrinas Bíblicas no son negociables (1)
#1
Las Doctrinas Bíblicas no son negociables
 
En estos días de tanta “globalización”, cada día se hace más popular la idea de que también se debe “globalizar”  la religión. Que hay que fusionar la religión cristiana con todas las demás. Hay hermanos, especialmente los nuevos en la fe, los que nunca han tenido desarrollo Escritural y espiritual, quienes se preguntan: “¿Por qué algunos líderes cristianos se oponen a que nos unamos? ¿Por qué permiten que estemos tan divididos?”.

La respuesta es muy sencilla:
En primer lugar, porque los cristianos verdaderos ya estamos unidos.
En segundo lugar, porque la mayoría de quienes abogan por la unidad, no son siquiera cristianos.
Y en tercer lugar, porque la Biblia dice justamente lo contrario cuando afirma categóricamente que debemos “salir de en medio de ellos”.


¿Cuántas veces hemos escuchado decir a los cristianos ecuménicos “Que no debemos permitir que las doctrinas nos dividan”?   


Pero. . .


• ¿Es bíblico sacrificar las doctrinas bíblicas para cultivar la unidad?


• ¿Está bien pasar por alto lo que dice la Biblia, con tal de no contradecir a otros cristianos?


• ¿Dice algo la Biblia a este respecto?


El Señor Jesucristo dijo:

• “Hipócritas, bien profetizó de vosotros Isaías, cuando dijo: Este pueblo de labios me honra; mas su corazón está lejos de mí. Pues en vano me honran, enseñando como doctrinas, mandamientos de hombres” (Mt. 15:7-9).
• “Jesús les respondió y dijo: Mi doctrina no es mía, sino de aquel que me envió” (Jn. 7:16).

Algunos, por buscar la unidad, ceden en cuestiones de doctrina, sin darse cuenta que ni siquiera el propio Señor Jesucristo se atrevió a cambiar en lo más mínimo sus enseñanzas, porque las mismas provienen de Dios.

La Escritura declara:


• 
“Y perseveraban en la doctrina de los apóstoles” (Hec. 2:42a).
 “Para que ya no seamos niños fluctuantes, llevados por doquiera de todo viento de doctrina, por estratagema de hombres que para engañar emplean con astucia las artimañas del error” (Ef. 4:14).
• “Así que, hermanos, estad firmes, y retened la doctrina que habéis aprendido, sea por palabra, o por carta nuestra” (2 Ts. 2:15).
• “Como te rogué que te quedases en Efeso, cuando fui a Macedonia, para que mandases a algunos que no enseñen diferente doctrina, ni presten atención a fábulas y genealogías interminables. . . ” (1 Ti. 1:3,4a).
• “Si esto enseñas a los hermanos, serás buen ministro de Jesucristo, nutrido con las palabras de la fe y de la buena doctrina que has seguido” (1 Ti. 4:6).
• “Pero tú has seguido mi doctrina, conducta, propósito, fe, longanimidad, amor, paciencia” (2 Ti. 3:10).
• “Pero tú habla lo que está de acuerdo con la sana doctrina” (Tit. 2:1).
• “No os dejéis llevar de doctrinas diversas y extrañas. . . ” (He. 13:9a).
• “Cualquiera que se extravía, y no persevera en la doctrina de Cristo, no tiene a Dios; el que persevera en la doctrina de Cristo, ése sí tiene al Padre y al Hijo” (2 Jn. 9).
• “Si alguno viene a vosotros, y no trae esta doctrina, no lo recibáis en casa, ni le digáis: ¡Bienvenido! Porque el que le dice: ¡Bienvenido! Participa en sus malas obras” (2 Jn. 10,11).

Doctrinas sobre la Persona de Cristo


¿Cuánto sabe usted sobre Cristo Jesús? A muchos les gusta el Jesús de Navidad. El bebé recién nacido en brazos de María, quien ciertamente no puede valerse por sí mismo. Ahora, es cierto que en un momento de la eternidad sin principio, Él entró en el tiempo y espacio como un bebé, pero. . . ¿quién es realmente Jesús?


1. JESÚS ES DIOS


La Biblia presenta a DIOS como Unitrino. Nuestro Señor Jesucristo es la segunda persona en esta Trinidad. La Biblia declara que Jesús es Dios. A continuación vamos a resumir brevemente todo lo que se dice de Cristo en cuanto a su Deidad, porque si somos cristianos, debemos saber que la doctrina de su DEIDAD, NO ES NEGOCIABLE.


• “Dijeron todos: ¿Luego eres tú el Hijo de Dios? Y él les dijo: Vosotros decís que lo soy” 
(Lucas 22:70).
• “Yo y el Padre uno somos” (Juan 10:30).
• “Si no hago las obras de mi Padre, no me creáis. Mas si las hago, aunque no me creáis a mí, creed a las obras, para que conozcáis y creáis que el Padre está en mí, y yo en el Padre” (Jn. 10:37,38).
• “Jesús clamó y dijo: El que cree en mí, no cree en mí, sino en el que me envió; y el que me ve, ve al que me envió” (Jn. 12:44,45).
• “Jesús le dijo: ¿Tanto tiempo hace que estoy con vosotros, y no me has conocido, Felipe? El que me ha visto a mí, ha visto al Padre; ¿cómo, pues, dices tú: Muéstranos el Padre? ¿No crees que yo soy en el Padre, y el Padre en mí? Las palabras que yo os hablo, no las hablo por mi propia cuenta, sino que el Padre que mora en mí, él hace las obras” (Jn. 14:9,10).
• Juan en el capítulo 1 de su Evangelio dice: “En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios. . . Todas las cosas por él fueron hechas, y sin él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho. . . Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros (y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre), lleno de gracia y de verdad” (Jn. 1:1,3,14).
• Pablo escribe a Timoteo y le dice: “Que por esto mismo trabajamos y sufrimos oprobios, porque esperamos en el Dios viviente, que es el Salvador de todos los hombres, mayormente de los que creen” (1 Ti. 4:10).
• “Porque el Padre a nadie juzga, sino que todo el juicio dio al Hijo, para que todos honren al Hijo como honran al Padre. El que no honra al Hijo, no honra al Padre que le envió” (Jn. 5:22,23).
• “Pero sabemos que el Hijo de Dios ha venido, y nos ha dado entendimiento para conocer al que es verdadero; y estamos en el verdadero, en su Hijo Jesucristo. Este es el verdadero Dios, y la vida eterna” (1 Jn. 5:20).
• “Mas del Hijo dice: Tu trono, oh Dios, por el siglo del siglo; cetro de equidad es el cetro de tu reino” (He. 1:8).
• Pablo, hablando del pueblo hebreo, declara: “. . . Y de los cuales, según la carne, vino Cristo, el cual es Dios sobre todas las cosas, bendito por los siglos. Amén” (Ro. 9:5b).
• El propio Señor Jesucristo afirmó ser Dios: “Por esto los judíos aun más procuraban matarle, porque no sólo quebrantaba el día de reposo, sino que también decía que Dios era su propio Padre, haciéndose igual a Dios” (Jn. 5:18).
• “Yo y el Padre uno somos” (Jn. 10:30).
• “Si no hago las obras de mi Padre, no me creáis. Mas si las hago, aunque no me creáis a mí, creed a las obras, para que conozcáis y creáis que el Padre está en mí, y yo en el Padre” (Jn. 10:37,38).
• “Jesús clamó y dijo: El que cree en mí, no cree en mí, sino en el que me envió; y el que me ve, ve al que me envió” (Jn. 12:44,45).
• “Jesús le dijo: ¿Tanto tiempo hace que estoy con vosotros, y no me has conocido, Felipe? El que me ha visto a mí, ha visto al Padre; ¿cómo, pues, dices tú: Muéstranos el Padre? ¿No crees que yo soy en el Padre, y el Padre en mí? Las palabras que yo os hablo, no las hablo por mi propia cuenta, sino que el Padre que mora en mí, él hace las obras” (Jn. 14:9,10).
• El profeta Isaías le atribuye títulos que le corresponde exclusivamente a Dios: “Porque un niño nos es nacido, hijo nos es dado, y el principado sobre su hombro; y se llamará su nombre Admirable, Consejero, Dios Fuerte, Padre Eterno, Príncipe de Paz” (Is. 9:6).
• El Señor Jesucristo le dijo a los judíos: “Abraham vuestro padre se gozó de que había de ver mi día; y lo vio, y se gozó. Entonces le dijeron los judíos: Aún no tienes cincuenta años, ¿y has visto a Abraham? Jesús les dijo: De cierto, de cierto os digo: Antes que Abraham fuese, yo soy” (Jn. 8:56-58). Aquí, incluso, se atribuye el nombre “YO SOY”, el mismo con que Jehová Dios se dio conocer a Moisés: “Y respondió Dios a Moisés: YO SOY EL QUE SOY. Y dijo: Así dirás a los hijos de Israel: YO SOY me envió a vosotros” (Ex. 3:14).
• Pablo le dice a Timoteo que nuestro Salvador es él “. . . Dios viviente, que es el Salvador de todos los hombres, mayormente de los que creen” (1 Ti. 4:10). Esto significa que cuando se niega la Deidad de Cristo, se niega a Dios mismo. Nadie puede decir que cree en Dios si niega la Deidad de Cristo.
• Hablando de Jesús, Juan dice: “Pero sabemos que el Hijo de Dios ha venido, y nos ha dado entendimiento para conocer al que es verdadero; y estamos en el verdadero, en su Hijo Jesucristo. Este es el verdadero Dios, y la vida eterna” (1 Jn. 5:20).
• El autor a los Hebreos, refiriéndose a Cristo, dice: “Tu trono, oh Dios, por el siglo del siglo. . . ” (He. 1:8).

Es probable que no entendamos todo cuanto tiene que ver con la Deidad de Cristo, pero el hecho de no entenderlo, debe hacer que nos postremos en adoración ante nuestro Dios, de quien sabemos, únicamente aquello que necesitamos para ser salvos. La doble naturaleza de nuestro Salvador, la divina y la humana, es sin lugar a dudas algo que debemos aceptar por fe, tal como la Biblia lo presenta. Esta doctrina no puede ser cuestionada. Jamás debemos hacer causa común con quien dice ser cristiano, pero no acepta esta doctrina. Quien lo hace niega que Cristo es Dios mismo y que es todo cuanto la Biblia dice de Él.


(Continuará)     
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