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Doce Diálogos Bíblicos (12)
#1
Número 12
Tema: LA SEGUNDA VENIDA DEL SEÑOR

Preguntas por S. W. Royes; Respuestas por H. P. Barker
 
ES bueno que nos recordemos unos a otros que la Biblia nos presenta no teorías u opiniones, sino realidades. Y si alguien fuera a preguntarme: «¿Cuáles son los hechos principales relacionados con el cristianismo?», le contestaría que tres de los hechos más asombrosos son estos:
(1) El trono de la Deidad está ocupado por un Hombre.
(2) Dios el Espíritu Santo es un Residente en este planeta.
(3) El Señor Jesucristo tiene un tesoro peculiar en el mundo, y está a punto de acudir personalmente para transferir este tesoro de la tierra al cielo.
Es acerca del último de estos tres hechos que vamos a ocuparnos ahora. Es un hecho que Jesús ha de volver, tan verdadero como que estuvo ya aquí durante treinta y tres años, y que murió en la cruz.
Antes de comenzar nuestras preguntas, os pediré que abráis la Biblia y leáis tres notables pasajes en los que la segunda venida del Señor es mencionada como un hecho, primero por un apóstol, luego por un ángel, y en tercer lugar por el Señor mismo.
Pasemos primero a 1 Tesalonicenses 4:15-17.
«Por lo cual os decimos esto en palabra del Señor: que nosotros que vivimos, que habremos quedado hasta LA VENIDA DEL SEÑOR, no precederemos a los que durmieron.
«Porque el Señor mismo con voz de mando, con voz de arcángel, y con trompeta de Dios, descenderá del cielo; y los muertos en Cristo resucitarán primero.
«Luego nosotros los que vivimos, los que hayamos quedado, seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes para recibir al Señor en el aire, y así estaremos siempre con el Señor.»
Ahora examinemos Hechos 1:11, donde tenemos un testimonio angélico de la misma verdad:
«Este mismo Jesús, que ha sido tomado de vosotros al cielo, así vendrá como le habéis visto ir al cielo.»
El tercer pasaje que os pido que leáis es Juan 14:3, donde el Señor mismo, mientras estaba todavía en la tierra, promete de forma clara que volverá con el propósito de recibir a Su pueblo en la casa de Su Padre.
«Y si me fuere y os preparare lugar, VENDRÉ OTRA VEZ, y os tomaré a mí mismo, para que donde yo estoy, vosotros también estéis.»
Estos tres pasajes son suficientes para exponer la verdad de que la segunda venida del Señor es una parte integral de la doctrina cristiana. Pero, recordemos, no es una mera doctrina, es un hecho; y es como hecho que la consideraremos.

Cuando habla de la venida del Señor, ¿se refiere usted a la muerte?
Desde luego que no. Nadie que lea con cuidado estos tres pasajes que he citado podría caer en el error de confundir entre ambas cosas. Cuando un creyente muere, ¿acaso el Señor desciende con aclamación? ¿Acaso viene tal como le vieron ir? ¿Se llama de sus sepulcros a los santos que durmieron, y se los convoca a encontrarse con el Señor en el aire? No, no sucede nada de esto.
Dejad que os muestre, mediante una sencilla ilustración, lo que es la muerte para el cristiano.
Un señor entra en una de las estaciones rurales de tren y pide un billete de primera clase a Kingston. Quedan veinte minutos para que llegue el tren, y él se dirige a la cómoda sala de espera de primera clase, y se sienta. Mientras está allí, entra otro hombre en la estación. A juzgar por su apariencia, es un obrero, y no muy abundante en bienes de este mundo. También él se dirige a Kingston, y pide un billete de tercera clase. Lo mismo que el primer llegado, tiene que esperar a que venga el tren, pero no puede usar la sala de espera de primera clase. Se tiene que contentar con la sala de tercera clase, incómoda y atestada, y con corrientes de aire.
Pero observemos esto, el hombre de primera clase y el de tercera están ambos esperando el mismo tren.
Del mismo modo, hay dos clases de creyentes que se dirigen a la gloria, y que están esperando la venida del Señor para llevarlos allí. Estamos los que todavía vivimos, esperando en esta desolada e incómoda sala de tercera clase que es este mundo, rodeados de pruebas, sometidos a tentaciones y acosados por el pecado. Hay otros que, por así decirlo, han pasado a la sala de espera de primera clase. Reposan en una escena de paz sin nubes, sin pecado, ni cuidados ni tristeza que estorben su dicha. Están «con Cristo», pero sus cuerpos están en el sepulcro. Todavía no han entrado en la plenitud de la vida de resurrección. Siguen esperando —esperando aquello mismo que esperamos nosotros, es decir, la venida del Señor.
Para el cristiano, por tanto, la muerte, lejos de ser el cumplimiento de su esperanza, es meramente un siervo que lo introduce en la sala de espera de primera clase, donde estará «ausente del cuerpo, presente con el Señor» hasta el día en que regrese Jesús.

¿Acaso el cristiano no experimenta a menudo la venida de Cristo a su corazón?
Sí, sin duda alguna; pero esto no es lo que estamos tratando ahora.
Recuerdo una ocasión en que hablaba con una anciana acerca de la venida del Señor. Mientras hablaba, su rostro se iluminó de gozo, y poniendo la mano sobre el corazón, exclamó: «¡Oh, Él acude a menudo! Apenas si pasa un día sin que Él venga».
Esta querida anciana tenía razón. Desde luego, Jesús acude a los corazones de Su pueblo de una manera espiritual. Pero esto es algo muy diferente de la venida de la que hemos leído juntos.
Si pasamos a Juan 14, veréis dos cosas. Leamos el versículo 23: «El que me ama, mi palabra guardará; y mi Padre le amará, y vendremos a él, y haremos morada con él».
Contrastemos esto con lo que ya hemos leído en el versículo 3 del mismo capítulo. El versículo 23 se refiere a una venida espiritual de Cristo y del Padre a nosotros; el versículo 3 se refiere a la venida futura, personal, real de Cristo a por nosotros. Lo primero es lo que podemos gozar a diario; lo segundo es lo que todavía esperamos.

Cuando el Señor venga, ¿tendrá lugar el fin del mundo?
No, en absoluto. La Escritura está llena de promesas y de profecías que demuestran que el mundo ha de llegar a ser una escena de maravillosa bendición bajo el reinado de Cristo durante mil años. Los hombres martillarán sus espadas para azadones y vivirán en armonía. El Israel restaurado será el centro desde el que irradiará la bendición hasta lo último de la tierra (Isaías 2:3). Incluso la creación animal compartirá el gozo de esta edad —el león yacerá con el cordero. Satanás será atado, y reinará la justicia. Todo esto tiene lugar después que el Señor venga, de modo que el fin del mundo será al menos mil años después de ello. La venida del Señor es el suceso que introduce un largo curso de acontecimientos. Con Su venida va a tomar los reinos de la tierra, y reinará con Sus santos y ostentará Sus derechos en el lugar donde fue rechazado. Pero antes que Él venga con este propósito, acudirá para tomar posesión de lo que ya es Suyo —Su peculiar tesoro, Su perla de gran precio —la Iglesia que Él adquirió con Su sangre.
Con ella volverá el Señor como el Heredero legítimo para someter la tierra y reinar en paz y con justicia, de modo que habrá un largo período de tiempo entre Su venida y el fin del mundo.

¿Qué sucederá cuando Jesús venga?
Si leéis cuidadosamente aquellos versículos de 1 Tesalonicenses otra vez, y los comparáis con 1 Corintios 15:51, 52, encontraréis una respuesta muy clara a esta pregunta. Los santos vivientes serán transformados, los que duermen serán levantados, y todos juntos serán arrebatados para reunirse con el Señor en el aire. Los que no sean de Cristo, muertos o vivos, quedarán atrás.
Sabéis lo que es un imán, ¿verdad? Supongamos que sobre esta mesa tuviéramos una mezcla de limaduras de acero y de briznas de paja. Acerco el imán más y más a la mesa. ¿Qué sucede? De repente, todas las limaduras de acero ascienden volando y se pegan al imán. ¿Y qué pasa con las briznas de paja? Se quedan inmóviles sobre la mesa.
Esto es precisamente lo que sucederá cuando venga el Señor. Él ha llegado a ser desde luego un imán para nuestros corazones, cautivándolos y atrayéndolos. Cuando Él venga, aquellos con los que Él tenga una relación —las limaduras de acero, los verdaderos creyentes— serán recogidos con Su poder a Él en el aire. ¿Y qué de aquellos que no le conocen —la paja? Serán por un tiempo dejados a sí mismos, pero su carrera pronto acabará: «Quemará la paja en fuego que nunca se apagará» (Mateo 3:12).

¿No habrá posibilidad de salvación para los que queden atrás?
No para aquellos que hayan oído el evangelio y lo hayan rechazado. Serán judicialmente cegados y endurecidos. Dejemos que la Escritura se pronuncie acerca de esto. Leamos las solemnes palabras de 2 Tesalonicenses 2:10-12: «No recibieron el amor de la verdad para ser salvos. Por esto Dios les envía un poder engañoso, para que crean la mentira, a fin de que sean condenados todos los que no creyeron a la verdad, sino que se complacieron en la injusticia».
La puerta de misericordia, ahora abierta de par en par, quedará entonces irremediablemente cerrada. «Después que el padre de familia se haya levantado y cerrado la puerta, y estando fuera empecéis a llamar a la puerta, diciendo: Señor, Señor, ábrenos, él respondiendo os dirá: No sé de dónde sois. Entonces comenzaréis a decir: Delante de ti hemos comido y bebido, y en nuestras plazas enseñaste. Pero os dirá: Os digo que no sé de dónde sois; apartaos de mí todos vosotros, hacedores de maldad» (Lucas 13:25-27).
Estas palabras terriblemente solemnes responden a su pregunta de forma clara y decisiva. No, no habrá salvación para aquellos que la rechacen ahora.

¿Puede usted clarificar más la distinción entre la venida del Señor a por Su pueblo y Su posterior venida con ellos?
Un amigo mío me llevó una vez de paseo por Newcastle-on-Tyne. «¿Ve usted aquella colina allá?», me preguntó, señalando una considerable altura al otro lado del río.
«Sí», contesté. «¿Hay algo interesante?»
«Se llama la Colina del Alcaide», dijo, «y por esta razón. Hace mucho tiempo, cuando llegaban los jueces de circuito de Durham para celebrar juicios en Newcastle, los alcaides de la ciudad solían ir hasta aquella colina a su encuentro. Después de recibirlos allí, acompañaban a los jueces de vuelta a la ciudad para comenzar los juicios.
Ahora bien, esto será quizá de ayuda para clarificar la distinción entre la venida del Señor a por Su pueblo y Su posterior venida con ellos. Tenemos ambas cosas en las Escrituras. Primero, «vendré otra vez, y os tomaré a mí mismo». Esta es Su venida a por nosotros. Luego, en Judas 14, «He aquí, vino el Señor con sus santas decenas de millares, para hacer juicio». Él viene para celebrar el juicio, por así decirlo, para visitar a los impíos con Su desagrado, cuando «limpiará su era». En esto Él estará acompañado por Sus santos, como los jueces que venían de Durham a Newcastle iban acompañados de los alcaides de esta ciudad. Pero, para que pueda ser así, Su pueblo será llamado de la tierra para recibirlo en el aire. Entonces volverán con Él cuando Él venga con poder para conquistar. Véase Apocalipsis 19:11-14. Es este último acontecimiento el que se menciona una y otra vez en el Antiguo Testamento. En el Nuevo Testamento se designa frecuentemente como Su manifestación, o Su venida en gloria, en contraste con Su venida a por su pueblo solamente.

¿Qué sucederá entre la venida del Señor a por Su Iglesia y Su manifestación con poder?
Me tomaría mucho tiempo poder dar siquiera un bosquejo del curso de acontecimientos que se indican en las escrituras proféticas para este intervalo de tiempo. No podemos siquiera citar los pasajes que hablan de los mismos. Pero puedo decir de manera resumida que un cuidadoso estudio de las Escrituras nos lleva a creer que tan pronto como la Iglesia sea arrebatada al cielo, la maldad aumentará en el mundo a pasos agigantados, y culminará con el «hombre de pecado», que, bajo la influencia directa de Satanás, encabezará una terrible apostasía. Dios estará mientras tanto obrando en y por medio de algunos de Su antiguo pueblo, los judíos, reuniéndolos de nuevo en la tierra de sus antepasados, y preparándolos, en medio de unos sufrimientos insólitos, para que lleguen a ser un medio de bendición para todo el mundo. Al mismo tiempo tendrán lugar destacados acontecimientos en la esfera política. El Imperio Romano, reavivado en forma de diez reinos confederados, dará su apoyo a su cabeza, la «bestia», que está estrechamente aliado con el «anticristo» u «hombre de pecado». La Cristiandad corrompida será al principio la influencia dirigente, pero la incredulidad conseguirá el predominio, y la iglesia apóstata, escupida de la boca de Cristo, caerá como presa miserable de los poderes del mundo, cuyos favores tanto tiempo buscó.
Luego, después que hayan caído muchos duros golpes de la vara de Dios sobre la tierra, Cristo aparecerá de repente, con Sus santos, trayendo una repentina destrucción sobre el inicuo (el anticristo) y sus asociados. Pero, a fin de poder seguir todos estos aspectos en las Escrituras, es necesario un estudio de todo el ámbito de la profecía, y esto rebasa los límites del tema que nos ocupa.

¿Se puede fijar alguna fecha para la venida del Señor?
En Marcos 13:35 se nos manda velar, porque se desconoce la hora de Su venida. ¿Cómo podría nadie velar para la venida del Señor, si se supiera que Él no iba a llegar hasta una fecha determinada? La exhortación a velar implica claramente la incertidumbre respecto al tiempo.
Sé muy bien que se han realizado muchos intentos de fijar fechas para el regreso del Señor. El único resultado de tales intentos es causar descrédito sobre «aquella esperanza bienaventurada», y llevar a que quede asociada en las mentes de la gente con insensatez y fanatismo.
Ha surgido mucha confusión debido a que muchos han dejado de ver que el tiempo actual es un intervalo en la línea de los tratos de Dios con los hombres. Cuando Cristo fue entregado a la muerte por los judíos, Dios suspendió Sus tratos con ellos como nación. Desde aquel momento Él ha estado ocupado en salvar por Su gracia a aquellos que constituyen la Iglesia. Cuando la Iglesia quede completada, el Señor vendrá y la tomará de la tierra. Entonces Dios reanudará el hilo, por así decirlo, que ha interrumpido; y entonces volverá a empezar la historia de Su pueblo terrenal, y de nuevo tendrán su puesto las fechas, los tiempos y las sazones. Pero no hay fechas algunas conectadas con el actual intervalo. En cualquier momento podemos oír la llamada al hogar. ¡Qué dulce para los que están preparados! ¡Amado hermano creyente, piensa en esto! ¡Otro momento, y puede que oigas la voz del Amado de tu alma! ¡Otro momento, y puedes sentir el abrazo de aquellos brazos eternos! ¡Otro momento, y puede que estés en el hogar —tu hogar porque es Su hogar; y tú eres Suyo, y tuyo es Él!

Aparte de velar, ¿tenemos algo que hacer con vistas a la venida del Señor?
Sí. Tenemos que salir a Su encuentro (Mateo 25:6). Salir de todo aquello con lo que no nos gustaría que Él nos encontrase mezclados; salir de la comodidad y de la pereza; salir de los hábitos pecaminosos; salir de asociaciones que no sean santas.
Luego se nos manda que negociemos hasta que Él venga (Lucas 19:13). Debemos dedicarnos a Sus intereses durante Su ausencia, concentrados en Su servicio.
Si leéis el Nuevo Testamento, quedaréis sorprendidos al encontrar cuántas veces el pensamiento del regreso del Señor se expone de una manera práctica, para reforzar varias exhortaciones. Abrigar esta bienaventurada esperanza y vivir en la expectativa diaria del regreso del Señor comporta ser un cristiano muy práctico. «Todo aquel que tiene esta esperanza en él, se purifica a sí mismo, así como él es puro» (1 Juan 3.3).
Que sea nuestra porción, queridos hermanos cristianos, no solo que «vivamos en este siglo sobria, justa y piadosamente», sino que nos mantengamos aguardando «la esperanza bienaventurada» y también aquello que ha de seguir, «la manifestación gloriosa de nuestro gran Dios y Salvador Jesucristo» (Tito 2:12, 13).


Doce Diálogos Bíblicos -
Harold P. Barker y otros.
Traducción del inglés: Santiago Escuain
© Copyright 2005, SEDIN - todos los derechos reservados.

SEDIN-Servicio Evangélico
Apartat 2002
08200 SABADELL
(Barcelona) ESPAÑA
Se puede reproducir en todo o en parte para usos no comerciales, a condición de que se cite la procedencia reproduciendo íntegramente lo anterior y esta nota.
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