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Confianza especial ante un acto de obediencia
#1
Confianza especial ante un acto de obediencia
Por:  David Wilkerson
 
Dios demandó de Abraham un increíble acto de obediencia: Él le pidió que saliera a un futuro desconocido. Abraham fue capaz de tomar este paso con nada más tangible que esta promesa de Dios: “Vete de tu tierra, de tu parentela y de la casa de tu padre, a la tierra que te mostraré.” (Gen. 12:1).

El escritor de Hebreos, inspirado por el Espíritu Santo,  dice, “Por la fe Abraham, siendo llamado, obedeció para salir al lugar que había de recibir como herencia; y salió sin saber a dónde iba.” (Heb. 11:8). El Señor no desplegó ante Abraham un plan detallado y organizado. En vez de eso, Él simplemente le dijo, “Reúne a tu familia, empaca tus pertenencias, deja a tus parientes, y vete a un lugar que te mostraré.”

A los setenta y cinco años, a Abraham se le pidió que se lanzara completamente sobre la fidelidad de Dios. No le fue dada ninguna explicación, ninguna descripción, ningún aviso de los posibles peligros involucrados. Y entonces Abraham salió sin saber a dónde iba. Todo lo que él tenía, sobre lo cual descansar, fue esta promesa: “Te mostrare y te bendeciré.”

Su esposa, Sara, probablemente no era diferente a cualquier mujer de los días modernos. Ella pudo hacer las preguntas que cualquier esposa haría: “¿Vamos al sur o al norte? ¿Qué clase de ropa debo empacar? ¿Nos acomodaremos en algún lugar o estaremos siempre mudándonos?” Todo lo que Abraham podía contestar era, “Dios dijo que vayamos, así que nos vamos. Él nos mostrara el próximo paso tan pronto comencemos a movernos.”
Nosotros pensamos, a veces, que cuando Dios nos manda a hacer algo y obedecemos, todo va a ir suave. Nosotros pensamos que Él estará complacido por nuestra obediencia, así que nos pondrá en una carretera de cuatro carriles hacia la bendición.

Abraham tenía una promesa de Dios, pero por el camino él tuvo que pasar el desierto del Negev, montañas cubiertas de nieve, otro desierto, y el pueblo guerrero de Canaán. Entonces él termino en medio de la hambruna de Egipto. ¡Me alegro de que Dios no le dijo a Abraham acerca del camino que él tendría que tomar!
Este camino en particular no era como ninguno que Abraham había tomado. Sin embargo, a través de todo, él nunca estuvo en peligro. Nadie podía tocarlo. Dios era su escudo y protector todos los días. Y a causa de su fe, Abraham se estaba convirtiendo en un amigo de Dios.

Cuando Dios les pide a sus siervos que den un paso hacia lo desconocido, no es un evento de una sola vez. Es un caminar que se requiere a través de toda nuestra vida. Pero nuestra obediencia nos lleva a una gran recompensa: “Después de estas cosas vino la palabra de Jehová a Abram en visión, diciendo: No temas, Abram, yo soy tu escudo, y tu recompensa será muy grande.” (Gen. 15:1).

Dios está haciendo una gloriosa declaración aquí: Aquellos que le obedecen –quienes dan un paso sin saber lo que les sucederá, y todavía confían completamente en su Palabra- nunca estarán fuera de su protección. Él dice, “estaré sobre ellos como un escudo. Y yo seré su recompensa. Me entregaré a mí mismo a ellos.”

A una aclamada actriz, Dios le pidió que dejara el escenario completamente como un acto de obediencia a Él. Ella sabía en su corazón que el Señor le estaba diciendo que dejara todo atrás. Así que ella puso a un lado el apremio de mejor actriz y dio un paso a lo desconocido. Ella no tenía trabajo ni garantía de trabajo de ninguna clase; ella salió sin saber a dónde iba.
Al día siguiente mismo, su agente la llamo para decirle que le ofrecían el papel principal en una película con tres de los más conocidos actores en el negocio. Después que colgó, ella dijo, “Sé lo que Satanás esta tratando de hacer. No cambiaré de idea.”
Amados, así es como les va a pasar a muchos. Cada vez que das un paso en fiel obediencia al Señor, el diablo traerá alguna tentación para llevarte al lado de la desobediencia. ¡La obediencia siempre te va a costar algo!

La palabra de Dios abunda con promesas especiales y específicas para aquellos quienes son llamados a dar un paso de obediencia. Aquí solo algunas pocas de esas promesas para llevar contigo al trono de Dios:
  • "...si diereis oído a mi voz, y guardareis mi pacto, vosotros seréis mi especial tesoro..."  (Éxodo 19:5).
  • “… Escuchad mi voz, y yo seré vuestro Dios y vosotros seréis mi pueblo; y andad en todo camino que os mande, para que os vaya bien.” (Jeremías 7:23).
También tenemos la promesa acorazada de que el Espíritu Santo estará con nosotros a través de todos nuestros pasos de obediencia y tiempos de pruebas: “Nosotros somos testigos suyos de estas cosas, y también el Espíritu Santo, el cual ha dado Dios a los que lo obedecen.” (Hechos 5:32).

Si Dios te está diciendo que rindas algo, da el paso y hazlo. La Biblia claramente dice que si tu obedeces al Señor, el Espíritu Santo será tu guía y fortaleza. Él te proveerá de todo lo que necesitas para completar tu acto de obediencia.

Necesitamos una confianza particular y especial, cuando nuestra misma supervivencia es amenazada.
En mi vida, nunca le había hablado a tanta gente temerosa como lo he hecho recientemente. América categóricamente tiene miedo: constructores, corredores de bienes raíces, profesionales de Wall Street, detallistas, ejecutivos, abogados, dueños de restaurantes, dueños de pequeños negocios – todos ellos están diciendo lo mismo: “La cosa esta peor que lo que la gente piensa. Y se va a poner peor. Todo se está sacudiendo.”

A ninguno de nosotros nos gusta escuchar esta clase de reportes deprimentes. Pero los puritanos tenían un dicho: “Nuestros afectos sobornan nuestro discernimiento.”
Todos amamos nuestra cómoda forma de vida, pero si no enfrentamos la verdad de que los tiempos duros están sobre nosotros, nunca tendremos la confianza que necesitaremos. Tenemos que ser capaces de discernir los tiempos, para que podamos pedirle a Dios por la confianza especifica necesaria para que nos lleve a través de lo que está por venir.
No se equivoque: nada de esto está tomando al Señor Jesús de sorpresa. Él vio cómo se nos venía todo encima. Aquel que enumeró el cabello de cada persona y contó cada gorrión caído, sabía de antemano lo que podíamos enfrentar en estos últimos días. Él sabía dónde iría cada dólar del presupuesto federal,  y que el costo de nuestros impuestos y viviendas se incrementarían. Él sabía acerca de cada paro involuntario de trabajo que enfrentaríamos, de todas nuestras facturas, de todas nuestras necesidades, hasta el número de hijos que tendríamos. No hay ni una sola cosa que nuestro bendito Salvador no supo cuando nos dijo en Mateo 6:25-33, “vuestro Padre celestial sabe que tenéis necesidad de todas estas cosas.”
No importa cuánto ruja la tormenta, nuestro Señor aun estará alimentando las aves del aire, vistiendo los lirios del campo, y supliendo un océano de peces con todas sus necesidades diarias. “… Vuestro Padre celestial las alimenta.” (Mt. 6:26).
Ni una sola criatura Suya sufrirá sin que nuestro Señor lo sepa. Ahora te pregunto: ¿Qué clase de Padre seria si Él alimentara a los perros y aves y descuidara a sus hijos? ¿Qué clase de Dios enumeraría los cabellos de nuestra cabeza pero no sus monedas? ¡El sólo pensarlo es blasfemo! Nuestro Padre alimenta todo el reino animal; y en ningún tiempo duro detendrá su provisión: ¿”No valéis vosotros mucho más que ellas? … ¿no hará mucho más por vosotros, hombres de poca fe?” (Mt. 6:26, 30).

Yo creo que Dios nos ha provisto de una promesa muy particular para los específicos tiempos duros que se avecinan. Fue dada a Abraham y su simiente como un juramento: “… del juramento que hizo a Abraham, nuestro padre, que nos había de conceder que, librados de nuestros enemigos, sin temor lo serviríamos en santidad y en justicia delante de él todos nuestros días.” (Lucas 1:73-75). Dios ha jurado librarnos de cada enemigo y de cosas temerosas, para que podamos servirle todos los días de nuestra vida sin temor.

Amado, el hambre es un enemigo. Desnudez y pobreza son enemigos. Este juramento de Dios debe ser el fundamento de nuestra confianza en cada crisis, calamidad y tiempo de temor. Les urjo a memorizarlo. Permite que sea tu santo argumento junto al trono de gracia.

(Condensado) 
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