Calificación:
  • 0 voto(s) - 0 Media
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
¿Qué bien haré para ir al cielo?
#1
Un joven rico se acercó al Señor Jesucristo le hizo una pregunta que evidenciaba lo que en su corazón había.
 
Vamos a ver a alguien que no tiene la seguridad de su salvación y que además tiene un equivocado concepto de lo necesario para salvarse del castigo eterno. Si ésta es también para ti una inquietud, déjame decirte que el Señor Jesucristo y su palabra, la Biblia, tienen la respuesta a esta importantísima pregunta y su respuesta si la crees, te dará la paz anhelada por tu alma, sino tienes esta inquietud, es que eres salvo o simplemente vas de camino a la perdición eterna y no lo sabes o lo que sabes de la salvación es equivocado, como quiera que sea, éste es de interés para cualquiera. El pasaje está en
 
Mateo 19:16 Entonces vino uno y le dijo: Maestro bueno, ¿qué bien haré para tener la vida eterna?
17  El le dijo: ¿Por qué me llamas bueno? Ninguno hay bueno sino uno: Dios. Mas si quieres entrar en la vida, guarda los mandamientos.
18 Le dijo: ¿Cuáles? Y Jesús dijo: No matarás. No adulterarás. No hurtarás. No dirás falso testimonio.
19 Honra a tu padre y a tu madre y, Amarás a tu prójimo como a ti mismo.
20 El joven le dijo: Todo esto lo he guardado desde mi juventud. ¿Qué más me falta?
21 Jesús le dijo: Si quieres ser perfecto, anda, vende lo que tienes, y dalo a los pobres, y tendrás tesoro en el cielo; y ven y sígueme.
22 Oyendo el joven esta palabra, se fue triste, porque tenía muchas posesiones.
23 Entonces Jesús dijo a sus discípulos: De cierto os digo, que difícilmente entrará un rico en el reino de los cielos.
24 Otra vez os digo, que es más fácil pasar un camello por el ojo de una aguja, que entrar un rico en el reino de Dios.
25 Sus discípulos, oyendo esto, se asombraron en gran manera, diciendo: ¿Quién, pues, podrá ser salvo?
26 Y mirándolos Jesús, les dijo: Para los hombres esto es imposible; más para Dios todo es posible.
 
V16) El hombre rico, intenta consultar a alguien que se ve sabe de lo que habla y éste  tiene la respuesta a una interrogante muy importante, porque lo que ha visto y oído de él, manifiesta ser un gran maestro, un erudito de la ley de Dios quién además practica lo que predica.
 
Por eso al dirigirse al Señor, interesantemente lo hace con un título y un calificativo:
 
El título: Maestro.
El calificativo: BUENO.
 
V17) El Señor le hace notar su calificativo y aunque a simple vista parece intrascendental, quiere hacerle destacar algo que le puede ayudar a responder su vital pregunta “¿Qué “BIEN” haré para tener vida eterna?”
 
En el evangelio según San Mateo, en el capítulo 19:16, dice; “¿Qué hare para heredar la vida eterna? Lo mismo que en Lucas 18:18. Siendo un mismo evento con tres aristas distintas y distintos propósitos para el que se escribieron, pero todas inspiradas por el Espíritu Santo; podemos concluir que éste hombre daba por sentado que lo que había hecho, aunque bueno, necesitaba hacer más. También implica que sea lo que sea, podría hacerlo.
 
Sin embargo, sólo alguien BUENO, como el Maestro de la verdad de Dios que enseña lo que predica, puede hacer el BIEN. Pues así como para volar hace falta ser ave, para hacer el bien, se necesita ser bueno.
 
Con esto en mente, podemos darnos cuenta que la respuesta a su pregunta, está contestada, pues si sólo Dios es bueno ¿Quién fuera de Dios puede hacer el bien?
 
Nuestros conceptos de bondad y las acciones que podamos hacer buenas, en realidad ante la perfección de Dios, no es precisamente algo que pueda impresionarlo, en realidad para el Señor son, según Isaías:
 
64:6  Si bien todos nosotros somos como suciedad, y todas nuestras justicias como trapo de inmundicia; y caímos todos nosotros como la hoja, y nuestras maldades nos llevaron como viento.
 
¿Qué quiere decir esto? Que siendo sucios por el pecado que nos domina y que forma parte de nuestra ser, nos define, por eso bien podemos decir que somos pecadores y ¿qué hacen los pecadores? Los perros ladran, los gatos maúllan y los pecadores, pecamos.
 
Y para demostrarlo, el Señor apela exponiéndolo al espejo espiritual, el cual representa la perfecta bondad que es tomado de Dios mismo para medirnos. La ley de Dios, es tomada de lo que Dios es. ¿Por qué es malo mentir? Porque Dios es verdad. ¿Por qué es malo matar? Porque Dios es vida. Pero la ley de Dios, es un ayo o un tutor (Gálatas 3:24) que nos lleva a vernos tal cual somos.
 
Es muy probable que muchos piensen que se ajustan perfectamente al parámetro divino de perfección cumpliendo con la ley, sin embargo, el estándar de perfección del Señor Jesucristo, es demasiado alto, como demasiado alto en perfección es Dios; mira como dijo en sólo una pequeña parte de su discurso en el sermón del monte y creo que con eso podremos darnos cuenta que para cumplirlo, es muy, pero muy alto.
 
Mateo 5:21 Oísteis que fue dicho a los antiguos: No matarás; y cualquiera que matare será culpable de juicio.
22 Pero yo os digo que cualquiera que se enoje contra su hermano, será culpable de juicio; y cualquiera que diga: Necio, a su hermano, será culpable ante el concilio; y cualquiera que le diga: Fatuo, quedará expuesto al infierno de fuego.
 
¿Alguna vez te has enojado con alguien? ¿Alguna vez has insultado a alguien? ¿Alguna vez has menospreciado a alguien? Si respondiste al menos a una de estas preguntas afirmativamente, para el Señor Jesucristo eres un asesino.
 
Tal vez hayas ayudado a gente pobre con ropa o dinero y eso es bueno exteriormente, pero no borra tu pecado y siendo Dios Justo, no puede dar por inocente al culpable, legalmente, éste debe pagar por su falta.
 
Pero volviendo con este hombre rico, el Señor, en su misericordia y en su gracia y amor, con paciencia quiere mostrarle la realidad de su condición y le sugiere que cumpla con los mandamientos.
 
El verso 18 y 19, le enumera mandamientos para que el mismo examine su conciencia y vea si los cumple.
 
El vero 20, nos muestra los conceptos y parámetros limitados de cumplimiento de la ley de Dios qué este hombre tiene. No sé tú, pero a mí me pasaba lo mismo; creía que al no cometer el acto externo de matar, el resentimiento oculto y odio por alguien, no tenía importancia y por ello me libraba de no faltar a la ley en cuanto a “no matar”. El desear en mi corazón a una mujer, no me hacía adúltero; pero el problema es que estamos frente a un estándar muy, pero muy alto, que contempla los pensamientos y las intenciones del corazón.
 
Este hombre, como yo y como muchos, comparó el estándar de la ley con su propio estándar, pensó el joven rico que él si cumplía con la demanda de la ley, y aun así, en su corazón, no tenía la seguridad de ser salvo, pues en su corazón no había paz, en su corazón sabía que algo faltaba y fue movido a preguntarle al Señor lo que le hacía falta para ser salvo y gozar de la vida eterna.
 
El verso 21, es un nuevo intento del Señor para hacerle ver su condición, por lo que le pidió que vendiera todas sus riquezas, las diera a los pobres y lo siguiera a él; le ofreció a cambio riquezas inmensas en el cielo.
 
V22) La respuesta del joven rico, señala el menosprecio de esas riquezas, porque calculó que lo que tenía, que era realmente mucho, no podría ser igualado con lo que le ofrecían en los cielos y se negó a seguir al Señor; no calculó que la riqueza más importante y sublime era estar con el Rey del Universo, Sublime y Eterno, pero ¿Recuerdas el calificativo con el que se dirigió al Señor éste hombre rico?
 
Lo llamó “maestro bueno”, y la bondad del Señor, que en él reconocía, le mostraba quién era. Lo que era, la esencia de su SER. Jesús le mostraba en los hechos que era bueno, porque sólo bueno es Dios.
 
Pero ¿Por qué no hizo lo que el Señor le pidió? Porque en su corazón amaba más las riquezas que a Dios.
 
¿Cómo se llama este pecado que es infracción a la ley de Dios?
 
Interesantemente el Señor le enumeró los mandamientos a los cuales podría haber argumentado sin éxito haberlos cumplido, pero el más importante de la ley, en donde toda la ley de Dios se sustenta, tampoco lo cumplió y en esta ocasión, fue tan evidente que no tuvo otro remedio que alejarse.
 
¿Cuál este mandamiento?
 
Marcos 12:30 Y amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente y con todas tus fuerzas. Este es el principal mandamiento.
31 Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. No hay otro mandamiento mayor que éstos.
 
¿A quién amó más el joven rico, a sus riquezas o a Dios? Tenía mucho y en ese mucho, estaba su confianza y no en Dios. Su dios era su riqueza y aun teniendo a Dios mismo frente a él, prefirió continuar con su vida lleno de dinero y riquezas, pero sin paz y ahora, sin esperanza de la vida eterna.
 
V23) Hay de aquellos que ponen su confianza en sus riquezas en lugar de Dios; ay de aquellos que son ricos en abundancia de bienes y dinero, pero pobres y miserables para con los demás; ay de aquellos que prefieren vivir en la opulencia, que vivir en Dios; ay de aquellos que ricos que prefieren seguir en su miseria moral que seguir al Salvador.
 
Porque ciertamente es imposible que se salven.
 
V25) La pregunta con asombro que formularon los discípulos “¿Quién, pues, podrá ser salvo?”, muestra que ellos mismos piensan que hay algo que hacer para la salvación, qué hay algo que está dentro de sus capacidades para merecer el reino de los cielos y coloca la plataforma de la necesidad de una respuesta que el Señor a continuación va a responder de una manera clara, contundente y que contradice cualquier suposición de la idea pre-concebida de merecimientos humanos, de alcances humanos para lograrla:
 
V26) La respuesta del Señor es “Para los hombres, esto es imposible” ¿Por qué? Porque el hombre no es bueno ante los parámetros divinos, el hombre no llega a ajustarse a la perfección de bondad que Dios demanda. Y a continuación expresa para quién si es posible salvar al hombre “más para Dios todo es posible”
 
La pregunta del hombre rico debe ser entonces reformulada. La pregunta no es: “¿Qué bien haré para heredar la vida eterna?” o “¿Qué debo hacer para heredar la vida eterna?” No sólo porque una herencia no se merece, sólo la da quién la otorga a quien quiere y nadie debería cuestionarlo, porque cada quién hace con sus propiedades lo que quiera y la da a quien quiere, aunque la cuestionemos.
 
La pregunta sería “¿Cómo Dios nos da la vida eterna?”
 
Efesios 2:8 Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; 9 no por obras, para que nadie se gloríe.
10 Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas.
 
La vida eterna o salvación eterna, es un regalo de Dios que se recibe por fe y ésta fe, viene de Dios:
 
Juan 6:29 Respondió Jesús y les dijo: Esta es la obra de Dios, que creáis en el que él ha enviado.
 
La salvación no se obtiene por obras como las religiones humanas enseñan, porque Dios no quiere que nadie se gloríe de algo que sólo él puede dar y para hacerlo se necesita que nos vuelva hacer para ser lo que nos capacita a hacer.
 
Cuando Adán y Eva pecaron en el huerto del Edén, al comer el fruto del árbol prohibido, se cumplió lo que el Señor les decía iba a pasar, que iban a morir y murieron espiritualmente al desobedecerlo, quedando totalmente imposibilitados en razón de una transformación de pecado, con lo que aquellos atributos que de Dios fueron tomados, fueron depravados en su mente, sentimientos y voluntad. Su ser de pecado, los hace pecar. Su libertad cayó en la esclavitud de su ser caído.
 
Amigo mío, aun en nuestra imposibilidad de hacer algo bueno que realmente agrade a Dios, hay esperanza en Cristo según a quién debes seguir.
 
Juan 1:12 Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios; 13 los cuales no son engendrados de sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón, sino de Dios.
 
Las buenas obras no son para salvación, las buenas obras son la evidencia de la salvación. Siendo hijos de Dios, obtenemos su naturaleza que nos capacita para hacer el bien.
 
¿Por qué no vienes a Jesús en oración y fe, le pides perdón por tus pecados, reconoces que no puedes hacer nada para salvarte y que ese poder sólo está en Dios y confías en Jesús recibiéndolo como tu Salvador y Señor, siguiéndolo sólo a Él.
 
Descansa de tu zozobra ante la incertidumbre de tu destino eterno y confías que él sólo puede salvarte, que el murió por ti en la cruz para pagar tu deuda y que sólo en él hay seguridad.
 
Recuerda, no confíes en tus bienes, porque nadie se lleva nada cuando muere, todo se queda aquí.
Responder


Salto de foro:


Usuarios navegando en este tema: 1 invitado(s)