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“No he venido a llamar a justos, sino a pecadores”
#1
Hay un pasaje en el nuevo testamento que ha sido narrando en el evangelio según la perspectiva de Marcos, quien por cierto, lo escribió siendo enseñado por el apóstol Pedro; por Mateo, quién es el publicano de la narración que lo escribe y Lucas, el médico que se dio a la tarea de realizar las investigaciones acerca de la vida del Señor, recabando testimonios de los testigos presenciales y ordenó cronológicamente toda la vida del Señor y también el libro de “Hechos de los apóstoles”, como un testigo presencial.
 
Tomaré el testimonio del testigo sobre el cual giró la historia que nos muestra su llamado y las implicaciones que de ese hecho derivaron y como respaldo los otros dos evangelios que lo respaldan. Se trata de Mateo 9:9-13 y como soporte Lucas 5:27-32, con Marcos 2:13-17
 
Dice la palabra de Dios:
 
Mateo 9:9 Pasando Jesús de allí, vio a un hombre llamado Mateo, que estaba sentado al banco de los tributos públicos, y le dijo: Sígueme. Y se levantó y le siguió.
10 Y aconteció que estando él sentado a la mesa en la casa, he aquí que muchos publicanos y pecadores, que habían venido, se sentaron juntamente a la mesa con Jesús y sus discípulos.
11 Cuando vieron esto los fariseos, dijeron a los discípulos: ¿Por qué come vuestro Maestro con los publicanos y pecadores?
12 Al oír esto Jesús, les dijo: Los sanos no tienen necesidad de médico, sino los enfermos.
13 Id, pues, y aprended lo que significa: Misericordia quiero, y no sacrificio. Porque no he venido a llamar a justos, sino a pecadores, al arrepentimiento.
 
v.9) Mateo o también llamado Leví, además de ser el que escribió el evangelio que lleva su mismo nombre, antes de ello, era un “publicano”.
 
Un publicano era un recaudador de tributos para el César romano, una especie de recolector impuesto que trabajaba para Roma, el enemigo conquistador que sojuzgaba en aquella época a toda la nación judía; así que su oficio lo convertía en un enemigo del pueblo y si lo ponemos más en contexto; la nación hebrea y judía, fue la nación escogida por Dios para manifestarse al mundo y la ve de una manera especial; así que los publicanos eran uno parias y declarados pecadores de la peor clase. Una especie de narcos mexicanos, que dañaban mucho a su país. Tenían mucho dinero porque además de ser traidores cobrando los tributos, aprovechaban “el vuelo” y tomaban más de lo debido, como algunos políticos con sus obras sobre evaluadas.
 
Inexplicablemente, el Señor Jesucristo, el Hijo de Dios tres veces santo que pasaba por el banquillo de los tributos que administraba Mateo, al verlo le dijo “Sígueme” y éste paría, traidor, ladrón, licencioso y pecador contumaz, sin más cuestionamientos, lo dejó todo y lo siguió. ¿Se imaginan? Dejó la mesa con “la lana” y los registros de los cobros pendientes por recibir, pero no sólo eso, su manera muy lucrativa pero deshonesta de obtener ingresos y con ello una vida con todos los placeres carnales que el dinero le podía proporcionar dando muestra de lo que la Biblia llama “arrepentimiento”. La palabra “arrepentimiento” en la Biblia, no es un sentimiento que sucede cuando un adúltero es sorprendido en su infidelidad, porque sino hubiese sido sorprendido, jamás le hubiesen venido esos sentimientos de culpa y hubiese seguido con su pecado o después de perdonado por la pareja, apenas haya oportunidad lo vuelve a  hacer, no ese arrepentimiento no es del que habla la Biblia, la palabra arrepentimiento significa de manera literal “cambio de mente”, es decir que si para él toda esa manera de vivir le parecía correcta, ahora la ve incorrecta, pero además cambia su mente reflejado en un cambio de vida.
 
El verso 10, de pronto nos cambia de escenario y nos sitúa en una mesa donde se percibe que hay una fiesta en la casa de Mateo, el ex publicano, quién ha invitado a comer a su casa, no sólo a Jesús y sus discípulos sino también a otros ex publicanos y pecadores públicos y es que hay dos clases de pecadores, pecadores públicos y pecadores ocultos. Sí, ocultos, que son igual o peor que los públicos, pero su pecado no se ve o no se ha descubierto de manera pública, pero para quien todos vamos a dar cuenta y lo ve todo, no está oculto antes sus ojos.
 
Son los que le roban al jefe en el viático o los que cobran de más o defraudan sin que nadie los vea, los que viven en un mundo de mentiras para ocultar sus pecados, los que en su corazón han guardado rencor y odian a su padre o madre, los que en secreto por internet ven pornografía manteniendo su mente enferma y llena de lascivia. Los que hacen cosas indebidas en secreto, pero que son igual que aquellos hombres y mujeres que se sentaron en la mesa de Mateo junto con el Señor, pero están arrepentidos de su vida y están dispuestos a hacer todo por cambiarla.
 
El verso 11, tiene ahora una mayor significación, máxime que en la cultura judía, no puede haber nada más íntimo que comer y departir comida en una mesa. Para un gentil como lo somos nosotros, no tiene mayor significado eso, porque podemos tener una comida de negocios o coincidir y comer con compañeros de trabajo a la hora de la comida, pero para un judío, no es lo mismo. Para un judío comer con alguien es algo muy íntimo y sólo se hace con personas muy cercanas. Nunca podrás decir que eres amigo de un judío si nunca te has sentado a comer con uno, tradición que sigue hasta la fecha. Así que el cuadro de nuestra narración está completa.
 
El cuadro debió consternar grandemente a los fariseos y publicanos. Jesús, a quién llamaban maestro de la ley, está sentado con pecadores públicos y en los filtros fariseos y escribanos, no debían ni siquiera tocar a un publicano o a una ramera, porque eso era como contaminarse gravemente. “¡¿Cómo es posible que coma con publicanos, borrachos y rameras?! ¿Cómo puede ser amigo íntimo de estos seres despreciables?”, preguntaron a los discípulos tal vez como un intento de convencerlos de la calidad moral que Jesús tenía y así disuadirlos de que no lo siguieran más.
 
V. 12) Pero el Señor los escuchó y se dirigió a ellos diciéndoles: “Los sanos no tienen necesidad de médico, sino los enfermos”
 
Hay una enfermedad que todos tenemos y que el orgullo puede ocultar y se llama pecado. Para muchos puede ser que no lo vean así, pero el problema es que Dios no te va a medir con tus parámetros de justicia, sino con los de él y déjame decirte lo que él piensa respecto a tu parámetro de justicia:
 
Romanos 3:10 “Como está escrito: No hay justo, ni aun uno.”
 
Santiago 2:10 “Porque cualquiera que guardare toda la ley, pero ofendiere en un punto, se hace culpable de todos.”
 
Así que necesariamente entras en la categoría de pecador. Puedes ser un pecador público o puedes ser un pecador oculto, pero no es a la gente de la que debería temer tanto, pues no es a ellos a quienes vas a dar cuenta, porque a los ojos de Dios, no hay sombra donde ocultarse. Eres pecador tan malo como el que más, tan publicano, como borracho, adúltero o prostituta; para la gente habrá diferencia, para ti la habrá, pero para Dios no, quién es el Juez Justo y verdadero y no tendrá por inocente al culpable.
 
¿Qué puedes hacer? Deja esa manera de vivir y sigue a Cristo. Deja tu pecado, deja de robar, deja a ese hombre casado con el que sostienes relaciones ilícitas, deja la mentira, la borrachera, deja de prostituirte por comodidad, deja la pornografía y ten intimidad con el Señor Jesús, que vino por ti y por mí, para salvarnos no sólo de nuestro destino eterno, sino de las garras de una vida miserable. El quiere tener una relación íntima contigo, ser tu amigo, ser tu Salvador y Señor de tu vida. Arrepiéntete.
 
V.13) Pero si aun así piensas que el hecho de profesar rituales religiosos te justifican ante Dios para seguir pecando, porque crees que te limpian, déjame decirte, que los escribas y fariseos, eran la crema y nata de la sociedad judía, los cuales cumplían rigurosamente con todo el sistema de sacrificios que Moisés instauró por mandato de Dios, pero con dos objetivos muy claros:
 
1.- Para que por medio del sacrificio de animales, eran expiados sus pecados por sustitución. Ya que la ley dice que el pago del pecado es muerte (Romanos 3:23) y al ofrendar al cordero o becerro, cubrían su pecado.
 
2.- Los sacrificios les hacían ver que ellos eran pecadores.
 
3.- Debían contristarse por sus pecados y arrepentirse.
 
Lo que implicaba entender que los demás también son pecadores como uno mismo, como yo mismo lo soy y como yo, también necesito arrepentirme.
 
Pero en lugar de eso, sus corazones se llenaron de orgullo religioso y al cumplir con los rituales, se olvidaron del objetivo del sistema de sacrificios y se sentían mejores que los demás porque al menos ellos, sus pecados no se veían. En su corazón, no había amor al prójimo, juzgaban a los demás desde su perspectiva y parámetros retorcidos de justicia que buscan validarse a sí mismo distorsionando la verdad y la realidad de su real condición.
 
El Señor, no vino por ellos, vino por los enfermos y nadie va al médico a menos que se reconozca enfermo. Si te sientes identificado, habla hoy mismo con Jesús, lee tu Biblia y déja tu pecado y síguelo sólo a él.
 
Pero hay quienes saben que lo están y no van, porque “¡¿qué van a decir?!” Se validan en lo que piensen los demás y olvidan que no es a ellos a quien van a dar cuenta.
Responder
#2
Muy interesante Caminito. 

Lo que paso con Mateo nos podemos dar cuenta que, el a pesar de que posiblemente a un principio fue un gozo el tener dinero mal habido, tal parece que ya le estaba corroyendo la culpa y deseaba librarse con ansias de ello. 

Lo hermoso de esto es que solo Cristo puede ver esto y es por ello que simplemente fijo Su mirada en el y fue suficiente decirle "sigueme" y el practicamente saltó de su asiento. 

Mateo tenia urgencia de librarse de esa culpa. Librarse de todo lo que hacia. Y por ello cuando vino el Liberador Mateo quizo devolver todo el mal que hizo y es mas, queria duplicar aún. 
Es como decir "ya no quiero esto y con tal de librarme hasta aumento el doble".
Esto es verdadero arrepentimiento en comparación de otros que sólo tienen remordimiento al verse expuestos de su mal. 

Un abrazo Caminito
Willy
Responder
#3
Muy buen aporte, Caminito.  

Un abrazo,
Heriberto
Responder
#4
(25-08-2016, 11:20 AM)Willy escribió: Muy interesante Caminito. 

Lo que paso con Mateo nos podemos dar cuenta que, el a pesar de que posiblemente a un principio fue un gozo el tener dinero mal habido, tal parece que ya le estaba corroyendo la culpa y deseaba librarse con ansias de ello. 

Lo hermoso de esto es que solo Cristo puede ver esto y es por ello que simplemente fijo Su mirada en el y fue suficiente decirle "sigueme" y el practicamente saltó de su asiento. 

Mateo tenia urgencia de librarse de esa culpa. Librarse de todo lo que hacia. Y por ello cuando vino el Liberador Mateo quizo devolver todo el mal que hizo y es mas, queria duplicar aún. 
Es como decir "ya no quiero esto y con tal de librarme hasta aumento el doble".
Esto es verdadero arrepentimiento en comparación de otros que sólo tienen remordimiento al verse expuestos de su mal. 

Un abrazo Caminito
Willy

Amén. El ve y conoce nuestro corazón.

Recíbelo tu también, hermano.
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