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Los alimentos en la biblia parte III
#1
Ajo


El ajo es una de las comidas curativas más antiguas del mundo.  Por siglos, incluso antes que Moisés guiara al pueblo de Israel fuera de Egipto hacia el desierto, fue usado como alimento favorito y como medicina.  Durante los 40 años que los israelitas estuvieron errando en el desierto, se lamentaban diciendo: “Nos acordamos del pescado que comíamos en Egipto de balde, de los pepinos, los melones, los puerros, las cebollas y los ajos” (Nm. 11:5).

El libro Magia y medicina de las plantas declara que el ajo «...es un buen amigo de la humanidad.  Además de añadirle sabor a la comida, le dio fortaleza a los constructores de las pirámides, valor a las legiones romanas y un espíritu combativo a los gallos de pelea ingleses...  Los usos medicinales del ajo han sido documentados por siglos.  Siempre fue un remedio popular para resfriados, dolores de garganta y  tos, ya sea crudo o ingerido como jarabe, el cual se hace hirviendo dientes de ajo en agua por medio día.  Los médicos y los expertos en hierbas prescribían el ajo como un diurético y para desórdenes intestinales y reumatismo...

Los colonizadores que llegaron a América descubrieron que los indígenas conocían los poderes curativos del ajo y confiaban en la planta para tratar una variedad de problemas médicos, desde mordeduras de culebra hasta lombrices intestinales.  El ajo puede ayudar a curar muchas enfermedades porque es un antiséptico potente.  Fue usado en ambas guerras mundiales».
El ajo y su prima la cebolla, eran considerados buenos, tanto para la salud como por sus cualidades curativas en las culturas antiguas.  El ajo era uno de los primeros alimentos que se cultivó deliberadamente, aunque las variedades silvestres crecían en abundancia.  La evidencia de sus poderes curativos se encuentra detallada en 4.000 años de registros antiguos desde el antiguo reino de Sumeria.  Se han descubierto descripciones sobre los bulbos de ajo en las paredes de las tumbas egipcias que datan del año 3200 A.C., siglos antes que José y sus hermanos se establecieran en Egipto.  Durante ese mismo período, los registros antiguos revelan que el ajo era el ingrediente principal en muchos remedios que los curanderos egipcios prescribían como cura para los dolores de cabeza, dolores de garganta y otras molestias.

Para el tiempo de Moisés ya se estaba usando el ajo como un anticoagulante, antiséptico, antiinflamatorio y agente en contra de los tumores, como un alivio para la flatulencia, diurético, sedante, cataplasma y como una cura para los parásitos.  Se han identificado por lo menos 67 variedades diferentes de ajos y cebollas que crecen en la Tierra Santa, por lo tanto no asombra que los israelitas de la antigüedad tuvieran una inclinación por él desde hace siglos.  Puede ser por razones de salud que el Talmud, el cuerpo de ley civil y religiosa judía, especifique que varias comidas diferentes sean sazonadas regularmente con ajos.

En varias ocasiones se ha recomendado como cura contra una amplia variedad de dolencias: arteriosclerosis, artritis, asma, pie de atleta, calvicie, bronquitis, cáncer, catarro, varicela, cólera, resfriado común, estreñimiento, caspa, diabetes, mordeduras de perro, hidropesía, disentería, dispepsia, epilepsia, convulsiones, gangrenas, hipertensión, influenza, gases intestinales, ictericia, laringitis, envenenamiento con plomo, lepra, desórdenes en los labios y la boca, malaria, rubéola, meningitis, hemorroides, reumatismo, tiña, picaduras de escorpión,  escorbuto, envenenamiento ponzoñoso, viruela, mordeduras de culebra, tuberculosis y tifoidea.

La mayoría de estos reclamos eran en su mayoría exagerados, pero los científicos  están descubriendo continuamente que la mayoría de ellos contenían por lo menos  una porción de verdad.  Por ejemplo, los investigadores sugieren que el ajo puede servir como protección contra las enfermedades y ataques del corazón al bajar la presión sanguínea.  Contiene sustancias químicas que neutralizan los carcinógenos.  De hecho, se ha asociado el ajo con las tasas bajas de cáncer en el estómago.  El boletín Enviromental Nutrition publicó evidencia de cinco ensayos llevados a cabo en clínicas que muestran que la mitad de un diente de ajo por día reduce los niveles de colesterol en la sangre a un promedio de 9% en personas cuyo colesterol alto está en la línea fronteriza.

(Continuara)
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