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Victoria
#1
"Examíname, oh Dios, y conoce mi corazón;
Pruébame y conoce mis pensamientos;
Y ve si hay en mí camino de perversidad.
Y guíame en el camino eterno."
(Salmo 139:23)

Como creyentes deberíamos preguntarnos a menudo: ¿Cuál es mi experiencia frente a las tentaciones? ¿Salgo victorioso o caigo derrotado?. Hermanos, la derrota repetida trae dolor para nosotros mismos, fracaso en nuestro testimonio ante otros y, más aún, tristeza para el corazón de nuestro Señor.

Conviene, entonces, que recordemos cómo obtener la victoria en el continuo combate contra el mal, dentro de nosotros y en nuestro derredor.

Consideremos, a modo de ejemplo, la notable experiencia de David, según se relata en el capítulo 17 del primer libro de Samuel, donde leemos cómo obtuvo tres victorias en forma consecutiva.

Contemplemos, pues, el escenario de aquellos sucesos: El ejército de Israel acampado sobre una colina, y el de los filisteos en la opuesta. Entre los dos campamentos se despliega un valle, por el que se pasea de modo desafiante el gigante Goliat, un hombre de fuerza extraordinaria, equipado magníficamente para la guerra, a quien los filisteos, enemigos acérrimos de Israel, habían destacado como su campeón.

Aquel formidable guerrero se presenta allí cada día, retando a los israelitas a enviar un hombre capaz de mantener un duelo con él, profiriendo: "Hoy yo he desafiado al campamento de Israel; dadme un hombre que pelee conmigo." Ningún israelita se atreve a aceptar el desafío. Pero cuando llega David al campo de batalla, y escucha las mofas y blasfemias del gigante impío, decide entrar en acción.

Aunque todo parece suceder de modo casual, advertimos cómo Dios guía los pasos del joven pastor, que llega precisamente en el momento más crítico. Enviado por su padre, David visita a sus tres hermanos en el campamento para llevarles algunos víveres y traer noticias. En el camino de la obediencia y del deber filial, se encuentra con la mayor oportunidad de su vida. Tengamos esto presente, pues a menudo sucede que hay un solo paso entre el trabajo común y la hazaña portentosa. De pescar peces a pescar hombres. (Mateo 4:18/19), de estar en la cocina preparando una pequeña torta con el último puñado de harina, a experimentar la maravillosa provisión de Dios. (1º Reyes 17:10/16).

Y pronto vemos que la humilde canasta de comida en las manos de David es trocada por la cabeza del enemigo vencido. Si bien a David se lo recuerda particularmente por este notable acto de valentía, no deberíamos pasar por alto las otras dos victorias que obtuvo aquel día, no tan notorias a los ojos de los demás, pero no menos importantes.

Se suele afirmar que los tres enemigos del cristiano son la carne, el mundo y el diablo, y podemos determinar que, en figura, David en esta ocasión es vencedor de cada uno de ellos.

Primero lo ataca la carne, cuando el hermano mayor se enoja con él, (vs.28) y lo acusa con dureza, ira y desprecio. Pretende descubrir que en David hay "soberbia y malicia de corazón", y descarga sobre él su despecho y envidia. No sabemos cuánto le habrá costado a David contenerse ante semejante acusación, pero vemos que en vez de encolerizarse con Eliab, solamente le responde unas pocas palabras, y sin perder más tiempo se aparta del hermano pendenciero.

¡Qué hermosa victoria! Por más que el instinto de pagar mal por mal, de devolver una injuria por otra es muy fuerte en todos nosotros, podemos, como David, vencer la carne mediante la gracia que Dios da para refrenar la palabra ligera y reprimir el espíritu alborotado por agravios o injusticias.

Tales victorias no llaman la atención ni reciben elogios, pues se ganan en lo secreto, pero ejercen una disciplina espiritual de inmenso valor, y nos fortalecen para vencer a otros enemigos más visibles. "...Mejor es el que se enseñorea de su espíritu que el que toma una ciudad" (Proverbios 16:32).

Luego le viene a David otra tentación. Saúl llama a David, y al hablar con él queda impresionado por el relato del joven acerca de sus experiencias pastoriles y su valiente defensa del rebaño.

Al testificar David de la ayuda divina que le dio poder para dominar las fieras, su fe y coraje despiertan la admiración del rey al punto de comisionarlo para trabar combate con el gigante. Aunque Saúl le dijo: Vé, y Jehová esté contigo", enseguida quiere proveerle de lo que podríamos identificar como "recursos humanos", vistiéndolo con su armadura personal.

Qué honor significaría para David llevar las armas del mismísimo rey. Pero el noble muchacho no tarda en reconocer que aquella vestimenta no le era apropiada, ya que lejos de facilitar su empresa, más bien constituiría un estorbo. Con firme resolución rechaza la oferta, "Y David echó de sí aquellas cosas" (v.39).

Así vence al mundo, al resistirse a la tentación de valerse de la protección y provisión ofrecidas por Saúl. Sólo "en el Nombre de Jehová de los ejércitos" quiere ir al encuentro del enemigo. ¿Cuántos cristianos están usando "las armas de Saúl" en la obra del Señor?, admitiendo métodos y prácticas mundanas; siguiendo consejos ligeros; metiéndose en "yugo desigual"; procurando recursos materiales de los incrédulos, etc.

Así se debilitan y caen vencidos en el combate, pues la victoria espiritual no se gana por la unión con el mundo sino por la separación de él. "Y esta es la victoria que ha vencido al mundo, nuestra fe". (1ª Juan 5:4) Es preciso tomar toda "la armadura de Dios" para poder resistir "en el día malo" (Efesios 6:13).

Llegamos ahora a la consideración del triunfo de David sobre Goliat, el gran enemigo del pueblo de Dios, que sin duda es un tipo del diablo, aquel adversario que siempre quiere malograr los propósitos de Dios y frustrar sus planes.

Como pastor en los campos de Belén, David había aprendido a manejar la honda con suma destreza, y Dios lo estaba preparando allí para mayores empresas. Su desempeño en una tarea rutinaria y poco reconocida, -¿Y a quien has dejado aquellas "pocas" ovejas en el desierto?- (v.28) lo capacitaron para un servicio de mayor envergadura.

De cómo realizamos nuestras tareas ordinarias, y de qué modo aprovechamos los momentos libres, puede depender nuestra capacidad para un servicio más elevado y eficaz.
Tengamos presente que David no hubiera podido vencer a Goliat, figura de Satanás, si no hubiese vencido primero a la carne y al mundo.

Esos mismos enemigos también hoy batallan contra nosotros, y en el mismo orden. David escribió:
"Estos confían en carros, y aquellos en caballos;
Mas nosotros del Nombre de Jehová nuestro Dios tendremos memoria".
(Salmo 20:7)

(Tomado de "Siguiendo sus Pisadas")   
    http://www.siguiendosuspisadas.com.ar
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