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El único antidoto: El poder del Espiritu Santo
#1
EL ÚNICO ANTÌDOTO: EL PODER DEL ESPÌRITU
 
·        TBC Staff

Jun 25 2015


Estos son tiempos difíciles para todo Cristiano nacido de nuevo. La apostasía parece estar aumentando exponencialmente. Los Cristianos bíblicos están teniendo una mayor dificultad para encontrar iglesias que predican y enseñan las Escrituras. Adiciones a la Palabra de Dios han capturado la imaginación de un creciente número de Cristianos los cuales se inclinan a leer libros religiosos que están de moda  y películas "bíblicas" en lugar de la escrita Palabra de Dios. Aún con el aumento de ministerios de discernimiento y páginas "vigilantes" en el internet, la confusión doctrinal ha aumentado, aparentemente sin tregua.

La Biblia nos advierte que tales condiciones se llevarán a cabo y nos dice que no debemos estar sorprendidos cuando estas cosas ocurren.  La Biblia también nos da una explicación de lo que está ocurriendo. La Escritura declara proféticamente: "Porque vendrá tiempo cuando no sufrirán a la sana doctrina, sino que teniendo comezón de oír, se amontonarán maestros conforme a sus propias concupiscencias, y apartarán de la verdad el oído y se volverán a las fábulas" (2 Timoteo 4:3-4). Y también dice: "Pero el Espíritu dice claramente que en los postreros tiempos algunos apostatarán de la fe, escuchando a espíritus engañadores y a doctrinas de demonios ... " (1 Timoteo 4: 1-3).

Ya sea que estemos en los últimos días, o incluso en el último de los de los últimos días, debería ser obvio a cada Cristiano bíblico que la "sana doctrina" está apenas siendo "aceptada" o "tolerada."  En realidad, es irónico que vivimos en estos tiempos en el mundo occidental donde el acceso a la Biblia nunca ha sido mayor, pero al mismo tiempo el analfabetismo bíblico entre los Cristianos abunda. Raro es el creyente que pueda nombrar a los doce apóstoles: más crítico, sin embargo, es el número de Cristianos que tienen dificultad para poder explicar la sencillez del evangelio bíblico.  El "deslizamiento" de la verdad, que  Hebreos 2:1 nos advierte, se ha convertido en una cuesta muy empinada para la iglesia.

La Biblia no minimiza las luchas que acompañan a la vida del creyente en Cristo — algunas de estas pueden ser frutos de nuestra vieja naturaleza maligna, pero otras son las consecuencias del mundo en que vivimos y la oposición de Satanás a la Palabra de Dios. Jesús declaró: "Acordaos de la palabra que os he dicho: El siervo no es mayor que su señor. Si a mí me han perseguido, también a vosotros os perseguirán; si han guardado mi palabra también guardarán la vuestra. Mas todo esto os harán por causa de mi nombre, porque no conocen al que me ha enviado" (Juan 15: 20-22).  Después de la ascensión de Cristo y el martirio de Esteban, la iglesia fue dispersada debido a la gran oposición al Evangelio. El apóstol Pablo, quien anteriormente había sido un perseguidor de Cristianos, posteriormente fue sometido a persecución después de su conversión y por el resto de su vida. Sin embargo, él escribió, "Como está escrito: Por cause de ti somos muertos todo el tiempo; somos contados como ovejas de matadero.  Antes, en todas estas cosas somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó" (Romanos 8: 36-37).

Puede parecer que continuas pruebas en la vida del creyente no nos llevarían a un buen fin, pero Pedro nos da una mayor comprensión: "Amados, no os sorprendáis  del fuego de prueba que os ha sobrevenido, como si alguna cosa extraña os aconteciese, sino gozaos por cuanto sois participantes de los padecimientos de Cristo, para que también en la revelación de su gloria os gocéis con gran alegría.  Si sois vituperados por el nombre de Cristo, sois bienaventurados, porque el glorioso Espíritu de Dios reposa sobre vosotros.  Ciertamente, de parte de ellos, él es blasfemado, pero por vosotros es glorificado" (1 Pedro 4: 12-14).

Pocos creyentes en los Estados Unidos han experimentado las clases de pruebas físicas que Pablo y Pedro describen, sin embargo, hay pruebas de diferentes clases que son destructivas espiritualmente aunque no son necesariamente físicas. Existen las pruebas de la fe en la esfera de la seducción religiosa, por ejemplo, el ser engañado por falsos maestros populares y por doctrinas que no son bíblicas, con el resultado de ser aislado o separado de la comunidad de creyentes por no estar de acuerdo con una nueva enseñanza o práctica que no es respaldada por la Escritura, o por ser  "una espina en el costado" en un estudio bíblico y por no claudicar o ceder a la corrupción de la verdad de la Palabra de Dios.  Estas son cosas que suelen crean conflictos simplemente por el hecho que uno quiera mantenerse firme en la fe.

Entonces ¿cómo puede esa firmeza mantenerse sin causar conflicto y división? Por lo general esto no puede suceder, salvo en raras ocasiones donde hay una disposición a arrepentirse y a someterse a la verdad de la Palabra de Dios. En ninguna parte la Escritura promete que no habrá oposición a la Palabra de Dios. Para contrastar eso   la Escritura pone a nuestra disposición una condición de "gozo" que se lleva a cabo dentro del corazón y permite al creyente a "conquistar" o manejar la situación de una manera que es agradable al Señor. ¿Cómo se logra eso?  1 Pedro 4:14 nos dice: ".. el Espíritu de Dios reposa sobre vosotros..."

La obra del Espíritu Santo es absolutamente necesaria en la vida de un creyente. Por eso Jesús dijo: "Pero yo os digo la verdad: Os conviene que yo me vaya; porque si no me fuese, el Consolador no vendría a vosotros; mas si me fuere, os lo enviaré ... Pero cuando venga el Espíritu de verdad, él os guiará a toda la verdad; porque no hablará por su propia cuenta, sino que hablará todo lo que oyere, y os hará saber las cosas que habrán de venir.  El me glorificará; porque tomará de lo mío, y os lo hará saber" (Juan 16: 7, 13-14).  Cada verdadero creyente en Jesús ha nacido del Espíritu Santo (Juan 3:5), ha sido sellado con el Espíritu Santo (Efesios 4:30), ha sido habilitado, facultado y guiado por el Espíritu Santo (Romanos 15: 13, 8:14) con el fin de glorificar a Dios y a vivir la vida de una manera que sea agradable a Él.  Según las Escrituras, es la única manera que un creyente puede ser espiritualmente fructífero.

A finales de la década de 1960, Dave Hunt editó un libro escrito por William Law titulado "El Poder del Espíritu."   En el siglo XVIII, Law escribió una publicación titulada "Un discurso (o alocución) afectuoso al Clero" (el título completo fue: una humilde, cariñosa y una seria alocución al Clero).  Esta publicación se volvió a imprimir en 1896 por uno de los autores Cristianos favoritos de Dave, Andrew Murray. Murray le cambió el título que  Law le había dado llamándolo "El Poder del Espíritu" y comentó acerca de esta publicación lo siguiente:  "Confieso que en todas mis lecturas nunca he encontrado a nadie que me ha ayudado tanto en el entendimiento de la verdad Espiritual de la obra del Espíritu Santo... les pido a mis hermanos en el Ministerio de no darle una lectura superficial. Estoy seguro de que un estudio paciente y con oración les traerá una rica bendición."

Dave ciertamente estuvo de acuerdo con esta conclusión: "Es mi convicción que Andrew Murray no ha exagerado en su elogio de este volumen escrito por Law. Y aunque, como Murray, no estoy de acuerdo con todas las enseñanzas de Law, yo también considero que todo lo que está incluido en este documento está sólidamente basado en las Escrituras." Dave señaló además la importancia de los escritos de Law con referencia a  los problemas actuales que han resultado con los abusos espirituales de parte de los Pentecostales y Carismáticos y la crítica de los Cristianos conservadores y fundamentales: "Lo que ha dicho William Law es, creo, una muy importante contribución a este debate actual. Él reprendería el orgullo, la falta de amor y las inconsistencias en ambos bandos y no apoyaría a ninguno de los dos extremos. Pero sin lugar a dudas en el presente conflicto Law mantendría la base escritural y vitalidad del Cristianismo del Nuevo Testamento. El también añadiría la necesidad de la soberanía y el poder del Espíritu Santo para hoy; y a los Pentecostales él les haría recordar que el poder del Espíritu se otorga principalmente para habilitar a creyentes para ser testigos del evangelio y para vivir una vida santa. Y esta definición de vida traería convicción de pecado y daría un convencimiento a los Fundamentalistas y Pentecostales de sus limitaciones espirituales."

Los siguientes extractos son del capítulo uno, "La Morada del Espíritu de Dios es esencial para la Salvación," de edición exclusiva "El Poder del Espíritu" publicada por el Llamamiento Bereano y editada para el lector de hoy por Dave Hunt:

El Espíritu del Dios Trino, que fue soplado a Adán durante su creación, fue algo que lo hizo una criatura sagrada en la imagen y semejanza de Dios.  Un nuevo nacimiento de este espíritu de Dios en el hombre es tan necesario para hacer al hombre caído vivo otra vez en Dios como era el hacer a Adán al principio como una imagen y semejanza de Dios. Y un flujo constante de esta vida divina por el Espíritu es tan necesario para la continuidad del hombre en su estado redimido al igual que la luz y la humedad son esenciales para la vida continua de una planta. Una religión que no está totalmente cimentada sobre esta tierra sobrenatural, sino que está construida sobre cualquier grado de poderes humanos, sus razonamientos y conclusiones no tendrían ni siquiera una sombra de verdad en ello.  Tal religión deja al hombre con mera forma vacía e imágenes que no podrían restaurar la vida divina en su alma al igual que un ídolo de barro o madera podría crear a otro Adán.

El verdadero Cristianismo no es más que la continua dependencia de Dios por medio de Cristo para toda la vida, para toda la luz y para toda la virtud; y la religión falsa de Satanás es buscar esa bondad en otra fuente.  Por lo tanto, el verdadero hijo de Dios reconoce que "nadie puede recibir nada excepto que le sea dado desde arriba" (Juan 3:27). Toda bondad proviene de Dios tan seguro como toda vida proviene de Dios...

La caída del hombre desde su primer estado trajo la separación de Dios y por lo tanto de la vida, de la luz y de la virtud que está en Él. La salvación del hombre por lo tanto sólo puede ser efectuado por una conciliación de su espíritu con el Espíritu de su Creador. "Reconciliaos con Dios" (2 Corintios 5:20), escribió Pablo. Ni tampoco se puede lograr esta reconciliación por los esfuerzos del hombre, sino que por su propia naturaleza debe ser un regalo de Dios. Ningún hombre ni ángel podría manifestar amor, fe, ni deseo hacia Dios sin que una semilla viviente de estas afecciones divinas se haya formado primero dentro de él por el Espíritu de Dios.   De la misma manera, un árbol o una planta puede crecer y fructificar solamente por el mismo poder que primero dio a luz a la semilla de la que surgió; y así similarmente la fe, esperanza y amor hacia Dios puede crecer y fructificarse sólo por el poder mismo que creó la primera semilla dentro de ellos. Por lo tanto, la inspiración continua y el trabajo del Espíritu Santo en el espíritu del hombre no son menos esenciales para la salvación que Dios ha provisto por medio de Jesucristo, que el nuevo nacimiento mismo.

Esta vida divina en el hombre nunca puede nacer o provenir de él, sino que es un crecimiento de tal vida que es proveniente de Dios. Por lo tanto es la resistencia al Espíritu, el enfriamiento del Espíritu, la aflicción del Espíritu, lo que da crecimiento a todos los males que reina en una creación caída y deja a los hombres y las iglesias como una presa fácil y vulnerable para el mundo, para la carne y para el diablo. Nada más que la obediencia al Espíritu, el caminar en el Espíritu, la confianza en el Espíritu es necesario para la continua inspiración y es la única barrera que puede impedir a que los hombres sean pecadores o idólatras. Todo en la vida o en la religión del hombre que no tenga el Espíritu de Dios como su origen va a resultar en que su dirección y destinación vaya a ser solamente terrenal, sensual o diabólica.

La falta de completa sumisión a la voluntad de Dios y la incapacidad de darse cuenta de que nuestra salvación puede ser solamente por el poder del Espíritu Santo residente en el creyente y así formando la vida de Cristo en el corazón redimido, ha colocado a la iglesia Cristiana de hoy en día en la misma apostasía que caracterizó a la nación judía. Y ha ocurrido por la misma razón. Los judíos negaron lo que era la sustancia y el cumplimiento de todo lo que se enseñaba en su ley y los profetas. La iglesia Cristiana está en un estado de decadencia por el mismo rechazo del Espíritu Santo, quien fue designado a ser el poder para el cumplimiento de todo lo que fue prometido en el Evangelio. Y al igual que el rechazo de los fariseos de Cristo fue hecho por una profesión de fe en las escrituras mesiánicas, líderes de la iglesia de hoy rechazan la manifestación y el poder del Espíritu Santo en el nombre de sana doctrina.

La venida del Espíritu Santo ha sido para cumplir con el Evangelio de la misma manera que la venida de Cristo fue el cumplimiento de la ley y los profetas. Así como todos los tipos y figuras de la Ley eran solamente sombras vacías sin la venida de Cristo, de la misma manera el Nuevo Testamento es letra muerta sin el Espíritu Santo en hombres redimidos como el poder viviente de una salvación completa. Esto es claro en las siguientes palabras, "Os conviene que yo me vaya; porque  si no me fuese, el Consolador no vendría a vosotros; mas si me fuere, os lo enviaré" (Juan 16:7).  Sin la Cruz y sin la resurrección, Cristo no podría "irse."    Estos eventos preliminares hizo posible su ascensión, porque era "por su propia sangre que entró en la presencia de Dios para nosotros" (Hebreos 9: 12, 24). Por lo tanto la venida del Espíritu Santo, siendo el fruto de la muerte, resurrección y ascensión de Cristo, es esencial para el cumplimiento de la salvación que Cristo procuró.

Donde el Espíritu Santo no es honrado como el uno a través del cual toda la vida y poder de salvación del evangelio debe efectuarse, no es de extrañar que los Cristianos no tienen más conocimiento de la realidad del evangelio que los Judíos tenían de la pureza de la ley. No podría ser de otra manera que las mismas pasiones y vicios que prosperaban entre apóstatas Judíos se desatan con tanta fuerza hoy en día en el Cristianismo caído.  De la misma manera que el Antiguo Testamento no era de ningún valor sin la venida del Mesías, así también el Nuevo Testamento  sin la venida del Espíritu Santo ejerciendo Su poder sobre uno mismo, sobre el pecado y sobre los demonios, tampoco tiene ningún valor.  ¿Se necesita decir más para demostrar la verdad de que la única cosa absolutamente esencial para la salvación del hombre es el Espíritu de Dios que vive y trabaja en el espíritu del hombre? Y aunque todavía nos aferramos a una religión que no reconoce esto, eso nos está dando a entender que aún nosotros no estamos en ese estado redimido en nuestra comunión con Dios que es requerida por el evangelio.

TBC (The Berean Call)
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