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La Obra del Espíritu Santo en el libro de Los Hechos
#1
Por  O.H.  (adaptado y condensado)    

El libro de los Hechos es la historia del Espíritu Santo. En él vemos al Espíritu en acción, siempre dinámico.

Obra en las personas corrientes y en las extraordinarias. Sin esta gente no hay Iglesia. Sin iglesia no hay acción.
El Espíritu Santo está obrando en  la Iglesia del Señor a través de los creyentes.
 
Esta es la historia que nos narra Lucas.
Hombre modesto, Lucas no nos habla de sí mismo. Lo descubrimos entre líneas. En el Capítulo 16, Pablo y Silas se hallan en camino de Frigia y Galacia, pero el Espíritu Santo les prohíbe hablar el mensaje de Dios en Asia. Cuando llegan a Misia, tratan de entrar en Bitinia, pero, una vez más, el Espíritu no se los permite. Pasan por Misia y descienden a Troas, cuando una noche Pablo tiene una visión de un hombre macedonio que de pie lo llama: “Pasa a Macedonia y ayúdanos“  Cuando vio la visión, -explica Lucas- en seguida procuramos partir para Macedonia, dando por cierto que Dios nos llamaba para que les anunciásemos el Evangelio.  Zarpando, pues, de Troas, vinimos con rumbo directo a Samotracia, y el día siguiente a Neápolis; y de allí a Filipos, que es la primera ciudad de la provincia de Macedonia, y una colonia, y estuvimos en aquella ciudad algunos días. Y una día de reposo salimos fuera de la puerta, junto al río, donde solía hacerse la oración; y sentándonos, hablamos a las mujeres que se habían reunido. Entonces una mujer llamada Lidia (…) estaba oyendo; y el Señor abrió el corazón de ella…
 
¿Cómo le impidió el Espíritu Santo a Pablo que hablara el mensaje de Dios en Asia? ¿Cómo lo hizo volver a Bitinia y lo obligó a pasar por Misia camino de Troas?  ¿Fue quizás por medio de alguna enfermedad o a través de alguna circunstancia que el Espíritu reveló la voluntad del Señor, como a menudo lo hace?  ¿Habrá sido acaso por medio de un cierto médico llamado a cuidar a Pablo en Troas, a lo largo de extensas conversaciones con él sobre la condición moral y espiritual de la gente de aquellos pueblos, que Pablo recibió la visión del hombre de Macedonia que les dijo: “Ven y ayúdanos”? ¿Fue aquí, en Troas, que un hombre llamado Lucas llego a conocer a Cristo como su Salvador mientras estaba atendiendo, en cumplimiento de su profesión, al apóstol del Salvador del mundo? ¿Dirigió el Espíritu Santo a Lucas de manera que su camino se cruzara con el de Pablo en este lugar de la costa de Asia Menor inmortalizado por la poesía épica?  No lo podemos saber; pero esto sabemos: un escritor no profesional, con competencia profesional en la medicina se unió al grupo de Pablo, y en algún lugar, entonces o después, se convirtió en un soldado profesional del ejército del Señor Jesucristo para testificar del Espíritu obrando como lo hace a través de los creyentes en la Iglesia.
 
Así, Lucas, inspirado por el Espíritu Santo, nos cuenta la historia, en el lenguaje corriente de cada día, sin adornos literarios pero con feliz acierto y efectividad. Nos explica cómo el Espíritu de Dios obró para edificar su Iglesia  por medio de testigos vivos del Señor Jesucristo con la constante proclamación de la buena nueva del Evangelio, de perdón y nueva vida en su Nombre. Esto lo explicó a otra gente como ellos mismos y testificó cómo el Espíritu les había llevado a la redención que es en Cristo, liberándolos de la locura y futilidad de la vida sin Dios y sin esperanza en el mundo. Esta es la historia acerca de cómo la Iglesia creció en el poder del Espíritu desde Jerusalén a Antioquía para llegar a Europa y aún hasta la misma capital del imperio Romano.
 
Pero es una historia incompleta. Nos deja con el apóstol Pablo “predicando el reino de Dios y enseñando acerca del Señor Jesucristo, abiertamente y sin impedimento”
 
En el libro de los Hechos vemos a un hombre que tiene una historia que explicarnos. Es verdad que el Espíritu Santo obra de diversas maneras en la Iglesia. En esta historia Lucas nos cuenta cómo el Espíritu obra por medio de testigos que alcanzan a gentes que viven lejos de la Iglesia. Estas gentes son alcanzadas por los creyentes llenos del Espíritu que integran la Iglesia.  Es la historia de cómo gentes llenas del Espíritu Santo difundieron el Evangelio entre quienes no conocían al Señor Jesucristo, para que creyeran, se salvaran y fueran bautizados.
Es una historia de proclamación y de instrucción, de cómo el Espíritu de Dios puso al pueblo de Dios para proclamar la Palabra de Dios y dar lugar al nacimiento de nuevos hijos de Dios por el Evangelio.
 
El libro de los Hechos está lleno de comentarios sobre los maravillosos resultados de la obra del Espíritu: “La Palabra del Señor crecía”  Sin la continua proclamación del Evangelion (La buena nueva en Cristo) la Iglesia se hubiera extinguido en una generación. Pero la Iglesia sobrevivió y existe todavía por el poder del Espíritu Santo que impulsa a los creyentes a testificar su fe: no a testificar del hecho que ellos tienen fe, sino del hecho que Cristo es digno de nuestra fe. El que cree en Él no será confundido.
La historia de Lucas no está contada al estilo de los anuncios de la publicidad moderna. Porque, como dijera el profeta antiguo:“No con ejército, ni con fuerza, sino con mi Espíritu, ha dicho Jehová de los ejércitos” (Zac.4:6)   Los apóstoles no iban de un lado a otro haciendo con orgullo la propaganda del Espíritu Santo. Él no lo hubiera permitido, porque su misión no es hablar de sí mismo sino de las virtudes de Cristo.
 
Los apóstoles no se proclamaron a sí mismos, ni siquiera como receptores del Espíritu. Proclamaron a Cristo. Basta con que abramos una página del libro de los Hechos de los Apóstoles para reconocer que el Espíritu obra por medio de la proclamación del Evangelio.
 
El Espíritu es modesto en cuanto a sí mismo, pero no tiene reticencia cuando proclama a Cristo por medio del pueblo de Dios a otros a los que desea convertir en hijos de Dios.
 
No hay nada en los Hechos de los Apóstoles que se parezca en lo más mínimo a esa reticencia en hablar de Cristo que parece caracterizar a mucho de lo que hoy pasa por testimonio cristiano en el mundo moderno. Gentes dispuestas a hablar del viento y del tiempo, y hasta, a veces, de Dios como autor de ambas cosas, pero Cristo se les antoja demasiado personal para hablar de Él a los demás. ¡Pero no fue así con la gente antigua llena del Espíritu!
 
La historia de Lucas empieza de manera simple: En mi primer libro –nos dice, refiriéndose al Evangelio- empecé a escribir de todas las cosas que Jesús comenzó a hacer y enseñar… Después de la breve introducción, Lucas se lanza inmediatamente al término de su libro. Nos encontramos en primer lugar en Jerusalén. Con los apóstoles que nos son presentados por nombre, juntamente con la última mención de María, la madre de Jesús. Después va al corazón de su relato: la gran concentración de gente en Pentecostés. Lucas pone en labios de Pedro una somera explicación sobre el triste caso de Judas, para mejor comprensión de los gentiles que habrían de leer su libro, sobre todo de aquel a quien iba dirigido. Entonces, una vez hecha esta explicación, puede pasar a la lección principal: Pentecostés, cuando fueron llenos del Espíritu Santo.
 
Habiá entonces en Jerusalén varones religiosos de muchas procedencias. El alboroto que siguió a la primera manifestación espectacular del Espíritu dio ocasión a Pedro para pronunciar un discurso en el que predicó a Cristo como aquel cuyo Nombre era causa de salvación para cuantos en Él creyeran.
 
¿Qué ocurrió cuando estos  hombres llenos del Espíritu Santo se levantaron para proclamar el Evangelio?  Hablaron como Pedro, a la gente de su tiempo en la lengua de su tiempo. Les anunciaron la buena nueva del Cristo Redentor, con un entusiasmo tal que delataron la calidad del mensaje y que demostraba de por sí, que, en efecto, se trataba de una buena nueva. A la gente religiosa le hablaron como lo hizo Pedro. Las profecías del Antiguo Testamento hallaron cumplimiento. Cristo es el Mesías.  A otros, también religiosos pero no tanto, se les habló como luego lo haría Pablo. El Dios que creó los cielos y la tierra ha entrado en la historia humana. Hay una relación entre la redención y la creación, entre el pasado y el presente, entre Dios y toda la historia del hombre. En el centro, Jesucristo, enviado por el Padre y nacido de mujer, verdadero Dios y verdadero hombre, que “murió por nuestros pecados conforme a las Escrituras, y que fue sepultado, y que resucitó al tercer día, conforme a las Escrituras” (1ª Co.15:3)    
 
En el libro de los Hechos vemos una gran preocupación por el Evangelio, pero ninguna en absoluto por los métodos de la evangelización. Los apóstoles predicaron en sinagogas e invitaron a las almas a sus propias casas. Por lo visto, no nos toca a nosotros escoger el tiempo y el lugar. No podemos decir que no hubiera habido planificación en los varios viajes del apóstol Pablo, o que no hubiera preparado de antemano llegar hasta Roma. Con todo ¿quién planeó el viaje a Troas? ¿Quién planeó que compareciera ante Festo y Agripa? ¿Quién puede predecir los grandes eventos que el Espíritu Santo es capaz  de llevar a cabo, cuando se pone en acción?  
Si leo correctamente el libro de los Hechos, me doy cuenta de que todos los proyectos que puedan hacer los ejecutivos de iglesias para diez o veinte años podrán acaso servir para algo pero la mayoría de los planes se tornarán esfuerzos perdidos. El Espíritu obra. Él nos dicta el tiempo justo que hay que esperar y aquel en que hay que obrar. Los planes podrían incluir persecución, una cosa que a menudo no prevemos, o acaso significar tanta bendición que sobrepase nuestros cálculos.           
 
(Continuará)   
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#2
La persecución en Jerusalén, descrita en Hechos 8, fue como un desastre para la iglesia de aquel tiempo. Bajo la administración del Espíritu, sin embargo, se convirtió en una gran cosa. Los que debieron huir fueron predicando el Evangelio. Salieron con lágrimas y pesar pero volvieron anunciando la instauración de nuevas comunidades. El Espíritu está en acción cuando quiere y como quiere. La lección del Espíritu es que nadie debiera desanimarse en la proclamación del Evangelio. El evangelio contiene su propio dinamismo, que no puede ser contenido. 

El Espíritu obra a través del Evangelio y ¿quién podrá predecir lo que hará? Podría dar muchos ejemplos del modo como el Espíritu obra en modo inesperado en la proclamación del Evangelio, y contaré cómo una mujer aceptó visitar a cuatro familias en un esfuerzo de alcanzar a los de fuera de la iglesia. Como ella no tenía automóvil, alquiló un taxi y concertó con su propietario que la viniera a buscar cada noche a una hora determinada para ir a hacer dichas visitas. Invitó a la primera familia para que acudiera a las reuniones de la iglesia. Fue una decepción; nadie quiso ir. La segunda noche le aguardaba otra decepción, nadie quiso ir tampoco. Lo mismo la tercera noche. Y, a la cuarta, su persistencia fue premiada: otra vez nadie quiso acudir, ¡excepto el taxista! 

El Espíritu Santo hace su propia obra, a su manera, y en su tiempo. Todo lo que el Espíritu nos pide a los testigos fieles es que seamos honestos, que no usemos trucos ni subterfugios y que demos un claro testimonio de Jesucristo. Usted puede ir de casa en casa o a muchos hogares al mismo tiempo, pero la historia puede repetirse siempre igual . El Espíritu no tiene nada que ver con sistemas. Es un Espíritu honesto y modesto, y pide honestidad y modestia en aquellos con los cuales y a través de los cuales trabaja.
 
Hay lugar para la predicación en el esfuerzo de la iglesia para alcanzar a los de fuera. También lo hay para la enseñanza por el mismo Espíritu. Ahora bien, en el libro de los Hechos de los Apóstoles hay muy poca diferencia evidente entre la predicación y la enseñanza cuando el Espíritu está obrando. Proclamación sin instrucción puede ser algo extremadamente superficial. Instrucción sin proclamación puede ser actividad nula. La predicación y la instrucción, la proclamación y la enseñanza van siempre juntas. Los apóstoles proclamaron la buena nueva en Cristo, y luego se daban a la enseñanza instruyendo a la gente, para que pudieran crecer en la gracia y el conocimiento de Cristo. Se nos dice en los Hechos que Pablo permaneció en cierto lugar más de un año y medio enseñando a muchas personas a las que había ganado para Cristo por la proclamación del Evangelio. En cada caso, vemos que se hacían arreglos para dar lugar a la instrucción para que la fe de los nuevos convertidos pudiera tener sólidas bases de convicción espiritual. 
 
En el fondo de todo esto existe un principio: Cristo murió por todos. Por consiguiente no hay distinción. A nadie le  podemos decir sucio si Dios lo ha redimido con su sangre. Pedro tuvo que aprender esto;  Pedro tuvo que aprenderlo; y Felipe, y todos nosotros tenemos que aprenderlo. Algunos tendrán que hacerlo a la manera de los Apóstoles, por medio de amargas experiencias. Pero Dios no hace discriminación. Todos son pecadores, pero por la gracia de Dios muchos han sido redimidos por Cristo y han sido colocados en un plano distinto toda vez que Dios los ha salvado en Cristo haciéndolos libres. El Señor Jesucristo se ofreció a sí mismo, por su muerte, para que pudiera llegar a ser el medio por el cual los pecados de los hombres sean perdonados por la fe, limpios en su sangre. Concluimos, pues, que un hombre hace la paz con Dios sólo por medio de la fe, no por las obras de la ley. ¿Es Dios solamente Dios de los judíos? ¿No lo es también de los gentiles?  Desde luego que lo es. Dios es uno. Y soluciona el problema de los judíos sobre la base de su fe, y el de los gentiles también sobre la base de su fe.
 
La misión  de proclamar y enseñar, que recae sobre la iglesia, va dirigida a los creyentes. Si así no fuera, es que el Espíritu Santo no estaría obrando. También va dirigida a todos los incrédulos para salvación. No nos toca a nosotros escoger nuestro auditorio y decidir cuáles y quiénes son aquellos que Él llama.
 
Ahora bien, no puede separarse la fe de las obras. Obras de misericordia que adornen la proclamación oral del Evangelio. El testimonio de palabra que no esté apoyado con el testimonio de una buena conducta  y un buen ministerio de misericordia, no sirve para nada. En realidad puede ser peor, ya que puede dar a la gente la impresión de que la enseñanza cristiana, la fe de Cristo, sólo es cuestión de palabras y nada más. Una nueva época se inaugura en todo lugar donde se proclama el Evangelio, se cree, y se le sigue. La proclamación  de la vida, la muerte y la resurrección de Jesucristo no es algo que la gente tenga que pensar mucho. Con toda naturalidad viene a las personas que son inmersas en la nueva vida. Ananías fue hasta Saulo, Saulo fue lleno del Espíritu Santo. La ceguera dejó a Saulo, y pudo ver de nuevo. Y el que era fariseo se dedicó desde entonces a la proclamación del Evangelio a los gentiles.
 
No fue el primer caso de prejuicio racial o religioso deshecho por Dios, y, ciertamente, no será tampoco el último.
 
En el libro de los Hechos  se nos anuncia una nueva época, la época del Espíritu Santo. El Espíritu ha entrado en el mundo, obrando en la Iglesia por medio de los creyentes. Es el Espíritu del Cristo vivo y exaltado a la diestra de Dios. El Espíritu ha venido a morar en los creyentes porque Cristo ha sido exaltado. En donde quiera que el Espíritu está obrando en el mundo allí hay lo que llamamos la fraternidad del Espíritu. Esta fraternidad es la Iglesia del Señor. Porque la Iglesia se compone de personas; el Espíritu santo obra en la Iglesia a través de las personas. Son gente que ya no puede aceptar su propio orgullo ni sus propios prejuicios como árbitros de sus acciones. Ellos piensan que el Espíritu Santo ha revelado la voluntad de Dios para el mundo y ha testificado constantemente acerca del Salvador, por la Palabra, al mundo y por el Espíritu Santo.
 
Jesús, el Hijo de Dios enviado por el Padre, es el Salvador del mundo perdido. Este es el testimonio del Espíritu del Dios vivo. Jesús, Hijo de Dios y Salvador del mundo, es nuestra esperanza, como lo es de una multitud de gentes en las cuales el mismo Espíritu ha obrado el milagro de la fe. Esto dice la Iglesia, nosotros, en cada nuevo comienzo. Y esto es lo que le decimos justamente ahora al mundo: “Si confesares con tu boca al Señor Jesús y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo” Esto incluye a todos, porque no hay diferencia entre judíos y gentiles; Dios es el mismo Señor de todos, y bendice abundantemente a todos lo que le invocan: “Todo aquel que invocare el Nombre del Señor será salvo”  Pero, ¿Creerán si no oyeren el mensaje? ¿Cómo oirán si no hay quien les predique? ¿Cómo podrá ser predicado el mensaje, si no hay quien sea enviado?   
 
Allí donde los mensajeros salen a la obra, allí donde el mensaje es predicado, allí donde la gente cree e invoca el Nombre del Señor y almas son salvadas, allí está el Espíritu Santo obrando poderosamente. Él está siempre obrando por medio de los creyentes integrando la Iglesia que el Señor edifica.          
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#3
tengo una pregunta respecto al tema, El titulo del tema dice ¨La Obra Del Espiritu Santo En el libro de los Hechos¨
El Espiritu santo y su manifestacion esta para todos en estos postreros tiempos, o solo fue en el libro de los hechos?
Operacion y  manifestacion De El.

Quedo Atento a sus Respuestas
Responder
#4
Hola lanm02:
Bienvenido al foro!
Tu pregunta tiene respuesta en el contenido mismo del escrito. Por favor vuelve a leerlo, y luego nos comentas si te queda alguna inquietud.

Heriberto
Responder
#5
(11-08-2015, 07:13 PM)lanm02 escribió: tengo una pregunta respecto al tema, El titulo del tema dice ¨La Obra Del Espiritu Santo En el libro de los Hechos¨
El Espiritu santo y su manifestacion esta para todos en estos postreros tiempos, o solo fue en el libro de los hechos?
Operacion y  manifestacion De El.

Quedo Atento a sus Respuestas

el libro de los hechos, se refiere a los primeros actos de la iglesia primitiva alli es el comienzo de la obra redentora del Espiritu santo, pero todo no quedo alli, pues los que creemos en el padre, en su unigenito hijo como redentor y salvador, y en su Espiritu santo como el Guiador de nuestra fe, somos templo y morada del Espiritu santo y su obra y manifestaciones siguen a los que pueden creer hoy dia.
Responder
#6
Estimado Josué: 

Respecto del Espíritu Santo, escribiste: "su obra y manifestaciones siguen a los que pueden creer hoy dia."
¿Qué entiendes por "manifestaciones"?  Sería bueno aclararlo. 

Gracias!
Heriberto
Responder
#7
(02-10-2015, 12:22 AM)Heriberto escribió: Estimado Josué: 

Respecto del Espíritu Santo, escribiste: "su obra y manifestaciones siguen a los que pueden creer hoy dia."
¿Qué entiendes por "manifestaciones"?  Sería bueno aclararlo. 

Gracias!
Heriberto

1 de corintios
12:7 Pero a cada uno le es dada la manifestación del Espíritu para provecho.
12:8 Porque a éste es dada por el Espíritu palabra de sabiduría; a otro, palabra de ciencia según el mismo Espíritu;
12:9 a otro, fe por el mismo Espíritu; y a otro, dones de sanidades por el mismo Espíritu.
12:10 A otro, el hacer milagros; a otro, profecía; a otro, discernimiento de espíritus; a otro, diversos géneros de lenguas; y a otro, interpretación de lenguas.
12:11 Pero todas estas cosas las hace uno y el mismo Espíritu, repartiendo a cada uno en particular como él quiere.

los ministerios son manifestaciones del mismo Espiritu
4:11 Y él mismo constituyó a unos, apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelistas; a otros, pastores y maestros,
4:12 a fin de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo,

de los cuales a mi juicio solo tres de estos cinco ministerios nos siguen hoy dia,
los cuales son; evangelistas,pastores y maestros.

1 de corintios
12:27 Vosotros, pues, sois el cuerpo de Cristo, y miembros cada uno en particular.
12:28 Y a unos puso Dios en la iglesia, primeramente apóstoles, luego profetas, lo tercero maestros, luego los que hacen milagros, después los que sanan, los que ayudan, los que administran, los que tienen don de lenguas.
12:29 ¿Son todos apóstoles? ¿son todos profetas? ¿todos maestros? ¿hacen todos milagros?
12:30 ¿Tienen todos dones de sanidad? ¿hablan todos lenguas? ¿interpretan todos?
12:31 Procurad, pues, los dones mejores. Mas yo os muestro un camino aun más excelente.

ha mi juicio solo apostoles, profetas son los unicos dos que no estan, vigentes hoy dia , de restro todo demas aun se manifiesta en la iglesia hoy dia.

Dios les bendiga
Responder
#8
Mira Josue. Tus expresiones dan que pensar que tienes cierto grado de enojo y molestia continuamente hacia nosotros. Como si estuvieras en otro bando respondiendo y guardándote algunos pensamientos para ti solo que no deseas expresar del todo (no te acuso, pero da esta impresion)

Fijate que debatir por ejemplo de alguna rama profesional se discuten solo los conocimientos de la rama profesional donde no tienen nada que ver los aspectos personales. Sin embargo en la Biblia todo lo que se describe encierran los aspectos espirituales y si en algo no se congenia solo apunta a que en lo personal alguna de las partes a comprendido mal o se aprendió mal. Todo lo que queda es que, o se es sincero y se explican estos detalles, o se esconden tercamente tratando de convencer a la fuerza algo que es anti bíblico.

Tu tratas de convencernos a la fuerza algo anti bíblico. Si bien es cierto que el Padre, el Hijo y el Espiritu son la misma persona; la Biblia nunca enseña de que oremos o hablemos con el Espiritu porque El solo tiene una función determinada.

El hecho de que no estemos de acuerdo tu lo atribuyes a que somos inmaduros o simplemente no tenemos al Espiritu y por ello no comprendemos.

El hecho de que Dios no nos lo permite tiene sus razones y una en especial es que en realidad estaras hablando con espiritus demoniacos y que a la larga entraras inmerso a todo tipo de confusión doctrinal sintiendote (para ti mismo) un docto.

Se te pregunta no como enemigo sino con intenciones de ayudarte, pero primero debes de alguna forma bajarte de ese ego que lo tienes de muy alta estima.

El hecho de que hables con el Espiritu son indicios que mas bien te has estado engañando a ti mismo por mucho tiempo y nos da como una prueba preocupante de que mas bien no hayas nacido de nuevo. De esta manera no solo te confundes tu mismo sino que confundes a otros.

El punto es que hablas y oras al Espiritu y no quieres aceptar que esto no es correcto y es anti bíblico ademas de otras manifestaciones del Espiritu de las que me parece que evades contestar.

Willy
Responder
#9
(13-10-2015, 04:22 PM)Willy escribió: Mira Josue. Tus expresiones dan que pensar que tienes cierto grado de enojo y molestia continuamente hacia nosotros. Como si estuvieras en otro bando respondiendo y guardándote algunos pensamientos para ti solo que no deseas expresar del todo (no te acuso, pero da esta impresion)

no es asi, Dios sabe que no es enojo, pero no puedo hablarles como a maduros, porque no lo son, por un tiempo trate de hablar como si hablara a mi mismo, con amor y mansedumbre , pero son de dura cerviz, pero aunque no lo creas aun hay amor en lo que digo y no amargura ni molestia.

Fijate que debatir por ejemplo de alguna rama profesional se discuten solo los conocimientos de la rama profesional donde no tienen nada que ver los aspectos personales. Sin embargo en la Biblia todo lo que se  describe encierran los aspectos espirituales y si en algo no se congenia solo apunta a que en lo personal alguna de las partes a comprendido mal o se aprendió mal. Todo lo que queda es que, o se es sincero y se explican estos detalles, o se esconden tercamente tratando de convencer a la fuerza algo que es anti bíblico.

Tu tratas de convencernos a la fuerza algo anti bíblico.

el hecho de que no lo creas no es que sea antibilico porque hasta ahora he dado bases biblicas bien fudamentadas solo que ni las meditan porque ya ustedes lo saben todo al pareser

Si bien es cierto que el Padre, el Hijo y el Espiritu son la misma persona; la Biblia nunca enseña de que oremos o hablemos con el Espiritu porque El solo tiene una función determinada.

El hecho de que no estemos de acuerdo tu lo atribuyes a que somos inmaduros o simplemente no tenemos al Espiritu y por ello no comprendemos.

El hecho de que Dios no nos lo permite tiene sus razones y una en especial es que en realidad estaras hablando con espiritus demoniacos y que a la larga entraras inmerso a todo tipo de confusión doctrinal sintiendote (para ti mismo) un docto.

Si yo por el Espiritu de Dios hablo, con argumento y te haces sordo para oir, atribuyendo a otro espiritu lo que proviene de El, El mismo sera tu juez, pero ten cuidado puede que estes blazfemando de Quien no conoces,

No soy docto, pero si entendido.



Se te pregunta no como enemigo sino con intenciones de ayudarte, pero primero debes de alguna forma bajarte de ese ego que lo tienes de muy alta estima.

lo que pasa es que estas acostumbrado a que te traten como a maestro, por eso lo dices, no estimo nada, solo ya no puedo hablar como a espirituales porque no lo son
El hecho de que hables con el Espiritu son indicios que mas bien te has estado engañando a ti mismo por mucho tiempo y nos da como una prueba preocupante de que mas bien no hayas nacido de nuevo. De esta manera no solo te confundes tu mismo sino que confundes a otros.

bien he sabido yo lo que personas como tu, no pueden entender, blazfemando quien no conocen,

si la confucion es mia dime;

de quien soy templo?
quien es el Espiritu que esta en mi?
de Quien es lo que hablo?


[/font]
El punto es que hablas y oras al Espiritu y no quieres aceptar que esto no es correcto y es anti bíblico ademas de otras manifestaciones del Espiritu de las que me parece que evades contestar.

el hecho es que no crees y no le das lugar, no le tomas en cuenta, y no lo tratas como la persona que es, me refiero al que esta a tu lado, y digo que esta a tu lado porque si fueras templo de El me reconocerias, me refiero al Espiritu santo de Dios el cual es el unico Dios y salvador.


y me dices que yo tengo el problema.

si no pueden digerir la leche, porque habria de dar algo solido

Willy
Responder
#10
También hay otro tipo de manifestaciones:

Gálatas 5: 16 Digo, pues; Andad en el Espíritu, y no satisfagáis los deseos de la carne. 17 Porque el deseo de la carne es contra el Espíritu, y el del espíritu contra la carne; y estos se oponen entre sí, para que no hagáis lo que quisiereis.

Y entre los versículos siguientes, quiero destacar el verso 20 el cual dice:

20 idolatría, hechicerías, ENEMISTADES, PLEITOS , celos, IRAS, CONTIENDAS, DISENSIONES, herejías,
21 envidias homicidios, borracheras, orgías y cosas semejantes a estas; acerca de las cuales os amonesto, como ya os he dicho antes, que los que practican tales cosas no heredarán el reino de Dios

Hablar de prácticas, habla de una manera de comportarse derivado de su ser y de herejía, es atribuirle o quitarle a Dios sus atributos y ministerio.
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