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EL CENTINELA
#1
Ezequiel fue llamado a ser profeta después de que fue llevado en cautiverio a Babilonia. Desde el principio de su ministerio, Ezequiel sabía que su camino sería difícil - él sabía que la gente no iban a estar receptiva a su mensaje; "Te estoy enviando a un pueblo obstinado y terco" (Ezequiel 2:4). Pero aún, desde el principio, Dios dejó claro que Ezequiel era el responsable de proclamar la verdad: "Hijo de hombre, yo te he puesto por atalaya a la casa de Israel;  oirás, pues, tú la palabra de mi boca, y los amonestarás de mi parte. 
Cuando yo dijere al impío: De cierto morirás; y tú no le amonestares ni le hablares, para que el impío sea apercibido de su mal camino a fin de que viva, el impío morirá por su maldad, pero su sangre demandaré de tu mano.”  (Ezequiel 3:17-18)
 
Dios llamó a Ezequiel y claramente le dio un mensaje de verdad que esperaba que compartiera; “Y me dijo: Hijo de hombre, toma en tu corazón todas mis palabras que yo te hablaré, y oye con tus oídos. Y ve y entra a los cautivos,  a los hijos de tu pueblo, y háblales y diles: Así ha dicho Jehová el Señor;  escuchen, o dejen de escuchar.  (Eze. 3:10/11)    
Ezequiel no fue responsable por cuantas personas seguían en obediencia la Palabra de Dios; pero definitivamente fue responsable de compartir el mensaje que Dios le dio. 

El llamado de Dios no está reservado para pastores, misioneros, o líderes de ministerios. Su llamado es para cada uno de nosotros quienes escuchamos Su mensaje de perdón. Sí, el mundo todavía está lleno de gente "obstinada y terca" (probablemente no tenemos que buscar más allá del espejo); pero las verdades de Dios son buenas nuevas que pueden salvar vidas y dar esperanza - es una verdad que tiene que ser compartida. 

Ahora viene la parte difícil: Compartir la verdad de Dios no es una parte opcional de nuestro caminar. Cada uno de nosotros hemos sido llamados y nos es dado un campo misionero en el cual tenemos que ministrar; y somos responsables de nuestro ministerio dentro de este campo. Tome nota de que no somos responsables por la reacción o respuesta, solamente por nuestra acción o inacción; "Así que comete pecado todo el que sabe hacer el bien y no lo hace" (Santiago 4:17). Fallar en responder a la guía de Dios es pecado! 

¿A cuál campo Dios te ha llamado ahora? ¿Cuál es el mensaje que ha puesto en tu corazón? Hay familia, amigos, y compañeros de trabajo que necesitan desesperadamente oír el mensaje del Evangelio. Hay personas alrededor de nosotros que necesitan ser motivadas a acercarse a Dios; motivadas a perdonar y restaurar relaciones; motivados a vivir según quienes son en Cristo. Este es nuestro campo misionero y este es nuestro mensaje! Tenemos que compartir en obediencia, en amor, y bajo la guía del Espíritu Santo, aún si nadie escucha. 
Somos los centinelas de Dios sobre cualquier campo que El provea. Acerquémonos a Él y amémosle a Él con todo nuestro corazón, tan cerca de Su lado que Su mensaje y dirección sean claras. Tenemos que proclamar Su verdad dondequiera que nos dirige. Aceptemos la responsabilidad de un centinela.
                                                                                                                                                            
                                                                                                                                                                 Steve Troxel
 
(Enviado por MAGNOLIA)  

(Tomado y condensado de la lista de correo de "Siguiendo sus Pisadas")  
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