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Los diez ataques principales contra la historicidad de la Biblia
#1
Los diez ataques principales contra la historicidad de la Biblia

Muchos escépticos aseguran que la Biblia simplemente provee a los lectores modernos mitos y ficciones literarias del mundo antiguo. Basándose en esto, niegan las verdades que hay en ella y rechazan la necesidad de una fe personal. Estos ataques contra la confiabilidad histórica de la Palabra de Dios son a menudo publicados, justo antes de los principales días de fiesta judíos o cristianos… ¡Argumentando que se trata de sensibilidad multicultural!

Una noticia de primera página en el periódico Los Angeles Times se titulaba «Dudando de la historia del Éxodo». Presentaba el reportaje del moderno rabino conservador David Wolpe del templo Sinaí en Westwood, California, quien compartió su escepticismo acerca del recuento histórico del Éxodo bíblico en su sermón de Pascua, dijo: «La realidad es que virtualmente todos los arqueólogos modernos que han investigado la historia del Éxodo, con unas pocas excepciones, están de acuerdo en que la forma cómo se describe, no fue cómo ocurrió, si es que acaso ocurrió». ¡Qué manera tan extraña de conmemorar la Pascua!

No sorprende, que la revista Newsweek, notoria por su punto de vista super crítico de la fe evangélica, iniciara la temporada de Pascua del año 2010, con nada más y nada menos, que una historia de fe en su propia portada, que decía: «Reevaluando la Resurrección», citando a continuación al erudito alemán del Nuevo Testamento Gerd Lüdemann, quien llamó el reclamo histórico de la resurrección física de Jesús, «una fórmula vacía que debe ser rechazada por cualquiera que tiene un punto de vista científico del mundo». El autor del artículo de buena gana incluyó la opinión del erudito de «que el cuerpo de Jesús se descompuso en la tumba». ¡Qué hermosa manera
de decir: «Feliz día de resurrección»!

Estos ataques contra el valor histórico de la Biblia no son nada nuevo, y no cesarán. Podemos esperar diversas formas de saludar las temporadas festivas, de parte de los canales estadounidenses de televisión de Historia, Discovery, de los sistemas públicos de transmisión, y otros canales “educacionales”. Pero el problema real es que la mayoría de estos reclamos, están encaminados a eliminar las historias más importantes de la Escritura.

Si las afirmaciones históricas de la Biblia no son ciertas, entonces lo lógico es dudar también de las doctrinales. Pablo, el rabino y apóstol del primer siglo, dijo a los creyentes en Corinto: “Y si Cristo no resucitó, vana es entonces nuestra predicación, vana es también vuestra fe. Y somos hallados falsos testigos de Dios; porque hemos testificado de Dios que él resucitó a Cristo, al cual no resucitó, si en verdad los muertos no resucitan” (1 Co. 15:14, 15).

Uno puede decir de manera similar, que si el Éxodo no ocurrió, nuestra fe en el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo es en vano. O tal como algunos han cuestionado sobre la historia bíblica de Josué y la conquista de Jericó, diciendo: «Si los muros de Jericó no se cayeron milagrosamente, ¿es nuestra fe vana?». Obviamente, las implicaciones para nuestra fe son enormes si hacemos concesiones a todas las críticas que se hacen para tratar de rebajar la confiabilidad histórica de la Biblia. La siguiente lista nos provee las diez objeciones más comunes en contra de la Palabra de Dios, entre los círculos académicos hoy:

• Moisés realmente no escribió el Tora, los cinco primeros
libros de la Biblia.
• El registro de la creación es una copia de diversas
mitologías antiguas.
• La historia del diluvio que narra el Génesis fue copiada
de la mitología.
• Las narrativas bíblicas sobre los patriarcas no son
históricas.
• El libro de Isaías en su mayor parte, fue escrito por
otras personas, y probablemente ninguno de ellos era
Isaías.
• El libro de Daniel no es profético, en lugar de eso,
es una historia fabricada de manera muy inteligente,
para que parezca profecía.
• El problema sinóptico: Los evangelios de Mateo,
Marcos y Lucas, no coinciden el uno con el otro, ni
con Juan.
• El evangelio de Juan es antisemita y diferente de los
otros.
• La historia real de Jesús es diferente a la que retratan
los evangelios en el Nuevo Testamento.
• Pablo fundó una nueva religión que abandonó casi
todas las enseñanzas de Jesús.

Pero... ¿hay alguna respuesta para estos escépticos? ¿Cómo podemos responder por nuestra fe en la confiabilidad de la Biblia? Mientras se han ofrecido objeciones específicas por eruditos creyentes, la mejor forma de evaluar estos reclamos es considerar el punto de vista mundial detrás de cada difamación. Pero... ¿Cuáles son las suposiciones previas que motivan a una persona para leer la Biblia con incredulidad, con el sólo propósito de buscar supuestos errores? Cuando entendemos el punto de vista básico sobre la vida, la realidad, verdad o credulidad que yace debajo de todo este criticismo, es fácil ver cómo se llega a tales conclusiones respecto a la Palabra de Dios, cómo A conduce a B, y B termina por llevar a C.

Pero... ¿Qué hay en el corazón de todos estos ataques? ¿Por qué los críticos desean que aceptemos un Jesús históricamente fabricado, complemente opuesto al Jesús de la Biblia? ¿Se trata acaso de inquietud honesta de parte de los eruditos tratando de descubrir los hechos históricos sobre el Señor y sus enseñanzas? ¿O es algo mucho más siniestro lo que está obrando detrás de esta búsqueda por pruebas arqueológicas y exactitud histórica?

¿No será acaso que el mensaje de la Biblia de un Dios Todopoderoso que juzga los asuntos del hombre (y a quien todos tendremos un día que rendirle cuentas), ya no es aceptable para las sensibilidades contemporáneas? Tal vez es el reclamo exclusivo de Jesús, quien dijo: “Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí” (Jn. 14:6), ya no es aceptable en la diversidad cultural y religiosa de la arena pública del posmodernismo. Estos ataques no están dirigidos a una comprensión mejor, y más históricamente exacta de la Biblia, sino en desacreditarla.

Es por esta razón que no podemos simplemente quedarnos cruzados de brazos esperando por las consabidas “críticas educacionales”, que no son más que nuevos ataques contra la historicidad de la Biblia y luego preparar nuestra defensa. Debemos ocuparnos de los sistemas subyacentes que causan este tipo de ataques que son recibidos de muy buena gana. Tenemos que ser más hábiles para participar en la visión apologética del mundo, defendiendo la fe bíblica de una manera que penetre más allá de los ataques individuales y que averigüe qué es lo que los causa. Que investigue cuáles son las suposiciones previas que se sostienen comúnmente en nuestra cultura, que permiten que tales ataques ganen fuerza.

Pero... ¿por qué este punto de vista mundial es tan importante? Un punto de vista mundial es un enfoque global para responder a las grandes preguntas de la vida, tal como: por qué estamos aquí, hacia dónde avanza el mundo, lo que deberíamos hacer o no hacer, lo que es verdadero o falso, y así sucesivamente. Nuestra visión del mundo, proporciona una estructura o punto de partida desde el cual podemos interpretar toda la vida, como por ejemplo, la política, historia, cultura, ciencia, religión, economía, ética, etc. La realidad es que todo es interpretado a través de los lentes de nuestra visión mundial. Y así estemos conscientes o no de ello, todos tenemos un punto de vista mundial.

Es posible dividir la historia intelectual en tres épocas fundamentales: premoderna, moderna y posmoderna. Un breve repaso general de estas eras nos permitirá hacer algunas pocas observaciones respecto a la Biblia y la historia. El punto de vista premoderno de la realidad de la civilización europea u occidental, traza su historia más del Oriente, la cuna de la civilización, mucho más de lo que la mayoría de nosotros nos damos cuenta. En lugar de comenzar en Atenas y Roma, el occidente tiene raíces más profundas en el oriente, en centros intelectuales como Babilonia, Egipto, Jerusalén y Estambul, es decir Constantinopla. La filosofía griega, que proveyó los principios y guías del pensamiento occidental, estaba saturada de la mitología pagana politeísta. No había ateos en los tiempos antiguos, el concepto de la vida aparte de la creencia religiosa, simplemente no encajaba con la visión del mundo de entonces. Algunos desarrollaron prácticas supersticiosas, tal como la idea de que los seres no humanos y los objetos naturales tenían alma, creencia que se conoce como animismo. Cada sociedad adoraba y creía en lo divino. Fue así como se le dio nombre de dioses a las diversas virtudes; tal como la diosa del amor, de las fuerzas, como las tormentas, la cantidad de dioses en que creía la gente tuvo que ser reducida a un número manejable.

Incluso a pesar de la propagación de las tres religiones monoteístas: el judaísmo, cristianismo y el islam, muchas comunidades europeas retuvieron las supersticiones locales. Como el catolicismo romano creció en poder, terminó por producir una mezcla de ortodoxia bíblica y paganismo que mantuvo por siglos a los pueblos europeos víctimas del engaño.

La corrupción en el papado, la construcción de grandes catedrales a costa de altos impuestos sobre los ciudadanos, las conversiones forzadas bajo los cruzados, la venta de indulgencias y otras prácticas problemáticas fueron impuestas sobre una población mayoritariamente analfabeta que no tenía la habilidad para leer la Biblia por sí misma y ciertamente mucho menos en sus propios idiomas. Tales problemas crearon un clima en el que muchos estuvieron dispuestos a considerar las demandas de los reformadores protestantes y aprender a leer la Biblia en su lengua materna.

La edad de la razón

La fundación de nuestro sistema educativo moderno es el racionalismo. Todos somos afectados por la edad científica de la razón. Después del renacimiento italiano, la Reforma protestante, y la propagación de los ideales de la Ilustración en Europa, la razón se convirtió en el fundamento de la sociedad moderna. Las personas educadas ya no podían ser mantenidas en la oscuridad por esos que los manipulaban política o religiosamente, porque ahora tenían «ilustración», conocimiento. Ya no había más poblaciones analfabetas que creían simplemente lo que les decían sus filósofos, los gobiernos y los líderes religiosos. Muchos de los que fueron víctimas de los poderes religiosos abusivos a través de toda Europa estaban dispuestos a adoptar un nuevo enfoque de la verdad. El modelo empírico sugería que el conocimiento se obtiene a través de los sentidos. Uno sólo puede creer las cosas que puede tocar, gustar, ver, oír, u oler, es decir, cualquier cosa que se experimente por medio de la percepción sensorial.

El escepticismo científico proveía seguridad contra los estafadores intelectuales que se nutrían de las personas ingenuas. La revolución científica del racionalismo se impuso en todo occidente, en Europa y América, y los filósofos empezaron a cuestionar la noción de la fe religiosa por completo. Empezaron a preguntarse: tal vez no hay Dios, y si no hay Dios las profecías no pueden suceder, y si las profecías no se cumplen, entonces sus reclamos deben ser afirmaciones falsas, inventadas para que luzcan como profecía. Claro está, esto no deja espacio para el reclamo de la Biblia que es divinamente inspirada.

Esos que intentaron fusionar sus compromisos religiosos con el racionalismo posterior a la Ilustración, esperaban que la arqueología bíblica solucionaría el asunto de la confiabilidad histórica de la Escritura. Si la arqueología podía probar que los eventos ocurrieron tal como afirma la Biblia, entonces podríamos estar seguros que es verdad. Pero la arqueología no es una ciencia exacta. Los hallazgos deben ser interpretados.

Además, de no proporcionar un registro completo, muchos sitios no han sido excavados, y uno no puede predecir cuál será el siguiente descubrimiento. A pesar de estas limitaciones científicas de la investigación arqueológica, el enfoque histórico-crítico del modernismo asume que los textos bíblicos son culpables hasta que se demuestre lo contrario. No es que la arqueología desmienta la Biblia, sino que los textos históricos como la Escritura no merecen nuestra confianza hasta tanto no son juzgados dignos de la evidencia y la autoridad superior del racionalismo científico. La arqueología nunca puede satisfacer las demandas del racionalismo y el escepticismo siempre puede producir más preguntas que las que responden las pruebas.

La posmodernidad del mundo en que vivimos

El posmodernismo no tiene lugar para la verdad. Es éticamente neutral. En este sistema nadie está equivocado, a menos que demuestre que otros sí lo están. Frases como estas que son tan populares en Estados Unidos y que pueden verse pegadas en calcomanías en las defensas traseras de los autos y en carteles, resumen la mentalidad que prevalece en nuestros días: «Detesto a las personas intolerantes», «Mi karma supera a tu dogma», «Las hadas son reales» y «Todas las generalizaciones son falsas, incluyendo ésta».

Como los métodos científicos de los modernistas no podían responder los insolubles misterios del mundo sobrenatural, el posmodernismo le abrió la puerta al misticismo y al neopaganismo: a la creencia en las energías espirituales en la naturaleza, tal como en el fen shui, un arte milenario que intenta utilizar los elementos a nuestro alcance para hacernos más favorables las energías del planeta, la autorealización, la meditación, los viajes en el tiempo, los horóscopos, los guías espirituales, la adivinación y cosas similares.

El posmodernismo aprecia lo espiritual y lo sobrenatural, pero no puede aceptar a nadie que asegure conocer la verdad acerca de tales temas. Dios está en todo, ¡pero el Señor Jesucristo está claramente fuera! Usted puede ser espiritual, pero no moleste a las personas con la Biblia y su reclamo de que es la Palabra infalible de Dios. Este escepticismo extremo permite la verdad personal, pero no la verdad absoluta, de ahí la frase tan popular: «Tal vez sea verdad para usted, pero no para mí».

Entonces... ¿Quién está en lo correcto?

Esta comparación de las épocas intelectuales de la historia, no pretende sugerir que una de ellas ofrece la mejor opción. Cada una tiene cualidades positivas, pero ninguno de ellas está plenamente correcta. Por el contrario, ninguna puede proporcionar un punto de vista bíblico, un punto que lo evalúe todo a través del lente de lo que Dios ha revelado en las Escrituras. Un punto de vista bíblico implica que Dios ha hablado con veracidad absoluta en las Escrituras. Pero el escepticismo del modernismo pregunta: «¿Quién escribió realmente los textos bíblicos?». Y el escepticismo radical: «¿Qué propaganda están tratando de conseguir que la gente crea?».

El erudito alemán Gerd Lüdemann, a quien me referí anteriormente y quien llamó el reclamo histórico de la resurrección física de Jesús, «una fórmula vacía que debe ser rechazada por cualquiera que tiene un punto de vista científico del mundo», estaba en lo correcto respecto a una cosa: el asunto de la posible historicidad de la Biblia es determinado por adelantado por el punto de vista personal.

Entonces, si concluimos que el modernismo, el cual niega lo sobrenatural y exige que la prueba científica debe preceder la creencia, provee los lentes apropiados a través de los cuales interpretamos todo lo de la vida, entonces claro está, los recuentos históricos de la Biblia no pueden ser verdaderos. Los eventos sobrenaturales narrados en ella deben ser reinterpretados para que se ajusten a las suposiciones previas del racionalismo científico, el cual no tiene espacio para lo divino o lo milagroso. Y si tomamos el escepticismo extremo del posmodernismo como nuestro punto de partida, la Biblia no pasaría las pruebas para neutralidad ética y sería reducida a un texto humano útil, que puede ser manipulado para que se ajuste a nuestras agendas cuando consideremos oportuno citarla en nuestros intentos de liberar a los oprimidos.

¿Debemos tratar de probar la historicidad de la Biblia?

Historicidad, como se entiende comúnmente, la exactitud histórica, el orden cronológico, etc., es una noción moderna occidental que no debería ser impuesta sobre la Biblia, porque hablando estrictamente, la historicidad sólo puede ser evaluada cuando se cuenta con declaraciones múltiples sobre el mismo evento. Historicidad no es exactamente lo mismo que veracidad histórica. Si la Biblia provee el único relato de un acontecimiento histórico, esta página bíblica, debe entenderse a la luz del marco general de la historia, proporcionado por nuestro punto de vista del mundo. La negación de la historicidad de la Biblia se basa en la predisposición de cada persona en contra de las verdades que proclama, no en evidencia que demuestre lo contrario. La Biblia se refiere a personas y eventos reales en una manera que verdaderamente trasmite el mensaje del Autor Divino.

Cuando tanto la Biblia como las fuentes extra bíblicas verifican el mismo evento, se confirma su historicidad. Sin embargo, los creyentes verdaderos no tenemos por qué esperar que los arqueólogos recuperen un grupo de textos que corroboren la historia narrada en el texto sagrado para que creamos en su infalibilidad. Cada vez que ha sido puesta a prueba, la Escritura ha sido aprobada.

La evidencia puede estimular nuestra fe, pero no es un remplazo para ella. Debemos admitir que no podemos demostrar la historicidad de toda la Biblia, pero sí podemos defender la racionalidad de nuestra fe en ella como un documento histórico, especialmente cuando la comparamos con las opciones que nos ofrece el mundo. Examinemos
a continuación las objeciones de los escépticos.

1. Moisés realmente no escribió el Los cinco primeros libros de la Biblia

La noción de que Moisés no escribió los cinco primeros libros de la Biblia se remonta al segundo siglo de la era cristiana. Ciertas sectas de la antigüedad sostenían que debieron ser redactados después de la muerte de Moisés. A ellos evidentemente les molestaba algunos pasajes que incluían porciones de información que sentían que Moisés no podía saberla, como algunas referencias geográficas anacrónicas y el recuento de su propia muerte al final del libro de Deuteronomio. Sin embargo, el Señor Jesucristo claramente apoyó su autoría, como dicen estos versículos:

• “Entonces Jesús le dijo: Mira, no lo digas a nadie; sino ve, muéstrate al sacerdote, y presenta la ofrenda que ordenó Moisés, para testimonio a ellos” (Mt. 8:4).
• “Él les dijo: Por la dureza de vuestro corazón Moisés os permitió repudiar a vuestras mujeres; mas al principio no fue así” (Mt. 19:8).
• “Y les dijo: Estas son las palabras que os hablé, estando aún con vosotros: que era necesario que se cumpliese todo lo que está escrito de mí en la ley de Moisés, en los profetas y en los salmos” (Lc. 24:44).
• “Porque si creyeseis a Moisés, me creeríais a mí, porque de mí escribió él” (Jn. 5:46).
• “¿No os dio Moisés la ley, y ninguno de vosotros cumple la ley? ¿Por qué procuráis matarme?” (Jn. 7:19).

La mayoría de eruditos conservadores no tienen dificultad en aceptar la posibilidad de que después de morir Moisés, el Pentateuco hubiera sido editado y le hubieran añadidos cosas menores, tal como el recuento de su propia muerte, todo bajo la influencia y dirección del Espíritu de Dios, tal como afirma 2 Pedro 1:20, 21:

“Entendiendo primero esto, que ninguna profecía de la Escritura es de interpretación privada, porque nunca la
profecía fue traída por voluntad humana, sino que los santos hombres de Dios hablaron siendo inspirados por
el Espíritu Santo”.

Uno de estas pequeñas añadiduras es Deuteronomio 34:10, que dice:
“Y nunca más se levantó profeta en Israel como Moisés, a quien haya conocido Jehová cara a cara”. Esto ciertamente suena como si hubiera sido escrito por alguien más, un poco tiempo después de la muerte de Moisés. Las actualizaciones menores no disminuyen la autoría de Moisés, porque él todavía escribió el 99% de ese Tora, por lo tanto podemos concluir que el texto final fue divinamente inspirado.

Sin embargo, varios eruditos críticos liberales del siglo XIX, llevaron la teoría antigua, de que estos libros no habían sido escritos por Moisés, a un entero nuevo nivel. Esgrimiéndola como un arma en su cruzada por desacreditar enteramente el Tora, adoptaron la hipótesis que estos cinco libros en su forma actual, son una mezcla de cuatro fuentes posteriores representadas por el acróstico JEDP: La J - que representa la fuente Jahwist, siendo la más antigua se remonta hasta el siglo X A.C.; mientras que la E - la fuente Elohist, la D – la Deuteronomista y la P - la Sacerdotal, datan de los siglos VIII al seis. Según ellos, la compilación final del texto existente se remonta a los siglos VI o V A.C.

Usándola como un arma en su cruzada por destruir y desacreditar el Tora enteramente, argumentaron que estos cinco libros en su forma actual, son como una mezcla de cuatro fuentes posteriores, representadas por el acróstico JEDP, y categorizadas de acuerdo a su uso de los nombres hebreos de Dios y otros criterios estilísticos. La teoría ganó amplia aceptación en el medio académico por más de medio siglo, pero comenzó a perder atractivo a mediados y finales del siglo XX, como varios de sus pilares fundamentales, incluyendo la noción de que la escritura antigua no evolucionó, sino mucho tiempo después de Moisés, ya que fue desacreditada por los descubrimientos arqueológicos y los avances en la investigación.

2. El registro de la creación, es una copia de diversas mitologías antiguas

Nadie niega que hay similitudes superficiales entre el recuento del Génesis de la creación y otros mitos antiguos del Medio Oriente. En la leyenda de Enuma Elish, por ejemplo, el dios Marduk formó los cielos y la tierra, y en la Épica de Atra-hasis, los humanos son creados de la arcilla. Sin embargo, es importante notar las diferencias significativas entre estos mitos y la historia del Génesis.

En la crónica de Enuma Elish y la Épica de Atra-hasis, ni un solo dios es supremo o suficientemente poderoso para
crear independientemente, y cuando crean, ciertamente lo hecho no es perfecto. En contraste, el Dios de la Biblia
es autosuficiente. Habló y por su Palabra creó el mundo. Está separado de Su creación y crea en forma absolutamente
perfecta. La pregunta entonces con respecto al recuento del Génesis y las otras leyendas de la creación, es ¿quién tomó prestado de quién? Es obvio que los mitos extrabíblicos de la creación, así sean babilónicos, semíticos, de los indígenas norteamericanos, o cualquier otra forma de tradición, son versiones corruptas del recuento original de la creación que ha sido preservado con exactitud para nosotros en el libro de Génesis.

El hecho que algunas de estas leyendas sean supuestamente más antiguas que el libro de Génesis, no es algo crucial en este caso, porque en primera instancia, nadie puede demostrar su antigüedad, asimismo el hecho que una supuesta leyenda sea más antigua, eso no implica necesariamente que es más exacta, particularmente en este caso que se trata de una revelación Divina.

3. La historia del diluvio, fue copiada de leyendas antiguas

Es igualmente cierto que en la historia del diluvio del Génesis, aparecen algunas similitudes con otras leyendas antiguas. Aquí una vez más es necesario examinar no sólo las semejanzas, sino también las diferencias. Las inundaciones que tuvieron lugar en el antiguo Medio Oriente, parece que evolucionaron a lo largo de los siglos, comenzando con la versión sumeria, el Génesis Eridu, seguido por una fábula acadia en la cual a Noé se le llama Atrakhasis, y finalmente la narrativa incluida en la tan conocida Épica babilónica de Gilgamesh. Estas leyendas extra bíblicas difieren del relato del Génesis en varias formas importantes:

• Incluyen tramas secundarias de conflictos entre los dioses.
• La inundación es de una duración más corta, por ejemplo de una semana en la historia de Babilonia, en lugar del año completo de que habla el Génesis, y
• Carecen de la dimensión moral y espiritual que es fundamental en la narrativa de Génesis, a saber que el juicio de Dios fue motivado por la rebelión de la humanidad y su corrupción espiritual.

Estas referencias a una inundación catastrófica, procedente de una amplia variedad de fuentes antiguas, sólo sirve para confirmar la historicidad del diluvio bíblico.
El hecho que fuentes no bíblicas no puedan explicar por qué ocurrió la inundación, aparte de la dudosa explicación
que ofrecen los babilonios de que los dioses se molestaron porque la humanidad era demasiado ruidosa y no podían dormir, demuestra la superioridad del punto de vista bíblico. La Biblia nos expone de manera clara, que la justicia de Dios no permite ni tolera el pecado y la rebelión abierta en contra de Él mismo. Tal como declara en su Palabra:
“Porque la ira de Dios se revela desde el cielo contra toda impiedad e injusticia de los hombres que detienen con injusticia la verdad” (Ro. 1:18).

4. Las narrativas bíblicas sobre los patriarcas no son históricas

Las promesas de Dios a los patriarcas: Abraham, Isaac y Jacob, son centrales al mensaje de la Biblia de redención y restauración final. Note la prominencia de Abraham, incluso en los escritos de Pablo en el Nuevo Testamento. Son muchos los pasajes donde se mencionan, pero sólo citaremos unos pocos como ejemplo:

• “¿Qué, pues, diremos que halló Abraham, nuestro padre según la carne? Porque si Abraham fue justificado
por las obras, tiene de qué gloriarse, pero no para con Dios. Porque ¿qué dice la Escritura? Creyó Abraham a Dios, y le fue contado por justicia” (Ro. 4:1-3).

• “Por tanto, es por fe, para que sea por gracia, a fin de que la promesa sea firme para toda su descendencia;
no solamente para la que es de la ley, sino también para la que es de la fe de Abraham, el cual es padre de todos nosotros” (Ro. 4:16).
• “Ni por ser descendientes de Abraham, son todos hijos; sino: En Isaac te será llamada descendencia” (Ro. 9:7).
• “Digo, pues: ¿Ha desechado Dios a su pueblo? En ninguna manera. Porque también yo soy israelita, de la descendencia de Abraham, de la tribu de Benjamín” (Ro. 11:1).
• “Así Abraham creyó a Dios, y le fue contado por justicia. Sabed, por tanto, que los que son de fe, éstos son hijos de Abraham. Y la Escritura, previendo que Dios había de justificar por la fe a los gentiles, dio de antemano la buena nueva a Abraham, diciendo: En ti serán benditas todas las naciones. De modo que los de la fe son bendecidos con el creyente Abraham” (Gá. 3:6-9).
• “Ahora bien, a Abraham fueron hechas las promesas, y a su simiente. No dice: Y a las simientes, como si hablase de muchos, sino como de uno: Y a tu simiente, la cual es Cristo” (Gá. 3:16).
• “Y si vosotros sois de Cristo, ciertamente linaje de Abraham sois, y herederos según la promesa” (Gá.3:29).
• “Porque está escrito que Abraham tuvo dos hijos; uno de la esclava, el otro de la libre” (Gá. 4:22).

No asombra entonces, que teólogos deconstruccionistas como Thomas Thompson, hayan centrado sus ataques en las historias de Abraham, Isaac y Jacob en el libro de Génesis.

El estudio de la arqueología revisa lo débil de sus argumentos claves, tal como leemos en la página 73 del libro publicado en inglés La historicidad de las narrativas de los patriarcas. Por ejemplo, ¿por qué debemos esperar encontrar referencias extra bíblicas a Abraham, Isaac o Jacob, cuando ellos vivieron hace cuatro mil años «como
nómadas en la periferia de las áreas pobladas... errantes, en medio de los grandes imperios de Mesopotamia y Egipto?». No hay ninguna buena razón por qué este pequeño clan nómada atrajera la atención de los analistas seculares de ese día. Por lo tanto, la ausencia de los patriarcas en la historia secular es un argumento poco convincente
contra la existencia de ellos.

Tal como dice el viejo adagio, la ausencia de evidencia no es certeza de que no hubiera existido. Además hay abundantes pruebas arqueológicas, por descubrimientos tales como las Tabletas de Nuzi y las Cartas Mari, que las costumbres sociales que reflejan las narrativas del Génesis, podrían fácilmente remontarse al año 2000 A. C. e incluso mucho antes.

5. El libro de Isaías en su mayor parte, fue escrito por otras personas, y probablemente ninguno de ellos era Isaías

El libro de Isaías, en su versículo inicial dice: “Visión de Isaías hijo de Amoz...” (Is. 1:1a). No obstante, los eruditos críticos han asegurado que su texto es una composición literaria que fue recopilada dos o más siglos después, combinando el trabajo de dos o tres autores. El punto de vista tradicional sostiene que el libro de Isaías es la obra de un solo autor: el profeta Isaías. Mientras los eruditos críticos modernos especulan, que la aparición de la unidad provino de un proceso de cuidadosa edición por una “escuela” de escritores que se especializaron en la vida y obra de la figura histórica de Isaías.

Hay diversas hipótesis y muchos críticos, incluso católicos y protestantes. Creen que el libro no fue escrito por un solo hombre, sino por tres. A falta de nombres mejores, se conoce al primer autor como «Proto-Isaías», quien supuestamente escribió los capítulos 1 al 39 en el siglo VIII A.C. y bien pudo ser el profeta o alguien más; al segundo como «Deutero-Isaías» y al tercero «Trito-Isaías». Estos dos últimos vivieron siglos después. Sin embargo, en tiempos más recientes el consenso entre los eruditos críticos ha cambiado y ahora reconocen el libro como un todo, ya que muestra unidad de temas y motivos.

De acuerdo a los críticos, las diferencias en tema, estilo y vocabulario entre las principales secciones de Isaías, a saber los capítulos 1 al 39, 40 al 55 y 56 al 66, indican diferentes autores. Sin embargo, hay clara evidencia de su unidad porque las secciones también comparten muchas palabras y expresiones, como por ejemplo el título divino «El Santo de Israel». Quizá la tendencia de los críticos de concentrarse sólo en los hechos que ellos creen que apoyan sus conclusiones es evidencia de la falsedad de su hipótesis.

La Biblia English Standard Versión de Estudio, hace esta observación sobre la unidad de Isaías: «El testimonio de Jesús en Juan 12:41 es especialmente instructivo, Él afirmó: ‘Isaías dijo esto cuando vio su gloria, y habló acerca de él’. Lo que vio se refiere a dos citas previas, la de Juan 12:38, que dice: ‘...¿Quién ha creído a nuestro anuncio?
¿Y a quién se ha revelado el brazo del Señor?’, la que a su vez es una repetición de Isaías 53:1 ‘¿Quién ha creído a nuestro anuncio? ¿y sobre quién se ha manifestado el brazo de Jehová?’, y se le atribuye al proto-Isaías. Lo que se asigna al llamado ‘Segundo Isaías’ y Juan 12:40 que dice ‘Cegó los ojos de ellos, y endureció su corazón; para
que no vean con los ojos, y entiendan con el corazón, y se conviertan, y yo los sane’ es una cita de Isaías 6:10:
‘Engruesa el corazón de este pueblo, y agrava sus oídos, y ciega sus ojos, para que no vea con sus ojos, ni oiga con sus oídos, ni su corazón entienda, ni se convierta, y haya para él sanidad’, y se le atribuye al llamado ‘Primer Isaías’. Sin embargo, Jesús se refiere a una persona, quien ‘vio su gloria, y habló acerca de él’. En esta forma, entonces, el Señor atribuyó el entero libro a Isaías. De hecho, el entero testimonio unánime del Nuevo Testamento, es que Isaías y sólo Isaías es el autor. Esto se afirma en Mateo 3:3; 4:14-16; 8:17; 12:17-21; 13:14-15; 15:7-9; Marcos 7:6-7; Lucas 3:4- 6; 4:17-19; Juan 1:23; 12:37-41; Hechos 8:27-35; 28:25-27; Romanos 9:27-29; 10:16, 20-21; y 15:12. El propio Dios es su fuente de origen. El mensaje de Dios fue entregado fielmente al histórico profeta Isaías».

6. El libro de Daniel no es profético, en lugar de eso, es una historia fabricada de manera muy inteligente, para que parezca profecía

Las profecías en el libro de Daniel describen con precisión esquemática el curso de la historia del mundo antiguo a lo largo de un período de cerca mil años, los cuales se extienden a todo lo largo de los imperios: el babilónico, medo-persa, griego y romano, todos los cuales estaban todavía en el futuro cuando Daniel vivía.

Los críticos alegan que el libro no pudo haber sido escrito en un tiempo previo al segundo siglo antes de Cristo, debido a la descripción tan detallada que ofrece Daniel en el capítulo 11, sobre el período de los Macabeos, el cual nosotros ahora mirando retrospectivamente, sabemos que tuvo lugar durante el reinado del rey Seléucida Antíoco Cuarto, entre los años 175 al 164 A.C. Arrinconados y sin saber qué responder, estos eruditos de la crítica hacen las increíbles afirmaciones, de que...

• Las profecías de Daniel no son profecías, sino que todo fue escrito después de haber ocurrido, y
• Que el libro de Daniel, contrario a lo que dice el propio Señor Jesucristo en Mateo 24:15, no fue escrito por el profeta.

La desesperación de los escépticos se refleja en el carácter altamente especulativo y poco convincente de sus reclamos. Por ejemplo, han tratado de probar que el texto de Daniel data del siglo II, en lugar del siglo VI A.C., cuando vivía Daniel, debido a que en él aparecen algunas palabras en griego y persa.

Sin embargo, investigaciones más recientes de parte de los eruditos y la evidencia lingüística de los rollos del mar Muerto ha demostrado, que el lenguaje en el que está escrito el libro de Daniel proviene de un período anterior al segundo siglo. Note que ciertos términos que aparecen en el capítulo 3 ya eran obsoletos para el tiempo en que se tradujo el Antiguo Testamento en griego, la Septuaginta o Versión de los Setenta, el cual fue entre los años 300 al 132 A.C. Sabemos esto porque La Septuaginta los traduce incorrectamente. Esto implica que es improbable que el texto de Daniel se remonte casi al mismo tiempo de esta traducción.

Por el contrario, los Rollos del mar Muerto y otros manuscritos antiguos indican que el libro de Daniel era ampliamente conocido ya para el segundo siglo, lo cual es prueba de que el original debió haberse publicado mucho antes. Sabemos que la comunidad de Qumrán, la cual era parte del judaísmo de Jerusalén, entre los años 171 al 167 A.C., aceptó el libro de Daniel como parte de la Escritura autorizada, algo que nunca habrían hecho si hubiera apareciendo recientemente. Asombrosamente, una profecía mesiánica en el capítulo 9 predice que el «Mesías sería cortado» durante el propio tiempo en que Jesús de Nazaret vivió y fue ejecutado en Jerusalén. Para gran disgusto de los liberales críticos, la fecha de datación para la crucifixión es tan precisa, que prácticamente todos los métodos de cálculo, la ubican en algún momento entre el año 29 al 34 de la era cristiana.

7. El problema sinóptico: Los evangelios de Mateo, Marcos y Lucas,no coinciden el uno con el otro, ni con Juan

Tal como dice Robert H. Stein profesor de interpretación del Nuevo Testamento del Seminario Teológico Bautista en Louisville, Kentucky; «Al leer los cuatro evangelios es aparente que tres de ellos se asemejan el uno con el otro, pero uno no. Un breve tiempo en la sinopsis de cualquier evangelio indicará que Mateo, Marcos y Lucas, comparten un buen número de similitudes impactantes. El ‘Problema Sinóptico’ es el término que se le ha dado al hecho que los evangelios de Mateo, Marcos y Lucas son muy parecidos. Pero... ¿Por qué son similares en contenido, en palabras y en el orden los eventos narrados en ellos?».

El problema sinóptico que surge en parte, por las supuestas contradicciones entre estos tres recuentos de la vida terrenal de Jesús, es bien complejo. Una comparación matemática muestra que 91% del evangelio de Marcos, está contenido en Mateo, mientras que 53% de Marcos se encuentra en Lucas. Sin embargo, los lectores modernos no se dan cuenta que los evangelios son narrativas antiguas, no documentales modernos.

Las citas, por ejemplo, no están dadas palabra por palabra, en el formato de una narración. También los evangelios tienden más a estar en conformidad a sus temas, que en orden cronológico; por lo tanto no debemos preocuparnos mucho respecto a la secuencia de los eventos tal como están, sino en encontrar significado de esos acontecimientos.

El otro problema que surge es el hecho que el Señor Jesús hablaba en arameo, tal como comprobamos por Marcos 5:41, cuando, “tomando la mano de la niña, le dijo: Talita cumi; que traducido es: Niña, a ti te digo, levántate”, lo cual fue traducido al griego, y luego al español, haciendo difícil encontrar una perfecta uniformidad en las citas directas de los biógrafos.

El doctor Norman Geisler, quien es autor y co-autor de más de 70 libros y cientos de artículos y ha enseñado teología y apologética por más de 50 años en varios seminarios, comenta: «Aunque Jesús pronunció sus discursos en arameo, la confiabilidad histórica no depende en tener estas palabras exactas, sino en que la traducción griega preserve el significado correcto».

Thomas D. Lea y David Alan Black en su libro El Nuevo Testamento: Su trasfondo y su mensaje, ofrecen varios conceptos muy acertados sobre los evangelios. Dicen en la página 126: «Debe reconocerse primero que los evangelios son como Jesús mismo, únicos. Describen una Persona única y eventos únicos, de tal manera que las comparaciones con otras unidades literarias deben ser limitadas. En segundo lugar, debe recordarse que su material sirvió para integrar la iglesia, no a la inversa; los eruditos críticos que ven a la Iglesia como la fuente del material de los evangelios deben ser rechazados. Finamente, debe recordarse que el Espíritu Santo guió su formación; el hecho que usó diferentes autores y materiales como fuente de origen no afecta en ninguna forma la confiabilidad o veracidad de
los mismos. Cuando se trata de los orígenes y formación de los evangelios del Nuevo Testamento, es mucho lo que hay involucrado en su proceso que todavía no entendemos; sin embargo, lo importante es el producto: uno autorizado y libre de errores”.

8. El evangelio de Juan es antisemita y diferente de los otros

Es bien cierto que el cuarto evangelio difiere de los otros tres en gran medida. De hecho, el 90% del material de Juan no aparece en los evangelios sinópticos. Por ejemplo, Juan no registra ninguna parábola. Tampoco incluye el Discurso del Monte de los Olivos, que es tan prominente en Mateo 24:1-51, Marcos 13:1-37 y Lucas 21:5-36. En Juan 11:1-44, el apóstol dedica un espacio considerable contando el dramático relato de la muerte y resurrección de Lázaro, el amigo querido de Jesús, algo que no mencionan por la razón que fuere Mateo, Marcos o Lucas. Estas diferencias no deben molestarnos, especialmente cuando nos damos cuenta que cada uno de los cuatro evangelios fue diseñado para retratarnos al Mesías en una luz diferente. Si los cuatro evangelios fueran idénticos o casi idénticos, eso significaría que tres de ellos eran innecesarios.

¿Y qué con respecto a la acusación de que Juan era anti-semita? Cuando Juan, quien era judío usaba el término “los judíos” en una forma negativa o en un sentido aparentemente despectivo, es perfectamente razonable suponer que no se estaba refiriendo al pueblo judío en general, ¡porque habría estado condenándose a mismo!

Otro enfoque consiste en admitir lo que todos los estudiosos de las lenguas bíblicas ya reconocen, que cuando una palabra hebrea o griega tiene más de un significado posible, la traducción es en última instancia determinada por el contexto. Hay frases griegas que se traducen en algunos pasajes en forma positiva y en algunas negativamente. En contextos negativos, Juan bien puede estarse refiriendo a los judíos que vivían en y alrededor de Jerusalén y se asociaron con los líderes religiosos, no al pueblo judío en general. Los historiadores nos dicen que durante la ocupación de Judea por los seléucidas, muchos judíos huyeron de Jerusalén a Qumrán, especialmente después de que Menelao compró el oficio de sumo sacerdote en el año 171 A.C. Esos que huyeron a Qumrán no sólo despreciaban a Antíoco, sino que estaban desilusionados por la corrupción de la clase dirigente judía religiosa que se había multiplicado alrededor del templo.

De tal manera que las referencias negativas de Juan respecto a los líderes de Judea, a quienes llamaba “los judíos”, son entonces consistentes con la situación histórica durante el período del segundo templo. Sus palabras duras, más parecen una reprensión familiar que antisemitismo. En cualquier caso, los antisemitas que usan las palabras de Juan para reforzar sus propios puntos de vista retorcidos, están equivocados y son culpables de pervertir las Escrituras.

9. La historia real de Jesús es diferente a la que retratan los evangelios en el Nuevo Testamento

Según esta teoría sólo se puede reconstruir un retrato fiel de Jesús de Nazaret, partiendo de la evidencia histórica confiable, el criticismo histórico y un uso cuidadoso de los textos del Nuevo Testamento. Este enfoque integral fundamental del Nuevo Testamento rechaza simultáneamente puntos claves cristológicos, tales como su nacimiento virginal, su naturaleza divina, y su resurrección.

El teólogo Albert Schweitzer quien nació en 1875 y murió en 1965, publicó su libro Búsqueda del Jesús histórico en 1906. A pesar de que su obra no contiene ninguna propuesta realmente novedosa, es decir algo que no hubiera sido sugerido décadas antes por la crítica bíblica, tal como Strauss y Renan, el libro tuvo éxito al popularizar un enfoque crítico y humanista de la vida de Jesús de Nazaret. Para ese tiempo, en los años 1900, encajó perfectamente con el movimiento de «libres pensadores» liderados por el flamante ateo Robert Ingersoll. El principio básico del libro de Albert Schweitzer, es que la vida de Jesús debe ser “desmitificada”, es decir, que debe ser despojada de los elementos sobrenaturales o exagerados para ser realmente significativa.

El mal llamado Seminario de Jesús, fue una organización que se integró en 1985, bajo el patrocinio del Instituto Westar, con la meta declarada de «renovar la búsqueda del Jesús histórico». Treinta académicos participaron en la primera reunión, y en la actualidad cuenta con unas 200 personas que se denominan «miembros». El Seminario se reúne dos veces al año para debatir documentos técnicos que han sido preparados con anterioridad. Típicamente, cada expediente se enfoca en la disección de pasajes bíblicos. Al terminar el debate de cada uno, los miembros del Seminario votan sobre la «autenticidad de las palabras y obras de Jesús».

La meta del Seminario de Jesús es, supuestamente, “separar los hechos históricos de la mitología”. El trabajo de este seminario es reconocido hoy por las corrientes principales de eruditos y muchos “creyentes liberales”, pero realmente es una crítica académica feroz, no una investigación científica honesta.

10. Pablo fundó una nueva religión que abandonó casi todas las enseñanzas de Jesús

Es históricamente cierto que gran parte del cristianismo organizado, especialmente el que se desarrolló en las partes más dominantes, tal como las tradiciones romanas en el occidente y las griegas en el oriente, se apartaron de sus raíces mesiánicas judeo-cristianas, en los siglos que siguieron a la muerte de los apóstoles. En la época de Constantino, correspondiente a los años 300 de la era cristiana, la iglesia institucional fue evolucionando hasta convertirse en una entidad claramente gentil, en contraste con la iglesia primitiva de sólo unos siglos antes, que había sido distintivamente judía.

Según el finado profesor David Flusser de la Universidad Hebrea, el «cristianismo judío» del primer siglo, finalmente llegó a ser considerado por la iglesia no judía, como herético. Por lo tanto, hay que admitir que ciertamente hubo un proceso de helenización que tuvo lugar en esos primeros siglos formativos, cuando la iglesia institucional pasó por el proceso transicional de ser una entidad judía para convertirse en una predominantemente gentil. Sin embargo, esto nada tuvo que ver con el apóstol Pablo.

En ninguno de sus escritos, Pablo apoya ideas paganas como esas que más tarde caracterizaron mucho a la iglesia institucional, tal como la adoración de María, la veneración de los santos, la creencia que la salvación puede ganarse por medio de buenas obras, o incluso el uso de iconos e imágenes en la adoración. Todo esto tuvo lugar mucho después de la muerte de Pablo, y de ninguna forma demuestran que el apóstol cambió las enseñanzas de Jesús y fundó su propia religión. Los intentos por crear una brecha entre Jesús y Pablo, de hecho son mal intencionados, e incluso algo irónicos por un par de razones.

1. Pablo es muy claro al afirmar que su evangelio lo recibió por medio de revelación directa de Jesús, incluyendo su conversión milagrosa cuando iba camino a Damasco: “Saulo, respirando aún amenazas y muerte contra los discípulos del Señor, vino al sumo sacerdote, y le pidió cartas para las sinagogas de Damasco, a fin de que si hallase algunos hombres o mujeres de este Camino, los trajese presos a Jerusalén. Mas yendo por el camino, aconteció que al llegar cerca de Damasco, repentinamente le rodeó un resplandor de luz del cielo; y cayendo en tierra, oyó una voz que le decía: Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues? Él dijo: ¿Quién eres, Señor? Y le dijo: Yo soy Jesús, a quien tú persigues; dura cosa te es dar coces contra el aguijón. Él, temblando y temeroso, dijo: Señor, ¿qué quieres que yo haga? Y el Señor le dijo: Levántate y entra en la ciudad, y se te dirá lo que debes hacer” (Hch. 9:1-6). Asimismo también declaró “Pues yo ni lo recibí ni lo aprendí de hombre alguno, sino por revelación de Jesucristo” (Gá. 1:12).

2. Pablo reconoció que se benefició de información de segunda mano de Pedro y Jacobo, con los cuales pasó tiempo en Jerusalén después de recibir a Cristo como su Señor y Salvador, y quienes habían visto al Señor después de su resurrección. Como dijo: “Porque primeramente os he enseñado lo que asimismo recibí: Que Cristo murió por nuestros pecados, conforme a las Escrituras; y que fue sepultado, y que resucitó al tercer día, conforme a las Escrituras; y que apareció a Cefas, y después a los doce. Después apareció a más de quinientos hermanos a la vez, de los cuales muchos viven aún, y otros ya duermen. Después apareció a Jacobo; después a todos los apóstoles” (1 Co. 15:3-7).

De tal manera que el mensaje del evangelio de Pablo tiene su fundamento tanto en Jesús como en los dos apóstoles que fueron testigos, no sólo del ministerio del Señor, sino también de su resurrección. El efecto neto es que la teología de Pablo, está sólidamente enraizada y completamente integrada con las enseñanzas del Señor Jesús y los apóstoles.

(Articulo de revista cristiana Alerta. Departamento de profesias bíblicas)
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