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La fe salvadora
#1
La Fe Salvadora

No hay duda que la mayoría de las iglesias evangélicas enseñan que la fe es el medio que Dios usa para la salvación y es verdad, pero para entender mejor esto, debemos ver primero, ¿De qué necesitamos ser salvados?

¿De qué debemos ser salvados?

Dice la escritura:

Romanos 5:12 Por tanto, como el pecado entró en el mundo por un hombre, y por el pecado la muerte, así la muerte pasó a todos los hombres, por cuanto todos pecaron.

Con el pecado de Adán y Eva, éste entró en el mundo y la muerte fue la consecuencia.

Cuando hablamos de “muerte” en la Biblia, hablamos de separación del alma y el cuerpo; separación de la relación de Dios con el hombre y el castigo de separación eterna. Y cada una de ellas, necesita un análisis más profundo.

Separación del alma y cuerpo

Estamos maldecidos con la muerte física y con ello, el cuerpo que Dios había hecho del polvo de la tierra, según Génesis, entro en un proceso de decadencia, hasta que se apaga por completo y se desintegra para volver al polvo de la tierra de donde fue tomado.

Dice la palabra de Dios:

27 Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó.

¿Cuáles son esas características que Dios tomó de su propia persona y que son las mismas con las que Dios dotó al hombre y que son semejantes a El? Sabemos que Dios es Espíritu, por lo que el cuerpo humano no es una semejanza con Dios, pues aunque Dios ve, escucha, toca y transforma, no necesita del cuerpo para ello y el hombre está limitado con ello.

Dios es una persona, es decir que tiene mente, emociones y voluntad; así mismo el hombre y es en este sentido en que Dios nos ha hecho semejantes a Él.

La muerte en el cuerpo físico implica vejez, enfermedad, el deterioro celular, hormonal y la disminución de las funciones perceptivas del cuerpo como el oído, la vista y el gusto. Este mismo fenómeno afectó las cualidades de la persona humana en su intelecto, sentimientos y voluntad; características semejantes que Dios le infundió.

Los más sorprendentes y réprobos actos que el hombre pueda concebir, han tenido lugar a través de toda la historia de la humanidad, desde fratricidio caínico, pasando por el incesto de las hijas de Lot, hasta los más espeluznantes genocidios, jamás han sido extraños en la penosa historia humana y que es más, esos actos criminales es precisamente lo que nos caracteriza como género. La historia de la humanidad muestra el deterioro y en los últimos tiempos, la depravación sexual y moral; la ausencia de valores, integridad, honradez y rectitud, brillan por su ausencia ahora, como jamás antes había ocurrido, evidenciando con ello, el grave deterioro del alma humana, que generación tras generación se hace peligrosamente más aguda.

Pero no podemos pensar que en lo individual no ocurre así, lo que sucede es que los parámetros de justicia con cada generación se van demeritando y hemos traspasado los linderos que Dios nos ha fijado y aunque socialmente no hay recriminación y la moralidad humana se ha adaptado a las depravaciones generacionales, no significa con ello que Dios las haya aceptado.

Dios no ha cambiado y sigue viendo mal el robo y la mentira, sin ninguna justificación con la que podamos minimizarla, porque entendámoslo de una buena vez. El pecado es un acto de rebelión contra la autoridad suprema de Dios, es una declaración de guerra contra Dios, es una ofensa directa contra su Santa Persona y es por esa causa, que el hombre está separado de Dios en su relación con él. Esta es la consecuencia de la enemistad con Dios, no hay comunión con Él, como no la hay entre enemigos. ¿Parece exagerado? Bueno, eso es porque no hemos entendido con profundidad lo que implica que Dios sea tres veces Santo y esta frase que está contenida en su palabra, la Biblia, es una explicación enfática de su pureza, veracidad, rectitud, bondad y sólo la percibimos desde nuestra limitadísima mente caída por el pecado, como palabras que no parecen decirnos nada. ¿Cómo podemos explicarle a un ciego el color? ¿Cómo podemos matizar tonos dorados o celestes sin ninguna referencia?

La santidad es apartado de todo lo común en nuestro mundo percibido distorsionadamente en nuestra carne.

Separación con Dios.

La muerte espiritual o separación en nuestra relación con Dios, tiene múltiples implicaciones y la más importante que debemos entender, es que cualquier intento de acercamiento del hombre con Dios sin reconocer su real condición de pecador, es inaceptable, porque no es posible acercarse a tal santidad.

Una muy buena ilustración y semejanza a esto, es que cuando Dios mandó a Moisés hacer el tabernáculo de reunión, había un lugar santo y un lugar santísimo, éste último es donde estaba el arca que ilustraba su trono y su misma presencia. Nadie tenía acceso a ese lugar, sólo una vez al año y no sin sacrificio, no sin sangre de los animales ofrendados previamente, para cubrir la maldad del pueblo custodio de las cosas sagradas.

En cualquier guerra, cuando una de las partes debe negociar su rendición, lo primero que debe reconocer es su derrota ante su rival y la sujeción de las autoridades que éste le imponga, sin ello, no hay real rendición.

Otra implicación es que ninguna religión que surja del conocimiento humano, es valedera ante Dios, pues siendo que la mente, las emociones y voluntad humana están corrompidas por el pecado, resulta imposible que ésta pueda acercarse a los parámetros divinos de justicia. La historia humana es más que evidencial en ello.

Pero, siendo que hay semejanza en el hombre con Dios ¿Por qué el hombre no actúa de acuerdo y en armonía con la voluntad de Dios?

Porque el intelecto, las emociones y la voluntad humana, están muertas espiritualmente y actúan de acuerdo a su deterioro pecaminoso y a su naturaleza caída. Por eso dice la escritura:

Romanos 3:9 ¿Qué, pues? ¿Somos nosotros mejores que ellos? En ninguna manera; pues ya hemos acusado a judíos y a gentiles, que todos están bajo pecado.
10 Como está escrito:
No hay justo, ni aun uno;

En cuanto al intelecto humano Dios dice:

Romanos 3:11 No hay quien entienda,
No hay quien busque a Dios.

El intelecto humano está incapacitado a entender lo que Dios quiere y por ello, la mente humana, no busca a Dios.

En cuanto a sus emociones:

Romanos 3:18 No hay temor de Dios delante de sus ojos.


No sienten ningún temor de Dios y eso hace que vivamos en pecado, siguiendo lo que nuestras emociones pecaminosas nos inclinan hacer.

En cuanto a la voluntad:


Romanos 3:12 Todos se desviaron, a una se hicieron inútiles;
No hay quien haga lo bueno, no hay ni siquiera uno.

Y cuando dice todos (gentiles y judíos), incluye a todo el género humano, hombres, mujeres, niños, ancianos de todos los tiempos y de todas las latitudes del planeta y de todos los tiempos desde la caída de Adán.

Es por ello que toda la humanidad, según la Biblia, está sentenciada a la separación eterna de Dios.

Separación Eterna.

Siendo Dios 3 veces Santo, su Justicia debe ser aplicada.

El mayor peligro que enfrenta la humanidad no es el deterioro ambiental, el hambre, la falta de agua potable, ni el VIH o el papiloma humano o el hambre o la guerra, el mayor peligro de la humanidad es que estamos frente a un Dios Bueno y por ser bueno, es Justo.

No podríamos decir que Dios es Bueno si no fuese Justo o que es Juez bueno si no aplica la ley en total cumplimiento con ella.

Como supremo legislador, Dios ha establecido una sentencia por el pecado:

Hebreos 9:27 Y de la manera que está establecido para los hombres que mueran una sola vez, y después de esto el juicio,

Pero no solo es legislador de las leyes que han sido tomadas de su misma persona santa, Dios es el Juez supremo de la creación y lo mismo juzga con justicia a ángeles como a criaturas humanas con la misma perfección que su ley demanda, no puede ser de otra manera, pues la naturaleza divina siendo santa legisla con perfecta justicia y ejecuta la sentencia en el perfecto orden que su legislación demanda.

Entre más pronto entendamos que Dios no es el viejito bonachón con barba blanca y gordito que nos han hecho creer, nos daremos cuenta del peligro eterno que corremos ante quien es el Todopoderoso Dios Omnipresente, Omnisciente y Temible Dios Eterno y haríamos muy bien en temer esa santidad, esa justicia, porque no tendrá por inocente al pecador.

La Salvación

¿De qué ha de salvarnos Dios?

De este destino eterno en razón de nuestra enemistad con Dios.

Es importante entender que ninguna obra humana, salida del corazón corrompido del hombre, por muy buena que juzguemos, logrará satisfacer la demanda de justicia. La razón, es que el pecado es una ofensa a Dios. No hay pecado pequeño en razón que es una ofenda a Dios y todos son sancionados con la separación de Dios y al final de nuestros días en este mundo, de manera eterna en el lago de fuego.

Dios dice por medio de su profeta Isaías:

Isaías 64:6 Si bien todos nosotros somos como suciedad, y todas nuestras justicias como trapo de inmundicia; y caímos todos nosotros como la hoja, y nuestras maldades nos llevaron como viento.

Somos pecadores, somos suciedad ante Dios y todo lo que consideremos digno de ajustarse a las demandas de Dios, por muy loable que nos pueda parecer, para Dios es exactamente lo mismo que un “trapo de inmundicia”. Un trapo de inmundicia, era el equivalente a una toalla sanitaria o tampón que usan las mujeres durante su periodo menstrual. Es por ello, que no hay institución, religión, “buena obra” humana que alcance a cubrir o limpiar nuestro pecado.

Esto nos lleva a dos requisitos indispensables para nuestra salvación.

1.- Aceptar la ruina moral de nuestra alma y la imposibilidad de salvarse por sus propios medios.
2.- Sólo Dios puede salvarnos.
3.- Toda enseñanza y verdadera de Dios, debe venir necesariamente de Dios mismo.

Esto descalifica a cualquier institución religiosa, a la ONU o cualquier asociación de beneficencia humanitaria o cualquier acto del hombre, por muy suficiente que parezca.

La pregunta es ¿Cómo podemos salvarnos? ¿Cómo puede Dios salvarnos sin quebrantar su justicia?

Indudablemente, todos merecemos el infierno, no hay duda de ello y es necesario satisfacer esta demanda de la ley divina.

Dice la escritura:

1 Corintios 15:3 Porque primeramente os he enseñado lo que asimismo recibí: Que Cristo murió por nuestros pecados, conforme a las Escrituras; 4 y que fue sepultado, y que resucitó al tercer día, conforme a las Escrituras;

El Señor Jesucristo, el Hijo Eterno del Padre Eterno, paga con su propia muerte la deuda eterna del hombre de manera sustitutiva, cumpliendo cabalmente y justamente, lo que la ley del Dios Justo demanda para satisfacción completa o perfecta.

La satisfacción por el pecado fue cumplida en la cruz:

Juan 19:30 Cuando Jesús hubo tomado el vinagre, dijo: Consumado es. Y habiendo inclinado la cabeza, entregó el espíritu.

No hay nada que agregar, la salvación es ganada y pagada por Cristo en su sacrificio sustitutivo en su muerte de cruz.

Pero también, Dios mismo ha abierto la puerta misma de su presencia, el lugar santísimo ha sido abierto y como símbolo de esta relación con Dios, el velo del templo se rasgó de arriba abajo, no hay más separación, el aguijón del pecado, que es la muerte, ha quedado sin efecto, con lo que es posible tener una relación personal con Dios por medio de su Hijo Jesucristo, único camino, verdad y vida que llevan al Padre.

¿Cómo se aplica el pago al hombre?

Por medio de la fe. Creyéndole a Dios en su palabra, recibiendo la santa doctrina de su palabra como verdad absoluta de Dios revelada a los hombres, primero por medio de los profetas del antiguo testamento, quienes señalaron al Cristo y su victoria sobre la muerte y el pecado y después, en los postreros tiempos, al Hijo que nos ha dejado sus preceptos y enseñanzas en el fundamento de sus apóstoles en el nuevo testamento.

La palabra de Dios dice:

Juan 3:16 Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.

Si decimos que la muerte en la Biblia es separación, su contra parte, la vida es sin duda unión con Dios, eterna y sin el juicio del infierno eterno, pues siendo Dios Justo, el pago del pecado, la muerte, ya fue pagado por Cristo y la deuda quedó anulada para siempre y así como debemos temer a la Justicia de Dios, también podemos descansar en ella, pues hará efectivo el pago en aquel que le cree a Dios en su palabra.

Pero. ¿Cómo se hace efectivo el pago al hombre?

Es indispensable que recordemos que la persona humana, es decir, su intelecto, sentimientos o emociones y voluntad, están corrompidas; no apetecen las cosas santas y ni siquiera están convencidos de haber hecho algo tan terriblemente malo como para merecer el infierno eterno. Curiosamente, tampoco están seguros de cuál es su destino eterno y aunque algunos materialistas piensan que una vez muerto el cuerpo la existencia de la persona queda extinta, tampoco pueden asegurarlo con toda confianza.

Dios no sólo nos ha provisto el remedio de justicia necesaria para la salvación, también nos ha provisto del convencimiento indispensable de pecado por medio del Espíritu Santo y ese es su ministerio, pues dice la escritura:

Juan 16:7 Pero yo os digo la verdad: Os conviene que yo me vaya; porque si no me fuera, el Consolador no vendría a vosotros; mas si me fuere, os lo enviaré.
8 Y cuando él venga, convencerá al mundo de pecado, de justicia y de juicio.
9 De pecado, por cuanto no creen en mí; 10 de justicia, por cuanto voy al Padre, y no me veréis más; 11 y de juicio, por cuanto el príncipe de este mundo ha sido ya juzgado.

La conveniencia del Espíritu Santo, es que ya no está el Hijo de Dios porque murió y resucitó y al mismo tiempo implica que siendo el Rey, fue rechazado y convence de pecado al mundo de esta verdad. De que por el pecado del hombre, fue necesario que el Hijo de Dios viniera a dar su vida y a hacer ver a los hombres su necesidad de salvación.

El hecho de que el Señor Jesucristo esté morando ahora en su trono celestial a la derecha del Padre es también la demostración que el mundo no ha aceptado su reino y que el reino de las tinieblas ya ha sido juzgado y espera la ejecución de su sentencia eterna junto con todos aquellos que no le han creído a Dios.

No puede el hombre por si mismo entender estas verdades profundas del mundo espiritual, sino le fuese iluminada la mente para poder entenderlo, pues ya hemos visto que está influenciada por su naturaleza caída.

En mi país, hay una tradición ancestral. Una vez al año, se festeja el día de los muertos y en ella, se preparan alimentos y bebidas con flores y los parientes sobrevivientes del difunto pasan la noche en el panteón al lado de la sepultura y le ofrendan los manjares o bebidas que en vida eran de su predilección con la firme creencia que son soltados del mundo de los muertos para compartir las viandas con los vivos y aunque al día siguiente las viandas y bebidas permanecen, resulta más que obvio y evidente que no fueron tocadas de ninguna manera y hasta se echan a perder, no dejan de seguir celebrándolo.

Un muerto no tiene consciencia del acto de amor del pariente sobreviviente, no le apetece nada, ni disfruta nada, ni sabe nada, porque está muerto y esto es muy semejante a lo que sucede cuando uno va a un tugurio de mala reputación con Biblia en mano y entre las mesas de servicio comienza a predicar acerca del pecado, del destino de las almas pecadoras de este mundo y del remedio provisto por Dios para salvación; no sólo no le hacen caso, sino que además lo más seguro es que lo corran del lugar y lo tilden de loco.

Los más grandes avivamientos espirituales surgen solamente bajo la dirección del Espíritu Santo, quién es el verdadero Vicario de Cristo en la tierra y cualquier usurpación humana, es una terrible blasfemia que no quedará impune, es El quien dirige a los verdaderos creyentes a realizar las obras encomendadas a la iglesia por su guía y dirección.

Nadie puede venir a los pies de Cristo, sino ha sido convencido por el Espíritu Santo de la realidad de su condición de ruina espiritual y la victoria ganada sobre el pecado, Satanás y la muerte, todo ello en la cruz del Calvario.

La fe salvadora

Hay dos maneras que la Biblia habla de obtener fe.

Juan 3:1 Había un hombre de los fariseos que se llamaba Nicodemo, un principal entre los judíos.
2 Este vino a Jesús de noche, y le dijo: Rabí, sabemos que has venido de Dios como maestro; porque nadie puede hacer estas señales que tú haces, si no está Dios con él.

Nicodemo deduce y cree que Jesús proviene de Dios, basado en las señales que han visto del Señor Jesucristo. Su conclusión está basada en lo que sus ojos vieron.

¿No vieron muchos judíos, escribas, fariseos los milagros de Jesús y gritaron que le crucificasen, pues lo veían como un blasfemo que se dijo a sí mismo Dios mismo como el Hijo del Bendito?

¿Por qué entonces lo crucificaron? ¿Olvidaron sus señales? No lo creo, pues ¿Cómo olvidar la resurrección de Lázaro, la vista a los ciegos, la multiplicación de los pescados y los panes? Serían hechos inolvidables.

Podríamos intentar explicarlo especulando cualquier argumento, en el caso de los fariseos y escribas diciendo que les interesaba más conservar su posición de poder político-religioso; de los romanos como alguien que representaba una amenaza a Roma y todo ello sólo sería el reflejo de la realidad profunda de lo que había en su corazón caído… su incredulidad.

Todo el dulce bien que Dios puede darnos es opacado en una mente imposibilitada a aceptarlo, comprenderlo y recibirlo; así que si no entendemos del todo esta sublime muestra de amor y de misericordia, qué el Hijo de Dios murió por el pecador para salvarlo, no se atormente, no se extrañe si no logra comprenderlo claramente, es normal en nosotros.

Es por eso que hay otra fuente que motiva la fe salvadora.

La otra fuente está en:

Mateo 16:15 El les dijo: Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?
16 Respondiendo Simón Pedro, dijo: Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente.
17 Entonces le respondió Jesús: Bienaventurado eres, Simón, hijo de Jonás, porque no te lo reveló carne ni sangre, sino mi Padre que está en los cielos.

¿En qué basó su afirmación y declaración de fe Pedro? Jesús lo indica claramente que fue de la revelación del Padre en el corazón de Simón Pedro. No de las obras humanas y señales milagreras como muchos señalan.

Hay quienes explican el origen de su fe en las señales de sanación que presenciaron por la imposición de manos de hombres llamados “de Dios” y jamás fueron confrontados con su pecado y no hay una convicción de su necesidad de salvación, no hay una idea previa de su pecaminosidad y convencimiento de su destino eterno al infierno como pago de su maldad y aunque han hecho oraciones para recibir a Jesús, su vida no muestra el fruto del Espíritu.

Luego tenemos dos fuentes de fe. La primera es sensorial, carnal y la segunda es revelación divina.

Si Nicodemo no hubiese visto las señales de Jesús ¿Creería en Jesús como el Hijo de Dios para salvación como en el caso de Pedro? Creyó en Jesús como maestro enviado por Dios, pero sólo después creyó que era Hijo de Dios porque le fue revelado y así lo muestra cuando estuvo involucrado en la sepultura del Señor trayendo un compuesto de mirra y aloes para embalsamar su cuerpo.

Hay muchas personas que dicen creer en Jesús como Hijo de Dios, la razón, es porque así se los enseñaron de niños y nunca se han cuestionado si es verdad o no, sencillamente han confiado en sus padres y esa fuente de confianza, tampoco no es revelación divina, es a más, una enseñanza de boca en boca.

Hay personas que dicen creer en Jesús porque les es agradable y juzgan bueno creer en él, pero bien pudieron haber escogido a Alá como Dios y a Mahoma su profeta y no ven ninguna diferencia.

Otros creen en Jesús, porque desde pequeños fueron adoctrinados en una institución que consideran la fuente confiable para descansar toda su fe, sin darse cuenta que al hacerlo, han confiado en hombres los cuales, ya hemos visto, no es una fuente confiable.

En algunas iglesias evangélicas, les han pedido pasar al frente como manifestación de su elección por Jesús, después que han sido movidos emocionalmente al escuchar un sermón impactante o música con tonos estudiados que incentivan ciertas emociones que los hacen más “maleables”, pero que pasada la emoción, vuelven a su vida de antes sin ningún cambio significativo.

Es por ello que el Señor tuvo que instruir a Nicodemo y hacerle ver la necesidad del nuevo nacimiento para ver y entrar al reino de los cielos.

La Fe Salvadora

En realidad, no hay tal fe salvadora, quien salva es el Señor que por medio de su Espíritu Santo, ilumina la palabra de Dios para convencer de pecado, quedando manifestado en una fe obrada por Dios en el auténtico creyente.

Juan 16:7 Pero yo os digo la verdad: Os conviene que yo me vaya; porque si no me fuera, el Consolador no vendría a vosotros; mas si me fuere, os lo enviaré.
8 Y cuando él venga, convencerá al mundo de pecado, de justicia y de juicio.
9 De pecado, por cuanto no creen en mí; 10 de justicia, por cuanto voy al Padre, y no me veréis más; 11 y de juicio, por cuanto el príncipe de este mundo ha sido ya juzgado.

Dios es quien redarguye de pecado. Nadie puede estar convencido de su pecaminosidad en todo lo que significa, sino ha sido tocado por el Espíritu Santo, nadie puede estar convencido de su necesidad de salvación sino ha sido por Dios actuando en su vida. Nadie puede venir a Cristo para Salvación si no ha sido enviado por el Padre

La palabra de Dios dice claramente.

Efesios 1:13 En él también vosotros, habiendo oído la palabra de verdad, el evangelio de vuestra salvación, y habiendo creído en él, fuisteis sellados con el Espíritu Santo de la promesa,

El santo evangelio, es ahora el instrumento que Dios usa para salvación, es la palabra de verdad, hay quien lo recibe y hay quien lo rechaza. Quién lo recibe ha sido tocado por Dios para vida eterna, pero quien lo rechaza, llama a Dios mentiroso y recibe el castigo eterno que merece.

Mientras en el mundo es necesario ver para creer, con Dios es necesario creer para ver.

Esas decisiones por “Cristo”, sin el verdadero evangelio, sin la intervención del Espíritu Santo obrando para dar ojos y oídos espirituales, los cuales son los medios que Dios ha provisto, hacen creyentes que siguen tan ciegos y engañados como siempre, camino al infierno, sin Dios y sin esperanza.

El Señor Jesucristo dijo que era el camino, la verdad y la vida para ir al Padre y su palabra dice que usa el santo evangelio de la gracia, el cual es iluminado por el único Espíritu Santo que convence de pecado al alma que ha de ser salvada.

Es gracia de Dios, para la gloria de Dios, nada más.

Caminito
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