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adan y cristo
#1
El capítulo 5:1-11 parecería haber ya abandonado el tema de la ira de Dios para entrar a hablar de la vida de en paz del hombre salvado de la ira.
Sin embargo, los versículos subsiguientes parecerían retomar el tema en la comparación de Adán y Cristo.

Grandes debates trajo este tema. Muchos teólogos han visto estos versículos como un paréntesis que el apóstol Pablo hace en su discurso. El mismo Lutero, habló de estos versículos como un “paseo divertido”.

“Mas no sólo desde el punto de vista formal sino también en lo que concierne a su contenido objetivo, este pasaje a causado dificultad a los intérpretes. El paralelismo entre Adán y Cristo expuesto por Pablo, les ha parecido tan extraño y de tan difícil acceso que ello los ha inclinado a tratar a este pasaje como un paréntesis.”

No obstante, paréntesis o no, este texto es fundamental para entender no sólo la epístola, sino el pensamiento del apóstol Pablo. Por tanto, trataremos de estudiarlo con atención.

Ya las palabras iniciales ofrecen un problema: Por tanto. ¿a que de lo antedicho se refiere con ese por tanto? ¿a que frase está ligado?. Muchos intérpretes lo ligan a los versículos precedente (1-11); nosotros hemos visto que el apóstol divide en los primeros capítulos a la historia de la humanidad en dos. Lo que Nygren llama los “dos eones”.

“Adán es la cabeza del antiguo eón, el de la muerte; Cristo es el jefe del nuevo eón, de la edad de la vida.”

Adán y Cristo encabezan dos eras, las dos edades de las que hablan los capítulos precedentes: la ira, encabezada por Adán, la reconciliación encabezada por Nuestro Señor Jesucristo. Así como por el primer hombre vino el pecado sobre toda la humanidad, y junto con el la muerte; fue un sólo hombre, Jesucristo, que ingresó en el mundo la justicia de Dios y con ella la vida eterna.

Este es el contenido principal de la segunda parte del capítulo cinco, tal vez como un resumen o ejemplo de lo que hasta aquí se venía debatiendo. En Adán estamos “bajo la ira”; en Cristo “tenemos paz para con Dios”.

La “entrada del pecado en el mundo”, es un tema de disputa en el pueblo evangélico: ¿hemos recibido el pecado hereditariamente o somos condenados por el pecado que individualmente cometemos?. Una lectura general, parecería apoyar la idea de que el pecado lo recibimos hereditariamente de Adán; sin embargo, la frase por cuanto todos pecaron parece apoyar la idea de que somos condenados en la responsabilidad de nuestros actos.

Lutero, apoya la tesis de que el pecado se recibe de generación en generación: “no puedes justificarte porque eres hijo de Adán, el primero en pecar. Por consiguiente, tú también eres pecador, por cuanto eres hijo de pecador. Un pecador empero, sólo puede engendrar otro pecador, igual a él.”

Otros descartan la teoría del pecado recibido por herencia biológica y advierten de que el pecado entró en el mundo porque Adán es la cabeza de la raza humana.

Los pelagianos suponían que el hombre era pecador por “imitación”, a lo que Calvino responde: “de ser así se deduciría que Cristo no sería la causa de la justicia, sino solamente un ejemplo para ser imitado”

“Muchos quieren considerar las palabras por cuanto todos pecaron en relación con los pecados personales posteriores. Esto es imposible por mas de un motivo. Primeramente, aún las palabras la muerte pasó a todos señala la entrada y el acceso al mundo del pecado por un único hombre. Si las palabras finales del versículo 12 se interpretaran en relación con los pecados personales de todos, entonces este acceso de la muerte descansaría a su vez en los pecados de todos y el así perdería su relación exclusiva con lo que precede”

No obstante vemos que la idea principal de Pablo en estos versículos es que por un sólo hombre, Adán, Todos los hombres son pecadores sujetos a la muerte. Aún aquellos que no han transgredido la ley voluntariamente, como los recién nacidos, están sujetos a muerte, porque han sido insertados en el pecado de Adán a este mundo de pecado. Así dice el rey David: “en pecado me concibió mi madre” (salmo 51:5)

Es difícil entender estos versículos en un mundo tan individualista, nos parece injusto que Adán nos haya involucrado en un problema del que no tomamos parte. No obstante, es el mensaje de Pablo. Y no solamente eso; sino que así como en Adán, la cabeza de la raza humana, todos hemos sido constituidos pecadores, en Cristo, también sin participación nuestra, hemos sido hechos una nueva creación.

Adán es el antitipo de Cristo, Adán se asemeja a Cristo precisamente en que son diametralmente opuestos. En el primero recae la muerte; no como castigo de Dios, sino porque “la paga del pecado es muerte”. El pecado es muerte en si mismo porque no hay vida en él. En Cristo tenemos la dádiva de Dios, el don gratuito de la vida
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