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La transmision del texto del Nuevo Testamento y nuestras Biblias de hoy
#1
Articulo de pagina cristiana "Radio difusion America"

La transmisión del texto del Nuevo Testamento y nuestras Biblias de hoy


1. La importancia de la base textual griega para las traducciones españolas del Nuevo Testamento.

Cada versión del Nuevo Testamento (NT) en lengua española es una traducción de un texto griego del NT.

Este texto básico griego, por su parte se basa en los más de 5.000 manuscritos griegos del Nuevo Testamento que conocemos hoy. Estos a su vez son todos copias de copias anteriores que al final se basan en los manuscritos originales. Las palabras de cada traducción de la Biblia quedan determinadas por las palabras de la base griega que se utilice en la traducción. Por eso es de mucha importancia para todo lector de la Biblia, saber en qué texto básico se apoya la Biblia que él utiliza.

Las traducciones de la Biblia que surgieron de la Reforma y el “Textus Receptus” del Nuevo Testamento

Se puede decir que todas las traducciones de la Biblia a las lenguas comunes o vulgares de las diferentes naciones se remontan al tiempo de la Reforma. Por la gracia de Dios en aquel entonces los pueblos de Europa y aún más allá de este continente recibieron las Sagradas Escrituras en sus propias lenguas. En muchos países terminó el negro dominio de la iglesia católica, que privaba a las personas de la verdad de la Biblia e impedía, en parte de manera sangrienta, cualquier traducción de la Biblia a las lenguas populares. En los siglos que siguieron, la Palabra de Dios libremente accesible produjo frutos maravillosos en la salvación de muchas personas. La Biblia se tradujo a cada vez más lenguas populares, cuando los mensajeros llamados por Dios llevaron el evangelio a todo el mundo. Millones de personas en todo el mundo fueron tocados, iluminados y llevados a la conversión y al nuevo nacimiento por la Palabra de Dios. Para ellos la Sagrada Escritura llegó a ser la autoridad suprema de su vida espiritual.

Desde el tiempo de la Reforma hasta finales del Siglo XIX todas las traducciones protestantes de la Biblia, como por ejemplo la de Lutero, la Biblia original de Zurich, la Biblia del Rey Jaime (King James) de Inglaterra, la versión de Reina-Valera en España y otras, para el Nuevo Testamento se basaban en un mismo texto griego, el llamado “Textus Receptus” (quiere decir “Texto recibido o aceptado por todos”). Este había sido publicado por primera vez en el año 1516 por el erudito Erasmo de Rotterdam. Todos los reformadores recibieron este texto como dado por Dios y fiable. Pero también le aprobaron unánimes millones de creyentes de distintas convicciones. De modo que el Textus Receptus del Nuevo Testamento fue durante más de 350 años para todos los creyentes la base fiable e indiscutida de su fe.

El surgimiento de la crítica textual y de las Biblias críticas (Cuando hablamos de “Biblias críticas” nos referimos a Biblias que tienen como base un texto griego establecido por la crítica textual.)
Pero con el Siglo XIX ganó influencia la ciencia de la “crítica textual” entre las iglesias y los teólogos. Ésta pretendía construir un texto básico “mejor”, más aproximado al texto original, por medio del examen de manuscritos (abreviado: mss) particulares y suposiciones propias. Al hacerlo se apoyaban en algunos manuscritos muy viejos que en numerosos pasajes se apartaban del texto recibido de la Reforma. Algunos de los más conocidos críticos textuales del Siglo XIX son Constantin Tischendorf, Brooke Foss Westcott y Fenton John Anthony Hort. Frente al Textus Receptus pusieron ediciones críticas del NT griego, que contenían numerosas tachaduras y cambios del texto bíblico transmitido durante siglos. Al cabo del tiempo adquirió cada vez más importancia la edición del crítico textual alemán Eberhard Nestle. Después de éste continuaron su trabajo su hijo Erwin Nestle y luego Kurt Aland. La edición “Nestle-Aland” (= NA) del NT griego son hoy las normas para teólogos y sociedades bíblicas.

Paso a paso los cambios originados en el texto tradicional por la crítica textual fueron penetrando en las versiones de la Biblia. Con la publicación de la English Revised Version de 1881, que debía sustituir laAuthorized Version (“La Biblia del Rey Jaime”) de 1611, por primera vez una gran traducción de la Biblia se basó en un texto básico crítico del NT compilado por la crítica textual. Pero esta revisión halló poca aprobación entre los creyentes ingleses. Hasta el día de hoy, la Biblia del Rey Jaime ocupa un lugar especial en los países de habla inglesa y es apreciada y conservada por muchos creyentes que creen fielmente en la autoridad e inspiración de la Biblia.

Hasta 1912, en Alemania la Biblia de Lutero aún se basaba íntegramente en el Textus Receptus. En 1912 sólo se cambiaron unos pocos pasajes. La incursión de la crítica textual vino con la revisión de 1956. Desde entonces la Biblia de Lutero por lo general sigue las nuevas normas del texto crítico de “Nestle-Aland”. La Biblia alemana de “Schlachter” (1905) por lo general siguió el Textus Receptus y le conservó especialmente en los pasajes espiritualmente importantes. Con algunas restricciones, esto se puede decir también de la antigua traducción de Elberfeld (1855). Las traducciones y revisiones más recientes se basan casi exclusivamente en Nestle-Aland.

En España las versiones Reina-Valera 1909 y 1960 se apoyan casi totalmente en el Textus Receptus, mientras que las traducciones modernas como la de “Dios habla hoy” y la “Biblia de las Américas” presentan muchos de los cambios críticos por tomar el texto de Nestle-Aland como base.

¿Textus Receptus o Nestle-Aland?

Los lectores de la Biblia española, por lo tanto, pueden escoger entre dos clases distintas de traducciones del NT: versiones basadas en el texto de la Reforma y versiones que se basan en un texto científico-crítico con omisiones y cambios. Pero la mayoría de los lectores en muy pocos casos son conscientes de la diferencia. Esto se debe en parte a que más del 80 % del texto neotestamentario no se ve afectado por las diferencias textuales. Muchos lectores más jóvenes ya no conocen las Biblias basadas en el texto tradicional.

Es lamentable que a menudo también entre los lectores más maduros y predicadores de la Palabra de Dios se sepa tan poco sobre la historia y las causas de la incursión de la crítica textual en nuestras versiones de la Biblia. La mayoría de los lectores de la Biblia se conforman con las explicaciones dadas en las nuevas revisiones y versiones que dicen basarse en el texto griego fiable del NT según los más recientes conocimientos científicos. Y es lógico, pues no tienen ninguna clase de información o argumentos contrarios que rebatan estas afirmaciones.

Entonces ¿ha perdido su puesto el texto recibido de la Reforma, como consecuencia del avance científico y sería justificado desecharle como tantas otras cosas? Un buen número de creyentes serios no son de esta convicción. Sobre todo en los Estados Unidos de América hay muchos creyentes fieles a la Biblia que consideran hoy todavía al Textus Receptus como el texto del NT conservado y dado por Dios. También en los países de lengua alemana muchos lectores de la Biblia de avanzada edad no han dejado la Biblia de Lutero de 1912, porque sentían que con las revisiones desde 1956 en adelante se cambió más que algunas meras palabras anticuadas. En el año 1999 se publicó en Alemania la Biblia revisada de Schlachter, y con ella una traducción del NT que se basó exclusivamente en el texto recibido de la Reforma.

Muchos lectores se preguntarán por qué al final del Siglo XX se toma como base de una traducción de la Biblia un texto acerca del que han oído que sería “anticuado” y “poco fiable”. Pero hay buenas razones para defender el texto recibido de la Reforma e incluso para volver a él conscientemente - precisamente hoy en día, cuando la crítica bíblica y el poner en duda la Palabra de Dios se está extendiendo cada vez más. A continuación quiero intentar dar unas informaciones acerca de lo que es el texto recibido de la Reforma y explicar porqué los creyentes que creen fielmente en la autoridad e inspiración de la Biblia aún hoy lo pueden aceptar como el texto del NT que Dios ha guardado y transmitido con toda garantía.

2. Breve resumen de la historia del texto griego recibido de la Reforma

El texto griego recibido de la Reforma, (Informaciones fundamentales sobre el Textus Receptus se hallan en los siguientes títulos que se utilizaron para este trabajo: David Otis Fuller (Ed.): Which Bible?; Theodore P. Letis (Ed.): The Majority Text: Essays and Reviews in the Continuing Debate. Edward Freer Hills: The King James Version Defended. El texto mismo, donde mejor se puede estudiar es en la siguiente versión, que es la que contiene la mayoría de los cambios críticos en el aparato de notas: The Interlinear KJV Parallel New Testament in Greek and English. Based on the Majority Text [en realidad: Stephanus 1550] With Lexicon Synonyms. George Ricker Berry.) también denominado Textus Receptus (=TR) tiene sus raíces en tiempos anteriores a la Reforma. La transmisión textual en que se basa se remonta al ancho cauce de manuscritos bizantinos y hasta los mismos originales. Coincide esencialmente con el texto de aproximadamente el 90 % de los más de 5.000 manuscritos griegos conocidos del NT, que en la crítica textual están agrupados bajo la expresión “Koiné”, texto “bizantino” o “Texto Mayoritario” (Majority Text = MT). Esencialmente, todos estos manuscritos dan testimonio del mismo texto del NT generalmente reconocido durante siglos en todo el territorio de habla griega. Después de 14 siglos, esta transmisión del texto desembocó en el Textus Receptus. Se puede decir que el Textus Receptus representa una forma especial del texto bizantino o mayoritario.

En todo el territorio donde se difundió el NT, el texto mayoritario es una transmisión testificada que tuvo su origen en las iglesias del primer siglo de Grecia y Asia Menor. Fue preservado y transmitido en los siglos subsiguientes (principalmente por la iglesia griega) en multitud de manuscritos. Ya en el Siglo II está atestiguada esta transmisión del texto; hasta el Siglo IV fue ganando cada vez más influencia. Esto lo prueban los papiros tempranos, las citas bíblicas de los primeros Padres de la iglesia y las traducciones de la Biblia del Siglo II, sobre todo la Peshita siríaca.

Como muy tarde en el Siglo V, la transmisión mayoritaria era la forma textual predominante reconocida por la mayoría de los cristianos grecohablantes. De ahí que más o menos el 90 % de todos los manuscritos hoy conocidos contienen precisamente esta forma textual. Estos manuscritos entraron en Europa Occidental después de la caída de Bizancio y despertaron el interés por el texto griego del NT, después de que hasta entonces estaba difundida casi exclusivamente la Biblia latina oficial de la iglesia, la Vulgata.

El origen del Textus Receptus en el siglo de la Reforma

Tras años de estudios preliminares, el erudito humanista Erasmo de Rotterdam, que era un extraordinario conocedor del griego, habiendo visto y analizado manuscritos del NT en muchas bibliotecas, publicó en 1516 una versión del Nuevo Testamento griego, que se divulgó ampliamente y fue reeditada varias veces. Se basaba en manuscritos procedentes de la transmisión mayoritaria, aunque en algunos lugares del texto también se apartaba de ella. Algunas publicaciones influidas por la crítica textual realzan que esta edición se hizo con prisas y que contenía algunos errores. Pero dejan de decir, que esta primera edición del Nuevo Testamento en griego en aquel entonces fue una obra pionera que abría nuevos caminos, y dejan de decir también la importancia espiritual revolucionaria que correspondió precisamente a este libro.

El Textus Receptus de Erasmo en ningún modo fue un trabajo chapucero ocasional, motivado, si cabe, por intereses de lucro, como afirman ciertos defensores de la crítica textual. Indiscutiblemente, Erasmo fue el mayor erudito de su tiempo y se había ocupado durante años con el NT griego. En sus viajes de investigación ya en años anteriores había analizado diferentes manuscritos del NT y llevado a cabo una traducción del NT griego al latín. Por lo que hoy sabemos, él conocía la gran mayoría de los pasajes que se apartan del texto transmitido, pasajes que la crítica textual hoy aprueba, pero él los desechó como erróneos. (En las notas a su edición, Erasmo discute numerosas variantes de “Nestle-Aland”, como por ejemplo Juan 7:53-8:11 o 1 Timoteo 3:16 - comp. Hills, King James Version, pp. 194-199.)

Aunque oficialmente no se salió de la iglesia católica y no sabemos si fue creyente, tenía bastante más reverencia por la Biblia como Palabra revelada por Dios que la mayoría de los críticos textuales de hoy, y era su anhelo que las personas sencillas de Europa pudieran leer el Nuevo Testamento.(Comp. su introducción al NT griego de 1516 en: “Wegbereiter der Reformation” (Ed. G.A. Benrath), Wuppertal (R. Brockhaus) 1988, pp. 527-537.)

Por la providencia de Dios, él mismo fue un instrumento decisivo para que se hiciera realidad este deseo. La prisa con la que preparó su primera edición, nosotros los creyentes de hoy deberíamos considerarlo a la luz del hecho que sólo un año después, en 1517, comenzó la Reforma. El texto publicado por Erasmo constituyó la base para la traducción del NT de Lutero en 1522 y también para el NT de la Biblia de Zurich (“Froschauer Bibel”) de 1529.

El impresor Robert Estienne (“Stephanus”) que se había convertido y después emigró de Francia, publicó varias versiones del NT griego entre 1546 y 1551, que se basaban en la versión de Erasmo, pero mejorándola en varios detalles. La versión de Stephanus del Textus Receptus de 1550 ha llegado a ser una de las más importantes e influyentes. También el reformador suizo Theodor Beza y los editores holandeses Elzevir publicaron en los años 1565-1604 y 1624-1678 respectivamente numerosas versiones de este texto.

Este texto, por lo tanto, con razón se denomina el texto recibido de la Reforma. Los líderes y maestros de la Reforma (entre los cuales algunos como Beza, por ejemplo, habían estudiado a fondo la transmisión de los manuscritos) en todos los países lo aceptaron. Y también otros creyentes como los Valdenses y Anabaptistas.(Con esto no nos referimos a la secta antibíblica de los “Anabaptistas” münsteristas, sino a las iglesias Anabaptistas serias y fieles a la Biblia, como las que se formaron alrededor de Menno Simons, de las que surgieron entre otros los menonitas.) Todos ellos reconocieron al Textus Receptus como texto del NT conservado y sacado a luz por la providencia de Dios.

Por la soberana dirección de Dios, precisamente este texto fue la base de todas las Biblias de la Reforma, no sólo la de Lutero, la de Zurich y la del Rey Jaime, sino también la Biblia de Olivetan, la de Ostervald (francesa), la de los Países Bajos, la Reina-Valera española y muchas otras más. Por causa del principio básico de que solamente la Biblia debería ser la suprema autoridad para los creyentes, en cierto sentido este texto llegó a ser el fundamento reconocido de la Reforma, la base determinante para todas las doctrinas y la predicación. Lo mismo es válido para las iglesias anabaptistas y los Husistas.

3. El ataque de la crítica textual racionalista contra el texto recibido

Entre los primeros “críticos textuales”, que pusieron en duda la credibilidad del texto recibido del NT, desempeñaron un papel importante los Jesuitas y otros representantes de la iglesia católica, (Obsérvese sobre este tema los trabajos muy reveladores en Letis (Ed.) The Majority Text, especialmente las pp. 126 y 145-190.)que, alegando las “lecturas” (pasajes) discrepantes, trataban de minar la enseñanza de la Reforma de que la Sagrada Escritura era la única autoridad para los creyentes. La crítica textual les proveyó con la argumentación necesaria para afirmar que la Escritura sola no era suficiente como norma, sino que los creyentes necesitaban la enseñanza y tradición de la iglesia católica para saber con seguridad lo que Dios había dicho.

Con esto querían también defender la posición predominante de la traducción del NT de la “Vulgata” latina usada oficialmente por la iglesia, antes que el texto básico griego; porque la Vulgata se aparta en bastantes puntos de la transmisión bizantina del NT y presenta modificaciones “críticas”. Pero este ataque astuto contra los fundamentos de la Reforma fue rechazado por los creyentes y sus líderes en aquel entonces. Ellos consideraban al Textus Receptus como el texto que Dios les había conservado y le retenían por fe.

En los siglos XVIII y XIX, cuando la ciencia y la teología estaban marcadas cada vez más por la Ilustración, el Racionalismo y la apostasía de la fe, hubo críticos textuales, como Griesbach, Lachmann, Tischendorf y también Westcott y Hort que emprendieron la tarea de intentar reconstruir el texto del NT original, según su opinión por medio de la comparación de diferentes manuscritos más antiguos. Todos ellos desecharon la norma autoritativa del texto transmitido y le calificaron a él y a la transmisión del texto mayoritario en que se basaba de ser un texto malo y corrupto que se habría originado por una elaboración posterior. Por otra parte explicaron que los poquísimos manuscritos muy antiguos de la transmisión alejandrina (que parte de la ciudad egipcia de Alejandría) serían los únicos testigos fiables del texto original. (Una presentación crítica muy buena de los métodos y fundamentos de la crítica textual se encuentra en Wilbur N. Pickering: The Identity of the New Testament Text (p. 180) Nashville (Thomas Nelson) 1980.)

Las recriminaciones de los críticos textuales contra el texto recibido de la Reforma

Los críticos textuales afirmaban que el texto recibido de la Reforma no era fiable, porque sólo estaba contenido en manuscritos más tardíos. De hecho, en el clima húmedo del territorio mediterráneo, los manuscritos de pergamino tenían normalmente una vida de 150-200 años como mucho y tenían que ser reemplazados entonces por nuevas copias. De ahí se explica que la mayoría de los testigos del texto mayoritario sean del Siglo VIII al Siglo XIV. Pero también hay manuscritos de los siglos V y VI que testifican del texto mayoritario, y ya en los papiros más tempranos que se han conservado se hallan formas textuales típicamente bizantinas.

El hecho de que el texto mayoritario estaba atestiguado con asombrosa uniformidad por muchos cientos de manuscritos de diferentes siglos y diferentes regiones del cristianismo, trataron de explicarlo Westcott y Hort de esta manera: según ellos habría habido en el siglo IV una reelaboración y unificación llevada a cabo por la iglesia (la llamada “Recensión Luciana”). Según ellos entonces se habrían armonizado y retocado diferentes transmisiones más antiguas para formar un nuevo “texto uniforme”.

Sin embargo, no se hallaron pruebas históricas de ninguna clase para esta afirmación arbitraria. Una revisión del NT griego tan transcendente, aprobada por todos los obispos, con toda seguridad habría tenido que ser documentada en alguna parte. Tanto los hallazgos de antiguos manuscritos en papiro, como las citas antiguas de los “Padres de la iglesia” y las traducciones, muestran que la transmisión del texto mayoritario ya había tenido que existir antes del Siglo IV. De manera que esta teoría ya la han desechado la mayoría de los críticos textuales. (Comp. Pickering, Identity, p. 93ss.)

Unido a esto afirmaban que las lecturas del Textus Receptus tan lógicas entre sí, de un lenguaje claro y doctrinalmente sanas no podían ser originales, sino que tenían que ser el resultado de una amplia reelaboración redaccional. Añadido a esto se planteó la suposición de que los copistas del NT habrían tenido más bien la tendencia de mejor corregir de por sí las palabras de las Sagradas Escrituras que tenían delante y de ampliarlas por medio de adiciones, antes que de omitir algo (sin querer o intencionalmente). De ahí que las “lecturas” (o variantes) más oscuras y más difícilmente comprensibles habría que considerarlas como las originales, igual que las lecturas que ocasionaron diferencias entre las transmisiones de los evangelios.

En algunos manuscritos muy antiguos de Alejandría y Egipto, los críticos textuales hallaron el texto del NT que más se aproximaba a la idea que ellos tenían de lo que debía ser el “texto original”. Estos manuscritos omitían muchas de las palabras testificadas en el 90 % de los manuscritos de las Sagradas Escrituras, sustituían otras por expresiones más oscuras y difíciles de comprender, contenían numerosas contradicciones y faltas gramaticales. A estos manuscritos se les atribuyó una transmisión textual prácticamente libre de errores y “neutral”.

La transmisión bizantina, por el contrario, fue tratada con desprecio. Se dijo y se dice que sería “falsificada” y “desfigurada”, que sería un texto “normalizado y oficialmente impuesto”, que “con violencia había sido encerrado en un rígido esquema”. Su divulgación habría sido “dirigida desde una central”. (Comp. Bruce M. Metzger, A Textual Commentary on the Greek New Testament, 2a ed. Stuttgart (Dt. Bibelgesellschaft) 1994, p. 7*; Kurt u. Barbara Aland, Der Text des Neuen Testaments. Einführung in die wissenschaftlichen Ausgaben und in Theorie wie Praxis der modernen Textkritik. Stuttgart (Dt. Bibelgesellschaft) 2a ed. 1989, p. 79.) El crítico textual Hort a la edad de 23 años expresó sus prejuicios contra el texto tradicional de la siguiente manera: “Hasta hace algunas semanas yo no tenía ni idea de la importancia de los textos, porque había leído tan poco del Testamento griego, y me arrastraba pesadamente con ese vil Textus Receptus (...) Pensar en ese horrible Textus Receptus que se apoya totalmente en manuscritos tardíos; es una bendición que haya estos tempranos”. (Citado según Pickering, Identity, p. 31. Este pasaje dice en el original: “...and dragged on with the villainous [= vil, malvado, malísimo] Textus Receptus ... Think of that vile [= vil, horrible, pésimo, asqueroso] Textus Receptus...”.)

4. ¿Son los manuscritos más antiguos los más fiables?

Los “testigos principales” de la crítica textual que supuestamente prueban el rechazo del texto de la Reforma, son un par de copias “unciales” antiguas (unciales eran manuscritos escritos en mayúsculas), sobre todo elCódice Sinaítico (Alef) y el Códice Vaticano (B), ambos del Siglo IV, procedentes de la transmisión alejandrina. En ellos se omitieron o cambiaron muchas palabras y muchos pasajes en parte importantes que se encuentran en el texto mayoritario.

Aunque estos manuscritos antiguos muchas veces se contradicen entre sí y demuestran ser testigos muy poco fiables (véase más abajo), entre otras cosas por abundantes y graves faltas cometidas por los copistas, casi todos los representantes de la crítica textual afirman que estos serían los que más se acercan a los originales de la transmisión textual. Por otra parte, declaran que son de poca importancia para el atestiguamiento del texto original, las 2.500 copias cursivas (manuscritos escritos en minúsculas griegas) y las numerosas copias unciales (a partir del Siglo V), que dan testimonio del “texto mayoritario”, por lo cual las rechazan y no las toman en consideración.

La suposición de que los textos más antiguos del NT tienen que ser los más fieles, parece lógica a primera vista. Pero ya fue rechazada y rebatida en el Siglo XIX por creyentes fieles a la Biblia y eruditos, entre los cuales se hallan extraordinarios conocedores de la historia de los textos, como John William Burgon (Las obras en las que el investigador textual inglés, John W. Burgon, rechaza la crítica textual de Westcott y Hort con argumentos bien fundamentados, están hoy aún sin rebatir y son de un valor permanente para todos aquellos que se quieran ocupar a fondo con estas cuestiones. Han sido publicadas en una colección abreviada en un volumen: John William Burgon: Unholy Hands on the Bible. Vol. I. Editor Jay P. Green sen. (p. 624) Lafayette, Indiana (Sovereign Grace Trust Fund) 1990. Los volúmenes sueltos con el aparato completo de notas han sido reimpresos por “The Bible for Today”, 900 Park Ave., Collinswood NJ 08108, USA (ver Bibliografía).) y Frederick Henry Ambrose Scrivener de Inglaterra. Contrastando con esta suposición, ellos han mostrado que precisamente la transmisión del texto en los primeros siglos fue muy poco uniforme en lo que se refiere a su fidelidad.

Por lo tanto es muy importante saber si los escribientes copiaban el texto de fuentes fiables cotejadas con los originales. En numerosos manuscritos muy antiguos se puede demostrar que fueron escritos por copistas que trataban la santa Palabra con gran dejadez o incluso con arbitrariedad. Esto originó errores de copia, mutilaciones evidentes del texto, pero también a veces cambios del texto original inducidos por herejías.

Las herejías de la iglesia primitiva y las resultantes falsificaciones de la Escritura

En este contexto es importante conocer algo del trasfondo de la historia de la iglesia primitiva. Especial-mente en los Siglos II y III surgieron numerosos herejes y movimientos falsos en la iglesia. Irrumpieron poderosas luchas relacionadas con la doctrina bíblica de Cristo y otros temas básicos. Se escribieron evangelios y epístolas apostólicas falsificadas (“apócrifas”), con el propósito de apoyar las falsas doctrinas. Herejes como Marción y Taciano no vacilaron en falsificar también el texto de las Sagradas Escrituras para apoyar sus opiniones. Es conocido, por ejemplo, que Marción utilizaba una versión abreviada y falsificada del Evangelio de Lucas, para cimentar sus herejías. Para los gnósticos “iluminados” las escrituras del NT no eran ni mucho menos santas e intocables, sino que pensaban que podían utilizarlas libremente, es decir, recortarlas, cambiarlas o ampliarlas cuando fuera necesario.

Los papiros y unciales alejandrinos manifiestan una gran arbitrariedad en el trato de la santa Palabra de Dios, como solamente pueden ser propias de partidarios de herejías. Kurt y Barbara Aland hablan con toda naturalidad de que muchos papiros presentan “un texto ‘libre’, es decir, un texto que de distintas maneras dispone de modo relativamente libre del texto original”. El antiguo copista de la transmisión alejandrina se sentía “libre” para “cambiar el texto de la Sagrada Escritura según lo que él creía objetiva, gramatical o estilísticamente correcto”. Esto es tanto más válido para los tiempos más tempranos cuando los textos aún no tenían la canonicidad de los tiempos posteriores (!), y mucho más en los comienzos, cuando el cristiano era consciente de ser poseedor del Espíritu (!!)”. (Aland/Aland, Der Text..., p. 69 y 79, comp. también p. 60)

En esos tiempos había, por lo tanto, dos líneas de transmisión: Por una parte manuscritos hechos por creyentes que retenían la fe bíblica. Estos manuscritos conservaban con todo cuidado el texto literal divinamente inspirado, y eran comparados con los originales (o las copias directas y atestiguadas de estos). Pero, por otra parte, había también manuscritos que se caracterizaban por un trato del texto negligente, arbitrario y hasta a veces intencionadamente falsificante. Por eso es importante conocer las líneas de transmisión sobre las que se apoyan, por una parte el “texto mayoritario” y el Textus Receptus, y por otra los textos críticos. Porque es absolutamente decisivo para una evaluación espiritual, saber de qué ambiente espiritual y en base de qué fuentes proceden los textos que deben contener una transmisión fiel de los escritos originales.

5. El origen del texto alejandrino y del greco-bizantino

La línea de transmisión alejandrina y las herejías de Egipto

Los manuscritos Sinaítico y Vaticano y también los papiros proceden de una transmisión que tiene su origen enAlejandría o Egipto. Esto es una región que estaba muy lejos del lugar de los originales de modo que los escribientes difícilmente podían cotejar sus copias con las copias primeras atestiguadas. Y los lectores tampoco podían reconocer tan fácilmente las divergencias de los originales como en el territorio griego de Asia Menor, donde las iglesias fundadas por los Apóstoles seguían existiendo.

Pero más grave es que precisamente en Alejandría y Egipto actuaban muchos herejes (del gr. hairesis = doctrina equivocada, partidismo, secta) y enemigos de la fe bíblica, que estaban influenciados sobre todo por el Gnosticismo [derivado de gnosis = conocimiento secreto], el Arrianismo y la filosofía griega. El gnosticismo era una doctrina pagana de misterio que estaba basada en conocimientos de revelaciones demoníacas y que ya en el primer siglo comenzó a obrar en las iglesias cristianas que se estaban formando (comp. 1 Ti. 4:1-5; 1 Ti. 6:20 donde la traducción “ciencia” en el gr. dice gnosis; Col. 2; 1 Jn.).

Los gnósticos enseñaban entre otras cosas un dualismo antibíblico de (buen) espíritu y (mala) materia, la autosalvación del hombre por medio de la “iluminación” demoníaca o “conocimiento”, el desprecio por todo lo corporal o creado (tendencia a un ascetismo equivocado o un total desenfreno) y especulaciones pagano-ocultistas sobre la creación y el mundo de los ángeles. Hacían una distinción entre la divinidad suprema y otro supuesto dios creador inferior malo (“un demiurgo”), que habría hecho la creación mala y al cual identificaban con el Jahvé del Antiguo Testamento.

El Gnosticismo “cristiano” y Orígenes como defensor de los textos alejandrinos

Bajo el ropaje “cristiano”, el gnosticismo, entre otras cosas, causó una devaluación del Antiguo Testamento (interpretándole esencialmente de manera alegórica y figurada). Los gnósticos negaban que Jesucristo es Dios, con la misma naturaleza que el Padre; negaban que Él es desde la eternidad el Hijo de Dios y se hizo hombre verdadero (comp. Jn. 1:1-14, lo cual va dirigido directamente contra los gnósticos), y negaban su muerte en la cruz como sacrificio expiatorio. Para los gnósticos, Cristo era un ser angélico creado, que nunca se hizo realmente hombre (“ha venido en carne” - 1 Jn. 4:1-3) y no podía morir en la cruz por los hombres. Para otros herejes Él era un hombre normal, aunque “espiritualmente” dotado, que nunca fue engendrado por Dios y no era Dios desde la eternidad (la raíz del “Arrianismo”). Muchas herejías horribles sobre la persona de Jesucristo que caracterizaron la historia temprana de la iglesia católica, tienen que ver directa o indirectamente con la influencia dañina del gnosticismo “cristiano” y de la filosofía griega. (Sobre estos nexos comp. entre otros Heussi, Kompendium der Kirchengeschichte, 10a ed. Tubinga (J.C.B. Mohr) 1949, p. 50-106.)

De gran importancia para la transmisión textual alejandrina fue el famoso erudito Orígenes (aprox. 185-254). Estudió en la “escuela catequística” alejandrina dirigida por el gnóstico “cristiano” Clemente de Alejandría, y después fue maestro de la misma. Bajo la influencia de herejías místico-ascetas se castró él mismo. Orígenes estaba muy influenciado por el gnosticismo y la filosofía neoplatónica y se le conoce como fundador de la herejía del universalismo. (UNIVERSALISMO: Creencia de que todo ser humano finalmente alcanzará la salvación en Jesucristo (llamada también “restauracionismo”). [...] La doctrina tiene una larga historia. Hubo teólogos universalistas en la Iglesia Antigua. Se enseñó primero en Alejandría. Orígenes elaboró extensamente la doctrina ... . (De Diccionario de Historia de la Iglesia, Editorial Caribe, p. 1036-1037).) Ponía en duda la autenticidad de algunos pasajes de los evangelios, por su método arbitrario de interpretación alegórica.

Se puede decir que Orígenes fue el primero que practicó la “crítica textual” en el sentido científico moderno. Por eso los críticos textuales de hoy le aprecian tanto. Algunos investigadores atribuyen a Orígenes una gran influencia sobre los manuscritos Sinaítico y Vaticano. Estos manuscritos probablemente fueron hechos por encargo del emperador Constantino por Eusebio de Cesarea que era gran admirador de Orígenes. Eusebio los hizo elaborar según los principios críticos de su maestro. Así entraron en estos manuscritos influencias gnósticas y otras influencias perniciosas de la transmisión alejandrina.

La iglesia católica occidental cuyo idioma oficial era el latín adoptó algunas lecturas alejandrinas y las incorporó en la traducción latina de su Biblia “Vulgata”, después de haber llegado a ser la iglesia estatal y “popular” bajo el emperador Constantino. Esto parece mostrar que esta iglesia no era capaz de superar del todo las doctrinas erróneas de los enemigos de la fe, porque ya en aquel entonces estaba en su interior completamente leudada por ellas y no se encontraba ya sobre el fundamento bíblico. Con el tiempo, la Vulgata llegó a ser el texto estándar del NT en la iglesia católica, mientras que el texto griego se fue dejando de lado casi totalmente.

El clima seco y cálido de Egipto posibilitó la supervivencia de manuscritos alejandrinos antiquísimos, que por sus muchos errores, inexactitudes y falsificaciones heréticas posteriormente no se volvieron a utilizar (¡de otra manera se hubiesen deshecho!). Son testigos de una línea lateral desfigurada de la transmisión textual, que con buenas razones se dejó de lado, de modo que sus manuscritos en tiempos posteriores ya casi no se copiaban, porque fueron reconocidos como no fiables y falsificados. (Estos puntos de vista están muy bien explicados en Pickering, Identity, p. 99ss.) Su edad, por lo tanto, de modo alguno es una garantía para denotar su proximidad al texto original, porque la actitud arrogante y negligente de sus escribientes, causada por herejías, les sedujo a transmitir el texto de manera desfigurada y mutilada.

La línea de transmisión del texto mayoritario

El texto mayoritario proviene de una región (Asia Menor y Grecia), en la que muchas de las primeras iglesias cristianas fueron fundadas todavía por los mismos apóstoles y poseían aún los escritos originales (al menos el Evangelio de Juan, las epístolas a los Corintios, a los Gálatas, Efesios, Colosenses, Filipenses, Tesalonicenses, Timoteo, las epístolas de Pedro y el Apocalipsis) o copias correctas certificadas, para garantizar una transmisión fiel. En esta región obró Timoteo (quizá hasta entrado el Siglo II) a quien el apóstol Pablo había encomendado la tarea de guardar la Palabra de Dios (comp. 2 Ti. 1:13, 14). Hasta aproximadamente el año 90 el apóstol Juan tuvo su ministerio en esta región, siendo un testigo de la verdadera transmisión, autorizado por Dios.

En esta región, pues, había las mejores condiciones para garantizar una transmisión fiel del NT revelado. Esto también es válido para los copistas de los escritos originales. En el primer siglo se puede decir que en casi todas las iglesias de esta región había aún judíos creyentes, y podemos partir de la base de que sus copias del NT estaban marcadas por su actitud sumamente cuidadosa, caracterizada por una santa reverencia ante cada una de las letras y palabras en la transmisión de la Escritura.

Añadido a esto hay que decir que durante muchos siglos esta región fue el “corazón del cristianismo”, como hacen constar también Kurt y Barbara Aland: “Es seguro que Asia Menor y Grecia fueron el centro de cristianismo primitivo, ejerciendo una influencia considerable o tal vez incluso decisiva sobre el desarrollo del texto neotestamentario”. (Aland/Aland, Der Text..., p. 62/63 y 77.) Precisamente esta influencia se hace visible en la transmisión del texto mayoritario. Los críticos textuales, sin embargo, se niegan a reconocer este hecho por sus prejuicios espirituales. Es, por lo tanto, consecuente que los creyentes reconocieran y divulgaran este texto transmitido con toda fiabilidad por la dirección y providencia de Dios. A partir del Siglo IV es generalmente reconocido por los creyentes de habla griega en todo el imperio romano.

Con respecto a 2 Timoteo 1:13, 14 deberíamos considerar aquí la importancia de los creyentes sencillos guiados por el Espíritu Santo para la transmisión fiel del texto original del NT. Las sagradas Escrituras del NT eran intercambiadas en las primeras iglesias por medio de copias certificadas, y eran leídas con avidez (en lo que con toda seguridad tuvieron un cierto control los apóstoles y sus colaboradores). Sobre todo en las reuniones de la iglesia se leían con regularidad (comp. Col. 4:16) con lo que quedaron bien afianzadas las palabras textuales.

De esta manera, en el corazón del cristianismo apostólico, en un período de unos 30-40 años pudo formarse una transmisión cuidadosa del texto verdadero, antes de que irrumpieran las influencias dañinas, falsificaciones y cosas semejantes. Por esta razón, estos creyentes podían reconocer y rechazar escritos falsos y falsificados, a pesar de que sólo algunos de ellos poseían copias fieles.
Una prueba contundente para la firmeza de esta transmisión fidedigna es, que también los herejes como por ejemplo los origenistas y arrianos que pudieron consolidarse en esa región, tuvieron que conservar ese texto transmitido, para ellos contraproducente, no pudiendo osar meter omisiones o cambios como sus correligionarios en Alejandría.

Por el testimonio y la obra del Espíritu de Dios, el texto mayoritario que se basaba en los originales fue tan difundido y aprobado que éste, y no las formas textuales discrepantes de Alejandría, llegó a ser el texto predominante divulgado en todas partes. En esto, los creyentes podemos ver la fidelidad de Dios a Sus promesas. Aún y cuando la iglesia griega ortodoxa vivió una decadencia espiritual y apostasía parecida a la de la iglesia católica de Occidente, sin embargo, fue hecha la guardiana del texto original por medio de la providencia y obra de Dios, a semejanza de los rabinos incrédulos de la Edad Media que fueron los guardianes del texto hebreo del Antiguo Testamento.

Por medio de una cadena ininterrumpida de copias, este texto fiable fue difundido en todas partes donde vivían creyentes. En el clima húmedo del territorio mediterráneo los manuscritos de pergamino o papiro tenían normalmente una vida de 150-200 años como mucho (puesto que eran usados constantemente) y tenían que ser sustituidos por nuevas copias. De ahí se explica que el texto mayoritario generalmente reconocido haya llegado a nosotros principalmente en manuscritos relativamente tardíos: sus antecesores tempranos se desintegraron por causa del clima y el uso frecuente y fueron sustituidos por copias fieles.
La gran fidelidad de esta línea de transmisión con respecto al trato del texto que le ha sido confiado se muestra en la asombrosa uniformidad del texto en las muchas copias de copias, que además proceden de regiones muy alejadas la una de la otra. Esta uniformidad solamente se explica por el hecho de que reproducen con gran cuidado un antecedente común: los originales inspirados.

De esta manera se explica que un manuscrito del S. XIV pueda contener una reproducción del texto original más fiable que un manuscrito del S.II. (Esto, de hecho, es algo indiscutido en la investigación textual del Antiguo Testamento; referente al AT, la mayoría de los eruditos defienden la fiabilidad y superioridad del texto masorético (que también ha sido transmitido solamente en manuscritos “tardíos” del Siglo X y equivale al Textus Receptus del NT) frente a los manuscritos más antiguos (comp. Ernst Würthwein, Der Text des Alten Testamentes, Stuttgart 1952, p. 19 y 83).) Lo decisivo es: ¿procede el texto transmitido de los escritos originales y ha sido transmitido fiel y cuidadosamente por medio de las copias intermedias? El Texto Mayoritario presenta todas las características de semejante transmisión cuidadosa. Los testigos más importantes de la crítica textual, en cambio, demuestran convincentemente, lo equivocado que es afirmar que los testimonios textuales más antiguos serían los más fiables y los que más se acerquen a los originales.

6. Los dudosos testigos principales de la crítica textual

Por medio de unos pocos datos y cifras quisiera demostrar lo poco fiables que son para la transmisión textual los manuscritos más antiguos que han llegado hasta nosotros. Muestran sobre qué base arbitraria está construido todo el edificio de la crítica textual moderna. Si los testigos principales de los que presentan sus acusaciones contra el Textus Receptus no son dignos de confianza, entonces tampoco lo son las ediciones de “Nestle-Aland” que esencialmente se basan en ellos. El caso “Textus Receptus” merece ser de nuevo procesado y decidido.

El Códice Sinaítico (“Alef”)

Este manuscrito del Siglo IV está entre los más famosos y reconocidos. Fue hallado por Tischendorf en el Siglo XIX en un cubo de la basura del convento de Santa Catalina al pie del monte Sinaí. Para el crítico textual Tischendorf era el manuscrito mejor y más puro de todos y por causa de él modificó más de 3.500 pasajes de su edición crítica del NT. (Comp. Burgon, The Traditional Text of the Holy Gospels, London (George Bell and Sons) 1896, p. 159-160.20) Es uno de los testigos textuales principales para el texto alejandrino-egipcio, que según el prejuicio de los críticos textuales sería el que más se acerca al original. Kurt y Barbara Aland, no obstante, evalúan la calidad de su transmisión textual con cierta reserva: “El texto, que contiene numerosas lecturas singulares [= formas textuales que sólo se encuentran en el Sinaítico. Nota del autor, R.E.] (y descuidos), fue sobreestimado excesivamente por Tischendorf; en su valor es bastante inferior a B [= Códice Vaticano] (...)”. (Aland/Aland, Der Text..., p. 118.)

Esta confesión está formulada con bastante finura y embellecimiento. Burgon ha contado solamente en los Evangelios 1.460 lecturas discrepantes, que no se hallan en ningún otro manuscrito - es decir, ¡casi 1.500 casos en los que este “testigo”, incluso bajo los criterios de la crítica textual, muy probablemente está equivocado! El manuscrito está plagado de evidentes faltas de los copistas y negligencias, como la omisión de líneas enteras y palabras. En comparación con el Textus Receptus, el Códice Sinaítico omite 3.455 palabras solamente en los Evangelios, añade 839, sustituye 1.114 palabras por otras, cambia el orden de 2.299 palabras en distintas frases y modifica 1.265 palabras, ¡de manera que resulta en un total de 8.972 diferencias! Al menos 10 correctores se esforzaron posteriormente en arreglar una parte de estos errores.(Pruebas de esto en Burgon, The Revision Revised, Reimpresión, Collinswood N.J. (Dean Burgon Soc. Press), sin año, p. 12; comp. también Mauro en Fuller (Ed.), True or False? The Westcott-Hort Textual Theory Examined, Grand Rapids (Institute for Biblical Textual Studies), p. 72-80.) Más grave que esto es que el Sinaítico, que se originó bajo la influencia de Orígenes, contiene numerosas omisiones y cambios que indican un menoscabo intencionado efectuado por partidarios de herejías. El Sinaítico omite por ejemplo “Hijo de Dios” en Marcos 1:1, “en mí” en Juan 6:47, “que está en el cielo” en Juan 3:13, la ascensión en Lucas 24:51, cambia “¿crees tú en el Hijo de Dios?” en “¿crees tú en el Hijo del Hombre?” en Juan 9:35 y en 1 Timoteo 3:16 dice “El” en lugar de “Dios”. Es uno de los tres (!) manuscritos que omiten el final de Marcos 16, y también omite Juan 7:53-8:11. A cambio contiene la “epístola de Bernabé” y el “Pastor de Hermas”, escritos católicos tempranos caracterizados por herejías, ¡que los editores “de confianza” de este códice consideraban como santas escrituras!

El Códice Vaticano (B)

El segundo testigo principal de la crítica textual es un manuscrito del Siglo IV procedente de la biblioteca del Vaticano. Está estrechamente relacionado con el Sinaítico, de modo que los investigadores textuales suponen que tuvieron un antecedente común. La calidad de esta copia es algo mejor que la del Sinaítico, aunque aquí también hay muchas faltas de los copistas y negligencias. En los Evangelios solamente contiene 589 variantes, que no se hallan en ningún otro manuscrito. En comparación con el Textus Receptus, Burgon ha descubierto que omite en los Evangelios 2.877 palabras, añade 536, sustituye 935 por otras, cambia la posición de 2.098 palabras en la frase y modifica 1.132 palabras, de modo que resulta un total de 7578 diferencias.

El Códice Vaticano ha sido para muchos críticos textuales, y de manera especial para Westcott y Hort, el texto consumado “puro”, sin influjos ajenos, que ponían casi al mismo nivel que el original. Pero la crítica textual ya ha tenido que deshacerse de este dogma insostenible. (El comentario de Aland/Aland sobre este prejuicio “científicamente cimentado” de Westcott y Hort con motivo de Mt. 21:28: “(...) en este caso el dar preferencia a B (Códice Vaticano) les conduce (como tantas otras veces) al extravío.” Der Text..., p. 262.) El Códice Vaticano muestra un estrecho parentesco con el Papiro P75 que es más antiguo que él, y coincide con el Sinaítico en muchos pasajes cuando se trata de discrepancias del texto transmitido originadas por herejías.

A pesar de que estos dos testigos principales contradicen tan a menudo al texto tradicional, desacreditan su testimonio por el hecho de que entre ellos dos constantemente están en desacuerdo. El investigador textual Herman Hoskier descubrió que el Sinaítico y el Vaticano ¡se contradicen 3.036 veces en los Evangelios!(Comp. William P. Grady, Final Authority, Schererville, Indiana (Grady Publications) 7a ed. 1995, p. 98.) ¡Calculado esto en una página normal de la Biblia, esto equivaldría a 30 pasajes contradictorios por página! Esto nos hace recordar un versículo de la Biblia: “Porque muchos decían falso testimonio contra él, mas sus testimonios no concordaban” (Mr. 14:56). La señal bíblica de un testimonio verdadero, sin embargo, son varios testigos que coinciden en decir lo mismo. Estos no los hallamos entre los manuscritos egipcios, sino solamente en la transmisión mayoritaria.

Los Papiros

En el Siglo XX la crítica textual añadió los manuscritos tempranos en papiro (casi todos del Siglo II y III) como testigos al lado del Sinaítico y Vaticano. Muestran un parentesco interno con estos por su procedencia común de Egipto y el trato negligente y arbitrario del texto. (Ejemplos convincentes en Pickering, The Identity..., p. 121-125.) Algunos de estos papiros, sobre todo el P75 pertenece a los testigos del texto alejandrino. Otros, sin embargo dan testimonio de la existencia de lecturas típicamente mayoritarias que datan ya del Siglo II y III, y son, por lo tanto, testigos indirectos de la defensa y no de la acusación contra el Textus Receptus. (Comp. al respecto los estudios de los investigadores textuales en Pickering, The Identity..., p. 76-77.)

Códice de Beza (D)

Durante un cierto tiempo otro manuscrito antiquísimo desempeñó un papel muy importante para la crítica textual: el Códice de Beza (Códice D) del Siglo V. Es uno de los manuscritos más arbitrarios y corruptos de todos, pues contiene un número extraordinario de omisiones, cambios y añadiduras de interpretación libre. Es interesante que su origen también se dice que es Egipto. (Comp. Aland/Aland, Der Text..., p. 118-119.) En algunas ediciones del “Nestle-Aland” hasta la 25ª edición se estimó de tanto valor, aún estando casi totalmente solo, que se tomó como base para justificar una serie de omisiones y desfiguraciones arbitrarias. Hoy se le ha vuelto a quitar mucho del valor atribuido a este “testigo principal” de la crítica textual. (Comp. al respecto Aland/Aland, Der Text..., p. 61, donde también al Códice D se le atribuye un origen egipcio. Comp. también p. 79.)

También en el texto de “Nestle-Aland” actual se da claramente preferencia a la transmisión alejandrina con su pequeña minoría de unciales. En la mayoría de los casos se da más peso al conjunto del Sinaítico, Vaticano y los antiguos papiros. Es interesante que en algunos pasajes ya se han reconocido lecturas mayoritarias - pero sólo, en la medida en que se han hallado también en los viejos unciales. Por lo general, el juicio arbitrario de la crítica textual sigue siendo que la cantidad abrumadora de manuscritos de la tradición textual bizantina “(...) están fuera de consideración para el trabajo de la crítica textual”. (Aland/Aland, Der Text..., p. 114.)

7. Los métodos de la crítica textual racionalista y sus frutos

Vemos, pues, que la sentencia contra el Textus Receptus la han pronunciado jueces parciales en base de testigos de poco crédito. Por eso es necesario que los creyentes vuelvan a ocuparse de este caso y comprueben ellos mismos con qué métodos este alto tribunal autodesignado ha llegado a su veredicto. Se trata aquí de cosas absolutamente esenciales: el carácter intocable y la pureza de la Palabra de Dios, que para nosotros es nuestro Pan de vida y suprema autoridad para nuestra vida. Nosotros como hijos de Dios ¿podemos dejar la Palabra de la Escritura en manos de la crítica textual siendo ésta una ciencia secular, para que procedan como mejor les parezca a ellos? Hay buenas razones para no hacerlo.

¿Se puede proceder con la Biblia como con las obras de Platón u Homero?

Un principio declarado de la crítica textual es que la historia textual del NT habría que estudiarla como la de cualquier otro documento antiguo. Westcott y Hort afirman esto en la introducción a su edición crítica del NT: “Los principios de la crítica textual (...) son válidos para todos los textos antiguos, que han quedado conservados en una mayoría de documentos. El ocuparse con el Nuevo Testamento no requiere ni justifica ningún principio diferente cualquiera que sea”. (Citado en Pickering, Identity, p. 32. Traducido por R.E.)

La crítica textual, por lo tanto, no considera al Nuevo Testamento como Palabra de Dios, sino como un documento de la antigüedad como tantos otros más, que se puede tratar con el bisturí científico de igual manera que los manuscritos de las obras de Homero o Platón. Lo que se hallaba en el texto original del NT lo han de averiguar solamente algunos eruditos por medio de conclusiones racionales.
Precisamente este principio básico “neutral” y “científico” es el que jamás debe adoptar un creyente. El Nuevo Testamento no es palabra de hombres, sino la santa Palabra de Dios, inspirada por Dios mismo. Dios mismo hizo escribir palabra por palabra los escritos del NT por medio de sus apóstoles y profetas, y Dios ha prometido que velará sobre ellas y las guardará. El NT es el fundamento de “la fe que ha sido una vez dada a los santos” (Jud. 3).

Una investigación que niega el carácter de la Sagrada Escritura como Palabra sobrenatural revelada por Dios, jamás puede ser aceptada por los creyentes; y tampoco es capaz de sacar a luz ninguna verdad, porque está edificada sobre una mentira. El hombre como juez y señor sobre la Palabra revelada de Dios - esta premisa equivocada y audaz ya debería motivar a cualquier creyente fiel a la Biblia a rechazar las conclusiones de la crítica textual, porque, en el fondo, no pueden ser correctas.

El principio del “¿Conque Dios ha dicho?”

El punto de partida de la crítica textual racionalista fue el rechazo del texto básico griego, del Textus Receptus, aceptado por los creyentes de la Reforma. Lo que la fe sencilla consideraba como Palabra de Dios con autoridad, era cuestionado sistemáticamente por los eruditos según el lema: “¿Conque Dios ha dicho?”. Con argumentos pensados con astucia y unas construcciones mentales dudosas se calificaron de añadiduras posteriores y de falsificaciones humanas algunas partes de la Biblia.

Esto ya muestra la afinidad interna con la “crítica bíblica” en sí, que emprende la misma empresa con argumentos de la “crítica literaria”. Los que ellos mismos se han designado jueces sobre la Palabra de Dios han dado su veredicto de “Falso” sobre muchas palabras preciosas de la Escritura, palabras que a través de todos estos siglos pasados los creyentes han amado y estimado, y finalmente incluso se las quitaron de la Biblia.

Los intentos de la crítica textual en el fondo tienen la finalidad de derrocar la Palabra de Dios como autoridad última y someterla al juicio de la sabiduría y ciencia humana. Kurt y Barbara Aland lo dicen casi abiertamente: “Todos los esfuerzos expuestos para liberarnos de la supremacía del Textus Receptus, hay que estimarlos tanto más, puesto que esa época era de la opinión de poseer en él infaliblemente el texto literal del Nuevo Testamento inspirado por Dios mismo (y esto hasta el más mínimo detalle) (...)”. (Aland/Aland, Der Text..., p. 21.)

La autoridad de la Palabra transmitida y dada por Dios primeramente se puso en duda; luego cuando hubieron “derribado” el texto transmitido, levantaron sobre los creyentes la autoridad de la sagacidad erudita y del intelecto actuando a rienda suelta. El resultado fue la inseguridad y confusión, y después los graves recortes y cambios en el texto de la Biblia.

Ceguera frente a las falsificaciones heréticas en la transmisión

Aunque los críticos textuales saben muy bien de la historia de la iglesia, que precisamente los primeros cuatro siglos estuvieron marcados por poderosas luchas espirituales y las más diversas tendencias heréticas, que no tenían escrúpulos en cambiar el texto de los escritos neotestamentarios, se resta importancia a esta circunstancia y a penas se tiene en cuenta. Westcott y Hort, por ejemplo, afirman que no habría “indicios para una falsificación intencionada del texto con fines dogmáticos”. (Citado según Pickering, Identity, p. 32.) También Kurt y Barbara Aland expresan imparcialmente que en Egipto “la Gnosis al comienzo parece ser que desempeñaba un papel predominante”, pero a pesar de esto, sitúan nada menos que en esa provincia la “transmisión relativamente fiel” del “texto normal”. (Aland/Aland, Der Text..., p. 69.)

De la misma manera que la crítica textual incrédula cierra los ojos ante el hecho de que la Palabra es una revelación divina y es guardada por Dios, así tampoco ve los ataques de Satanás contra la Palabra de Dios, que dejó desfigurar y mutilar por medio de sus instrumentos, los transcriptores inducidos por herejías. Esta ceguera también tiene que conducir a errores.

Los dudosos métodos de interpretación de los críticos textuales (Para más información véase sobre todo Pickering, Identity, p. 31-98 y Hills, King James Version, p. 62-114 como también Burgon, Unholy Hands. El modo de proceder científicamente poco consistente de Westcott y Hort se ve claramente en Aland/Aland, Der Text... p. 28.)

Ya hemos visto que el principio fundamental defendido por la crítica textual hasta el día de hoy, que los testigos textuales mejores serían los más antiguos, en la historia del NT ya no es sostenible ni siquiera según los criterios científicos. Esto es tanto más válido a la luz de una evaluación espiritual. En el fondo, la crítica textual implícitamente y quizá de modo inconsciente tiene una preferencia por la línea de transmisión alejandrina, por Orígenes y el gnosticismo, por la tradición de transcriptores “libres” y la cristología “sin dogmatismos” de los herejes, que se acerca mucho más a las convicciones religiosas de la mayoría de los críticos textuales que la cristología “dogmático-ortodoxa” del texto mayoritario. (Westcott y Hort, por ejemplo, honrados por la crítica textual como derrotadores del Textus Receptus, sostenían actitudes expresamente críticas frente a la Biblia, defendían varias doctrinas erróneas y como miembros del “Ghostly Guild” trabajaron con ahínco en experimentos parapsicológicos y espiritistas. Hort era un admirador de Darwin y del católico Newman. Ambos simpatizaban con la iglesia católica. Comp. al respecto Grady, Final Authority, p. 213-242. Aland/Aland dan a conocer su punto de vista crítico frente a la Biblia, al calificar de “deuteropaulinas” (= escritos falsos posteriores) a algunas epístolas de Pablo, Der Text..., p. 92.)

Otros principios metódicos de la “crítica textual” también son dudosos bajo puntos de vista espirituales. Por ejemplo, existe la regla de que la “lectura” (= variante del texto) más difícil (oscura, poco clara) habría que considerarla como la más cercana al original. Las lecturas, sin embargo, que armonizan con otras partes del NT y son claras y fácilmente comprensibles, se explicarían, según ellos, con retoques estilísticos e intervenciones posteriores. Con esto insinúan que la Escritura originalmente habría sido oscura y contradictoria - aquí también la raíz está en no creer en la inspiración. (La arrogancia y ceguera espiritual de los críticos textuales incrédulos se manifiesta con especial vigor, cuando Aland/Aland con toda seriedad defienden su juicio de que las palabras de 1 Tesalonicenses 2:7 originalmente fueron: “Antes fuimos niños entre vosotros, como la nodriza que cuida con ternura a sus propios hijos” [gr. nèpioi en lugar de MT/TR èpioi = tierno, amoroso], Der Text... p. 287-288. Este conocimiento “respaldado por la ciencia” es tan evidentemente equivocado, que ninguna traducción de la Biblia se atreve a traducir aquí según el texto griego de Nestle-Aland.) Aparte de esto se pasa por alto el hecho de que para los creyentes verdaderos cada palabra de los escritos neotestamentarios era santa e intocable, y que jamás hubiesen osado añadir o quitar algo (¡comp. Ap. 22:18, 19!).

Otra regla igualmente arbitraria es que, en caso de duda, la variante más corta sería la genuina. Con esto restan importancia al gran peligro que existía precisamente en la escritura griega uncial de omitir pasajes sin querer; así pueden dar preferencia a las reducciones alejandrinas. Donde la Escritura ofrece dos o tres testimonios de una afirmación, de acuerdo con el principio espiritual de 2 Corintios 13:1, los críticos textuales espiritualmente ciegos explican que el segundo y tercero habrían sido añadidos por motivos de la “armonización”. Donde el Textus Receptus está completo y claro, y el alejandrino reducido y difícil de comprender, explican que las palabras que dan el sentido han tenido que ser añadidas después, habiendo que suponer aquí más bien que tales palabras que figuran en 99 testigos textuales y en uno no, fueron omitidas por este último, antes que añadidas (comp. p. ej. 1 Co. 11:29).

Los críticos textuales se levantan como jueces y señores sobre la Palabra de Dios

Todo esto no nos debe asombrar, si tenemos en cuenta que la ciencia secular ya en su principio fundamental niega la existencia y el obrar de Dios, excluyendo de su modo de proceder “estrictamente objetivo” los puntos de vista espirituales de la fe, para poder ser considerada como “ciencia”. Los representantes en cabeza de la “crítica textual” son casi todos científicos incrédulos que rechazan la inspiración y con ello el carácter de revelación divina de la Sagrada Escritura.

Pero también los científicos creyentes o teólogos tienen que adaptarse a este dictado si no quieren caer en deshonra y desprecio. La fe y lo divino no puede entrar en las argumentaciones de la crítica textual sobre el NT, de otra manera se es considerado como un fanático retrasado y dogmático, que trabaja “poco científicamente” y no se puede tomar en serio. Toda “crítica textual científica” en el fondo, parte de la base que el hombre con su inteligencia tendría el derecho y sería capaz de decidir él mismo, lo que estaba escrito en los manuscritos originales y lo que no.

Algunos que apoyan el texto de Nestle-Aland objetan que también han participado algunos creyentes en la crítica textual. Entre ellos, por ejemplo, Bengel, Tregelles, Darby y Kelly. Es cierto - pero ¿hace esto una diferencia para la evaluación espiritual de la crítica textual? Hay que suponer que estos hombres con toda seguridad actuaron con las mejores intenciones, pensando que por medio de la investigación de ciertas variantes se podrían aproximar más al texto original del NT. Pero esto no significa que tengamos que aceptar como correctas sus convicciones en el ámbito de la crítica textual, por el mero hecho de que eran hijos de Dios y en parte, apreciados maestros de la Biblia. Al contrario, esto nos muestra que algunas veces incluso creyentes espiritualmente maduros y cimentados en la doctrina bíblica pueden dejarse desviar del sencillo punto de vista de la fe en determinados ámbitos, por medio de corrientes intelectuales erróneas.

No obstante, es interesante que, por ejemplo, John Nelson Darby no aceptó en sus traducciones la mayoría de las variantes que no coincidían con el Textus Receptus, cuando tocaban la obra redentora de Jesucristo y el hecho de que era el Hijo de Dios. De ahí que la Biblia alemana “Elberfelder” antes de la revisión tenga en algunos versículos todavía el texto de la Reforma, mientras que después de la revisión se aparta de él (p. ej. 1 Ti. 3:16; Jn. 9:35; Mt. 1:25; Mt. 18:11). A pesar de ello es lamentable que también esta traducción antigua en gran parte excelente, por medio de paréntesis pone en duda por ejemplo la revelación transmitida de Marcos 16:9-20 o Juan 7:53 a 8:11. De modo que tenemos que constatar que la crítica textual tampoco produce buenos frutos en los casos en que la han practicado creyentes.

La gran miseria en la iglesia de hoy es que la gran mayoría de los pastores, maestros, teólogos y predicadores de la Palabra confían de buena fe en el juicio de la crítica textual sin sentir la necesidad o sin atreverse a formarse una opinión propia en la cuestión sobre el texto genuino del NT guardado por Dios. Detrás de esto, lamentablemente, hay en algunos creyentes una fe equivocada en la ciencia, una confianza descarriada en el progreso de la crítica textual con su “investigación objetiva”, que al fin y al cabo se supone que es la que mejor tiene que saber lo que está en el NT y lo que no. Algunos creyentes aceptan los principios, métodos y resultados de la crítica textual sin reconocer que en el fondo no son conciliables con su propio punto de vista de la fe.

¿Cuál es el resultado de la influencia de la crítica textual sobre las Biblias modernas? La base textual imperativa de la mayoría de las ediciones modernas de la Biblia, el texto de Nestle-Aland, queda determinado por debates y a menudo por voto mayoritario de un pequeño grupo internacional de científicos partidarios de la crítica bíblica, entre los que se encuentra también un representante de alto rango de la iglesia católica. Este círculo selecto de eruditos instaurado por la unión mundial liberal de sociedades bíblicas decide lo que millones de cristianos creyentes leen y aceptan como Palabra de Dios. (Aland/Aland lo ven muy claro: “En esto no se trata de un texto cualquiera, sino de la base para la interpretación del Nuevo Testamento por todos los teólogos de todas las confesiones y denominaciones en todo el mundo”. Der Text..., p. 44-45.) ¡Las nuevas ediciones del “Nestle-Aland” son nada menos que un texto ecuménico universal! En 1968, el Vaticano y las Sociedades Bíblicas Unidas acordaron unas directrices según las cuales ¡se habría que utilizar exclusivamente este texto en las iglesias, ediciones de la Biblia, en los estudios universitarios y en las escuelas! Esto debería dar mucho que pensar a todos los cristianos sumisos y fieles a la autoridad
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#2
Gracias Willy, muy buen aporte!
Lo que, además, muchos cristianos no advierten es que la plaga de la masonería se ha infiltrado en todos los círculos políticos, económicos y religiosos, y las versiones "bíblicas" modernas se adaptan cada vez más a esa ideología. ¡Qué casualidad que los mayores cambios u omisiones sean las referencias respecto de Cristo como el Señor! ... Espero que se despierten los creyentes que usan esas versiones como fidedignas, sin saber que son obra de las tinieblas.

"Y esto, conociendo el tiempo, que es ya hora de levantarnos del sueño (...)
La noche está avanzada, y se acerca el día. Desechemos, pues, las obras de las tinieblas, y vistámonos las armas de la luz."
(Rom 13:11/12)

Un abrazo,
Heriberto
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#3
Amen! Querido Heriberto.

Willy
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#4
Gracias Willy, muy instructivo tu aporte...refuerza nuestra confianza en la Reina Valera 1960 y la Versión Moderna de Pratt.

Edison
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#5
Amen mi querido Edison. Es siempre un gusto.
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#6
Solo digo que los manuscritos originales del Nuevo Testamento, no están disponibles, por lo tanto, no es sano asumir posiciones sobre traducciones, sobre todo si no conocemos los idiomas originales y mucho menos decir que unos (texto receptus) con idénticos al original, mientras otros son falsos. Para eso están los maestros de la palabra.

Apo 22:18 Yo testifico a todo aquel que oye las palabras de la profecía de este libro: Si alguno añadiere a estas cosas, Dios traerá sobre él las plagas que están escritas en este libro.
Apo 22:19 Y si alguno quitare de las palabras del libro de esta profecía, Dios quitará su parte del libro de la vida, y de la santa ciudad y de las cosas que están escritas en este libro.

Los traductores de la Biblia, tendrán que responder a Dios por sus errores.

Otra cosa, la ciencia en el buen sentido de la palabra, no está en contra de la fe, sino que corrobora lo que dice la biblia.

Dios les bendiga!
Responder
#7
eduardo chang escribió:Solo digo que los manuscritos originales del Nuevo Testamento, no están disponibles, por lo tanto, no es sano asumir posiciones sobre traducciones, sobre todo si no conocemos los idiomas originales y mucho menos decir que unos (texto receptus) con idénticos al original, mientras otros son falsos. Para eso están los maestros de la palabra.

Apo 22:18 Yo testifico a todo aquel que oye las palabras de la profecía de este libro: Si alguno añadiere a estas cosas, Dios traerá sobre él las plagas que están escritas en este libro.
Apo 22:19 Y si alguno quitare de las palabras del libro de esta profecía, Dios quitará su parte del libro de la vida, y de la santa ciudad y de las cosas que están escritas en este libro.

Los traductores de la Biblia, tendrán que responder a Dios por sus errores.

Otra cosa, la ciencia en el buen sentido de la palabra, no está en contra de la fe, sino que corrobora lo que dice la biblia.

Dios les bendiga!

Ha siii??

Entonces usted se conforma con la TNM y las recientes versiones que aquí en el foro no se recomiendan por estar amañadas a grupos sectarios...

El discernimiento de la Palabra de Dios no tiene porque verse afectado por traducciones espurias.

Considero de gran valor la página cristiana "Radio difusion America" y que nuestro hermano Willy ha tenido el acierto de presentarnos.

Edison
Responder
#8
Estimado Eduardo Chang.

Cuando se estudia algo especialmente tan valioso como la Palabra de Dios es una necedad tomarse las cosas a la ligera siendo concientes de los constantes ataques de fuerzas oscuras que tratan de destruir la fe.

Tu dices: “…los manuscritos no están disponibles, por lo tanto, no es sano asumir posiciones sobre traducciones…”

Te respondo: El hecho de que no hayan los manuscritos originales no te podría dejar en la sola tranquilidad y aceptar cualquier texto antiguo.
Con el uso de buen discernimiento de la historia ubicamos desclasificando textos antiguos corruptos (se distinguen por muchas circunstancias ya explicadas en el tema) manteniendo la fidelidad de la procedencia de los que ya fueron aceptos. Sabemos también que entre los “maestros de la Palabra” a que te refieres hay muchos infiltrados que se dedican a destruir la fe. ¿daran cuenta a Dios? Claro que si, pero tenemos todo el derecho de sacarlos a la luz para que no ventilen su contaminación. Tenemos mas que un derecho, sino la obligación de no permitirles su falsa propagación pensando en los muchos cristianos fieles del futuro que querrán estudiar de una Escritura fidedigna.
Un verdadero cristiano no se deja impresionar por el solo hecho de que se disponga de un titulo porque tras el titulo tambien puede haber una mente dañina y destructiva.

Tu dices: “…la ciencia en el buen sentido de la palabra, no esta en contra de la fe, sino corrobora lo que dice la biblia.”

Te respondo: Muy cierto Eduardo, pero lo que observamos nosotros es a los científicos que niegan la existencia de Dios, entre estos también infiltrados con apariencia de cristianos, que manipulan con rebeldía las pruebas científicas para negar o torcer todo lo que proviene de un Creador soberano.
Eduardo. Hay un dicho que dice “el que calla otorga” o dicho de otra forma “el que calla permite” y en forma pasiva, es complice por su permisividad.
Muchos cristianos con la frase “ellos darán cuenta a Dios” parecerían insinuar como justificativo de que si son titulados ellos tienen autoridad en lo que hacen y debemos atenernos a sus desiciones y si se “equivocan”, al final son ellos los que darán cuenta al Creador. Bueno. Esta línea de pensamiento nisiquiera es valida en los estudios del mundo secular. Me explico mejor. Toda profesión academica tiene pilares fundamentales que NO SE PUEDEN VIOLAR. En lo espiritual hablamos de vida eterna y no se puede admitir ninguna mancha en las Escrituras asi provenga de algún titulado y en especial que se trate de justificar escrituras gnósticas y por el estilo. Pueden saber muy bien los idiomas originales pero este solo hecho no los hace capacitados para que decidan sobre un humilde cristiano que ama la Palabra perfecta que Él nos encomendó, porque no se necesitan títulos para comprender y saber si lo que se lee proviene del carácter del Señor:

Juan 10:1 De cierto, de cierto os digo: El que no entra por la puerta en el redil de las ovejas, sino que sube por otra parte, ése es ladrón y salteador. Jua 10:2 Mas el que entra por la puerta, el pastor de las ovejas es. Jua 10:3 A éste abre el portero, Y LAS OVEJAS OYEN SU VOZ; y a sus ovejas llama por nombre, y las saca. Jua 10:4 Y cuando ha sacado fuera todas las propias, va delante de ellas; y las ovejas le siguen, PORQUE CONOCEN SU VOZ. Jua 10:5 Mas AL EXTRAÑO NO SEGUIRAN, sino huirán de él, PORQUE NO CONOCEN LA VOZ DE LOS EXTRAÑOS.

Tu dices: “…y mucho menos decir que unos (textus receptus) son idénticos al original…”

Te respondo: Sabemos que la Reina Valera del 1960 viene del textus receptus del cual tu criticas. Veamos algo fundamental de la naturaleza de Dios:

1Jn 5:7 “Porque tres son los que dan testimonio en el cielo: el Padre, el Verbo y el Espíritu Santo; y estos tres son uno.” (RV 1960)

Comparemos este versículo con la versión NVI de Sociedades bíblicas unidas, de donde hay “maestros de la Palabra” de los que tu apoyas, dice:

1Jn 5:7 “Tres son los que dan testimonio,” (NVI 1999)

Vaya “maestros” directos y "concisos", NO DESEAN PONER EN CLARO LA TRINIDAD DE NUESTRO PADRE. Me pregunto si en unas versiones mas adelante no terminan de sacar del todo este versículo.

Te pregunto, ¿Cuántos cristianos leen esta versión? Y cuantos no terminaran terriblemente confundidos por estos “maestros”. ¿Qué?, ¿hay que hacerles ademas una venia?
Sabes Eduardo esto es un error, pero un error muy grave, aquí no estamos siquiera hablando de poner o sacar una tilde.
Y esto es solo uno de los no pocos errores que todavía se encuentran en estas versiones.

Willy
Responder
#9
No estoy defendiendo la NVI, nunca dije eso. Cuando dije que los maestro de la Biblia se ocupan de ayudarnos a esto, me referia a esto.

Efe 4:11 Y él mismo constituyó a unos, apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelistas; a otros, pastores y maestros,

Tampoco estoy justificando lo que ellos hacen; el pasaje de Apocalipsis es bien claro y con todo el respeto creo, Dios es el que juzga.

Conozco la discusión desde hace tiempo; y usted defiende al texto receptus; yo no defiendo a ninguno en particular.

Le recuerdo por ejemplo que Reina-Valera de 1602 contenía los llamados libros apócrifos; y por eso yo lo no desacredito.

Dios les bendiga!
Responder
#10
Querido Eduardo:

Lo que hizo Cipriano de Valera es hacer unos muy pocos ajustes de la biblia de Casiodoro Reina, al comparar esta con textos hebreos y griegos, que luego se vieron posterior a esta versión de 1602. Los ajustes principales fueron las de omitir estos libros apócrifos. Valera le dio una afinación y respaldo a lo que ya estaba bien hecho por Casiodoro Reina.

Eduardo, tu dices “yo no defiendo a ninguno en particular…” me haces preguntarme, entonces ¿Qué tipo de biblia utilizas?. ¿Podrias ser mas explicito?

Tu dices “tampoco estoy justificando lo que ellos hacen…creo, que es Dios el que juzga” citándome Ap. 22:18-19:

Apo 22:18 Yo testifico a todo aquel que oye las palabras de la profecía de este libro: Si alguno añadiere a estas cosas, Dios traerá sobre él las plagas que están escritas en este libro. Apo 22:19 Y si alguno quitare de las palabras del libro de esta profecía,(N) Dios quitará su parte del libro de la vida, y de la santa ciudad y de las cosas que están escritas en este libro.

Dime Eduardo. El hecho de que habrá juicio para el que aumente o quite de las Escrituras ¿debe dejarnos solapados y no decir nada? Dejar que esto ocurra ¿Por qué no es de nuestra incumbencia? ¿sino de los que enseñan?

Te dire algo Eduardo pero no lo tomes personal, pero si tomalo como algo que debemos aprender. No sabes con cuanta frecuencia escucho el “no juzguen para no ser juzgados” “solo Dios juzga y el les pedirá cuentas” y asi muchas cosas por el estilo con la intención de que no somos nadie para estar apuntando con el dedo, deberíamos dejar que sigan haciendo lo que hacen al final ellos darán cuenta por sus actos. Parecen pensamientos nobles pero no lo son porque se mal interpreta la palabra “juzgar”.

Tu dices “con todo respeto, creo que es Dios el que juzga…” entonces Eduardo ¿los cristianos debemos ser solo pintados?

Tu tomas un taxi y casualmente un turista se apea al mismo. Cuando ves que el chofer se aprovecha de la ignorancia de los cobros de peaje del turista y en tu presencia le cobra tres veces mas de lo normal ¿Cuál seria tu actitud? Pensaras… “¿Quién soy yo para juzgarlo? El dara cuentas a Dios por lo que hace”. Bueno, te puedo asegurar que si callas (pensándote muy piadoso), el Señor no solo le juzgara al chofer sino también a ti por “tu actitud piadosa” que te hizo también complice del chofer al permitirle sacar provecho de su engaño. Pagas por complice de lo mismo y encima el chofer se lleva todo el dinero.

El complice tiene el mismo pecado del perpetuador.

Pro 29:24 El cómplice del ladrón aborrece su propia alma; Pues oye la imprecación y no dice nada.

Si tu permites y callas de los que aumentan o quitan de las Escrituras y dices que “Dios es el que juzga…(por los que hagan esto)” Dios te juzgara a ti también por “complice permisivo” por no levantar un dedo pensandote “piadoso”. Y recuerda algo. En el ejemplo que te di fue el caso de una persona engañada. Los que tuercen la Palabra y engañan lo hacen a miles y miles de personas. ¿Cuánto mas peor es esto?

No querido, yo no quisiera ir a la presencia del Señor a sabiendas de los muchos que estarán allí para ser castigados en el infierno que en mi vida permití (o fui complice) con mi silencio a ser engañados en vida.

No tomes esa actitud que muchos “cristianos” de hoy lo hacen con el “no juzguen aquí o no juzguen alla…” cuando sabes que se esta pecando. Esto seria a sentirnos mejores que Jesucristo quien no tuvo reparos en llamar "vivoras" o "sepulcros blanqueados" a los falsos maestros de ese tiempo.

Willy
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