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Historia de la Iglesia (4)
#1
"LA IGLESIA PEREGRINA"
Por Edmund Hamer Broadbent

Poco a poco el Imperio Romano fue arrastrado hacia un ataque contra las iglesias; ataque que más adelante dedicó todo su poder y recursos a la aniquilación y destrucción de las mismas.
Fue así como aproximadamente en el año 65 fue ejecutado el apóstol Pedro, y unos años más tarde, el apóstol Pablo. La destrucción de Jerusalén por los romanos (70 d. de J.C.) acentuó el hecho de que a las iglesias no les es dada ninguna cabeza o centro visible en la tierra. Luego el apóstol Juan, al escribir su Evangelio, sus epístolas y el Apocalipsis, llevó las Escrituras del Antiguo y del Nuevo Testamento a una conclusión, una conclusión digna de todo lo que había tenido lugar anteriormente.
Existe una diferencia notable entre el Nuevo Testamento y los escritos del mismo período y de períodos posteriores que no están incluidos en la lista o canon de las Escrituras inspiradas. Aunque es fácil notar lo bueno que contienen estos escritos posteriores, su inferioridad es inequívoca. Si bien exponen las Escrituras, defienden la verdad, refutan errores y exhortan a los discípulos, también manifiestan el creciente alejamiento de los principios divinos del Nuevo Testamento, lo cual ya había comenzado en los tiempos de la iglesia apostólica y se acentuó rápidamente más tarde.
Escrita en el transcurso de la vida del apóstol Juan, La primera epístola de Clemente a los corintios ofrece una panorámica de las iglesias en las postrimerías del período apostólico. Clemente fue un anciano de la iglesia en Roma. Él había visto a los apóstoles Pedro y Pablo, a cuyos martirios se refiere en esta carta que comienza: “De la iglesia de Dios en Roma a la iglesia de Dios en Corinto”. En esta epístola Clemente habla de las persecuciones a las que ellos se enfrentaron empleando un tono de victoria. Por ejemplo, escribe de “mujeres, siendo perseguidas” que, “luego de haber padecido tormentos indecibles, concluyeron el curso de su fe con firmeza y, aunque débiles
físicamente, recibieron una noble recompensa”. El tono empleado en su epístola es muy humilde. El escritor dice: “Les escribimos no para simplemente recordarles sus deberes, sino también para recordárnoslos a nosotros mismos”. Además, aparecen alusiones frecuentes al Antiguo Testamento y a su valor como sombra o tipo, así como muchas citas del Nuevo Testamento. La esperanza del regreso del Señor es un tema constante a través de su epístola. También les recuerda el camino de la salvación, el cual no está en la sabiduría o en las buenas obras, sino en la fe; y agrega que la justificación por fe no debe nunca hacernos perezosos en las buenas obras. Sin embargo, aun aquí ya es evidente el distanciamiento entre el clero y el laicado, distanciamiento que se desprende de las ordenanzas del Antiguo Testamento.
En sus últimas palabras a los ancianos de la iglesia en Éfeso, el apóstol Pablo los convoca y se dirige a ellos como a quienes el Espíritu Santo había puesto por “obispos” (véase Hechos 20). En todo el pasaje se muestra que ambos títulos se refieren a los mismos hombres, y que había varios de ellos en la misma congregación. Sin embargo, Ignacio escribió algunos años después que Clemente y, aunque también había conocido a varios de los apóstoles, le da al obispo una importancia y autoridad no sólo desconocidas en el Nuevo Testamento, sino que además va más allá de lo que el mismo Clemente le atribuía. Al comentar sobre Hechos 20, Ignacio plantea que Pablo envió desde Mileto a Éfeso y llamó a los obispos y presbíteros, utilizando así dos títulos para referirse a lo mismo. También dice que estos eran de Éfeso y de las ciudades vecinas, opacando así el hecho de que la iglesia en Éfeso tenía varios supervisores u obispos. Uno de los últimos hombres que conoció personalmente a uno o más de los apóstoles fue Policarpo, obispo de Esmirna, que fue ejecutado en aquella ciudad en el año 156 d. de J.C. Desde hacía mucho tiempo Policarpo había sido instruido por el apóstol Juan y había estado muy cercano a otros que también habían conocido al Señor. Ireneo es otro eslabón en la cadena de contactos personales hasta los tiempos de Cristo. Este fue instruido por Policarpo y fue ordenado obispo de Lyón en el año 177 d. de J.C.
La práctica del bautismo de creyentes sobre su confesión de fe en el Señor Jesucristo, como enseña y ejemplifica el Nuevo Testamento, fue continuada posteriormente. La primera referencia clara que se hace al bautismo de infantes aparece en un escrito de Tertuliano del año 197 d. de J.C., en el cual él condena el comienzo de la práctica del bautismo a los fallecidos y a infantes. Sin embargo, el camino para este cambio había sido preparado mediante la enseñanza acerca del bautismo que era divergente de la práctica enseñada en el Nuevo Testamento; pues a principios del segundo siglo ya se enseñaba la regeneración bautismal.
Esto, unido al cambio igualmente impresionante por medio del cual la recordación del Señor y su muerte (es decir, partir el pan y beber el vino entre sus discípulos) se transformó en un acto desempeñado por un sacerdote y considerado como un milagro, acentuó aun más el distanciamiento entre el clero y el laicado. El crecimiento de un sistema clerical bajo el dominio de los Obispos, que más adelante fueron gobernados por los “Metropolitanos” que controlaban extensos territorios, sustituyó el poder y la obra del Espíritu Santo y la dirección de las Escrituras a nivel de iglesias locales por una organización humana y unas cuantas formas religiosas. Este desarrollo fue gradual, y muchos no se dejaron arrastrar por él. Al principio no hubo pretensión alguna de que una iglesia debía controlar a otra, aunque una iglesia pequeña podía solicitarle a otra más grande que enviara “hombres escogidos” para que la ayudara en asuntos de importancia. Las conferencias locales de obispos tuvieron lugar de vez en cuando, pero hasta finales del segundo siglo no parece que se acostumbrara celebrar tales reuniones a menos que por alguna ocasión especial resultara conveniente para que aquellos interesados se reunieran en conferencia. Tertuliano escribió: “No es cosa de la religión imponer la religión, la cual debe ser adoptada libremente, no por la fuerza”.
Orígenes, uno de los maestros más relevantes, así como uno de los “padres” más espirituales de su tiempo, aportó un planteamiento claro acerca del carácter espiritual de la iglesia.
Nacido en Alejandría (185 d. de J.C.) de padres cristianos, Orígenes fue uno de los que desde su niñez experimentó las obras del Espíritu Santo en su vida. Sus excelentes relaciones con su sabio y devoto padre, Leonidas, su primer maestro de las Escrituras, quedaron demostradas de manera impactante cuando, en ocasión del encarcelamiento de su padre por causa de la fe, Orígenes, con tan sólo diecisiete años de edad, trató de unirse a él en prisión. Sólo fue impedido por la estratagema de su madre de esconder su ropa. No obstante, él se mantuvo escribiéndole a su padre en prisión y animándolo a que se mantuviera firme. Cuando Leonidas fue ejecutado y su propiedad confiscada, el joven Orígenes se convirtió en el sostén principal de su madre y seis hermanos menores.
Su extraordinaria capacidad como maestro pronto lo hizo resaltar, y si bien él mismo se trataba con una severidad extrema, mostraba una gran bondad hacia los hermanos perseguidos al hacerse partícipe de sus sufrimientos. Por un tiempo se refugió en Palestina donde sus enseñanzas y escritos llevaron a los obispos a escuchar como alumnos sus exposiciones de las Escrituras. Demetrio, el Obispo de Alejandría, indignado al ver que Orígenes, un laico, se atreviera a instruir a Obispos, lo censuró y lo obligó a regresar a Alejandría. Pero a pesar de que Orígenes se sometió a Demetrio, este finalmente lo excomulgó (231 d. de J.C.). El encanto peculiar de su carácter y la profundidad y percepción de sus enseñanzas atrajo a hombres que lo siguieron fielmente, los cuales continuaron sus enseñanzas aun después de su muerte. Orígenes murió en el año 254 d. de J.C. como resultado de las torturas a las que había sido sometido cinco años atrás en Tiro durante la persecución deciana.

Orígenes planteó que la iglesia consta de todos aquellos que han experimentado en sus vidas el poder del Evangelio eterno. Estos forman la verdadera iglesia espiritual, la cual no siempre coincide con la que los hombres conocen como la iglesia. Su entusiasmo y mentalidad especulativa lo llevaron más allá de lo que la mayoría comprendía, de modo que muchos lo consideraron herético en sus enseñanzas, pero él hacía una distinción entre aquellas cosas que tenían que ser expuestas clara y dogmáticamente y las que habían de ser expuestas con prudencia para su consideración y análisis.
Con relación a estas últimas, él dijo: “No obstante, acerca de cómo serán las cosas sólo Dios lo sabe con certeza, y aquellos que son sus amigos por medio de Cristo y el Espíritu Santo”. Orígenes dedicó su laboriosa vida a exponer claramente el contenido de las Escrituras. Su gran obra, la Héxapla, hizo posible una comparación expedita de distintas versiones de las Escrituras.

(Continuará)
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#2
Hola Heriberto.

Antes que nada quiero agradecerte otra vez por esta fabulosa aportación que nos compartiste la cual la estoy leyendo con mas atención.

Segun un compañero cristiano me dice que la iglesia católica ya estaba en acción antes de Constantino pero era todavía un movimiento “cristiano” aun.

Lo que veo aqui es que ya se estaba formando la estructura del catolicismo, y como vemos en esta sección, ya se empieza a separar el laicado del clero y se buscaba una “cabeza” eclesiástica terrenal.

También vemos que Pedro y Pablo fueron ejecutados aquí entre el 65 y el 70 dC. Y también por esta época Juan cierra el canon.

Aquí también vemos que ya habían algunos escritos y algunos posteriores cuando se cerro el canon que no eran inspirados y que van mostrando sutilmente un alejamiento del NT.

Se comienza a dar una connotación diferente a “obispo” a lo que esta en el NT como “hombres escogidos”. Según se ve también ya empezaron a ejercer bautismos a los infantes y los muertos. Y mas adelante Cipriano fue el primero que ya usa libremente el termino “iglesia católica”.

También aquí se menciona a Origenes que tenia padres cristianos y fue un hombre devoto, pero algo que no se menciona aquí y lei en otro lugar es que debido a que el permaneció en Alejandria y Egipto fue él el que introdujo la idea o inicio la adoracion a Maria. Debido a que en Egipto adoraban a la diosa Isis que era considerada “madre de dios” o madre de todas las cosas. Origenes con la intención de “atraer” a estas personas a la fe le adjudico esto a Maria como la madre de Dios.

Mi pregunta es, ¿habran sido todos ellos verdaderos cristianos? No olvidemos que muchos quieren ser sinceros pero pueden estar muy sinceramente equivocados.

Esta practica se da hoy en dia aun como ya conocemos. Muchos se la dan de dar una “ayudita” a Dios creando sus propios sistemas evangelizadores como vemos todo lo que etiquetan como cristiano siendo de naturaleza pagana. En especial lo observamos en las iglesias carismáticas.

Si todo lo que nos cuenta esta historia que germino en la iglesia católica. Todo lo que se esta haciendo hoy con este descontrol es repetir el pasado pero esta vez para que germine en el nuevo orden mundial que terminara siendo la iglesia del anticristo y su falso profeta.

Willy
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#3
Hola Willy y hermanos:

A propósito, es necesario insistir en el tema del nacimiento efectivo de la Iglesia del Señor

Cuando el Señor comenzó a edificar Su Iglesia, en aquel Pentecostés, en el momento en que por el Espíritu Santo los creyentes fueron bautizados en un solo cuerpo (No confundir con el bautismo en agua), se produjo la verdadera unidad de todos los hermanos, en el Espíritu.  

La Escritura refiere que los que recibieron la Palabra de Dios, es decir, creyeron el mensaje del Evangelio, fueron bautizados (en este caso, sumergidos en agua) y se añadieron, a la iglesia local en Jerusalén como tres mil personas. "Y perseveraban en la doctrina de los apóstoles, en la comunión unos con otros, en el partimiento del pan (Cena del Señor) y en las oraciones."  (Hch.2:44)    

El relato en Hechos 2 continúa diciendo que "Todos los que habían creído estaban juntos..."  con todas las bendiciones inherentes.

No obstante, el propósito del Señor no era que los hermanos se quedaran siempre juntos y cómodos en esa situación ideal, sino que esto fuera sólo el comienzo de un trabajo mucho mayor:  "...que se predicase en Su Nombre el arrepentimiento y el perdón de pecados en todas las naciones, comenzando desde Jerusalén" (Lc. 24:47) 

Así que, con motivo de la persecución de los creyentes, por parte de los religiosos enemigos del Evangelio, muchos de los santos debieron dejar Jerusalén, siendo esparcidos por el mundo.  Pero, como todas las cosas ayudan a bien a los que aman a Dios, la persecución se trocó en bendición y, gracias al testimonio de los creyentes, la semilla del Evangelio se esparció por todas partes y dio abundante fruto. Esto dio lugar a la formación de numerosas iglesias locales en diferentes lugares, sin integrar estructuras religiosas organizadas por los hombres, sino como expresiones genuinas de la verdadera Iglesia del Señor, estando tales iglesias sujetas únicamente al Señor Jesucristo como única Cabeza de Su Iglesia (expresada precisamente en iglesias locales). 

Esas iglesias también sufrieron los embates del enemigo. Falsos hermanos que eran meros religiosos, falsos apóstoles y falsos profetas, introdujeron, en algunas, herejías destructoras qiue minaron la sana doctrina.

Obviamente que todas las iglesias cristianas derivan de un modo u otro de la primera iglesia local, es decir, surgieron de las raíces de la primera iglesia en Jerusalén, sin que esto signifique otra cosa aparte de que los primeros evangelistas partieron desde allí, conservando las enseñanzas impartidas por el Señor. 

Por lo tanto, nada se opone a que la iglesia hoy llamada católica, pueda tener su origen en una de esas tantas iglesias locales, pero, lamentablemente, se alejó tanto de la fe una vez dada a los santos, que ya no posee ningún vestigio de ser una iglesia bíblica, y está anunciando un evangelio diferente.   

Sin embargo Dios no se quedó sin testimonio, y la fe evangélica, a pesar de las persecuciones y traiciones, se ha mantenido incólume a través de los siglos hasta hoy, para bendición de los que Dios llama a ser sus hijos, y para la Gloria de Su Nombre.   
 
 Heriberto
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