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... nada podemos hacer.
#1
Juan 15:5 Yo soy la vid, vosotros los pámpanos; el que permanece en mí, y yo en él, éste lleva mucho fruto; porque separados de mí nada podéis hacer.

En nuestro caminar cristiano, no es difícil olvidarnos de la indispensable necesidad de estar en estrecha comunión con el Señor, no es extraño que en ocasiones olvidemos para quien somos y trabajamos; sin importar el cargo o ministerio dentro de la iglesia o incluso, en la labor secular, pues pareciera que perdemos de vista al que nos trajo de la oscuridad a su luz admirable.

Tampoco lo es, amar más el ministerio que al Señor del ministerio, pues no es raro engañarnos atribuyéndonos los éxitos a nuestro desempeño, dones o talentos personales sin darnos cuenta que la obra en realidad es del Señor, el cual, con su amor, nos invita a participar de lo que Él ya está haciendo. Es como si le atribuyéramos a la obra de ebanistería de madera de un magnífico mueble, al martillo o al cincel, sin considerar que serían totalmente inútiles sin ser tomados y dirigidos por las diestras manos del maestro que los usa en el desarrollo y terminado de la pieza que trabaja.

Muchas veces podemos sorprendernos haciendo la obra del Señor sin el Señor. Porque nos olvidamos que el Señor está más interesado en nuestra relación con Él, que la obra que quiere hacer con nosotros. No es un Señor que contrata a una persona con cierto perfil profesional y le paga para hacer un trabajo sin tener que relacionarse íntimamente con su empleado. Dios es un Padre amoroso, cuya prioridad más importante es la estrecha comunión con sus hijos: Dios no nos necesita para hacer su obra, Él quiere ofrecernos participar, para que en sus amorosas manos y en la obra del ministerio, vaya dándonos forma en nuestro carácter, madurez y fortaleza.

Tan imprescindible es esto, que el Señor se compara a sí mismo con la planta de la vid, la cual produce uvas y para ello usa los pámpanos que sostienen las uvas, las cuales son limpiadas por el viñador que es el Padre celestial, el cual recibe gloria y honra, por sus hijos.

Permanecer en Cristo va más allá de solamente obedecer sus mandamientos, es relacionarse profundamente con el autor y consumador de la fe, en una fusión espiritual, donde nos damos por completo a Él y le seguimos, como un discípulo a su maestro, para hacer, lo que ya está haciendo.

¿Cuánto tiempo pasas con el Señor todos los días? ¿Cuánto tiempo estás a sus pies escuchándole hablar al leer su palabra? ¿Cómo lo adoras y alabas? Porque sin Cristo, nada podemos hacer.

Caminito
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#2
Excelente. Muy bien dicho...
Bendiciones.
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