11-06-2008, 04:31 PM
"...no es vuestra la guerra, sino de Dios" (2ºCr.20:15)
Desde temprano en su vida David había aprendido a confiar en Dios, y pudo comprobar sobradamente la realidad de la fidelidad divina.
Con todo el vigor de su fe escribió en el Salmo 138:8, inspirado por el Espíritu Santo: "Jehová cumplirá su propósito en mí"
Como siervo de Dios, David sabía que el propósito santo se consumaría ineludiblemente en él, más allá de sus habilidades o posibilidades personales. Los planes de Dios nunca se limitan a nuestra propia suficiencia, sino que se sustentan en Su poder infinito y soberano.
Pese a ello, en un momento de vacilación David creyó que se sentiría más seguro si se afianzaba en los "números", y supuso que el poder de Dios debía expresarse necesariamente en función de la cantidad de soldados que lograra convocar.
En 1º Cr.20:21 leemos: "Pero Satanás se levantó contra Israel, e incitó a David a que hiciese censo de Israel" El pasaje paralelo de 2º S. 24:1-25 nos aclara que la ira de Jehová se encendió contra Israel. La explicación es que Dios permitió que Satanás incitara a David a censar al pueblo. Esto no significaba que David debía someterse irremediablemente a la instigación del maligno. Pero el caso es que David cedió, mandó censar al pueblo, y provocó el castigo de Dios, causando la muerte de 70.000 hombres. ¡Qué panorama desolador! Aunque la finalidad del censo era contar los hombres aptos para la guerra, David no previó que terminaría con el doloroso recuento de hombres llevados por la muerte.
Aprendamos la lección: Nuestra fortaleza no deriva de la reunión de multitudes, sino del poder de Dios.
En el tiempo de los jueces, cuando Gedeón se aprestaba a luchar contra los madianitas, tuvo a su disposición 32.000 hombres para formar su ejército. Sin embargo, Dios advirtió que si Gedeón reclutaba semejante número de soldados, Israel presumiría: "Mi mano me ha salvado" (Jue.6:2) De modo que el ejército finalmente debió reducirse a sólo 300 hombres, portando trompetas y cántaros vacíos con teas ardiendo dentro de los cántaros. A su tiempo cada hombre debía romper el cántaro para exhibir la tea, sostenida por su mano izquierda, mientras hacía sonar la trompeta que sujetaba con la mano derecha.
Cada uno, sin ningún recurso ofensivo de las armas convencionales del mundo, cumplió las singulares instrucciones y permaneció firme en su lugar. La victoria fue resonante, porque fue la victoria de Dios. "No con ejército, ni con fuerza, mas con mi Espíritu, ha dicho Jehová de los ejércitos" (Zac. 4:6)
Ezequías le aseguró a su pueblo: "Esforzaos y animaos; no temáis ni tengáis miedo del rey de Asiria, ni de toda la multitud que con él viene; porque más hay con nosotros que con él. Con él está el brazo de carne, mas con nosotros está Jehová nuestro Dios para ayudarnos y pelear nuestras batallas." (2º Cr.22:7-8)
David mismo escribió en el Salmo 20:6-9 "Ahora conozco que Jehová salva a su ungido; lo oirá desde sus santos cielos con la potencia salvadora de su diestra. Estos confían en carros, aquéllos en caballos; mas nosotros del Nombre de Jehová nuestro Dios tendremos memoria."
Permitamos que Dios nos ayude y pelee nuestras batallas. "...quizá haga algo Jehová por nosotros, pues no es difícil para Jehová salvar con muchos o con pocos" (1º S.14:6)
Desde temprano en su vida David había aprendido a confiar en Dios, y pudo comprobar sobradamente la realidad de la fidelidad divina.
Con todo el vigor de su fe escribió en el Salmo 138:8, inspirado por el Espíritu Santo: "Jehová cumplirá su propósito en mí"
Como siervo de Dios, David sabía que el propósito santo se consumaría ineludiblemente en él, más allá de sus habilidades o posibilidades personales. Los planes de Dios nunca se limitan a nuestra propia suficiencia, sino que se sustentan en Su poder infinito y soberano.
Pese a ello, en un momento de vacilación David creyó que se sentiría más seguro si se afianzaba en los "números", y supuso que el poder de Dios debía expresarse necesariamente en función de la cantidad de soldados que lograra convocar.
En 1º Cr.20:21 leemos: "Pero Satanás se levantó contra Israel, e incitó a David a que hiciese censo de Israel" El pasaje paralelo de 2º S. 24:1-25 nos aclara que la ira de Jehová se encendió contra Israel. La explicación es que Dios permitió que Satanás incitara a David a censar al pueblo. Esto no significaba que David debía someterse irremediablemente a la instigación del maligno. Pero el caso es que David cedió, mandó censar al pueblo, y provocó el castigo de Dios, causando la muerte de 70.000 hombres. ¡Qué panorama desolador! Aunque la finalidad del censo era contar los hombres aptos para la guerra, David no previó que terminaría con el doloroso recuento de hombres llevados por la muerte.
Aprendamos la lección: Nuestra fortaleza no deriva de la reunión de multitudes, sino del poder de Dios.
En el tiempo de los jueces, cuando Gedeón se aprestaba a luchar contra los madianitas, tuvo a su disposición 32.000 hombres para formar su ejército. Sin embargo, Dios advirtió que si Gedeón reclutaba semejante número de soldados, Israel presumiría: "Mi mano me ha salvado" (Jue.6:2) De modo que el ejército finalmente debió reducirse a sólo 300 hombres, portando trompetas y cántaros vacíos con teas ardiendo dentro de los cántaros. A su tiempo cada hombre debía romper el cántaro para exhibir la tea, sostenida por su mano izquierda, mientras hacía sonar la trompeta que sujetaba con la mano derecha.
Cada uno, sin ningún recurso ofensivo de las armas convencionales del mundo, cumplió las singulares instrucciones y permaneció firme en su lugar. La victoria fue resonante, porque fue la victoria de Dios. "No con ejército, ni con fuerza, mas con mi Espíritu, ha dicho Jehová de los ejércitos" (Zac. 4:6)
Ezequías le aseguró a su pueblo: "Esforzaos y animaos; no temáis ni tengáis miedo del rey de Asiria, ni de toda la multitud que con él viene; porque más hay con nosotros que con él. Con él está el brazo de carne, mas con nosotros está Jehová nuestro Dios para ayudarnos y pelear nuestras batallas." (2º Cr.22:7-8)
David mismo escribió en el Salmo 20:6-9 "Ahora conozco que Jehová salva a su ungido; lo oirá desde sus santos cielos con la potencia salvadora de su diestra. Estos confían en carros, aquéllos en caballos; mas nosotros del Nombre de Jehová nuestro Dios tendremos memoria."
Permitamos que Dios nos ayude y pelee nuestras batallas. "...quizá haga algo Jehová por nosotros, pues no es difícil para Jehová salvar con muchos o con pocos" (1º S.14:6)

