26-09-2011, 10:08 PM
por Tony Hancock
¿Qué es la iglesia? Quizás responderás: somos nosotros. ¡Muy
bien! La iglesia no es un edificio o un lugar. Pero pregunta de
nuevo: ¿qué es la iglesia? Si somos nosotros, ¿para qué somos
iglesia? ¿Cómo debemos funcionar? ¿Qué debemos hacer?
Para algunas personas, la iglesia es un lugar donde los músicos
y el pastor montan un espectáculo. Es un espectáculo espiritual,
con ciertas referencias a la Biblia y algún esfuerzo por sentir
la presencia de Dios. Para estas personas, una buena iglesia es
una iglesia donde hay un buen espectáculo; se supone que, como
en cualquier espectáculo, hay que pagar un precio de entrada,
pero hasta allí llega la responsabilidad del espectador.
Es fácil distinguir a esta gente, porque tan pronto ya no les
guste el espectáculo, se van en busca de otro teatro - digo,
otra iglesia. Son los primeros en irse si el pastor se va.
Suelen hablar de "la iglesia del pastor fulano", en lugar de
"nuestra iglesia" o "la iglesia del Señor".
Para otras personas, la iglesia se parece más a un club social.
Claro, no se sirven bebidas alcohólicas - bueno, al menos en la
mayoría de las iglesias - pero sus razones por asistir a la
iglesia se parecen mucho a las razones por las que van a un
club: para conocer gente, para sentirse bien, para relajarse un
rato. Esta gente sólo disfruta la alabanza si el estilo de
música les agrada; muy apenas toleran la predicación, porque
quieren salir a conversar con sus amigos.
¿Qué es la iglesia? ¿Un teatro? ¿Un club? La Biblia describe la
iglesia de diferentes formas, pero una de las formas principales
de ellas es como un cuerpo. Cada cuerpo tiene una cabeza, que
controla sus movimientos. La cabeza de la iglesia es Jesucristo.
Cada cuerpo también tiene muchos miembros, y así es la iglesia
también.
Hay ciertas cosas que son esenciales si un cuerpo va a funcionar
bien. También hay ciertas cosas que tienen que suceder si la
iglesia va a funcionar bien. Abramos la Biblia en Romanos 12:3-8
para ver algunas de ellas:
12:3 Digo, pues, por la gracia que me es dada, a cada cual que
está entre vosotros, que no tenga más alto concepto de sí
que el que debe tener, sino que piense de sí con cordura,
conforme a la medida de fe que Dios repartió a cada uno.
12:4 Porque de la manera que en un cuerpo tenemos muchos
miembros, pero no todos los miembros tienen la misma
función,
12:5 así nosotros, siendo muchos, somos un cuerpo en Cristo, y
todos miembros los unos de los otros.
12:6 De manera que, teniendo diferentes dones, según la gracia
que nos es dada, si el de profecía, úsese conforme a la
medida de la fe;
12:7 o si de servicio, en servir; o el que enseña, en la
enseñanza;
12:8 el que exhorta, en la exhortación; el que reparte, con
liberalidad; el que preside, con solicitud; el que hace
misericordia, con alegría.
¿Qué sucedería conmigo si alguien me descuartizara? ¿Cómo
funcionaría mi cuerpo si uno de mis brazos se encontrara por
allá, una pierna por acá y el tronco por otro lado? ¿Podría
funcionar así mi cuerpo? ¡Claro que no! De hecho, ¡estaría
muerto!
Para que un cuerpo pueda funcionar, tiene que mantenerse unido.
Es obvio en el caso de un cuerpo humano, pero es igualmente
cierto en la iglesia de Cristo. Al llegar a tener fe en
Jesucristo, Dios nos ha hecho parte de su cuerpo. Tenemos que
esforzarnos por mantener esa unión, porque de otro modo, no
podremos lograr nuestro propósito.
Para mantener esa unión, cada miembro tiene que medirse
correctamente. Esta es la primera gran idea que encontramos en
este pasaje. Observemos el verso 3. Pablo habla por la gracia
que le ha sido dada. Se refiere a la gracia de ser apóstol.
Pablo no decidió ser apóstol; él no escogió entre varias
opciones diferentes de carrera pensando: ¿Qué seré? ¿Seré chef?
No, no me gusta cocinar. ¿Seré jardinero? No, les tengo alergia
a las plantas. ¡Ya sé! Voy a ser un apóstol. Me gusta predicar.
¡Eso no es lo que sucedió! Más bien, Dios lo llamó cuando
predicar a Cristo era la última cosa que se la habría ocurrido
hacer. El se encontraba persiguiendo a los seguidores del Señor
cuando Jesús le llamó. Fue totalmente por la gracia de Dios, no
por iniciativa de Pablo.
Pero hay una cosa muy interesante. Así como Pablo recibió la
gracia de ser apóstol, cada uno de nosotros que es creyente ha
recibido gracia también. Lo dice el verso 6: "Tenemos dones
diferentes, según la gracia que se nos ha dado". El mismo Dios
autoridad para escribirnos esta instrucciones también te ha dado
a ti y me ha dado a mí un lugar, un puesto, un papel para jugar
en su iglesia.
Ahora bien, si nuestro lugar en el cuerpo de Cristo es por
gracia, eso significa que tenemos que medirnos correctamente. Y
esto es precisamente lo que vemos en el verso 3. La medida que
tenemos que usar para medirnos es la medida de la fe. En otros
palabras, tenemos que medirnos conforme a la verdad que hemos
llegado a creer en Jesucristo.
¿Con qué medida te mides tú? ¿Te comparas con otra gente en la
iglesia? Quizás te comparas con algún líder, y te sientes
inadecuado porque nunca podrás ser como él. O quizás te comparas
con alguna persona que todavía tiene muchas heridas de la vida,
y te sientes muy superior.
¡Estás usando la medida equivocada! La medida correcta es la
medida de la fe. Lo que realmente importa es cómo te ves a
comparación con lo que Jesucristo dice de ti. Por fe sabes que
eres hijo de Dios, que Jesucristo te llama hermano, que formas
parte de un sacerdocio real con un lugar muy importante en el
plan de Dios para el universo.
Pero si te sientes mejor que otros, si te mides con medidas
humanas para sentirte más, crearás problemas muy graves. ¿Qué
sucede en un cuerpo cuando uno de los miembros es más grande de
lo debido? Parece chistoso, pero no lo es. Algunas enfermedades
hacen que las extremidades del cuerpo se hinchen, y crea un
efecto muy doloroso para la persona.
En cierta ocasión, una avispa me picó el dedo. El dedo se empezó
a hinchar, luego los otros dedos se hincharon, y por fin quedé
con toda la mano hinchada. Durante los días que duró el efecto
de la picadura, casi no me podía concentrar en nada más. No
podía usar bien la mano. Mi vida quedó muy afectada, sólo porque
uno de mis miembros se hinchó.
Esto es lo que sucede en la iglesia cuando uno de los miembros
no comprende su posición en Cristo. Empieza a compararse con los
demás, a sentirse más o sentirse menos, y se hincha. Al estar
hinchado, también se pone sensible. Cualquier cosa le ofende. Es
sólo cuando todos conocemos quiénes somos en Cristo que podemos
trabajar juntos en armonía. Cada miembro tiene que medirse
correctamente.
La segunda clave para que la iglesia funcione bien, la segunda
gran idea de este pasaje, se encuentra en los siguientes
versículos. Es muy sencillo: cada miembro tiene que realizar su
función. Eso significa que cada uno de nosotros tiene una
función. El cuerpo humano no tiene miembros sobrantes, y la
iglesia de Cristo tampoco los tiene. Si Cristo te ha salvado, es
para hacer algo.
No todos vamos a hacer lo mismo. Dios nos ha dado diferentes
dones. El apóstol Pablo aquí menciona algunos de los dones. Esta
lista no es completa; de hecho, cada lista que encontramos en la
Biblia de los dones es un poco diferente. Esto significa que,
aparte de los dones principales, hay una gran diversidad de
dones.
Aquí se mencionan algunos. Profetizar es dar un mensaje que uno
ha recibido directamente de Dios. Es fácil que la persona que
tenga el don de profecía se enorgullezca y trate de usar su don
para su propio beneficio. Es por esto que Pablo dice que lo use
de acuerdo con, o en proporción con, su fe.
Otro tendrá el don de servicio. Este es el don de ver las
necesidades físicas de otros, y ayudarles. Otro tendrá el don de
enseñanza, la capacidad para comunicar claramente la verdad
bíblica. Otro tendrá el don de la exhortación, que es animar a
los creyentes a vivir la verdad del evangelio.
Se mencionan varios dones más. El punto clave es que cada uno
tiene que ponerse al servicio del cuerpo en la capacidad que el
Señor le ha dado para ayudar, enseñar, dar, animar y todas las
demás cosas que tienen que suceder en una iglesia. Si esto no
sucede, el cuerpo no podrá hacer todo lo que debe.
¿Con qué intención participas en la iglesia? ¿Lo haces para ver
qué puedes recibir? Dios puede bendecirte de muchas formas por
medio de la iglesia. Sin embargo, si tú conoces a Cristo, El te
está llamando para buscar lo que puedes dar a la iglesia. Debemos
poner al servicio del cuerpo nuestros dones.
Quizás tú no sepas cuál es tu don. ¡No te preocupes! Sólo busca
la necesidad que tú puedes llenar. Si ves a alguien que está
desanimado, ¡anímalo! Si ves a alguien que sabe menos que tú,
enséñale con humildad lo que sabes. Si ves a alguien que
necesita algo, y puedes ayudarle, ¡ayúdale! Si tú estás
dispuesto a servir, Dios te mostrará dónde hacerlo.
Quiero invitarte hoy a tomar una decisión. ¿Qué clase de iglesia
seremos? ¿Seremos una iglesia tipo teatro? ¡La verdad es que yo
no puedo montar muy buen espectáculo! ¿Seremos una iglesia tipo
club? ¿O seremos el cuerpo de Cristo? Dios nos está llamando a
unirnos y trabajar juntos para levantar la iglesia que El quiere
ver aquí. ¿Cuál será tu decisión?
¿Qué es la iglesia? Quizás responderás: somos nosotros. ¡Muy
bien! La iglesia no es un edificio o un lugar. Pero pregunta de
nuevo: ¿qué es la iglesia? Si somos nosotros, ¿para qué somos
iglesia? ¿Cómo debemos funcionar? ¿Qué debemos hacer?
Para algunas personas, la iglesia es un lugar donde los músicos
y el pastor montan un espectáculo. Es un espectáculo espiritual,
con ciertas referencias a la Biblia y algún esfuerzo por sentir
la presencia de Dios. Para estas personas, una buena iglesia es
una iglesia donde hay un buen espectáculo; se supone que, como
en cualquier espectáculo, hay que pagar un precio de entrada,
pero hasta allí llega la responsabilidad del espectador.
Es fácil distinguir a esta gente, porque tan pronto ya no les
guste el espectáculo, se van en busca de otro teatro - digo,
otra iglesia. Son los primeros en irse si el pastor se va.
Suelen hablar de "la iglesia del pastor fulano", en lugar de
"nuestra iglesia" o "la iglesia del Señor".
Para otras personas, la iglesia se parece más a un club social.
Claro, no se sirven bebidas alcohólicas - bueno, al menos en la
mayoría de las iglesias - pero sus razones por asistir a la
iglesia se parecen mucho a las razones por las que van a un
club: para conocer gente, para sentirse bien, para relajarse un
rato. Esta gente sólo disfruta la alabanza si el estilo de
música les agrada; muy apenas toleran la predicación, porque
quieren salir a conversar con sus amigos.
¿Qué es la iglesia? ¿Un teatro? ¿Un club? La Biblia describe la
iglesia de diferentes formas, pero una de las formas principales
de ellas es como un cuerpo. Cada cuerpo tiene una cabeza, que
controla sus movimientos. La cabeza de la iglesia es Jesucristo.
Cada cuerpo también tiene muchos miembros, y así es la iglesia
también.
Hay ciertas cosas que son esenciales si un cuerpo va a funcionar
bien. También hay ciertas cosas que tienen que suceder si la
iglesia va a funcionar bien. Abramos la Biblia en Romanos 12:3-8
para ver algunas de ellas:
12:3 Digo, pues, por la gracia que me es dada, a cada cual que
está entre vosotros, que no tenga más alto concepto de sí
que el que debe tener, sino que piense de sí con cordura,
conforme a la medida de fe que Dios repartió a cada uno.
12:4 Porque de la manera que en un cuerpo tenemos muchos
miembros, pero no todos los miembros tienen la misma
función,
12:5 así nosotros, siendo muchos, somos un cuerpo en Cristo, y
todos miembros los unos de los otros.
12:6 De manera que, teniendo diferentes dones, según la gracia
que nos es dada, si el de profecía, úsese conforme a la
medida de la fe;
12:7 o si de servicio, en servir; o el que enseña, en la
enseñanza;
12:8 el que exhorta, en la exhortación; el que reparte, con
liberalidad; el que preside, con solicitud; el que hace
misericordia, con alegría.
¿Qué sucedería conmigo si alguien me descuartizara? ¿Cómo
funcionaría mi cuerpo si uno de mis brazos se encontrara por
allá, una pierna por acá y el tronco por otro lado? ¿Podría
funcionar así mi cuerpo? ¡Claro que no! De hecho, ¡estaría
muerto!
Para que un cuerpo pueda funcionar, tiene que mantenerse unido.
Es obvio en el caso de un cuerpo humano, pero es igualmente
cierto en la iglesia de Cristo. Al llegar a tener fe en
Jesucristo, Dios nos ha hecho parte de su cuerpo. Tenemos que
esforzarnos por mantener esa unión, porque de otro modo, no
podremos lograr nuestro propósito.
Para mantener esa unión, cada miembro tiene que medirse
correctamente. Esta es la primera gran idea que encontramos en
este pasaje. Observemos el verso 3. Pablo habla por la gracia
que le ha sido dada. Se refiere a la gracia de ser apóstol.
Pablo no decidió ser apóstol; él no escogió entre varias
opciones diferentes de carrera pensando: ¿Qué seré? ¿Seré chef?
No, no me gusta cocinar. ¿Seré jardinero? No, les tengo alergia
a las plantas. ¡Ya sé! Voy a ser un apóstol. Me gusta predicar.
¡Eso no es lo que sucedió! Más bien, Dios lo llamó cuando
predicar a Cristo era la última cosa que se la habría ocurrido
hacer. El se encontraba persiguiendo a los seguidores del Señor
cuando Jesús le llamó. Fue totalmente por la gracia de Dios, no
por iniciativa de Pablo.
Pero hay una cosa muy interesante. Así como Pablo recibió la
gracia de ser apóstol, cada uno de nosotros que es creyente ha
recibido gracia también. Lo dice el verso 6: "Tenemos dones
diferentes, según la gracia que se nos ha dado". El mismo Dios
autoridad para escribirnos esta instrucciones también te ha dado
a ti y me ha dado a mí un lugar, un puesto, un papel para jugar
en su iglesia.
Ahora bien, si nuestro lugar en el cuerpo de Cristo es por
gracia, eso significa que tenemos que medirnos correctamente. Y
esto es precisamente lo que vemos en el verso 3. La medida que
tenemos que usar para medirnos es la medida de la fe. En otros
palabras, tenemos que medirnos conforme a la verdad que hemos
llegado a creer en Jesucristo.
¿Con qué medida te mides tú? ¿Te comparas con otra gente en la
iglesia? Quizás te comparas con algún líder, y te sientes
inadecuado porque nunca podrás ser como él. O quizás te comparas
con alguna persona que todavía tiene muchas heridas de la vida,
y te sientes muy superior.
¡Estás usando la medida equivocada! La medida correcta es la
medida de la fe. Lo que realmente importa es cómo te ves a
comparación con lo que Jesucristo dice de ti. Por fe sabes que
eres hijo de Dios, que Jesucristo te llama hermano, que formas
parte de un sacerdocio real con un lugar muy importante en el
plan de Dios para el universo.
Pero si te sientes mejor que otros, si te mides con medidas
humanas para sentirte más, crearás problemas muy graves. ¿Qué
sucede en un cuerpo cuando uno de los miembros es más grande de
lo debido? Parece chistoso, pero no lo es. Algunas enfermedades
hacen que las extremidades del cuerpo se hinchen, y crea un
efecto muy doloroso para la persona.
En cierta ocasión, una avispa me picó el dedo. El dedo se empezó
a hinchar, luego los otros dedos se hincharon, y por fin quedé
con toda la mano hinchada. Durante los días que duró el efecto
de la picadura, casi no me podía concentrar en nada más. No
podía usar bien la mano. Mi vida quedó muy afectada, sólo porque
uno de mis miembros se hinchó.
Esto es lo que sucede en la iglesia cuando uno de los miembros
no comprende su posición en Cristo. Empieza a compararse con los
demás, a sentirse más o sentirse menos, y se hincha. Al estar
hinchado, también se pone sensible. Cualquier cosa le ofende. Es
sólo cuando todos conocemos quiénes somos en Cristo que podemos
trabajar juntos en armonía. Cada miembro tiene que medirse
correctamente.
La segunda clave para que la iglesia funcione bien, la segunda
gran idea de este pasaje, se encuentra en los siguientes
versículos. Es muy sencillo: cada miembro tiene que realizar su
función. Eso significa que cada uno de nosotros tiene una
función. El cuerpo humano no tiene miembros sobrantes, y la
iglesia de Cristo tampoco los tiene. Si Cristo te ha salvado, es
para hacer algo.
No todos vamos a hacer lo mismo. Dios nos ha dado diferentes
dones. El apóstol Pablo aquí menciona algunos de los dones. Esta
lista no es completa; de hecho, cada lista que encontramos en la
Biblia de los dones es un poco diferente. Esto significa que,
aparte de los dones principales, hay una gran diversidad de
dones.
Aquí se mencionan algunos. Profetizar es dar un mensaje que uno
ha recibido directamente de Dios. Es fácil que la persona que
tenga el don de profecía se enorgullezca y trate de usar su don
para su propio beneficio. Es por esto que Pablo dice que lo use
de acuerdo con, o en proporción con, su fe.
Otro tendrá el don de servicio. Este es el don de ver las
necesidades físicas de otros, y ayudarles. Otro tendrá el don de
enseñanza, la capacidad para comunicar claramente la verdad
bíblica. Otro tendrá el don de la exhortación, que es animar a
los creyentes a vivir la verdad del evangelio.
Se mencionan varios dones más. El punto clave es que cada uno
tiene que ponerse al servicio del cuerpo en la capacidad que el
Señor le ha dado para ayudar, enseñar, dar, animar y todas las
demás cosas que tienen que suceder en una iglesia. Si esto no
sucede, el cuerpo no podrá hacer todo lo que debe.
¿Con qué intención participas en la iglesia? ¿Lo haces para ver
qué puedes recibir? Dios puede bendecirte de muchas formas por
medio de la iglesia. Sin embargo, si tú conoces a Cristo, El te
está llamando para buscar lo que puedes dar a la iglesia. Debemos
poner al servicio del cuerpo nuestros dones.
Quizás tú no sepas cuál es tu don. ¡No te preocupes! Sólo busca
la necesidad que tú puedes llenar. Si ves a alguien que está
desanimado, ¡anímalo! Si ves a alguien que sabe menos que tú,
enséñale con humildad lo que sabes. Si ves a alguien que
necesita algo, y puedes ayudarle, ¡ayúdale! Si tú estás
dispuesto a servir, Dios te mostrará dónde hacerlo.
Quiero invitarte hoy a tomar una decisión. ¿Qué clase de iglesia
seremos? ¿Seremos una iglesia tipo teatro? ¡La verdad es que yo
no puedo montar muy buen espectáculo! ¿Seremos una iglesia tipo
club? ¿O seremos el cuerpo de Cristo? Dios nos está llamando a
unirnos y trabajar juntos para levantar la iglesia que El quiere
ver aquí. ¿Cuál será tu decisión?

