Estimado Carwill7: Tu transcripción de lo que Ailyn había escrito en una oportunidad pasada, supongo que se relaciona con tu propia posición respecto del asunto. Reitero que antes de continuar con el tema deberías leer todo lo que está publicado sobre la seguridad de la salvación en la sección de soteriología de este mismo foro.
Sin embargo, quisiera recordar algunos aspectos que debemos tener en cuenta en relación con la situación particular de los israelitas. porque si acaso los pasamos por alto, terminaremos en una lamentable confusión. Esto es importante aún al tratar el asunto de los dones, pero intentaré no mezclar los temas, a pesar de estar íntimamente relacionados.
Como debes saber, Dios eligió a una nación para que fuera Su pueblo, es decir, Israel, por el que, en un período determinado, nos llegaría la Palabra divina, y además, de la descendencia de ese pueblo nacería en la carne nuestro Redentor, lo que obviamente ya se cumplió a su tiempo,
Dios eligió puntualmente a Israel, no porque fuese el pueblo más importante de la tierra, sino para que llegara a serlo por la intervención divina, y mostrara la grandeza de Dios: "Porque tú eres pueblo santo para Jehová tu Dios; Jehová tu Dios te ha escogido para serle un pueblo especial, más que todos los pueblos que están sobre la tierra.
No por ser vosotros más que todos los pueblos os ha querido Jehová y os ha escogido, pues vosotros erais el más insignificante de todos los pueblos; (Deu. 7:6-7)
Y Dios, en relación con la raza humana, siempre siguió ese orden de elegir lo más insignificante para hacer grandes cosas y exaltar Su Nombre:
"Pero tú, Belén Efrata, pequeña para estar entre las familias de Judá, de ti me saldrá el que será Señor en Israel; y sus salidas son desde el principio, desde los días de la eternidad." (Miq. 5:2)
"Y mirándole Jehová, le dijo: Ve con esta tu fuerza, y salvarás a Israel de la mano de los madianitas. ¿No te envío yo?
Entonces le respondió: Ah, Señor mío, ¿con qué salvaré yo a Israel? He aquí que mi familia es pobre en Manasés, y yo el menor en la casa de mi padre. Jehová le dijo: Ciertamente yo estaré contigo, y derrotarás a los madianitas como a un solo hombre." (Jue. 6:14/16)
"sino que lo necio del mundo escogió Dios, para avergonzar a los sabios; y lo débil del mundo escogió Dios, para avergonzar a lo fuerte; y lo vil del mundo y lo menospreciado escogió Dios, y lo que no es, para deshacer lo que es, a fin de que nadie se jacte en su presencia. (1ª Co. 1:27/20)
Sin embargo, los israelitas, a pesar de haber sido escogidos por Dios, finalmente rechazaron al Rey que vendría a reinar sobre ellos, con la historia que ya conocemos.
("Pero sus conciudadanos le aborrecían, y enviaron tras él una embajada, diciendo: No queremos que éste reine sobre nosotros." Luc 19:14)
Luego el Señor edificaría su Iglesia a partir de Pentecostés, y postergaría para un tiempo futuro la plena restauración de Israel como nación elegida, sin quitarle su identidad.
Aprendemos por las Escrituras que desde entonces la humanidad quedó identificada en tres grandes grupos. Los israelitas (conocidos con el apelativo de judíos) como integrantes de la nación de Israel, los gentiles, como integrantes de todas las demás naciones del mundo, y la Iglesia, integrada por todos los creyentes en el Señor Jesucristo, provenientes de los otros dos grupos, (judíos y gentiles)
"No seáis tropiezo ni a judíos, ni a gentiles, ni a la iglesia de Dios." 1ª Co 10:32)
Ahora bien, sabemos que cuando la Iglesia comenzó en Jerusalén, la mayoría de los creyentes eran judíos, y de algún modo los gentiles se sintieron discriminados. (Por ejemplo, en el caso de las viudas griegas que fueron desatendidas (Hch, 6:1)
Esa distinción en el seno de la Iglesia entre creyentes judíos y creyentes gentiles era intolerable, porque todas las diferencias debían desaparecer allí, siendo que todos eran uno en Cristo.
La esperanza de los judíos creyentes ahora estaba depositada en los propósitos y promesas de Dios para la Iglesia, y no en las cosas concernientes a Israel como nación, habiendo recibido, tanto judíos como gentiles creyentes, una nueva identidad o ciudadanía de una patria celestial.
Sin embargo, la nación judía seguía rumbo a su destino, y muchas cosas de la Palabra de Dios tienen relación con ella, mientras que otras se refieren a la Iglesia. Sencillamente no debemos confundirlas.
Donde ya no hay judío ni griego es en la Iglesia, pero por fuera es otra cosa y las diferencias persisten en el tiempo.
Eso es lo que Ailyn confundió, y espero haber sido claro para que podamos discernir la diferencia.
Respecto de los textos que citaste, de ningún modo se aplican a la condición de los creyentes sino que se refieren a personas pecadoras.
En el caso de David, siempre fue salvo, pero por su pecado, más allá de las consecuencias de la disciplina de Dios, no había perdido la salvación sino el gozo de la salvación, que es muy distinto. "Vuélveme el gozo de tu salvación, Y espíritu noble me sustente. (Sal 51:12)
De cualquier modo, recordemos que la Iglesia no se inserta en el Antiguo Pacto, y que, además, Dios prefijó el orden de los tiempos, y dentro de ese orden tampoco debemos confundir en qué etapa vivimos.
Un saludo fraternal para todos.