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ESTUDIOS SOBRE EL TABERNÁCULO EN EL DESIERTO (3)
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Heriberto
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ESTUDIOS SOBRE EL TABERNÁCULO EN EL DESIERTO (3)

EL TABERNÁCULO propiamente dicho era una estructura desarmable construida con 48 grandes tablas de madera de acacia recubiertas de oro, y unidas entre sí mediante un original sistema de anillos y barras.
Las tablas se disponían en forma vertical, asentadas sobre basas de plata que las sustentaban sobre la arena del desierto.
Ya consideramos anteriormente que Dios mandó construir el Tabernáculo como su morada para habitar junto a su pueblo, aunque sólo lo haría allí por un tiempo limitado. Su designio contemplaba para lo futuro algo mucho más trascendente que aquella tienda en el desierto, para constituir su morada entre los hombres.
Así podemos advertir que el Tabernáculo era solamente una figura simbólica de lo que el Señor mismo edificaría más tarde como su apropiada morada: Su Iglesia.
Como la gloria de Jehová moraba antiguamente dentro de aquella tienda singular en el desierto -y solamente en ella- así ahora la presencia de Dios es conocida entre aquellos que son “juntamente edificados para morada de Dios en el Espíritu” (Ef.2:22)
La pompa y la grandeza de los templos paganos, grandiosos y magníficos, podían atraer hasta a los más opulentos reyes de la tierra, e inducir a miles de incautos a adorar frente a sus altares, pero ninguno de ellos pudo ser, pese a las pretensiones de los devotos religiosos, “la morada de Dios”, pues la morada escogida por Él era una humilde tienda erigida según su propio diseño, y ordenada según su propia voluntad. Sólo allí la autoridad del Señor fue reconocida, y sus mandamientos obedecidos.
Respecto de la edificación del Tabernáculo, leemos en Éxodo 39:43 “Y vio Moisés toda la obra, y he aquí que la habían hecho como Jehová había mandado...”
Y como respuesta divina a lo hecho como Jehová había mandado, la Escritura menciona: “Entonces, una nube cubrió el Tabernáculo de reunión. Y la gloria de Jehová llenó el Tabernáculo” (Ex.40:34
¡Qué bendita y solemne lección para cada uno de nosotros: El lugar donde se manifiesta la presencia, el poder y la gloria del Señor, sólo es aquel que Él mismo ha establecido y ordenado! Las tradiciones y la sabiduría humana, con sus propios vanos razonamientos, no tienen cabida ni autoridad allí.

Las basas de plata: Las tablas del Tabernáculo eran sostenidas, cada una, por dos basas (o pedestales) de plata, que les proporcionaban adecuado apoyo. Recordemos que el tabernáculo era una estructura móvil que se armaba sobre las inestables arenas del desierto, por lo que no se disponía de un piso apto para apoyar directamente las maderas de canto.
Más allá del aspecto constructivo práctico, consideremos que tanto los materiales como la disposición de cada uno de los elementos, prefiguraban una valiosa enseñanza espiritual.
Ya mencionamos que aquellas basas, o fundamentos, que mantenían la estabilidad de las tablas eran de plata, por lo que tenían gran valor.
A través de Éxodo 30:11-16 nos enteramos de dónde provenía la plata. Era del dinero de las expiaciones del pueblo. Cuando los integrantes del pueblo de Israel fueron censados, cada uno de los inscritos mayores de 20 años debía presentar, como rescate de su propia persona, medio siclo de plata (5,7 gramos).
Por lo tanto, podemos discernir que en las Escrituras la plata simboliza REDENCIÓN.
Nadie podía ser registrado como integrante del pueblo de Dios sin antes pagar el dinero de la expiación. Esto nos enseña, en figura, que igualmente nadie puede pertenecer a la familia de Dios, ni entrar al cielo, aparte de la fe en el Señor Jesucristo, cuya sangre fue el precio de la expiación.
No hay salvación, ni redención, ni comunión, sino por la sangre preciosa de Cristo.
Quienes rechazan al Señor, y niegan la eficacia de su sangre, no están inscritos como ciudadanos del cielo en el Libro de la Vida del Cordero.
Pero para quienes hemos creído con fe para salvación, se ha hecho realidad lo que declara 1ª Pedro 2:18-19 “Sabiendo que fuisteis rescatados de vuestra vana manera de vivir, la cual recibisteis de vuestros padres, no con cosas corruptibles, como oro o plata, sino con la sangre preciosa de Cristo, como de un cordero sin mancha y sin contaminación.”

¡Gracias al Señor por tan grande redención! “Con gozo dando gracias al Padre que nos hizo aptos para participar de la herencia de los santos en luz, el cual nos ha librado de la potestad de las tinieblas, y trasladado al reino de su amado Hijo, en quien tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados.” (Col.1:12-14)

Cuando se emplazaba el tabernáculo, la primera parte del trabajo consistía en colocar las basas de plata. Antes de alzar una tabla o introducir una estaca, los (*)meraritas tenían que asentar sobre el suelo arenoso del desierto las sólidas basas de plata. Sin ellas no hubiera sido posible erigir debidamente la morada de Jehová.

(*) Los meraritas eran los descendientes del hijo menor de Leví, Merari. Pertenecían a una de las tres familias de levitas, y se encargaban de llevar las pertenencias del Tabernáculo durante la peregrinación de los israelitas por el desierto, y armarlo cuando se detenían en las escalas de su recorrido.

En coincidencia con esto, la Escritura describe (ya en el período de la gracia del Nuevo Pacto) la misión del apóstol Pablo en la ciudad de Corinto, cuando aún no había allí ningún vestigio de testimonio cristiano. Esa urbe, próspera y cosmopolita, se caracterizaba por el culto a la inmoralidad disfrazada de religión. La tarea “fundamental” de Pablo en ese difícil terreno espiritual fue predicar “a Jesucristo, y a éste crucificado.” (1ª Co.2:2)
Como resultado, muchos corintios creyeron al Evangelio, y Pablo “se detuvo un año y seis meses, enseñándoles la Palabra de Dios” (Hch.18:11)
De ese modo, y sólo así, se estableció la iglesia de Dios en Corinto. “Porque nadie puede poner otro fundamento que el que está puesto, el cual es Jesucristo.” (1ª Co. 3:11)
Y cuando reflexionamos en la obra de Cristo a nuestro favor podemos apreciar en ella dos verdades fundamentales a modo de dos basas sobre las que descansa la estructura de nuestra fe: La justicia y el amor de Dios.
Si Dios hubiese obrado solamente en función de su justicia, nos habría condenado. Si nos hubiese amado sin juzgar nuestro pecado, habría sido un juez injusto.
“Mas Él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre Él, y por su llaga fuimos nosotros curados.” (Is.53:6)
“En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que Él nos amó a nosotros, y envió a su Hijo en propiciación por nuestros pecados.” (1ª Jn.4:10)

Dios armonizó su justicia y su amor en la cruz de Cristo. Su perfecta justicia quedó allí satisfecha para siempre en relación con los creyentes, y su inconmensurable amor fue elocuentemente expresado: "Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros." (Ro.5:8)

Cual tabla levantada sobre la arena del desierto, afianzada sobre sus basas de plata, el creyente rescatado está firme, y su salvación es segura. “Porque por la fe estáis firmes” (2ª Co.1:24.b) …pero estará firme, porque poderoso es el Señor para hacerle estar firme” (Ro.14:4.b)


Las tablas de madera de acacia: (Ex.26:15-25; 36:20-30,34)
La estructura del Tabernáculo fue construida con madera de acacia.
Las sólidas tablas, de una sola pieza, sin añadidura alguna, medían aproximadamente 4,50 m. de largo por 0,675 m. de ancho cada una, y recordemos que eran colocadas en forma vertical, veinte sobre el costado norte, veinte sobre el costado sur, y ocho sobre el lado posterior, que se situaba al oeste.
Cada una de las tablas se aseguraba a sus respectivas bases de plata por medio de dos espigas.
La madera, en las Escrituras, es figura de lo humano, mientras que el oro es símbolo de lo divino. Las tablas del Tabernáculo, de madera revestida de oro, expresaban en figura la condición de cada pecador salvado por gracia, que habiendo muerto como hijo de Adán ha sido levantado en nueva vida, y revestido de Cristo (Gá.3:27) para ser miembro de la verdadera iglesia.
El estado de aquellas tablas una vez había sido diferente. Fueron majestuosas acacias creciendo en la tierra, que las sostenía y les aportaba sus nutrientes. Habían sido de la tierra, y estuvieron arraigadas en ella. Su gloria también fue de la tierra. La Biblia compara la grandeza efímera de los hombres malvados, destinados a muerte, con la de los árboles altos (Ver Ez.31:2-14)
Sin embargo, aquellas altas acacias fueron escogidas por Jehová para la edificación de su morada, y llegó el día cuando el hacha cercenó sus raíces. Fueron cortadas, y murieron en cuanto a la tierra. Su vínculo con ella fue quitado para siempre.
Del mismo modo ocurrió con el creyente. Fue sacado por el poder de Dios de su lugar en el mundo, y despojado de su “gloria” terrenal, para integrar “la casa de Dios, que es la iglesia del Dios viviente, columna y baluarte de la verdad” (1ª Ti.3:15)
El Señor Jesús oró por sus discípulos declarando ante el Padre: “No son del mundo, como tampoco Yo soy del mundo” (Jn.17:16) Desde que fuimos hechos hijos de Dios ya no somos del mundo, “De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas.
Y todo esto proviene de Dios... (2ª Co.5:17-18.a)
Saulo, transitando sobre las alturas de su religiosidad farisea, en el camino a Damasco fue literalmente echado a tierra por el poder y la luz refulgente del Señor Jesús. Luego de ser quebrantado y despojado de su jactanciosa justicia propia, fue transformado y llamado a dar testimonio de quien desde entonces fue su Salvador y Señor.
Más tarde Pablo escribió: “Mas nuestra ciudadanía está en los cielos, de donde también esperamos al Salvador, al Señor Jesucristo; el cual transformará el cuerpo de la humillación nuestra, para que sea semejante al cuerpo de la gloria suya.” (Fil.3:20-21)
La madera de la humanidad de Pablo fue despojada de su belleza natural, para ser revestida del oro de la gloria divina, y pasar a formar parte del edificio de Dios.
Así cada tabla del Tabernáculo fue cortada y levantada, atravesando, en figura, por la muerte y la resurrección, para ocupar su lugar en la morada de Dios.
Del mismo modo, Dios, por su gracia maravillosa, está tomando del mundo “un pueblo para Su Nombre.” (Hch.15:14) integrado por personas que han muerto y resucitado con Cristo, para ser “juntamente edificados para morada de Dios en el espíritu.” (Ef.2:22)

Las Barras: (Éxodo 26-26-29, 36:31-34)
Las tablas del tabernáculo, aunque afirmadas perfectamente sobre sus bases, podrían haberse desplomado fácilmente ante el menor viento del desierto si no hubieran estado fuertemente sostenidas entre sí.
La unión de todas las tablas se lograba mediante cinco barras horizontales, (travesaños) colocadas de extremo a extremo en cada lado del tabernáculo. Cuatro barras se insertaban por anillos (a modo de armellas), fijados a cada una de las tablas, y la quinta barra se introducía directamente en perforaciones alineadas en el medio de las tablas, a lo ancho, por el núcleo, como una larga espiga que unía invisiblemente la totalidad de las maderas de cada lado del tabernáculo. Estas barras, al igual que todas las tablas, eran de madera de acacia y estaban revestidas en oro.
Esto nos enseña, en figura, la unidad y la comunión inherente a cada creyente como integrante de la iglesia de Dios.
En la iglesia en Jerusalén, (Hch. 2:41-44) todos los que habían creído estaban juntos, perseverando 1) en la doctrina de los apóstoles, 2) en la comunión unos con otros, 3) en el partimiento del pan (la Cena del Señor) y 4) en las oraciones. Podríamos considerar estas características como las cuatro barras visibles que mantenían la unidad de los integrantes de la congregación, además de la barra invisible del medio, que simbolizaría la unidad del Espíritu. (Ef.4:3) El Espíritu Santo invisiblemente une a todos los redimidos en un solo cuerpo (1ª Co.12:13)
Las mismas características siguen distinguiendo hoy a la verdadera iglesia cristiana (el cuerpo de Cristo) integrada por todos los santos que en cualquier lugar invocan el Nombre del Señor Jesucristo (1ª Co, 1:2) .
Ahora bien, a través de la disposición de las tablas observamos que la legítima unidad no necesariamente se manifiesta en la concentración masiva de los cristianos, como algunos suponen, sino más bien en que cada redimido, en la verdadera unidad del Espíritu esté ocupando el lugar que le corresponde en el edificio de Dios (1ª Co.3:9) permaneciendo en los límites que Dios mismo le ha demarcado. Las tablas no estaban todas apiladas en un solo montón, sino colocadas sucesivamente una al lado de otra, ocupando cada una su propio espacio para completar todo el perímetro de la morada de Dios. Por ejemplo, suponiendo que las tablas hubiesen estado ordenadas por número, obviamente habría existido una determinada distancia física entre la Nº 1 y la Nº 20. No obstante, cada una seguía constituyendo el mismo edificio, y guardando la unidad a través de las barras que la vinculaban con las demás, de modo tal que quien observaba el Tabernáculo podía verlo como un sola y compacta construcción.

Por otra parte, las tablas, asentadas debidamente sobre sus basas de plata, y perfectamente unidas entre sí por las barras, todo recubierto de oro, nos muestran que los rescatados del Señor, exclusivamente personas que han nacido de nuevo, son hechos participantes de la naturaleza divina, (2ª Pedro 1:4) y por la posición que ocupan en Cristo, Dios los estima particularmente valiosos en virtud del oro que los recubre. “Pues todos sois hijos de Dios por la fe en Cristo Jesús, porque todos los que habéis sido bautizados en Cristo, de Cristo estáis revestidos.” (Gá.3:26-27)



LAS CORTINAS Y CUBIERTAS DEL TABERNÁCULO
(Éxodo 26:1-14; 36:8-19)

La cubierta del tabernáculo, a modo de techo, se constituía del siguiente modo: Primeramente, como recubrimiento interior, se montaba un cortinaje integrado por 10 cortinas unidas de hilo de lino retorcido, con detalles en azul, púrpura y carmesí, y decorado magníficamente con figuras de querubines. Luego, sobre ese tapiz se colocaba un segundo cortinaje de 11 cortinas de hebras de pelo de cabra, el que a su vez era tapado con una cubierta hecha de pieles de carneros teñidas de rojo. Finalmente todo el conjunto se protegía con una cubierta de pieles de tejones que quedaba expuesta al exterior.
Examinaremos esto en su carácter figurativo, lo que, como toda la enseñanza que obtenemos del tabernáculo, nos llevará siempre a la consideración de las virtudes de la persona de Cristo.
Sin embargo, cuando estudiamos el tabernáculo y sus detalles, no debemos ignorar que, como dice He.9:5, no se puede ahora hablar de todas estas cosas en detalle.

1) Las cortinas de lino torcido: (Éx.26:1-6 y 36:8-13)
El lino es una noble planta de uso medicinal que se utiliza además para elaborar distintos productos, como el aceite de lino, o linaza, extraído de las semillas, y el hilo, obtenido de las fibras del tallo.
El lino, ya procesado como tela, en las Escrituras es figura de pureza, dignidad y justicia. En Apocalipsis 19:8 leemos que “el lino fino es las acciones justas de los santos”
Pero antes que eso pudiera ser posible, el Señor Jesucristo, el Santo y Verdadero (Ap.3:7), consumó la acción justa por excelencia, la obra de nuestra redención. “Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en Él” (2ª Co.5:22) Cuando Él murió, luego de ser crucificado por nuestros pecados, José, de Arimatea, valientemente pidió Su cuerpo para darle honrosa sepultura, y para ello lo envolvió en un lienzo de lino, que nos habla de la sublime dignidad de aquel que se humilló a sí mismo y se hizo obediente hasta la muerte. “Por lo cual Dios lo exaltó hasta lo sumo, y le dio un Nombre que es sobre todo nombre.” (Fil.2:10)
El Señor mismo había declarado que levantaría en tres días el “templo” de su cuerpo, la morada divina que los hombres pretendieron destruir. (Jn.2:19-21) Con su triunfal resurrección, Él cumplió aquel desafío, y sólo por Sus méritos las acciones de los santos pueden ser justas. Así, a la novia, (la iglesia) ya en el cielo, se le concederá vestirse de lino fino, limpio y resplandeciente.

La Escritura describe que el tapiz que estamos examinando estaba formado por dos conjuntos de cinco cortinas cada uno, que se unían entre sí mediante lazadas de “azul” y corchetes (ganchos) de oro.
El azul evoca el cielo, “donde está Cristo sentado a la diestra de Dios” (Col.3:1), y el oro alude a lo divino. Así como las cortinas, unidas por los corchetes de oro, integraban un único tabernáculo, todos los hijos de Dios, unidos por lazos divinos y celestiales, somos uno en Cristo.
“La gloria que me diste, yo les he dado, para que sean uno, así como nosotros somos uno” (Jn.17:22)

(Oportunamente nos referiremos al significado simbólico de los colores carmesí y púrpura que adornaban estas cortinas, y que se utilizaron también en otros paños que más adelante consideraremos.)

Las figuras de querubines hacen alusión a los querubines (uno de los rangos del orden angélico) verdaderos, que se desempeñan en relación con la santidad y la gloria de Dios, guardando el acceso a Su presencia.
Solamente el sacerdote tenía derecho de entrar a la parte más íntima del santuario del Señor.
Pero ahora, por derecho de redención y por su posición en Cristo, cada hijo de Dios tiene acceso como creyente-sacerdote al trono de la gracia de Dios, a través del Señor Jesucristo.
Los querubines no le negarán el acceso al Lugar Santísimo ni al más sencillo de los cristianos que se acerque con corazón sincero, porque tenemos libertad de entrar por la sangre del Señor Jesucristo. (He,10:19-22)

2) Las cortinas de pelo de cabra: (Éx.26:7 y 36:14-18)
Como señalamos antes, sobre el tapiz de lino se colocaba un segundo cortinaje de hebras de pelo de cabra. De tamaño algo mayor que el anterior, estaba integrado por dos conjuntos de 5 y 6 cortinas respectivamente. Las dos piezas se unían mediante lazadas y corchetes de bronce. Una de las cortinas de ese agrupamiento se extendía por el frente del tabernáculo para cubrir la puerta.
Reparemos ahora en la cantidad de cortinas. Aunque debemos ser cuidadosos de no especular con los números, descubrimos aquí una enseñanza: El número cinco alude a la gracia, (Recordemos las cinco ofrendas levíticas simbolizando la provisión hecha por Cristo), y el seis es el número del hombre.
La gracia está vinculada con el hombre (varón y mujer) en virtud de la justicia de Dios, tal como las cortinas estaban unidas por los corchetes de bronce (Recordemos lo referente al significado simbólico atribuido al bronce)
“Siendo justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús, a quien Dios puso como propiciación por medio de la fe en su sangre, para manifestar su justicia, a causa de haber pasado por alto, en su paciencia, los pecados pasados, con la mira de manifestar en este tiempo su justicia, a fin de que Él sea el justo, y el que justifica al que es de la fe de Jesús.” (Ro.3:24-26) (subrayado mío)
Deducimos que la función de esta cortina era impedir que el primoroso lino, al que cubría, pudiera deteriorarse o mancharse por causa de la acción de agentes exteriores.
Pero principalmente nos interesa en particular el carácter figurativo de dicha cortina.
En Nm. 28:15 encontramos que la ofrenda de expiación del pecado era un macho cabrío, y en Lv.16:9 que en el día de la expiación debía sacrificarse un macho cabrío.
Sabemos que mediante el sacrificio de expiación el ofensor quedaba amparado de sufrir condena, pues de ese modo el pecado era alejado de él.
Por lo tanto, la cortina de pelo de cabra, cubriendo el tabernáculo y la puerta, es figura de la protección que gozamos en virtud de que el Señor Jesucristo efectuó para siempre la expiación de nuestros pecados. “Cristo fue ofrecido una sola vez para llevar los pecados de muchos...” (He.9:28)
Empero, si la expiación significó que nos alejáramos definitivamente de la pena del pecado, con mayor razón ello debe impelernos a separarnos de cualquier práctica pecaminosa. “Apártese de iniquidad todo aquel que invoca el Nombre de Cristo” (2ª Ti.2:19b.) “Apártese del mal, y haga el bien; busque la paz, y sígala.” (1ª P..3:11)

3) La cubierta de pieles de carneros, teñidas de rojo. (Éx. 26:14; 36:19)

Los carneros componían la ofrenda que se ofrecía en ocasión de la consagración de los sacerdotes (Ex.29:1-34)
Por consiguiente, esta cubierta es figura de la consagración de Cristo a Dios, en favor de los rescatados; consagración que llegó hasta la muerte, cuando se ofreció a sí mismo sin mancha a Dios, (He.9:14) derramando su sangre preciosa.
Así comprendemos también el sentido del color rojo de las pieles teñidas. Nos habla precisamente de la sangre del Señor con la que fuimos justificados. (Ro.5:9)
Sin la ofrenda requerida, un sacerdote no podía ser consagrado. “Pero Cristo, con una sola ofrenda hizo perfectos para siempre a los santificados” (He.10:14)
Por la ofrenda de Cristo, cada redimido ha sido consagrado como sacerdote. “Al que nos amó, y nos lavó de nuestros pecados con su sangre, y nos hizo reyes y sacerdotes (más exactamente: un reino, y sacerdotes) para Dios, su Padre: a Él sea gloria e imperio por los siglos de los siglos. Amén.” Ap.1:5b-6)

“En esa voluntad somos santificados mediante la ofrenda del cuerpo de Jesucristo hecha una vez para siempre” (He.10:10)

Ahora bien, cuando examinamos el ritual de consagración de los sacerdotes que servirían en el tabernáculo (Éx.29 y Lv.8 ), encontramos preciosas enseñanzas que como creyentes-sacerdotes nos ayudarán, no solo a valorar nuestros privilegios sino también a discernir nuestras responsabilidades.

Después de cumplir distintas formalidades previas, que incluían otras ofrendas, Moisés procedió a sacrificar “el carnero de las consagraciones” (Lv. 8:22-23) Luego tomó de la sangre de dicho animal y la puso, según las instrucciones divinas, sobre el lóbulo de la oreja derecha del sacerdote Aarón, sobre el dedo pulgar de su mano derecha y sobre el pulgar de su pie derecho, y acto seguido hizo también lo mismo con los hijos de Aarón.
A continuación tomó partes de la ofrenda y las puso en las manos de Aarón, y en las manos de sus hijos, e hizo mecerlas como ofrenda mecida. Luego, tomándolas nuevamente de las manos de ellos, las hizo arder en el altar. El texto bíblico nos indica que “eran las consagraciones en olor grato, ofrenda encendida a Jehová” (Vs.28)
Finalmente, Moisés roció con sangre a los sacerdotes, incluyendo sus vestiduras, ungiéndolos simultáneamente con aceite.
Los sacerdotes, lavados (Compárese con 1ª Co. 6:11), rociados con sangre, (1ª Pedro 1:2) y ungidos con aceite (1ª Jn, 2:20) tipifican a los creyentes completamente consagrados a Dios: con sus oídos atentos a la voz del Señor, con sus manos aptas y llenas para el servicio, y con sus pies firmes en la senda que Él les ha trazado.

4) La cubierta de pieles de tejones (Éx.26:14; 36:19)
Ésta era la última cubierta, expuesta al exterior, y visible desde afuera del tabernáculo. Protegía todo el conjunto de los rayos abrasadores del sol y de las tempestades del desierto, pero no exhibía belleza alguna que atrajera las miradas de los hombres. El tabernáculo era glorioso por dentro, con tablas revestidas en oro, y primorosas cortinas de fino lino, sin embargo, toda esa magnificencia podía ser vista solamente por los sacerdotes que entraban al Lugar Santo.
Hay solamente una referencia más en la Biblia respecto del cuero de tejón. En Ezequiel 16:10 se menciona simbólicamente como el material usado en la confección de sandalias con las que Dios calzó a Jerusalén. Obviamente que el cometido del calzado es separar los pies del piso y protegerlos durante el diario caminar.

Igualmente, la piel de tejón, dura, y de pelo largo y espeso, en la cubierta del tabernáculo tenía por objeto separar y proteger. En la vida terrenal del Señor Jesucristo encontramos la perfecta expresión de esa figura de separación. Aunque en su ministerio tomó contacto con los pecadores, y en su muerte fue “contado” con ellos, nunca se contaminó de ellos. (Is. 53:12) “...nunca hizo maldad, ni hubo engaño en su boca.” (vs. 9)
Al igual que esta cubierta observada desde afuera, el Señor fue visto sin atractivo, “No hay parecer en Él, ni hermosura; le veremos, mas sin atractivo para que le deseemos. Despreciado y desechado entre los hombres, varón de dolores y experimentado en quebranto; y como que escondimos de Él el rostro, fue menospreciado, y no lo estimamos” (Vs.2-3)
Pero, como el sacerdote que entraba en el tabernáculo podía contemplar toda la perfección interior de ese Santo Lugar, figura de Cristo; así también el creyente, guardado del mal, hoy entra por fe en el Lugar Santísimo por la sangre del Señor Jesucristo, (He.10:19) y adora a Dios en la hermosura de Su santidad. (Sal.96:9)

02-06-2008 10:22 PM
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RE: ESTUDIOS SOBRE EL TABERNÁCULO EN EL DESIERTO (3)

Para consideración y crítica de los hermanos.

Roberto

NOTA: el presente artículo o estudio será retirado del foro en caso no aporte luz, o sea inapropiado.

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El Tabernáculo en el Desierto


Simbólicamente el Tabernáculo representaba la Tienda real de Dios en la Tierra. Moisés recibió instrucciones detalladas en relación a como construir el Tabernáculo, que debía ser una copia del que esta en el cielo.


Christian Churches of God

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El Tabernáculo en el Desierto


Nadie tiene una excusa para no honrar a Dios, porque todo el mundo creado lo revela (Rom. 1:20). A través de este mundo físico, y las instrucciones que Dios nos ha dado, podemos entender más acerca de Dios y el área espiritual.



La Tienda del Encuentro

Moisés solía levantar una tienda a una distancia considerable fuera del campamento, y la llamaba Tienda del Encuentro (Ex. 33:7). La Tienda del Encuentro existía desde antes que el Tabernáculo fuera construido, y era donde Moisés iba para encontrarse con el ángel de la Presencia (Ex. 33:8-9).



Dios dirigió el diseño del tabernáculo

Los Israelitas llegaron al Monte Sinaí en la tercera Luna Nueva (Ex. 19:1 Annotated RSV). Moisés hizo 6 viajes arriba de la montaña para hablarle al ángel de la Presencia. Este era el ser que más tarde se convirtió en Josué el Mesías, que es el nombre hebreo del hombre llamado Jesús. Fue durante la cuarta vez de Moisés en la montaña que ayunó 40 días y 40 noches (Ex. 24:18) y en ese momento él recibió instrucciones para construir el Tabernáculo (Ex. 25:1-31:11).



¿Por qué el tabernáculo?

Cuando Moisés bajó de la montaña él le dijo al pueblo, “Dios nos ha ordenado construir este tabernáculo como una morada temporal para que el esté presente con nosotros. Dios aún no ha prometido morar en ustedes por Su Espíritu. Él ha prometido estar entre ustedes y con ustedes en cada crisis siempre que ustedes le obedezcan,” Moisés dijo a la multitud. “Por ahora él estará contento con nosotros si damos generosa y voluntariamente de nuestros materiales, riqueza, habilidades y trabajo. Cada uno puede tener una parte en hacer algo para nuestro Creador.”



Las ofrendas que las personas podían dar libremente eran oro, plata y bronce; hilo azul, púrpura y carmesí y lino fino; pelo de cabras; pieles de carneros teñidas de rojo, y pieles de tejones. También dieron madera de acacia, aceite de oliva para las lámparas, especias para el aceite de la unción y para el incienso aromático, y piedras preciosas (Ex. 25:1-9; Ex. 35:5-9).



“También hay una necesidad de trabajadores voluntarios que sean expertos en la carpintería, la metalurgia, también expertos tejedores, talladores y todos los oficios y las artes necesarias para construir y decorar el Tabernáculo y todo lo relacionado con el,” Moisés dijo (Ex. 35:4-19).



Moisés no les pidió nada a las personas. Él simplemente les dijo lo que se necesitaba.

Los Israelitas traen muchas ofrendas valiosas

Por los siguientes varios días miles de personas vinieron a darle las cosas que Moisés había pedido. También tejieron diligentemente en sus telares para producir las bellas telas que eran necesarias. Las personas tuvieron una buena actitud y continuaron llevando los artículos necesarios cada mañana (Ex. 36:3). Tan generoso fue el pueblo que más de lo necesario fueron llevado para la construcción del Tabernáculo, y muchos ofrecieron voluntariamente sus servicios.



Moisés estaba contento por este gran despliegue de celo, desinterés y ambición mostrado por el pueblo. Fue claro para él que miles de ellos estaban ansiosos por compensar sus pecados pasados. Todavía estaban frescos en sus mentes los recuerdos desagradables de su idolatría delante del becerro de oro. Pero la mayoría de las personas que vinieron a dar simplemente tenían un deseo sincero de ayudar porque ellos comprendieron que ésta era una oportunidad maravillosa para estar al servicio Dios.



Aun hoy Dios sólo quiere que demos regalos libremente. Cuando vamos a las Fiestas tres veces al año, tenemos una oportunidad de dar una ofrenda a Dios. Éste es un privilegio y damos cualquier cantidad de dinero que pensamos que es correcta. También podemos dar ofrendas para el servicio del Templo en otras ocasiones.



Dios ya le había dicho a Moisés en el Mt. Sinaí a quien debía elegir para dirigir esta tarea de hacer el Tabernáculo. Moisés proclamó al pueblo que Bezaleel, nieto de Hur de la tribu de Judá, estaría a cargo. El asistente de Bezaleel debía ser Aholiab de la tribu de Dan.



A través de Su Espíritu, Dios llenó a estos artesanos de sabiduría, entendimiento y conocimiento de las diferentes habilidades necesarias para construir el Tabernáculo. Bezaleel fue señalado para hacer todo los diseños artísticos en oro, plata y cobre o bronce. Él ayudo a cortar las piedras y tallar la madera, y Aholiab le ayudaba. Estos hombres recibieron también la habilidad de enseñarles a otros (Ex. 31:1-5; 35:30-36:2; 1 Cro. 2:18-20).



Bezaleel y Aholiab también asistieron con los tejidos y los bordados. En Egipto, las mujeres se encargaban de la hilandería y teñir la tela y los hombres hacían los tejidos y los bordados.



Los Israelitas trabajaron laboriosamente

Sabiendo cuánto material era necesario, por medio de figuras que Moisés le había dado, Bezaleel se dio cuenta que había sido traído mas de lo necesario. Aun así, las personas continuaban llevando más. Bezaleel le habló a Moisés, quien rápidamente dictó una orden para que el pueblo dejara de traer más artículos (Ex. 36:5-7).



Bezaleel y Aholiab no perdieron el tiempo y les enseñaron a los que necesitaban instrucciones y asignaron a artesanos y a obreros a sus diversas tareas. Pronto todo el mundo estaba activa y felizmente trabajando. Los carpinteros comenzaron a tallar tablas de los troncos de acacia y tablones que habían sido traídos. Los metalúrgicos derritieron o molieron los metales. Los tejedores y las costureras trabajaron la tela. Los cortadores de gema planificaron cómo usar las piedras preciosas.



El trabajo en el Tabernáculo era algo que no podía ser apresurado. Requería gran cuidado y habilidad, todo lo perteneciente a este proyecto debía hacerse tan cerca de la perfección como las manos humanas pudieran. Los hombres y mujeres tuvieron mucho cuidado para realizar un arte superior haciendo el Tabernáculo de Dios y sus enseres.



Aunque los trabajadores se aplicaron ambiciosamente, requirió aproximadamente ocho meses construir el Tabernáculo. Eso fue porque hubo necesidad de tanto arte intrincado y detallado.



El tabernáculo ricamente adornado

Casi quince toneladas de oro, plata y cobre (o bronce) fueron utilizadas. Esto representaba sólo una pequeña parte de la riqueza de los Israelitas, mucho del cuál había venido de sus anteriores vecinos egipcios o de ser arrastrado por la corriente hacia la costa este del Mar Rojo después que el ejército del Faraón fue absorbido por el agua.



Entre las cosas que hicieron de último estaba la ropa especial para los sacerdotes. Cuando los artículos fueron terminados, fueron llevados a Moisés para que los revisara. Nada era aprobado hasta que él comprobaba que estaba hecho estrictamente según las instrucciones de Dios. Finalmente Moisés convocó a todos los trabajadores para elogiarlos por las tareas bien hechas, y pedirle a Dios que los bendijera (Ex. 39:43).



Él les recordó que Dios, quien es perfecto, se complace cuando los hombres aspiran a la perfección en cualquier cosa importante, ya sea material, física o espiritual. Eso es digno de recordar cuándo algo necesita ser hecho. Demasiada gente trata de obtener más y dar menos, lo cual es lo contrario de la manera de Dios. La calidad lo complace, y la calidad requiere los mejores esfuerzos de uno.



El tabernáculo

Exactamente al oeste de la tienda de Moisés estaba un área abierta centrando los doce campamentos. Allí los trabajadores erigieron el Tabernáculo de Dios que debía ser desarmado y movido cada vez que el pueblo recibiera instrucciones de moverse (Núm. 1:50-54; 3:38).



El Tabernáculo estaba hecho de numerosas partes. Había tablas, travesaños, anillos, espigas o bases, y pilares. Cinco pilares daban entrada al Tabernáculo en el desierto. Cinco es el número de gracia. Estos cinco pilares también podrían representar las Cinco Iglesias de Apocalipsis que califican para estar en el Reino de Dios: Éfeso, Esmirna, Pergamo, Tiatira, y Filadelfia. O podrían representar las cinco centralidades de Dios: Santidad, justicia, bondad, perfección y verdad. Los cuatro pilares que guiaban hacia el lugar santísimo podrían representar a los cuatro Querubines Protectores alrededor del Trono de Dios. Estos cuatro Querubines Protectores son también llamados los cuatro seres vivientes y son instrumentales en mantener las Leyes de Dios.



El Tabernáculo mismo estaba hecho de cuarenta y ocho tablas. Habían veinte en el lado sur y veinte en el lado norte, y seis mas dos tablas en las esquinas en el occidente (Ex. 26:18-25; 36:23-30). Las tablas fueron hechas de madera de sittim/acacia. Tenían codo y medio de ancho y diez codos de largo. Cada tenia dos espigas o 'cejilla' en el fondo. Estas espigas eran recortes que encajaban exactamente dentro de las basas y hacia que la tabla permaneciera derecha en la basa (Ex. 26:15-18; 36:21-22). Había también cinco barras para cada lado del Tabernáculo (Ex. 26:26,27; 36:31,32). La barra de en medio de las cinco debía atravesar el centro de las tablas, de un extremo a otro (Ex. 26:28; 36:33). Todas las barras y los anillos fueron cubiertos con una capa de oro (Ex. 26:29; 36:34).



Las basas probablemente tenían una cola de milano o 'moda de acertijo' de modo que cada basa podía trabarse con su basa vecina. Había dos basas de plata para cada tabla (Ex. 26:19-25; 36:24-30), lo cual serían noventa y seis basas de plata. Pero en Éxodo 26:32 y 36:36, la Biblia nos dice que los cuatro pilares que guiaban al lugar santísimo también tenían basas de plata.



Así, el número de basas de plata es cien. Éxodo 38:25-27 nos dice que cada basa era un talento de plata. Entonces, cien talentos de plata sirvieron para las cien basas del Tabernáculo.



Cuando el Tabernáculo fue construido, sólo los sacerdotes podían entrar en él. Los sacerdotes atendían el altar del incienso y la lámpara diariamente. Una vez por semana en el sábado ponían fuera el pan de la proposición en dos filas con incienso encima de cada fila.



Al acercarse al Tabernáculo, uno iba a través, o debajo, de las cuatro cubiertas de la estructura. Dos de las cubiertas eran de tela y dos estaban hechas de pieles de animales.



Vemos el Plan de Dios para el mundo en las cubiertas del Tabernáculo. La cubierta exterior era de la piel o el cuero de un animal impuro, que representaba al género humano y al ejercito caído en su estado de pecado. Las once cortinas de pelo de cabras estaban en una posición intermediaria en el camino al Trono de Dios. Finalmente, alcanzamos las diez cortinas de lino con el querubín en ellas, que describe al ejército leal de Dios alrededor de Su Trono.



Las pieles de animales estaban por fuera y más expuestas al clima. Las pieles de los carneros teñidas de rojo estaba al lado de la tela, y bajo ellas encontramos once cortinas hechas de pelo de cabras, que cubría las diez cortinas de lino. Las pieles de los tejones estaban expuestas a los elementos, y podían verse por esa posición en el patio.



La traducción de Brenton de Éxodo 26:14 en la Septuaginta dice como sigue: Y harás la cubierta del tabernáculo de pieles de carneros teñidas de rojo, y pieles azules como cubierta encima. La coloración exterior del Tabernáculo era por consiguiente azul. El color azul es simbólico de la Ley, y de la Ley tenemos conocimiento del pecado. El azul fue usado repetidamente en el Templo y en las ropas de los sacerdotes. También debemos llevar franjas azules en las cuatro esquinas de nuestras ropas como un recordatorio de las Leyes de Dios (Núm. 15:37-41; Deut. 22:12).



El atrio

El Tabernáculo estaba ubicado en un atrio. Un atrio es un área grande que esta cerrada o separada. El atrio tenía 100 codos de largo y 50 codos de ancho, creando dos cuadrados perfectos de 50 x 50 codos. (En esos días, la longitud era medida en codos, que era la distancia desde la punta del dedo de un hombre hasta su codo - cerca de 18 pulgadas.) Había una puerta grande en el lado este donde las personas entraban.



La pared divisoria que separaba el resto de campamento del área del Tabernáculo fue hecha de cortinas de lino fino, colgando de 60 columnas separadas por cinco codos. Había 20 columnas en el lado sur, 20 en el norte, 10 columnas en el oeste y 10 en el este. El total de 60 columnas podría representar a los dos Consejos Internos de 30 cada uno. El Consejo está descrito en los capítulos 4 y 5 del Libro de Apocalipsis.



Cuatro columnas centrales en el este soportaban una puerta de cortina azul, púrpura, y carmesí (rojo) y lino torcido (Ex. 27:9-19). Los pilares tenían basas de cobre o bronce con bandas y capiteles de plata en cada poste (Ex. 27:17; 38:28). Cuando uno miraba el atrio veía las cortinas de lino con un borde de plata arriba, y las basas de cobre (o bronce) debajo de las columnas. Y allí estaría la bella puerta tejida de azul, púrpura, y carmesí (rojo) a través de la cual todos entrarían al atrio.



Aparte de las 60 columnas, también debemos recordar que hay cinco columnas que llevan hacia el Tabernáculo (Ex. 26:37; 27:7-10). Estas cinco columnas también tenían basas de cobre (o bronce), como las 60 columnas en el atrio (Ex. 26:37; 36:38). Había también cuatro columnas que guiaban hacia el lugar santísimo, pero estas tenían basas de plata (Ex. 26:32; 36:36,38). Estas columnas podrían representar a los cuatro Querubines o seres vivientes que ayudan a sostener y cubrir el Trono de Dios (Eze. 1:5-21; Apo. 4:6-9). Entonces, el número total de columnas en el Tabernáculo en el desierto y su atrio circundante era 69.



En Números 11:16, y Lucas 10:1, hay una referencia a los 70 Ancianos. Éste es el número del cuerpo gobernante de la Iglesia y la nación de Israel. Este número era para representar el ejército divino. Sabemos que hay 30 Seres en el Consejo Interior y 40 en el Consejo Exterior, dándonos un total de 70 Seres. Para mayor información sobre el Consejo de Dios vea La Creación de la Familia de Dios (No.CB4). Las columnas representan a los 69 Seres del Consejo Interior y Exterior. El Ser numero 70 es Dios el Padre, quien sería descrito por el arca de la alianza.



Todo en el Tabernáculo y el atrio fue hecho portátil y movible. Cada vez que Dios le daba instrucciones al pueblo de moverse, había un procedimiento determinado para desarmar el atrio y el Tabernáculo, y moverlo en la manera correcta.



Altar de bronce o Altar del holocausto

Cuando uno entraba al atrio, la primera cosa que uno miraba era el altar del holocausto, que es descrito en Éxodo 27:1-8; 38:1-7 y Salmos 118:27. El altar era un cuadrado. Tenía cinco codos de largo por cinco codos de ancho y tres codos de altura. Tenía cuatro cuernos en las esquinas. Algunas veces el animal sacrificado era amarrado a estos cuernos (Sal. 118:27). Fue hecho de madera de acacia y cubierto de bronce por dentro y por fuera. Era hueco por dentro (Ex. 27:8). El holocausto debía quedar sobre el fogón del altar toda la noche, con el fuego del altar ardiendo en el. Cada mañana el sacerdote debía limpiar las cenizas del holocausto y llevar las cenizas fuera del campamento a un lugar que estaba ceremonialmente limpio. Él podría luego colocar mas leña y poner el holocausto diario encima del altar, y quemar la grasa del sacrificio de paz diario (Lev. 6:8-13).



Los utensilios usados con el altar fueron también hechos de bronce (Ex. 27:3; Vea también notas de The Companion Bible sobre Ex. 27:5 y Lev. 9:22). Había anillos de bronce pesados en las esquinas de la rejilla de bronce que rodeaba la mitad inferior del altar. Las tablas del altar descansaban sobre un cerco estrecho de la rejilla (Ex. 27:4-5). Pudo haber sido un tipo de repisa sobre la que el sacerdote realmente estaba de pie para hacer el sacrificio en el lugar. Grandes varas fueron insertadas a través de los anillos para levantar el altar del relleno sucio transportarlo cada vez que los Israelitas eran dirigidos para mover sus campamentos (Ex. 38:1-7).



Originalmente, el altar fue utilizado para sacrificar toros, cabras, carneros y ovejas, etc. al Único Dios Verdadero. Era en el altar del holocausto que la reconciliación (o reunión) del pecador con Dios era hecha. Como sabemos, nuestros pecados nos separan de Dios. Para mayor información sobre tratar con el pecado vea el papel ¿Que es el Pecado? (No. CB26).



Jesucristo vino a la Tierra como un hombre y cumplió con todos los requisitos del sistema sacrifica torio, así que los sacrificios animales ya no tienen lugar. Vea el papel ¿Quien es Jesús? (No. CB2). Antiguamente los sacrificios tomaban lugar a las 9 a.m. y a las 3 p.m. (Ex. 29:38-39; Núm. 28:4, 1 Cro. 16:40; 2 Cro. 31:3). Éstas son las horas en las que deberíamos sostener servicios en los Días Santos de Dios ahora.



Altar del incienso

El altar de incienso fue ubicado directamente delante del velo o cortina en el lugar santísimo. Tenía un codo de largo y un codo de ancho y dos codos de altura. Sus cuernos eran de una sola pieza. Fue hecho de madera de acacia y también cubierto con una capa de oro puro. También tenía una moldura alrededor de la parte superior. Había dos anillos en cada lado del altar. Las varas para llevarlo fueron hechas de madera de acacia cubierta con una capa de oro (Ex. 30:1-5; 37:25-29).



Los sacerdotes atendían el altar del incienso dos veces al día (Ex. 30:6-8; Lucas 1:9-11). Debe haber incienso perpetuo delante del Señor por todas nuestras generaciones (Ex. 30:8). El incienso fue hecho de especias preciosas y bajo la dirección de Dios (Ex. 30:34). No podía utilizarse para ningún otro propósito. Los sacerdotes recibieron órdenes de no ofrecerle ningún incienso extraño en este altar (Ex. 30:9).



La colección de oraciones de la Iglesia ascendiendo al Padre podría representarse en el altar del incienso. David nos dio un ejemplo de la oración siendo como el incienso en Salmos 141:2. Sabemos que los veinticuatro Ancianos y los cuatro seres vivientes alrededor del Trono de Dios continuamente monitorean las oraciones de los santos (Apo. 5:8). El pueblo de Dios siempre debería estar en oración. Aquí también podemos ver el concepto de orar al menos dos veces al día. Para mayor información sobre cómo orar vea los papeles Lección sobre Oración Parte A Guía del Maestro (No. CB31) y Lección sobre Oración Parte B Hoja de Trabajo (No. CB32).



La lección del incienso extraño nos dice que no oremos o adoremos a dioses falsos. Para más información vea el papel Días de Adoración a Satanás (No. CB23).



La Fuente

Entre el Tabernáculo y el altar estaba un tazón grande de cobre o bronce llamado la fuente, que debía estar siempre lleno de agua. En el los sacerdotes lavaban sus manos y sus pies antes de emprender sus deberes (Ex. 30:18-21). La pena por no lavarse era la muerte (Ex. 30:20,21).



La fuente y la base fueron hechas de los espejos de cobre (o bronce) de las mujeres que velaban a la puerta del Tienda del Encuentro (Ex. 30:18; 38:8). Tal como una mujer es simbólica de la Iglesia, podría significar que las personas ahora vienen a Cristo a través de la Iglesia.



Otra cortina más pesada y grande de piel de tejones fue estirada sobre las livianas pieles de carnero, pelo de cabras y lino. Sólo la colorida, cortina de lino podía verse dentro del Tabernáculo, que no necesitaba piso porque debía colocarse siempre en tierra nivelada (Ex. 26:1-25; 36:8-34).



El Candelero

El candelero fue hecho de oro puro de una sola pieza de metal (Ex. 25:31-40; 31:8; 37:17-24). El candelero y sus utensilios fueron hechos de un talento de oro (Ex. 25:39). Tenía una caña central con tres ramas a cada lado, y con lugares para siete lámparas de aceite sobre cada rama. El candelero fue 'vestido', lo que significa que la mecha fue recortada y el aceite se agregaba diariamente. El candelero era mantenido ardiendo delante del Señor de la tarde a la mañana (Ex. 27:20-21; Lev. 24:2-3).



Estos siete candeleros parecen representar lo que fue entendido como los siete Espíritus delante del Trono de Dios. Hay numerosas referencias al siete en la Biblia. Vemos que hay siete días durante la semana, siete ciclos de siete años en el Jubileo, siete trompetas, siete copas, siete sellos y siete Iglesias, etc.



El aceite para el candelabro era aceite de oliva puro. El aceite no era molido en un molino sino que era machacado para producir aceite más fino (Ex. 27:20). Debemos ser ese candelabro para el mundo reflejando la luz del Espíritu Santo de Dios a quienes entran en contacto con nosotros (Mat. 5:14). Una vez que somos llamados, nos arrepentimos, y somos bautizados, debemos cuidar al Espíritu Santo diariamente. Nunca queremos estar sin aceite en nuestra lámpara como se encontraron las cinco vírgenes insensatas (Mat. 25:1-11).



La Mesa del Pan de la Proposición

La mesa del pan de la proposición estaba ubicada en el lado norte de la Tienda del encuentro, o a la derecha cuando uno entraba al Tabernáculo (Ex. 25:30; 40:22). Fue hecho de madera de acacia y cubierto con una capa de oro, y tenia dos codos de largo, un codo de ancho y codo y medio de altura. La mesa tenia una moldura de un palmo menor alrededor y un anillo en cada esquina de la mesa. Dos varas de madera de acacia cubierta con una capa de oro pasaron a través de los anillos para permitir que la mesa pudiera ser transportada. Los platos y los utensilios de la mesa eran de oro puro (Ex. 25:23-30; 37:10-16).

Contenía doce barras de pan sin levadura. El pan era apilado en dos filas, con seis barras de pan en cada fila. Los sacerdotes ponían incienso sobre cada fila para hacerla una porción conmemorativa y una ofrenda hecha al Señor por fuego. El pan era reemplazado cada sábado con barras de pan nuevas que eran puestas delante del Señor como un pacto eterno para los hijos de Israel. Le pertenecía a Aarón y a sus hijos y ellos lo comían en el lugar santo. Era de su parte normal de las ofrendas hechas al Señor por fuego (Lev. 24:5-9).

Las doce barras de pan representaban un regalo de las doce tribus de Israel, por las cuales el mundo entero entra en el Reino de Dios. Significa el hecho que Dios sustenta a su pueblo.



El Arca

Este lugar santísimo era el lugar que Dios diseñó para Su Presencia gloriosa mientras guiaba a los Israelitas en el viaje hacia Canaán.



Dentro de el estaba un cofre de madera cubierto de oro llamado el arca del pacto, casi del tamaño de un baúl grande. Fue fabricada de madera de acacia y fue recubierta de una capa de oro por dentro y por fuera. El Arca tenia dos codos y medio de largo, codo y medio de ancho y codo y medio de altura (Ex. 25:10-22). Tenía cuatro anillos, dos en cada lado. Una vara larga cubierta de un baño de oro corría a través de cada uno de los dos anillos. Esto proveía una manera en que los sacerdotes transportaran el Arca sin tocarla. Las varas nunca más tenían que ser removidas de los anillos del Arca (Ex. 25:15). Cuando Israel se movía, el Arca iba delante del ejército (Núm. 10:33). Era llevada por los sacerdotes, o Levitas (Núm. 4:15; 3:30-31; Jos. 3:3; Deut. 31:9, 25).



Las tablas con los Diez Mandamientos (Ex. 25:16; Deut. 31:26), un omer de maná (Ex. 16:33; 34) y la vara de Aarón que retoñó (Núm. 17:10) fueron guardados en el Arca (Heb. 9:4).



La parte superior del Arca era el lapporah, que es también llamado el propiciatorio. Era una cubierta o tapa del Arca. El Sumo Sacerdote rociaba la sangre del pecado ofreciendo siete veces sobre la tapa del arca del pacto, una vez al año en el día de la expiación, cuándo él entraba al lugar santísimo (Lev. 16:18-19). Sólo al Sumo Sacerdote se le permitía entrar a esta área sagrada.



Esto es simbólico de Cristo siendo el sacrificio perfecto. Por su vida sin pecado y su muerte él pudo ofrecerse a sí mismo como sacrificio a Dios el Padre. Él fue el sacrificio perfecto de una y para siempre (Heb. 9:26,28; 1 Pe. 3:18). Vea también el papel ¿Quien es Jesús? (No. CB2)



En la cubierta había dos querubines frente a frente. El Querubín fue también hecho de oro con sus alas extendidas. Todo el propiciatorio fue hecho del mismo pedazo de oro (Ex. 25:17-20). Aquí vemos el Trono de Dios figurado con dos Seres Vivientes que permanecieron leales y cubren el Trono de Dios. Había originalmente cuatro querubines, dos querubines cubriendo y dos querubines detrás. Para mayor información sobre el Trono de Dios vea el papel La Creación de la Familia de Dios (No.CB4)



Cuándo el Sumo Sacerdote entraba al lugar santísimo nadie tenia permiso de estar en el Tabernáculo en el desierto. Asimismo, Cristo fue solo cuando ascendió a Dios el Padre como los primeros frutos de la ofrenda de la Gavilla Mecida. Para más información por favor vea el papel Los Días Santos de Dios (No.CB22).



Rociar la sangre siete veces tiene significado. Hay siete días santos, el sábado es el séptimo día y tres Fiestas de Dios tienen siete componentes. Hay siete días de Panes sin Levadura, siete semanas perfectas desde la gavilla mecida hasta el Pentecostés, y siete días de Tabernáculos. Levítico 23:5-22 y 23:34-44 nos muestra la secuencia de siete veces de las tres Fiestas.



Once cortinas de pelo de cabras

La cortina de pelo de cabras estaba compuesta de once paneles de cortina: seis en un grupo y cinco en el otro grupo. Las dos grandes cortinas cada una tenían cincuenta lazos que estaban atadas con cincuenta broches de bronce. Las cortinas eran cada una de cuatro codos por treinta codos. El Tabernáculo tenía de hecho treinta codos de largo y diez codos anchos. La cortina podría haber cubierto el lado sur del Tabernáculo, luego sobre la parte superior del Tabernáculo, y luego el lado norte del Tabernáculo. La cortina de pelo de cabras adicional habría estado suspendida y habría cubierto la parte trasera o parte oeste del Tabernáculo (Ex. 26:7-14; 37:14-18). La sexta cortina adicional colgaba doblada en el frente de la tienda (Ex. 26:9).



William Brown indica en su libro que, “La Mayoría de escritores eran de la opinión que la tienda fue tejida de pelo fino, blanco, suave, sedoso similar al de la cabra de angora” (El Tabernáculo: Sus Sacerdotes y Sus Servicios, Henderson Publishers, P.O. Box 3473, Peabody, Massachusetts, 01961-3473, Mayo de 1996). Parecería probablemente que usaron angora blanco, casimir, o algún tipo de pelo de una cabra que tenía pelo largo en vez de cabras muy pelicortas.



Diez cortinas de lino

Continuando hacia el interior encontramos las 10 cortinas de lino torcido y azul, púrpura y carmesí (rojo), con imágenes del querubín. Estos fueron hechos por el hábil trabajador Bezaleel. Cada cortina tenía veintiocho codos por cuatro codos. Él unió cinco cortinas para hacer una gran cortina. Cada juego de la gran cortina tenía cincuenta lazos en ella. Debió haber habido cien lazos azules atados con cincuenta broches de oro (Ex. 26:1-14; 37:8-13). Este juego de cortinas funcionaría igualmente como las cortinas de pelo de cabra, pero uno podía ver las cortinas cuándo entraba al Tabernáculo. Cuando fue colocada sobre el Tabernáculo, los broches de bronce de las cortinas de pelo de cabra, y los broches de oro de las cortinas de lino también, estarían en la separación del Lugar Santo y el Lugar Santísimo.



Las cortinas de lino habrían sido centradas sobre el Tabernáculo y por consiguiente habrían estado a un codo de la tierra en los lados sur y norte. Esto le permitiría al sacerdote, quien estaba dentro del Tabernáculo, ver las basas de plata que sostenían las tablas arriba si la cortina era colgada en el interior de las tablas de oro. Parece haber mucho debate acerca de si las cortinas de lino estaban por dentro, o por fuera de las tablas de oro.



Algunos piensan que las cortinas eran de lino muy fino y casi transparente y colgaban del interior de las tablas. Otros razonan que Dios no tendría tanto tiempo y energía y belleza para hacer las cortinas y entonces habrían dos tercios de las cortinas escondidas detrás de las tablas. Algunos dudan de cómo podrían las cortinas estar colgadas en el interior del Tabernáculo, y por consiguiente creen que las colgaron en el exterior de las tablas. Claramente, las cortinas de lino formaban el techo del Tabernáculo, pero la colgadura de los lados no es clara.



Estableciendo el tabernáculo

Como podemos ver, la construcción del Tabernáculo fue la primera actividad principal de los Israelitas. Los Israelitas llevaban un año fuera de Egipto para cuando el Tabernáculo fue terminado. Fue establecido y listo para usarse en el Primer día del Primer mes (Abib) del Segundo año del viaje hacia Canaán (Ex. 40:1-4,17) y desarmado el veinteavo del Segundo mes. El Tabernáculo permaneció por cincuenta días antes de ser desarmado (Vea las notas sobre Éxodo 40:2 en The Companion Bible y Núm. 10:11).



Cuando Moisés había terminado de establecer todo el mobiliario, el altar, la fuente y el atrio alrededor del Tabernáculo, una nube lo cubrió. La Gloria del Señor luego llenó el Tabernáculo y Moisés fue incapaz de entrar. Así, Moisés había finalizado su obra. De ahora en adelante, los Israelitas marcharían a través del desierto con el Señor viviendo en una tienda entre ellos y conduciéndolos a la tierra prometida.



En el viaje de los Israelitas, cada vez que la nube se levantaba de arriba del Tabernáculo, se pondrían en marcha; pero si la nube no se levantaba, permanecían en la mismo área todo el tiempo que la nube permanecía. Esto continuó hasta la muerte de Moisés (Ex. 40:33-36).



El Tabernáculo era una representación física del Templo espiritual, el cuál somos (1Cor.3:16-17; 6:19). Al igual que Moisés estableció el Tabernáculo físico, Cristo estableció el Tabernáculo espiritual o el Templo y todos los utensilios. Fue una tarea asombrosa tener una morada tan bella, funcional, y portátil completada en tan poco tiempo. Pero sabemos que todas las cosas son posibles con Dios (Mat. 19:26).



En Hebreos 8:5, nos enteramos que el Tabernáculo que Moisés erigió era una copia (o una sombra) del que esta en el cielo (Ex. 25:9; 26:30 y Hchs 7:44). Moisés tenía que asegurarse de seguir el patrón tal cual como le había dado. Cuándo Dios nos dice que hagamos algo, es siempre por una buena razón y nosotros por consiguiente siempre debemos hacer las cosas tal como Dios la dice.

19-06-2013 09:53 AM
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